El silencio debajo de un cielo raso blanco

Pruebas de rebreathers (recirculadores) para el Programa Antártico de los Estados Unidos


Los buzos a menudo tienen que esperar su turno para utilizar los agujeros de buceo mientras focas de Weddell (Leptonychotes weddellii) vuelven a llenar sus pulmones para otro buceo en apnea bajo el hielo.


Podía sentir cómo los cristales de hielo golpeaban mis dientes cuando inhalaba. Eran pequeños e insignificantes, pero la vibración y el sonido de traqueteo en lo más profundo de la boquilla me advirtieron de la presencia de fragmentos de hielo más grandes en las mangueras y la cámara de la boquilla. Me preguntaba si eso causaría problemas más graves que el pequeño inconveniente de que los cristales golpearan mis dientes mientras contemplaba una fila de estalactitas de hielo que estaba a 122 metros (400 pies) de distancia. Para disminuir mi preocupación, aleteé más cerca del agujero que conducía a la superficie, asombrado ante la vista que me rodeaba bajo el océano cubierto de hielo de la Antártida.

Estaba en la Base McMurdo, la base de investigación más grande de la Antártida. McMurdo, dirigida por los Estados Unidos, respaldaba un programa de buceo de investigación financiado por la Fundación Nacional para la Ciencia (National Science Foundation). John Heine, el oficial de seguridad en el buceo del Programa Antártico de los Estados Unidos (U.S. Antarctic Program), reunió a un equipo de buzos que incluía a Rob Robbins, Steve Rupp, Christian MacDonald, Brenda Konar y yo para evaluar rebreathers en condiciones de buceo polar.

El primer buceo con aire comprimido realizado por un estadounidense que se registró en la Antártida se llevó a cabo en 1947 como parte de Operation Highjump, un programa de investigación de la Marina de los Estados Unidos. El buceo con aire comprimido en el Programa Antártico de los Estados Unidos fue creciendo desde fines de la década de 1950 y durante la década de 1960 hasta que se convirtió en parte de las operaciones de investigación durante la década de 1970 y continuo hasta la actualidad. No obstante, este buceo fue realizado mediante el uso de equipo de buceo de circuito abierto, primero con reguladores de doble manguera y más adelante con equipo con una sola manguera.

Sin embargo, no hay ninguna historia institucionalizada del uso de rebreathers en estos entornos gélidos. Con temperaturas del aire que descienden hasta los -40°C (-40°F) y una temperatura constante del agua de 1,9°C (28,6°F), las condiciones son considerablemente diferentes a las de los entornos donde habitualmente se usan rebreathers e incluso más frías que las condiciones donde los fabricantes prueban los rebreathers. Si bien los rebreathers se han utilizado en circunstancias limitadas durante otras expediciones a la Antártida, no se ha codificado ni registrado sistemáticamente ningún elemento de esa experiencia. Heine propuso que este proyecto abordara esa situación.


El hielo de anclaje que se forma en el fondo del mar puede cubrir a animales vivos, a menudo inmovilizándolos.


Sin embargo, no hay ninguna historia institucionalizada del uso de rebreathers en estos entornos gélidos. Con temperaturas del aire que descienden hasta los -40°C (-40°F) y una temperatura constante del agua de 1,9°C (28,6°F), las condiciones son considerablemente diferentes a las de los entornos donde habitualmente se usan rebreathers e incluso más frías que las condiciones donde los fabricantes prueban los rebreathers. Si bien los rebreathers se han utilizado en circunstancias limitadas durante otras expediciones a la Antártida, no se ha codificado ni registrado sistemáticamente ningún elemento de esa experiencia. Heine propuso que este proyecto abordara esa situación.

Nuestras preocupaciones sobre estos rebreathers fueron agrupadas en varias categorías: preparación y transporte, rendimiento durante los buceos, modos de falla, fiabilidad del equipo y sus componentes, procedimientos de emergencia y eficacia y problemas de limpieza y transporte después del buceo. Durante las pruebas de campo de seis semanas adoptamos y modificamos conforme fue necesario una variedad de procedimientos operativos y de evaluación. Realizamos buceos con una variedad de rebreathers hechos por cinco fabricantes diferentes y reunimos datos después de cada buceo.

En la superficie, ensamblamos los rebreathers y llevamos a cabo tareas antes de los buceos bajo distintas condiciones. En un extremo del espectro, utilizamos refugios con calefacción; en el otro extremo, realizamos un examen previo de las unidades a la intemperie con viento y a temperatura ambiente (¡mucho frío!). A partir de esta experiencia, llevamos a cabo toda la preparación posterior en refugios y realizamos buceos desde refugios de buceo construidos sobre los agujeros de buceo.

La mejor parte del proyecto fue el buceo. Realizamos todos los buceos en el hielo que cubría el mar de Ross. En los lugares donde buceamos el hielo tenía un espesor promedio de unos 2,4 metros (8 pies). Si bien nuestro objetivo principal era el equipo y su desempeño, tuvimos mucho tiempo para disfrutar de otros aspectos del entorno que nos rodeaba.


Los buzos inician sus buceos desde un refugio calefaccionado, e ingresan a
través de un agujero en el suelo.
Nuestros buceos comenzaban con un descenso por un pozo vertical con un diámetro de 1,2 metros (4 pies), un agujero en el hielo perforado desde la superficie mediante el uso de un taladro gigante.

Cuando me deslicé por el fondo del pozo, pude ver cómo un cielo raso blanco se extendía hasta el infinito. Lo primero que me llamó la atención tras emerger fue la visibilidad; al mirar en cualquier dirección podía ver a más de 150 metros (500 pies) con facilidad.

Todo tenía un tono azulado. El hielo azul cerúleo exhibía una multitud de tonalidades con la luz solar que se filtraba por los diversos grosores de nieve y hielo sólido las 24 horas. Las grietas azules brillaban en la penumbra donde las placas de hielo se juntaban.

Carámbanos de salmuera se extendían desde el cielo raso y a veces alcanzaban los 9 metros (30 pies) hacia el fondo. Estos elementos huecos similares a las estalactitas se forman cuando el agua del mar se congela, extrude sales y forma hielo de agua dulce (el agua del mar se congela a una temperatura más baja que el agua dulce). Es subenfriado por el aire frío que hay arriba y a medida que se filtra hacia abajo congela el agua de mar a su alrededor, formando así tubos de paredes finas que relucían con nuestras luces. Encontré un carámbano activo y observé cómo la salmuera más densa salía del fondo a medida que se extendía lentamente.

Compartimos la columna de agua con diversos organismos nectónicos. Aguas vivas de colores brillantes y policromáticas pasaban nadando a la deriva, algunas mucho más grandes que mi cabeza. Algunas eran lo suficientemente grandes como para ser vistas desde decenas de metros de distancia. Muchas llevaban polizones: pequeños anfípodos que viajaban en sus lomos para evadir a los depredadores. Otras aguas vivas tienen tentáculos que se extienden más de 6 metros (20 pies) para asegurarse de poder conseguir el alimento que necesitan para vivir allí.

Sonidos de armas de rayos extraterrestres resonaban por toda el agua. Adoraba ese sonido; era la música de fondo perfecta para el entorno alienígena donde estaba nadando. Machos de focas de Weddell maduros producían espeluznantes reverberaciones para marcar su territorio submarino. Su capacidad para desplazarse bajo el hielo, incluso en la oscuridad total del invierno de la Antártida, es asombrosa. Tras sumergirse a profundidades superiores a los 610 metros (2.000 pies), pueden regresar al mismo agujero pequeño donde iniciaron su buceo. Por lo general roen el hielo para mantener abiertos los agujeros que usan para respirar durante el invierno, pero a menudo utilizan los agujeros que nosotros taladramos para respirar alguna que otra vez. Con frecuencia teníamos que esperar nuestro turno para salir del agua mientras una foca de 544 kg (1.200 libras) utilizaba nuestro agujero, bloqueando así la salida.


Steve Rupp se acerca a una enorme medusa Desmonema glaciale.
El fondo estaba cubierto con criaturas marinas. Mis ojos absorbían cada color del arcoíris: blancos, amarillos, naranjas, rojos, verdes, marrones y, por supuesto, azules. Corales blandos, esponjas, anémonas, crustáceos, gusanos y otros organismos crecen en abundancia en el mar de Ross. Algunas de las esponjas son inmensas, del tamaño de un auto pequeño. Incluso los corales blandos compiten en tamaño con los que he visto en Fiyi o Tonga.

El gigantismo es algo común allí. Algunos de los picnogónidos son más grandes que mi mano estirada. El más grande que había visto en otro lado medía quizás 0,6 cm (0,25 pulgadas). Isópodos gigantes de 10 cm (4 pulgadas) se arrastraban por el fondo, y habitualmente en este lugar pueden verse microscópicos foraminíferos a simple vista con facilidad. Es casi como si estos animales salieran directamente de una novela de H.G. Wells. Se cree que los animales de este lugar pueden alcanzar un mayor tamaño debido a la baja temperatura del agua, los metabolismos más lentos y una menor necesidad de evadir a los depredadores.

En comparación con los océanos más templados, los peces no son particularmente comunes. Pero lo que no tienen en cantidad y diversidad lo compensan con originalidad. El agua del océano Antártico es lo suficientemente fría como para congelar la carne de la mayoría de las especies de peces, pero los peces de este lugar han desarrollado una proteína que actúa como un anticongelante natural, lo que les permite prosperar en estas gélidas aguas.

De vez en cuando ayudábamos con otros proyectos. Robbins y Rupp realizaron un video submarino de 360 grados para el New York Times. El Times recientemente publicó este material de realidad virtual que muestra como se ve todo bajo el hielo (nytimes.com/interactive/2017/climate/antarctica-virtual-reality.html). El equipo también recolectó foraminíferos bentónicos de varios lugares así como también estrellas de mar y huevos de pez dragón para múltiples equipos de investigación que estaban estudiando los efectos de la acidificación y el aumento de las temperaturas del océano.

Llevamos a cabo 116 buceos con rebreathers en la Antártida, donde experimentamos algunas fallas que previmos y otras que no. Pero en general, el desempeño fue mucho mejor de lo que esperábamos. Si bien queda mucho más por aprender y desarrollar con respecto al uso de rebreathers en condiciones polares, los resultados iniciales indican que el uso de rebreathers para proyectos futuros en el Programa Antártico de los Estados Unidos es una propuesta probable.
Explore más
Vea más de la vida que habita bajo el hielo de la Antártida en la galería de fotos complementaria en línea de Jeffrey Bozanic. Mire el avance de Under a Cracked Sky (Bajo un cielo agrietado) y un video de realidad virtual de 360 grados a través de los enlaces que figuran a continuación.





© Alert Diver — 4to Trimestre 2017