En compañía de osos polares

Sobre y bajo la superficie


Para Amos Nachoum, fotografiar osos polares ha sido una obsesión de toda la vida.


Mi vida comenzó en Israel, lejos de las latitudes polares. Pero en los intensos días de mi juventud soñaba con los osos polares, icebergs y esquimales del Alto Ártico. Me obsesioné con la idea y decidí que mi misión en la vida sería observar, estudiar y comprender al Ursus maritimus, el oso polar.

Medio siglo después me encuentro en Svalbard, con la esperanza de documentar a hembras de oso polar amamantando a sus cachorros y cazando. A finales de la primavera es el momento ideal para encontrar a las madres con sus cachorros; luego de haber dado a luz recientemente, las madres estarán deambulando por el hielo compacto, que es cada vez más escaso, en busca de sustento.

El alcance de los osos polares está en gran parte dentro del Círculo Ártico, que abarca el océano Ártico, su hielo marino y sus mares y masas de tierra circundantes. Aunque normalmente los osos polares nacen en tierra, pasan la mayor parte del tiempo sobre hielo marino. Cazan en el borde del hielo y viven principalmente de sus reservas de grasa cuando no hay hielo marino presente.

Estos osos han evolucionado hasta ocupar un estrecho nicho ecológico: están sumamente adaptados al frío y son capaces de cubrir grandes distancias sobre nieve, hielo y aguas abiertas. También son grandes expertos en la caza de focas, que constituyen la mayor parte de su dieta. Debido a la pérdida esperada del hábitat como resultado del cambio climático global, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha clasificado a los osos polares como "vulnerables" y en la actualidad al menos tres de las 19 subpoblaciones de osos polares se encuentran en declive.

Cada día salíamos en motos de nieve con equipo fotográfico y suficiente comida y vestimenta para 12 a 14 horas. Sincronizamos nuestros días para disfrutar de una luz óptima y los patrones de caza de los osos. No hay palabras para describir la experiencia de conducir a toda velocidad por colinas completamente blancas, trasladándonos de un fiordo a otro y deteniéndonos de vez en cuando para asimilar el increíble paisaje que se extendía frente a nosotros; esto nos produjo un profundo sentimiento de estar vivo.


Organizar expediciones al Ártico específicamente para encontrar osos polares
ha sido gratificante y, a veces, terrible. Para obtener más información,
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El tercer día, nuestro guía, Einar, observó movimiento a unos 3 km (2 millas) de distancia. A través de su pasamontañas susurró: "una madre y sus cachorros". Miré con mis binoculares y contemplé la extraordinaria imagen de una osa que se desplazaba lentamente por el hielo con dos cachorros que caminaban detrás de ella. Olfateaban el aire y el suelo, en un intento por encontrar una madriguera de focas. Nuestro guía calculó la dirección del viento y comenzó a determinar nuestra mejor posición con respecto a la luz y la proximidad.

Durante las tres horas siguientes seguimos de cerca a la familia. Poco después la madre se detuvo y se sentó. A continuación, expuso un pezón de color negro para alimentar a los cachorros con su leche. Redujimos la distancia a 91 metros (100 yardas) y coloqué un trípode discretamente sobre el hielo y monté el objetivo de 600mm de mi cámara para capturar este tierno momento entre grandes depredadores (vea la página 6). La alimentación duró aproximadamente 15 minutos y luego los miembros de la familia se quedaron dormidos sobre el hielo justo frente a nosotros. Nuestra única opción fue quedarnos en el lugar hasta que los dos cachorros comenzaron a perseguirse y la madre sonámbula los incitó a iniciar la marcha nuevamente. Sólo entonces pudimos movernos también.

La madre tenía que cazar. No se había alimentado durante el embarazo y al amamantar a dos exigentes cachorros tenía la necesidad de conseguir comida para todos. La vi cómo colocaba la cabeza cerca del hielo, olfateaba y luego levantaba la cabeza, cerraba los ojos y volvía a olfatear. Einar nos informó que estaba buscando a una foca que estaba cerca de allí.

Einar detuvo su moto de nieve y se quedó completamente en silencio, levantó sus binoculares y, con una seña manual, nos pidió que nos quedáramos quietos. La madre se había ubicado con sus cuartos traseros en el aire y la nariz casi tocando el hielo. Einar nos susurró que estaba en estado de alerta máxima y que esta era una buena madriguera para cazar. Teníamos que permanecer completamente en silencio ya que cualquier sonido que hubiera sobre el hielo se amplificaría enormemente debajo de él. Podríamos ahuyentar a la foca y provocar su alejamiento de la madriguera y, en consecuencia, hacer que la osa perdiera su oportunidad. Lentamente y con gran cuidado montamos nuestras cámaras y trípodes. Por una vez, anhelaba los días soleados y calurosos de Israel; me estaba congelando.

Habíamos estado allí por casi dos horas cuando repentinamente la osa se puso completamente de pie y con la velocidad de un rayo estiró las patas delanteras y las utilizó como un martillo para atravesar el denso hielo. Sus patas traseras se elevaron mientras su cuerpo se hundía a través del hielo. Pocos segundos después salió a flote en un enorme borbotón de agua sujetando a una foca firmemente con sus poderosas mandíbulas. El círculo de vida se había completado. La foca proporcionaría la nutrición necesaria para la osa y sus cachorros y, gracias a Einar, estábamos allí presentes como testigos silenciosos.




Mi obsesión por los osos polares me llevó de igual modo al agua. Once años atrás fui en busca de una aventura de buceo en el Alto Ártico, ansioso por tener una oportunidad de bucear con un oso polar. Una vez que localizara a un oso, tenía pensado quedarme inmóvil en el agua helada a 9 metros (30 pies) de profundidad, junto con un buzo de seguridad, y esperar a que el oso se acercara a nosotros. Al menos eso es lo que pensaba que podría funcionar.

En cambio, ingresé al agua y descubrí que el oso ya estaba avanzando hacia mí. Miré hacia atrás en busca de mi buzo de seguridad y descubrí que no estaba allí. ¡Qué inteligente de su parte! Cuando me di vuelta, el oso estaba a sólo 3 metros (10 pies) de donde yo me encontraba. En ese momento, aparentemente lo mejor que podía hacer era descender, pero cada vez que miraba hacia arriba las garras del oso que estaba por encima de mi cabeza estaban cada vez más cerca. Un temor frío entró en mi mente, pero con cada respiración encontraba consuelo en saber que aún estaba vivo.

El oso y yo buceamos juntos en una carrera mortal hacia las profundidades. Realicé la compensación lo mejor que pude y purgué todo el aire de mi traje seco. Con sólo dar un breve vistazo a mi manómetro pude observar que me encontraba a 24 metros (80 pies) de profundidad y ese fue el momento en que el oso finalmente se estabilizó e inició el ascenso. Sobreviví para intentar fotografiar a un oso polar bajo el agua un día más, pero la experiencia fue aterradora. Una vez de regreso en el barco me enteré de que mi buzo de seguridad había experimentado problemas de funcionamiento del equipo y que había tenido que suspender el buceo. ¿Hubiera sido el oso polar tan agresivo con dos buzos en el agua? Nunca lo sabré.

En agosto de 2015 finalmente tuve la oportunidad de reivindicarme con otro intento durante el encuentro submarino con un oso polar de mis sueños.

Afortunadamente, un brillante fotógrafo y cineasta de Israel, Yonatan Nir, había decidido producir una película sobre mi vida y carrera en compañía de los gigantes del océano. Él tenía conciencia de lo importante que era para mí obtener esa foto de un oso polar bajo el agua, ya que existen muy pocas imágenes de ese tipo en el mundo, y aún debía conseguir la mía. Emprendimos la caminata de regreso al Alto Ártico acompañados por el increíblemente talentoso cineasta del Ártico y viejo amigo Adam Ravetch y su equipo de guías esquimales.

Finalmente pudimos hacernos a la mar el tercer día de nuestra expedición; los primeros dos días habían sido demasiado ventosos como para estar a salvo a bordo de una embarcación. El objetivo de nuestra búsqueda era documentar a una madre y sus cachorros nadando. Primero vimos a un solo oso, pero dejé pasar esa opción por el recuerdo de mi infortunio anterior. Unas pocas horas más tarde divisamos a una hembra y sus dos cachorros de un año de edad que trepaban a una pequeña isla. Nuestros guías esperaban que atravesaran la isla y nadaran hacia tierra firme. Cuando nos desplazamos alrededor de la isla, la familia compuesta de tres miembros ya estaba en el agua.


Existe muy poca sabiduría convencional acerca de cómo los osos polares interactuarán con los buzos porque muy
pocos efectivamente han buceado con ellos. Es importante manejarse con suma prudencia.


Avanzamos lentamente, a 274 metros (300 yardas) de los osos, e intentamos determinar en qué dirección se dirigían. Cuando aparentemente ya habían establecido un rumbo firme, Adam y yo nos vestimos para tener un encuentro dentro del agua y esperamos hasta el último minuto para lanzarnos al agua y así poder estar seguros de encontrarnos en la ruta de los osos.

Nos quedamos inmóviles flotando en la superficie. Siempre que pudiéramos ver a los osos y ellos a nosotros, todo estaba bien. Permanecimos en el lugar y el trío continuó nadando en nuestra dirección. Hasta el momento, todo estaba bien.

Cuando la familia de osos se encontraba a 7,5 metros (25 pies) de nosotros, hicimos una seña con el pulgar hacia abajo e iniciamos nuestro descenso a una profundidad de 6 metros (20 pies). Teníamos una visibilidad de 15 metros (50 pies) y una temperatura del agua de 4,4°C (40°F) (condiciones bastante buenas, después de todo). Durante mi lento descenso mantuve los ojos en los osos que se acercaban, preparándome para desplazarme hasta un lugar seguro si fuera necesario pero con la esperanza de, en su lugar, tener la posibilidad de capturar imágenes emblemáticas. Afortunadamente, la familia de osos nadó sobre nuestras cabezas de manera pacífica. Mientras Adam filmaba y fotografiaba a los osos que pasaban sobre nosotros, uno de los cachorros no pudo resistirse y nadó en dirección descendente hacia mí para verme más de cerca. Se acercó a una distancia de 90 cm (3 pies), me miró y me dejó sumergido en su estela para seguir a su madre y su hermano.

Me quedé flotando en el agua, cautivado por lo que, finalmente, me acababa de suceder. La búsqueda de esta imagen siempre se trató más acerca de la aventura que de la foto en sí. Mi opinión sobre lo que podría ser un encuentro con osos polares dentro del agua había sido completamente recalibrada. Mi mitología personal del oso polar había cobrado una nueva dimensión. Me encontré a mí mismo considerando nuestra vulnerabilidad mutua e imaginé un mundo donde el futuro de los osos polares, la cultura esquimal y la inmaculada naturaleza del Alto Ártico podrían sobrevivir, e incluso prosperar.
Explore más
Vea a Amos Nachoum en el video Swimming with a Wild Polar Bear Family (Nadado con una familia de osos polares salvajes) y luego mire el avance del documental AMOS.






© Alert Diver — 2do Trimestre 2016