Lista ranking




Blénido lazo (Emblemaria vitta)

Como siempre, Anna hizo sus deberes. Antes de que partiéramos para disfrutar de una estadía de dos semanas en Utila, Islas de la Bahía, Honduras, escaneó la base de datos en línea de Reef Environmental Education Foundation (REEF) para conocer las especies de peces que se han avistado alrededor de la isla en las últimas dos décadas. De los 416 peces registrados, recopiló una "lista ranking" de media docena que aún no habíamos encontrado. La lista incluía rarezas tales como el blénido de aleta emplumada, el bocón amarillo, el gobio de mejillas rojas, la raya coluda caribeña y el blénido lazo.

La especie más fascinante era un pequeño pez rara vez visto, endémico de las Islas de la Bahía y que se conoce como el blénido filamentoso. Una investigación adicional reveló la existencia de una sola foto de la especie. La imagen mostraba el contorno de una aleta dorsal delantera sumamente larga colapsada a lo largo del lomo del pez. La increíble anatomía del animal atrajo nuestra atención de inmediato.


Sapito filamentoso (Labrisomus filamentosus)
Nuestro objetivo no era sólo encontrar a esos peces, sino también fotografiarlos para una próxima edición de Reef Fish Identification (Identificación de peces de arrecife), que publicamos junto con nuestro socio Paul Humann. Capturar una buena foto de cualquiera de las seis especies hubiera sido un golpe de gracia, pero como siempre nuestro objetivo era lograr una toma de todas ellas; incluso teníamos pensado obtener una foto del blénido filamentoso con su aleta dorsal extendida.

Durante la primera semana en Utila teníamos el barco prácticamente para nosotros solos, lo que era una enorme ventaja para la caza de las especies que deseábamos encontrar. Y nuestro guía de buceo, Steve Smith, un joven australiano con la mirada firme y la determinación de acero de un cazador consumado, estaba a la altura de las circunstancias. De inmediato nos llevó hasta donde se encontraba una pareja de bocones amarillos apareándose a 27 metros (90 pies) y nos señaló un blénido de aleta emplumada que estaba posado sobre una saliente arenosa. Entre las dos especies que deseábamos encontrar nos mostró a un par de exquisitos peces espinosos, un pez rana y un pez sapo de ojos grandes refugiado en su guarida. Las cosas parecían estar yendo demasiado bien, y en efecto así era: a la mañana siguiente el viento comenzó a soplar, no con suficiente fuerza como para evitar que ingresáramos al agua, pero sí como para alejarnos de las aguas poco profundas donde viven los gobios de mejillas rojas debajo de las espinas de los erizos excavadores del Caribe.


Bocón amarillo (Opistognathus gilberti)
Después de un viaje muy agitado, gracias a una enérgica ráfaga, llegamos a la parte de sotavento de la isla donde supuestamente se refugian los blénidos filamentosos dentro de agujeros que sirven de escondite en paredes profundas. Al igual que otros miembros dotados de aletas del género Emblemaria, tales como el blénido bandera negra y los trambollos tubícolas, cuando no están buscando comida, luchando ni buscando pareja, el pez de 2,5 centímetros (1 pulgada) ocupa pequeños hoyos donde sólo queda expuesta la parte delantera de su cuerpo. No es precisamente un buen objetivo cuando uno está suspendido en aguas abiertas a 24 metros (80 pies) de profundidad en busca de una cabeza del tamaño de un frijol en un embrollo de matorrales mientras la computadora de descompresión tristemente muestra como transcurren valiosos minutos.


Raya coluda caribeña (Himantura schmardae)
Al separarnos, comenzamos a explorar el lugar centímetro a centímetro. Después de diez minutos, Steve dio un golpecito en su tanque. Al final de su dedo había una pequeña cabeza de color marrón claro que tenía notorios cirros con bandas rojas (filamentos). No podía creer la suerte que teníamos. No obstante, nuestro entusiasmo se convirtió en aprehensión cuando el blénido se negó obstinadamente a dejar su refugio. Pero la suerte continuó medida que nos acercábamos al límite seguro de nuestro buceo, el pez salió de su escondite y se precipitó hacia una esponja que se encontraba cerca de allí. En ese momento, levantó su extraordinaria aleta antes de desaparecer entre la espesura del arrecife.


Blénido filamentoso (Emblemaria hyltoni)
Al día siguiente, la suerte seguía de nuestro lado. En una llanura de arena a 21 metros (70 pies) por debajo de la agitada superficie Anna encontró otro raro miembro del género Emblemaria, un blénido lazo que se encontraba dentro de un trozo de coral. Todo marchaba sobre ruedas; ya habíamos encontrado cuatro peces de nuestra lista de seis y aún nos quedaba una semana.

Pero los vientos impropios de la estación seguían provocando la formación de olas en la costa y alborotaba las aguas poco profundas de fondos rocosos donde viven los gobios de mejillas rojas. Debajo, a 9 metros (30 pies) de profundidad, las condiciones eran buenas, por lo que Anna y yo concentramos nuestra búsqueda en la raya coluda caribeña. Abarcamos grandes extensiones a nado sobre arenales donde las grandes rayas buscan moluscos para alimentarse. Buscamos por todas partes y no encontramos ninguna raya; aparentemente nuestra suerte se estaba acabando. "Cuatro de seis no está mal", nos dijimos a modo de consuelo.


Gobio de mejillas rojas (Elacatinus rubrigenis)
En el último día de buceo el viento cambió y calmo un poco las aguas del mar. Desde el amarradero del barco Anna y yo echamos un vistazo a las olas que rompen a lo largo de la costa y decidimos intentar una vez más con la búsqueda de los gobios de mejillas rojas. Minutos más tarde nos estábamos balanceando en el oleaje entre una muralla de roca de la costa e intentábamos mantenernos en nuestro lugar el tiempo suficiente como para mirar dentro de pequeñas depresiones donde los erizos se unen a la roca. No nos tomó mucho tiempo encontrar al primer gobio de mejillas rojas debajo de un racimo de espinas. Mantenerme en el lugar el tiempo suficiente como para enfocar la cámara lleva tiempo (una hora, para ser exactos), pero pude lograr la toma. Nadamos hacia el barco alborozados uno al lado del otro y sentíamos que habíamos logrado nuestro objetivo en el último momento. Emprendimos el regreso y a mitad de camino escuché que Anna gritaba. La vi cómo se lanzaba hacia una silueta redonda y oscura sobre una rampa de arena. Era la raya que no habíamos podido encontrar, la especie número seis de la lista. Ese fue el broche final para una gran victoria.

© Alert Diver — 1er Trimestre 2014