Un futuro incierto para las tortugas lora




Un recién nacido de tortuga marina lora es liberado en la playa en la costa designada parque nacional de la Isla del Padre, Texas.


Con aproximadamente 60 cm (2 pies) de largo y un peso de hasta 45 kg (100 libras), la tortuga lora (Lepidochelys kempii) es una de las tortugas marinas más pequeñas y la que está en mayor peligro de extinción en el mundo. Estas tortugas viven en todo el golfo de México y en toda la costa Atlántica de los Estados Unidos de América. Algunas anidan en las playas de Texas, pero la mayoría elige las playas remotas del norte de México. Si bien de vez en cuando se las ve frente a la costa oeste de Florida y los Cayos, las tortugas lora adultas tienden a pasar el tiempo en aguas con fondos enlodados o arenosos, por lo que los buzos rara vez se encuentran con ellas.

Un video amateur realizado en 1947 muestra una anidación en masa, o arribada, de al menos 40.000 tortugas lora en un día en la playa Rancho Nuevo en Tamaulipas, México. Por desgracia, más adelante la especie fue incluida en la Ley de Conservación de Especies en Peligro de Extinción (Endangered Species Conservation Act) de 1970, y para 1985 la única playa de anidación de tortugas lora conocida en México era Rancho Nuevo, que en ese entonces albergaba un poco menos de 800 nidos o aproximadamente 300 hembras reproductoras.

En respuesta a la rápida disminución de la cantidad de tortugas lora, un grupo de científicos, administradores del gobierno, conservacionistas y representantes de la industria se reunieron en octubre de 1985 en Galveston, Texas, para determinar cómo salvar a esta especie en peligro de extinción. El Primer Simposio Internacional sobre Biología, Conservación y Gestión de Tortugas Marinas Lora (First International Symposium on Kemp's Ridley Sea Turtle Biology, Conservation and Management) impulsó nuevos esfuerzos para reducir la cantidad de tortugas marinas que mueren en redes de pesca y redes de arrastre para camarones y decidió continuar con el apoyo a los esfuerzos de protección de las playas de anidación que México inició en 1966.

Los participantes del simposio también renovaron su compromiso con un proyecto que se inició en 1978 para restablecer la anidación en la costa designada parque nacional de la Isla del Padre frente a la costa del sur de Texas. El proyecto suponía recolectar huevos de tortugas lora de los puntos de anidación en México, incubarlos en la arena de la Isla del Padre y liberar a los recién nacidos temporalmente en las playas de la costa designada parque nacional con la esperanza de dejar la impronta de las tortugas en el área de modo tal que regresaran allí al convertirse en adultos para anidar. Durante los primeros años, los recién nacidos luego eran capturados en el golfo de México, criados en cautiverio durante 9 a 11 meses (hasta que alcanzaban un tamaño suficiente para evitar a la mayoría de los depredadores), los rotulaban y luego los devolvían a las aguas del golfo.

Tras una década estos esfuerzos comenzaron a dar sus frutos: la cantidad de nidos de tortugas lora aumentó entre un 14 y un 16 por ciento cada año entre 1995 y 2009, cuando alcanzó un pico de 21.000 (o aproximadamente 8.000 hembras reproductoras) en México y 197 nidos en Texas, que en ese entonces fue un récord. Las personas involucradas en el proyecto de recuperación esperaban registrar 25.000 nidos (o 10.000 hembras reproductoras) en una temporada, lo que constituye el límite para transferir a la especie de la lista de animales en peligro de extinción a la de aquellos que están amenazados, en el transcurso de otra década. Pero en abril de 2010, la plataforma petrolífera de BP Deepwater Horizon explotó, lo que produjo una descarga de casi 5 millones de barriles de petróleo en el golfo de México.

El desastre se produjo frente a la costa de Luisiana en un área de alimentación importante para las tortugas lora y un lugar donde se sabía que las hembras buscan comida entre las algas Sargassum después de anidar. De acuerdo con los reconocimientos aéreos realizados después del desastre, miles de tortugas marinas, incluso tortugas lora, se encontraron con el petróleo. Los modelos oceánicos recientes han revelado que las corrientes del golfo de México arrastran a las tortugas marinas jóvenes, que normalmente son demasiado pequeñas como para ser vistas a través de los reconocimientos aéreos, al área del derrame en cantidades mucho mayores de lo que se pensaba anteriormente. Esto hace que sea factible que muchas más tortugas marinas que las que reflejan las estadísticas se hayan encontrado con el petróleo.


Donna Shaver, Ph.D., documenta la anidación de una tortuga marina lora en el norte de la Isla del Padre, Texas. Las tortugas lora normalmente anidan durante el día.


En 2010, la cantidad de nidos de tortugas lora se redujo en un 35 por ciento. Después de leves incrementos en 2011 y 2012, la cantidad disminuyó considerablemente en 2013 y 2014. Los científicos afirman que el patrón refleja ya sea una disminución de la reproducción o un aumento de la mortalidad, y cualquiera de estas opciones podría atribuirse a la exposición de las tortugas al petróleo. La especie ya había estado preparada para su recuperación en una oportunidad, pero hoy en día su futuro no parece muy brillante.

En noviembre de 2014, científicos organizaron el Segundo Simposio Internacional sobre Tortugas Marinas Lora (Second International Kemp's Ridley Sea Turtle Symposium) en Brownsville, Texas, para debatir acerca del precario futuro de la tortuga marina en peligro de extinción. "Mi plan era esperar hasta 2015 y celebrar el segundo simposio 30 años después del primero", manifestó Pamela Plotkin, Ph.D., directora de Texas Sea Grant y una de los organizadoras del evento. "Pero dado el estado actual de la especie, sentí que era importante reunirnos lo antes posible para crear conciencia sobre el problema y considerar cómo lograr que las tortugas lora retomen el camino hacia la recuperación".

Los científicos que asistieron al simposio presentaron una letanía de duras estadísticas. De manera simultánea con el derrame de petróleo de BP las tortugas lora sufrieron un gran pico en el índice de mortalidad: el Proyecto de evaluación de las poblaciones de tortugas lora informó un total de 65.505 muertes en 2010, de las cuales sólo 2.884 se debieron al uso de redes de arrastre para camarones. Los altos niveles de varamientos han continuado cada año desde entonces: aproximadamente 400 por año dentro del área afectada por el derrame. Un motivo de este aumento en el índice de mortalidad se relaciona con el efecto del derrame sobre los cangrejos azules, la principal fuente de alimento para la tortugas lora adultas. Los estudios relacionados muestran que las tortugas marinas han alterado sus hábitos de búsqueda de alimento en los años posteriores al derrame.

Los participantes del simposio observaron al menos una historia exitosa: en la actualidad, una cantidad considerablemente menor de tortugas marinas muere en redes de arrastre para camarones gracias a los dispositivos excluidores de tortugas (TED, por sus siglas en inglés), que se sujetan a redes de arrastre para camarones para ayudar a las tortugas marinas a escapar en lugar de sufrir lesiones o ahogarse. "La mortalidad a causa del uso de estas redes es la más baja que se ha registrado en la historia, en gran parte debido al uso de dispositivos TED", informó Benny Gallaway, Ph.D., presidente de LGL Ecological Research Associates, con sede en Texas.


Un recién nacido de tortuga marina lora se arrastra hacia el golfo de México después de ser liberado en la costa designada parque nacional de la Isla del Padre.
Las tortugas marinas lora siguen enfrentándose a muchas de las amenazas que inicialmente dieron lugar a su estado de especie en peligro de extinción, como la pérdida del hábitat de playas de anidación, la polución, los desechos marinos, la captura incidental por parte de operaciones de pesca y el aumento de la temperatura del agua y los niveles del mar como consecuencia del cambio climático. La sequía y el desarrollo tierra adentro también se traducen en un menor flujo de agua dulce desde los ríos de Texas hacia las bahías y estuarios que es necesario para mantener poblaciones de cangrejos azules saludables.

"En general, no ha pasado suficiente tiempo desde el derrame, ni se ha reunido una cantidad suficiente de datos, para comprender completamente sus efectos sobre las tortugas marinas", afirmó Selina Heppell, una ecologista de pesquerías marinas de la Universidad Estatal de Oregón. En consecuencia, los participantes del simposio pidieron que se siguieran financiando los esfuerzos de conservación y la investigación.

Este es un momento crucial para los esfuerzos de conservación. Más del 90 por ciento de las tortugas lora hacen sus nidos en México, y tanto México como los Estados Unidos de América han colaborado para proteger esas playas de anidación. Durante casi 40 años, el Servicio de Pesca y Fauna Silvestre (Fish and Wildlife Service; FWS) de los Estados Unidos de América proporcionó fondos para esos esfuerzos, pero como resultado de los recortes de presupuesto federal la agencia redujo su apoyo a la mitad a sólo 50.000 dólares estadounidenses en 2014 y anunció que "probablemente no sería posible brindar ayuda financiera continua en el año fiscal 2015 y en adelante". Las personas involucradas en los esfuerzos de recuperación de las tortugas lora destacan la importancia de restablecer esta financiación y enfatizan que el valor para la especie es alta en relación con la cantidad de dinero que se necesita.

"Hemos logrado grandes avances en comparación con la situación de 1985, por lo que se puede tener esperanza", manifestó Patrick Burchfield, director del Gladys Porter Zoo en Brownsville, Texas, y, como presidente del Grupo de Campo para la Recuperación de Tortugas Lora (Kemp's Ridley Sea Turtle Recovery Field Group) de los Estados Unidos de América del FWS, parte del proyecto de recuperación desde su inicio. "Pero estábamos tan cerca, listos para decir que habíamos recuperado esta especie, y ahora no podemos hacerlo".

© Alert Diver — 2do Trimestre 2015