La curiosa vida debajo de embarcaderos y muelles




Una joven sepia merodea sobre el fondo, imitando una hoja de mangle en descomposición.


Los fotogénicos arrecifes de coral y los majestuosos bosques de kelp reciben merecidamente gran parte del interés de la industria del buceo: son hermosos y contribuyen enormemente a la diversidad marina. Desgraciadamente, los hábitats relacionados tales como laderas de arena y de escombros, lechos de pastos marinos, manglares, naufragios oxidados, embarcaderos y muelles normalmente son ignorados porque se considera carecen de un valor estético tradicional. Como resultado de ello, muchas personas no aprecian completamente la importancia ecológica de estos hábitats.

Los embarcaderos y muelles en particular funcionan como arrecifes artificiales y albergan una enorme cantidad de peces de aguas superficiales. Si bien no han sido diseñados intencionalmente para atraer vida marina, estas estructuras situadas parcialmente bajo el agua a menudo sirven de oasis para organismos tanto comunes como extraordinarios en lugares que de otro modo podrían ser desiertos acuáticos. Aunque la diversidad de la vida que existe bajo los embarcaderos puede parecer relativamente escasa en comparación con los saludables arrecifes de coral del Pacífico, la variedad de animales, plantas y microorganismos que son atraídos por estas formaciones creadas por el hombre puede ser vasta y la red trófica relacionada puede resultar extremadamente compleja.

A lo largo de las islas del Pacífico occidental se han construido miles de embarcaderos y muelles en una variedad de entornos marinos. Aquellos que se han construido a lo largo de canales profundos son barridos por aguas ricas en nutrientes, las que depositan prolíficos organismos marinos que se alimentan por filtración en las estructuras verticales. Las algas coralinas, las esponjas, los hidroides, los tunicados y los brillantes corales blandos Dendronephthya se desarrollan en colecciones y racimos en constante cambio que ofrecen microhábitats ilimitados para más invertebrados y pequeños peces planctívoros.


Los peces piedra de arrecife son verdaderos maestros del disfraz y habitualmente parecen establecer sus hogares en embarcaderos y muelles.


Otros embarcaderos y muelles son construidos en bahías protegidas libres de corrientes donde grandes laberintos de islas arboladas, islotes de piedra caliza, densos manglares y estrechos canales sirven de criaderos, puntos de reproducción y áreas de alimentación para miles de especies marinas. Aunque la región puede incluir una gran cantidad de prósperos hábitats submarinos, tales como arrecifes periféricos, bosques inundados, lagos marinos y praderas de pastos marinos sumergidos, los embarcaderos y muelles ofrecen características únicas como por ejemplo rincones oscuros protegidos de la luz directa del sol y soportes verticales inmóviles que hacen de territorios inalterables para invertebrados sésiles y peces hambrientos.

Si se desplazan a la deriva entre los sombríos pilotes debajo de prácticamente cualquier embarcadero del Pacífico que haya estado en el mar durante más de unas pocas semanas, los buzos rápidamente verán que aquí la vida marina puede ser muy abundante. La luz solar brilla a lo largo de los bordes de las plataformas terrestres que se encuentran arriba y se asoma a través de los listones de madera, creando así haces de luz que titubean sobre el fondo de la arena y escombros. A pesar de la diversidad de la región del Pacífico occidental en lo que se refiere a especies de arrecife coloridas y diurnas, la mayoría de los moradores de muelles prefieren los confines silenciosos y sombríos donde el camuflaje es vital para la supervivencia. Las sombras profundas creadas por pilotes, flotadores de embarcaderos y pisos de muelles de madera proporcionan puntos de escondite para criaturas intrincadamente veladas de todas formas, tamaños y comportamientos.

En el fondo, ignorando a los buzos que soplan burbujas, a menudo es posible encontrar al menos algunos peces escorpión, peces demonio o peces piedra bien alimentados cuyos rostros de apariencia gruñona se mezclan con los montículos de roca viva y escombros. Estos clásicos asesinos al acecho han delineado territorios invisibles, al igual que gnomos ocultos debajo de puentes en oscuros cuentos de hadas. Los depredadores venenosos que están al acecho casi no tienen que moverse para alimentarse de grandes cantidades de cardenales, damiselas, blénidos o gobios desprevenidos que merodean sobre el limo repleto de nutrientes o apenas por encima de él. Debajo de algunos muelles se puede encontrar el mismo pez piedra en exactamente el mismo lugar durante semanas. ¿Por qué debería moverse si el alimento nada delante de su boca?


Mientras se deslizan entre los altos pilotes, un banco de jóvenes peces murciélago busca protegerse de los depredadores debajo de un embarcadero.


No demasiado lejos de los depredadores al acecho, parejas de peces pipa de bandas pueden asomar sus finos hocicos entre las grietas rocosas para disfrutar de zooplancton, mientras un joven pez cocodrilo, imitando perfectamente a un trozo de corteza hundido, se desliza sigilosamente sobre el fondo de escombros. Los embarcaderos del Pacífico occidental también atraen a sepias jóvenes que habitualmente se desplazan a la deriva por el paisaje, alimentándose en ciertos momentos y ocultándose en otros. Se puede ver a una sepia imitar una hoja de mangle, una roca cubierta de algas o cualquier cantidad de objetos submarinos, usando su sistema nervioso para controlar los millones de células especializadas para manipular su color y textura mientras busca crustáceos o peces.

Es posible que los buzos que realizan su primera exploración de estas estructuras hechas por el hombre no reconozcan inmediatamente los ciclos de sucesión anual que continuamente cambian la composición de estos miniecosistemas. No obstante, bucear en un muelle muchas veces puede revelar una proliferación de algunas especies que anteriormente hayan pasado desapercibidas debido a una perturbación ambiental, la periodicidad lunar o una afluencia de nuevas larvas. Si bien las especies que viven debajo de la estructura cambian con el tiempo como resultado de la inmigración, la competencia y la extinción a nivel local, la cantidad total de especies por lo general se mantiene igual si el área no es perturbada. Estos ecosistemas dinámicos evocan la teoría del equilibrio en la biogeografía de las islas.

Al alejar su mirada momentáneamente de la vida que habita sobre el fondo repleto de criaturas para dirigirla hacia arriba, los buzos pueden descubrir una vista completamente diferente. El complejo entretejido de organismos sujetos a los pilotes verticales o que cuelgan de la parte inferior de los flotadores a menudo incluye una colección de percebes, coloridas esponjas tóxicas, poliquetos que viven en los tubos, algas coralinas, hidroides y delicados tunicados, además de una enorme cantidad de vertebrados.


En el mar abierto, los bancos de macarelas son blancos fáciles para los jureles y tiburones pequeños que merodean en el área.


Un río de plata de cientos de macarelas caballas u otros peces presa pueden escabullirse de forma sinuosa entre el bosque de pilotes de los muelles. Los depredadores visuales tales como el atún de aleta azul o el jurel gigante, que normalmente deambulan por los embarcaderos a distancia observando y esperando, pueden confundirse momentáneamente con tantos peces idénticos apiñados formando así una pared viviente y en movimiento. Al final de la tarde, los depredadores se hacen más activos y la ansiosa manada de presas se acerca aún más. A diferencia de las presas que se mueven rápidamente, los peces murciélago adolescentes que con frecuencia están inmóviles merodean sobre macarela caballas de ojos saltones, observando así el desfile y quizás preguntándose cuál es el apuro.

Cada lugar ofrece factores ambientales apenas diferentes, como diversas profundidades, intensidades de la luz, corrientes, disponibilidad de plancton, niveles de nutrientes, composición química del agua, etc., que determinan qué vida marina coloniza una estructura. Cuando se colocan pilotes nuevos, sirven de espacios abiertos, aptos para la colonización de cientos de organismos sésiles. En cuestión de días, la vida marina comienza a reclamar territorio en los gruesos soportes de madera o metal. Percebes, hidroides, briozoos, crinoideos, mejillones y un sinnúmero de criaturas apenas visibles se posan sobre los pilotes, donde ciertas señales les dan el pie para transformarse en florecientes comunidades maduras. La rápida sucesión de vida demuestra que hay prolíficas larvas presentes en todo el entorno marino tropical. Desde el punto de vista evolutivo, poder posarse y metamorfosearse de inmediato al percibir los factores ambientales adecuados produce beneficios evidentes para las larvas planctónicas de una especie.

En algunas áreas donde los arrecifes de coral no son profusos, los embarcaderos y muelles pueden aumentar potencialmente los recursos pesqueros, ya sea mediante la atracción de poblaciones de peces dispersas o la creación de un hábitat más apropiado para el incremento de las poblaciones de peces. Muchos organismos que habitualmente viven en entornos cavernosos también se pueden encontrar en las oscuras cavidades de embarcaderos y muelles.


Cada embarcadero o muelle es diferente de acuerdo con su ubicación, tamaño, profundidad, etc.


Se puede esperar observar una variación considerable en distintas partes de una serie de instalaciones portuarias y definitivamente entre los muelles colocados en situaciones ecológicamente diferentes. No hay dos muelles iguales en lo que se refiere a vida marina. Los espacios más iluminados tenderán a ser monopolizados por organismos fotosintéticos y las áreas parcial o completamente sombreadas serán aptas para los grupos de animales más inusuales. Muchos de los organismos que viven bajo los flotadores o sobre los pilotes son aquellos que normalmente se encuentran en las partes más profundas de las zonas intermareales o submareales. En un embarcadero o un muelle pueden vivir cerca de la superficie sin peligro de estar expuestos a la luz intensa del sol.

Prácticamente todas las estructuras bajo las que los buzos (y sus equipos) pueden desplazarse presentarán criaturas extrañas que viven en el fondo y un paisaje único ampliamente diferente al de los arrecifes de coral. Mientras que el Pacífico ofrece una gran cantidad de puntos de buceo estimulantes antes que cantiles sin fondo, a lo largo de profundos pináculos y a través de canales de aguas veloces donde deambulan grandes peces, los embarcaderos y muelles tienen una gran cantidad de habitantes bizarros y fotogénicos. Para los fotógrafos, estos entornos marinos creados por el hombre casi siempre son productivos tanto para la fotografía macro como la de gran angular. Los pilotes de embarcaderos, los amarres de puertos y los hábitats de los alrededores están repletos de criaturas extrañas por las que los buzos tienen una afinidad especial, desde diminutos camarones arlequín hasta peces sapo con protuberancias y peces cacatúa. Mientras muchos buzos centran su atención en las criaturas más pequeñas de un embarcadero, los depredadores más grandes tales como morenas gigantes residentes o tiburones alfombra teselados, que aprecian la abundancia culinaria que se observa en estos lugares, también patrullarán con frecuencia las aguas alrededor de estas estructuras creadas por el hombre.

Cada ecosistema marino, cada hábitat submarino, cada nicho con su abundancia relacionada de habitantes generalistas o especialistas es parte de la bioesfera global. No hay ningún nivel de la red trófica ni ninguna especie que exista por separado. Incluso los embarcaderos y muelles, donde se pueden encontrar colecciones de criaturas extrañas e intrigantes y sus propias cadenas alimentarias distintivas, están intrincadamente vinculados con el mar abierto. Estas estructuras de madera, concreto, clavos, sogas y neumáticos son sólo una parte de un rompecabezas dinámico cuyas piezas van desde moléculas de ADN a ecosistemas completos y cuyos efectos se propagan por los océanos de todo el mundo.
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Vea la galería de fotos de embarcaderos y muelles de Ethan Daniel.

© Alert Diver — 4to Trimestre 2014