Viviendo entre focas de Groenlandia

Un encuentro en el hielo que cambió mi vida


Una cría de foca de Groenlandia curiosea en el agua en busca de su madre.


Las crías de foca de Groenlandia, reconocidas por su pelaje blanco, nacen en el hielo en el golfo de San Lorenzo a fines de febrero. Sus madres los amamantan durante 10 a 15 días y luego los abandonan para reproducirse y migrar. Las crías deben aprender a nadar, cazar y sobrevivir por su cuenta. Son inicios difíciles y la mortalidad natural es alta incluso en un buen año cuando el hielo es grueso y firme debajo de ellas.

David Doubilet y yo estábamos realizando un trabajo con National Geographic entre focas de Groenlandia en las heladas aguas del golfo. Estábamos allí para documentar su vida en el hielo en una clima impredecible. Durante un año con buen hielo se puede caminar kilómetros a través del golfo, pero en esta oportunidad debimos usar helicópteros para localizar el hielo y luego sólo encontramos áreas de hielo pequeñas a medianas abarrotadas de 10.000 madres y sus crías cerca de la Isla del Príncipe Eduardo. Desgraciadamente, había más agua que hielo.

Ubicamos nuestro barco pesquero en el bloque de hielo y permanecimos allí durante varios días, trabajando con madres y crías de focas de Groenlandia sobre y debajo del hielo. No hay palabras para describir la experiencia de acostarse en una litera y ser arrullado por los chillidos casi humanos de las crías de focas de Groenlandia. Durante la noche, los sonidos atravesaban el hielo y penetraban directamente en nuestros sueños; era algo de otro mundo.


La madre y la cría se acarician con el hocico en la superficie.




La madre y la cría se saludan.
Era nuestro último día y el último buceo de la expedición. Siempre oímos hablar sobre las cosas maravillosas que les suceden a nuestros colegas durante el último día de su viaje, como por ejemplo: "no tenía ninguna historia que contar hasta que se desencadenó todo una hora antes de partir en el helicóptero"; ojalá. Nuestro emocionante último día normalmente consiste en empacar. Nos lanzamos al agua fría con los trajes secos, cinturones de lastre y snorkels puestos. David y nuestro guía "superhéroe", Mario Cyr, encontraron a una cría de inmediato. Me alejé nadando a través del hielo en busca de mi propio sujeto. Encontré a una cría con ojos negros grandes y brillosos que miraba al agua en busca de su madre, que estaba detrás de mí dando vueltas en el agua en un intento por distraerme. Tuvo éxito y pasó rápidamente junto a mí para convencer a la cría de que ingresara al agua, donde se encontraron con un beso nariz con nariz a modo de reconocimiento. Es un ritual de saludo que las focas practican sobre y debajo de la superficie: ¿eres tú mi cría/madre o eres una impostora?


La foca madre contiene a su cría con la aleta.
La foca madre alejó a su cría de mí, la extraña criatura que estaba en el agua. Mientras nadaba junto a la pareja la curiosa cría seguía intentando acercarse a mí pero la ansiosa madre se lo impedía con su aleta. Después de varios minutos de nadar juntos la foca madre se relajó y la cría se acercó cada vez más hasta quedar junto a mí. Me detuve y la cría rozó su cuerpo contra mi brazo y luego se posó sobre mi pecho mientras yo me echaba hacia atrás en el agua. Me convertí en una balsa viviente para la cría que descansaba sobre mí, y luego comenzó a tocarme la máscara con su nariz mientras la madre nadaba en círculos lentamente a nuestro alrededor con la mirada centrada atentamente en mí. Tenía el cuerpo retorcido y sentía frío, y no podía sacar ninguna foto porque la cámara estaba colgando de mi brazo. Estaba en el centro de una imagen posiblemente fabulosa y hubiera dado lo que fuera por tomarla, pero no cambiaría ese momento por ningún otro en el agua.


La madre está pendiente de su cría mientras ésta nada en la superficie.


Después de descansar un breve instante la cría se alejó de mi pecho y se fue nadando hacia donde estaba su madre; ella la inspeccionó. Yo estaba fotografiando la escena como una maniática cuando sentí un mordisco en el tobillo izquierdo seguido de otro en el tobillo derecho. Miré hacia abajo y vi a un grupo de focas de Groenlandia machos que nadaban en círculos debajo de mí a unos 6 metros (20 pies) de profundidad. No tuve tiempo de pensar ni preocuparme antes de que un macho se lanzara contra mi espalda y sobre mi cabeza, y luego me empujó bajo el agua y me arrancó la máscara en medio del caos. Me lancé en busca de la máscara y la coloqué torpemente sobre mi cara justo a tiempo para ver a la hembra que pasaba rápidamente junto a mí para ir a golpear al macho. Pude ver un frenesí de pelaje y aletas debajo de mí antes de que el macho se alejara nadando.


La cría nada entre el hielo marino.


No estaba completamente segura de qué esperar a medida que la madre se acercaba a su cría y a mí resoplando mucosidad y burbujas. Nadó alrededor de la cría para ver cómo estaba y comenzó a darle empujoncitos. Se detuvo y nadó sobre mí y comenzó a darme empujoncitos lentamente en dirección a la cría.


La madre nada en dirección descendente para espantar a un grupo de focas macho.
No podía comprender lo que sucedía mientras nos arreaba a la cría y a mí para alejarnos de las aguas abiertas y los machos. Nos dirigíamos a un espacio estrecho entre dos placas de hielo. El pequeño canal no sería un buen lugar para un humano ni una cría si las dos placas de hielo chocaban. Me agaché alrededor de la hembra y observé durante varios minutos mientras se alejaban nadando hasta que desaparecieron de mi vista.

Estaba agotada pero emocionada; mi mente estaba acelerada y tenía la vejiga llena. Levanté el brazo y coloqué mi caja estanca sobre el borde del hielo. Cuando intenté alcanzar mi cinturón de lastre para desabrocharlo, una foca macho vino como disparada de debajo de la placa de hielo y me mordió con fuerza a la altura de la ingle. Me soltó y luego volvió a morderme en la parte superior del muslo. Antes de que pudiera darme cuenta de qué estaba sucediendo me encontraba de pie sobre el hielo, protegiendo mi pierna derecha. Miré hacia abajo y pude ver perforaciones en mi traje seco de grueso neopreno pero no vi ningún corte profundo de donde brotara sangre.

El capitán me vio en el hielo, dio la vuelta con su embarcación y se dirigió a los tumbos hacia mí. Dejó caer la pasarela sobre el hielo con un golpe seco y subí cojeando por la tabla, mientras arrastraba mi cámara.

Me quité el traje seco y me di cuenta de que las perforaciones eran más grandes de lo que imaginaba. Me dirigí bajo cubierta al camarote compartido, donde me quité la gruesa ropa interior y vi el daño que las mordidas habían causado en mi pierna e ingle. Por suerte la combinación del traje seco y la ropa interior habían evitado que los dientes de la foca penetraran mi arteria femoral. Todo se podía curar adecuadamente sin ninguna dificultad, pero sabía que debía ver a un médico pronto debido al riesgo de sufrir una infección grave. Oí a David subir a bordo de la embarcación, y los motores del barco se pusieron en marcha para llevarnos de regreso a las islas de la Magdalena con una fuerte tormenta que venía en nuestra dirección.

La tormenta golpeó nuestra embarcación y destruyó el débil hielo como una batidora, ahogando, aplastando y matando a la mayoría de las crías que habían nacido esa temporada en el golfo de San Lorenzo. Mi cría amiga sin duda estaba muerta, lo que convirtió los agradables momentos que pasé con ella y su madre en un trago amargo pero un regalo muy especial a la vez. Siempre me he mostrado escéptica con respecto a las historias que aseguran que "un animal me salvó la vida", y me siento agradecida por haber vivido este increíble encuentro que provocó un cambio de actitud en mí. Tengo cicatrices importantes en lugares embarazosos que me recuerdan ese día en el hielo, pero también tengo recuerdos de la foca de Groenlandia hembra que me defendió y que luego intentó arrearnos a su cría y a mí para alejarnos del peligro.


Una cría de foca de Groenlandia "de pelaje blanco" descansa sobre el hielo al atardecer.


© Alert Diver — 2do Trimestre 2015