Una exploración del corazón de Bell Island




Jill Heinerth se desplaza por un túnel de la mina y documenta artefactos presentes en el lugar.



Mi corazón se sobresaltaba a medida que descendía en el agua de color marrón chocolate en la entrada hacia las minas de Bell Island en la Bahía de Concepción, Terranova. Un extraordinario vendaval de invierno había arrastrado más de 90 cm (3 pies) de vertidos de color marrón hacia las minas durante la noche. Nuestro muelle flotante estaba adherido al techo y el área de preparación de buzos estaba sumergida debajo de un río afluente de nieve derretida. Estaba espantosamente frío, la visibilidad era escasa y yo arrastraba una gran cámara, luces y flashes para capturar imágenes en agua que esperaba sería cristalina a unas decenas de metros en los pasajes sumergidos.


Cas Dobbin se acerca al ancla que cuelga de la proa del naufragio del PLM 27.
La Real Sociedad Geográfica Canadiense (Royal Canadian Geographical Society) había honrado nuestro proyecto como su Expedición del Año de 2016, a modo de reconocimiento a nuestros esfuerzos por revelar las profundidades nunca antes vistas de la geografía canadiense. El Explorers Club había otorgado el Flag #80 a nuestra misión, reconociendo así del mismo modo la importancia de compartir los recursos sumergidos y secretos de Bell Island.

Pocas personas saben que Bell Island fue atacada durante la Segunda Guerra Mundial. En 1942 submarinos alemanes bombardearon la isla dos veces en un intento por interrumpir el flujo de mineral de hierro de alto grado que era extraído de las minas. Los submarinos atacantes hundieron el SS Saganaga, el SS Lord Strathcona, el SS Rose Castle y la embarcación de la Francia Libre PLM 27 y volaron el muelle de carga de Bell Island. En total, 70 hombres perdieron la vida y los habitantes de la región descubrieron la posición precaria que tenían en el frente de guerra de la Batalla del Atlántico.

Los objetivos de nuestro proyecto eran ambiciosos. Estábamos estableciendo un archivo visual de la historia que quedó sumergida cuando la primera mina se cerró en 1949 y la última en 1966. Sin ningún inventario de los recursos de las minas, seríamos los primeros en revelar la historia cultural que fue abandonada cuando se hizo demasiado costoso continuar con la extracción de mineral. Además de documentar la historia de la mecánica y la ingeniería de la mina, recolectaríamos muestras biológicas de colonias bacterianas oxidantes ferrosas y pozas de ácido sulfhídrico para realizar análisis de ADN. Para mí, las más grandes revelaciones tendrían lugar a partir de los exámenes fisiológicos que realizaría un equipo de científicos liderado por el director de investigación de DAN® Neal Pollock, Ph.D.
Espacio interior
Después de cada buceo nos apresurábamos para guardar nuestro equipo lo más rápido posible y subíamos la pendiente de 198 metros (650 pies) hacia el área del museo público de la mina N.° 2. Pollock y Stefanie Martina habían preparado un laboratorio improvisado donde estaban dispuestos a explotar y desafiar nuestros cuerpos y mentes. Me quité una prenda sudorosa y caliente que tenía debajo del traje seco y me acosté boca abajo sobre un colchón mientras Martina preparaba una fría sonda ultrasónica para colocarla sobre mi caja torácica. Giró el dispositivo con cuidado para encontrar su punto de referencia y una milagrosa imagen apareció en la pantalla. Pude ver cómo latía mi corazón, cuyas válvulas parecían una sirena que nadaba de cabeza en un vacío negro. Martina no tuvo que decirme que mi sirena navegaba por un campo de burbujas en el lado derecho del corazón. Mi estrés descompresivo era claramente visible como traviesos puntos blancos que rebotaban en las paredes y se desplazaban hacia la parte superior de la pantalla.

La primera vez que lo vi me sentí un poco alarmada. Me sentía muy bien, pero Martina me informó que presentaba un grado IIIb en la escala de burbujas (0, I, II, IIIa, IIIb, IVa, IVb, IVc y V, donde 0 representa la ausencia de burbujas visibles y V una cobertura total). Le aseguré que era un libro abierto y que estaba lista para compartir públicamente cada detalle de mis resultados. Una gran cantidad de preguntas comenzaron a bombardear mi mente: ¿he estado produciendo burbujas durante mis últimos 7.000 buceos? ¿Esto ha estado sucediendo después de la mayoría de mis buceos, o incluso todos ellos, o es algo propio de estos exigentes buceos en agua fría? ¿Qué relación tienen estas burbujas con la enfermedad por descompresión (EDC)? Pollock es generoso con los conocimientos que imparte pero es muy cuidadoso a la hora de explicar que estas investigaciones son anecdóticas. Todos somos conejillos de Indias en este mundo del buceo técnico, donde intentamos aplicar probabilidades matemáticas a una serie infinita de parámetros que abarcan cuerpos, planes e historial de buceo. No pudimos establecer cuál de los innumerables factores fueron más importantes en la producción de mis burbujas después de tan pocos buceos, o incluso si las burbujas podrían causar problemas a largo plazo, pero sin duda podíamos intentar reducir el estrés en buceos futuros de muchas maneras.

Pollock me contó acerca de la investigación que se había realizado sobre buzos comerciales en las décadas de 1960 y 1970, cuando muchos buzos profesionales experimentaban osteonecrosis disbárica. Esta condición supone lesiones de tejido muerto en huesos largos como el húmero (parte superior del brazo) y el fémur (muslo). Un extensivo programa de supervisión de buzos del mar del Norte dio lugar a cambios en los protocolos de buceo que produjeron una reducción en la frecuencia de casos. En ese momento se identificaron tres factores de riesgo importantes: un historial de reiterados buceos por debajo de los 50 metros (165 pies), un historial de EDC y un patrón de perfiles de buceo que podrían considerarse experimentales. En la actualidad eso se parece mucho al buceo técnico, que es el motivo por el que Pollock comenzó a realizar este estudio. Los buzos técnicos somos un grupo extraño que participa en un osado experimento acuático con nuestros cuerpos conforme avanza el tiempo.


Neal Pollock examina al buzo de expedición Steve Lewis mediante el uso de un ultrasonido 3D.


La serie de exámenes, que tiene una duración de dos horas después de cada buceo, incluye extracción de sangre para análisis de micropartículas (fragmentos de células en la sangre que podrían mostrar signos de estrés descompresivo), recolección de muestras de ADN para un estudio epigenético (análisis de cómo los factores de estrés pueden reprogramar la expresión de los genes) y pruebas de la función pulmonar.

Estas pruebas también incluyen cuestionarios acerca de nuestros buceos. ¿Nos sentíamos cómodos? ¿Usábamos un calentamiento activo o pasivo? ¿Nuestro nivel de esfuerzo era alto o bajo? Para mí, las preguntas permiten comprender y aportan revelaciones acerca de mis protocolos de buceo personales. Siempre supuse que un buzo que está cómodo y con una temperatura agradable sería un buzo prudente, sin embargo mis esfuerzos de calentamiento activo podrían promover un aumento de la absorción de gas inerte durante los tramos más profundos de mis buceos. Mientras me relajo durante la descompresión, relativamente quieta en el agua fría de deshielo, es posible que no libere gases con la eficacia que pensaba. O quizás mi esfuerzo adicional al tomar fotografías supone un mayor estrés descompresivo. Bucear conmigo es como pasear a un perro. Doy vueltas alrededor de mis sujetos para obtener una imagen y cambio mi posición vertical en la columna de agua mientras cargo y manipulo equipo fotográfico pesado. Supongo que no es sorprendente que mis buceos de fotografía y video más difíciles hayan alcanzado las cantidades de burbujas más altas.

Uno puede preguntarse cómo la investigación de Pollock podría dar lugar a conclusiones válidas si cada buceo es un desorden descontrolado de variables. Puede ser difícil publicarlo, pero el valor de esta misión va mucho más allá de un artículo publicado en una revista científica. Su trabajo más importante puede ser revelar a la comunidad de buceo que incluso si nos sentimos muy bien y seguimos lo que creemos es un algoritmo conservador, es posible que aún enfrentemos riesgos ahora o más adelante en la vida. Sus preguntas y cuidadosas observaciones crean un marco para la educación y debates en la comunidad de buceo técnico. Realmente no sabemos demasiado sobre nuestros buceos técnicos experimentales, pero si podemos presionar para que haya más investigaciones en este campo, deberíamos poder mejorar nuestra comprensión y seguridad en el futuro.

Yo salí del corazón de Bell Island con una imagen imborrable en mi mente. Mi sirena (la válvula cardíaca orientada hacia abajo) está fuerte, pero no quiero volver a verla navegando en un campo de sangre burbujeante. Sé que debo hacer algunos cambios que pueden reducir mi estrés descompresivo. Volveré a evaluar cómo realizar un calentamiento activo durante buceos en agua fría, o incluso si decido hacerlo. Incorporaré ejercicio más suave a mis paradas de descompresión y prolongaré mi última parada. Espero que con más investigaciones de vanguardia de este tipo obtengamos mejores datos para instruir a nuestra comunidad y demos paso a una serie de protocolos más seguros.
Hacia las oscuras profundidades
El agua marrón chocolate daba paso a un ralo manto de color blanco vaporoso. Una luz de buceo emitía un cálido resplandor a la distancia y yo emergí en agua cristalina que reveló la existencia de un túnel de 5 metros (17 pies) de alto con paredes cuadradas. Un par de tubos metálicos oxidados cubiertos de limo gelatinoso nos atrajo y nos llevó a desplazarnos por el eje hacia una mayor profundidad, y una serie de engranajes y ruedas tomó forma en la cámara oscura que observábamos frente a nosotros. Encontramos un gran sistema de bombeo y una intersección de tubos y engranajes. Cas Dobbin, un ingeniero de la industria del gas y el petróleo, echó un vistazo al equipo y observó las válvulas rotas y las conexiones cortadas. Archivó la información para más tarde e intentó crear una imagen de cómo las tuberías de vapor y los equipos de desagüe permitían el funcionamiento de esta mina.

Observamos

Cas Dobbin fotografía el SS Saganaga.
a una caricatura y un nombre en la pared. Aparentemente, James Bennett tuvo un momento de ocio mientras trabajaba en las minas y pintó su propio rostro fumando pipa en la pared con pigmento de color negro. Fotografié nuestros objetivos e inicié el inventario de la mina abandonada que fue evacuada tan rápido que nadie se molestó en hacer un inventario antes de dejar que se inundara. A la vuelta de otra esquina, una pequeña cruz blanca en la pared nos hizo hacer una pausa. Un minero había perdido la vida allí, quizás como resultado de la caída de una roca o al ser atropellado por un carro de mineral que cayó por la pendiente sobre las vías que yacían por debajo de nosotros y que ahora estaban enterradas debajo del limo.

La primera fase de nuestro proyecto llegó a su fin; sacamos los tanques de seguridad de la mina e hicimos un repaso de nuestros logros. Hemos definido las pautas esenciales que serán necesarias para los buzos que visiten el lugar en el futuro. Hemos comenzado la enorme tarea de documentar los artefactos industriales sumergidos y empezaremos a compartir nuestros hallazgos con el mundo. La pequeña comunidad de Bell Island será ampliamente reconocida una vez más. Los descendientes de los mineros generosamente relatan el folklore de la región y, de ese modo, dan la bienvenida a una nueva generación de curiosos visitantes para explorar las minas y los naufragios y bucear a través del tiempo y así tener un contacto con la historia.
Obtenga más información
Para obtener más información, visite IntoThePlanet.com/Newfoundland o BellIslandMines.com.
Explore más
Vea más de la expedición de Bell Island en la galería de fotos en línea de Jill Heinerth y en los videos que se incluyen a continuación.






© Alert Diver — 2do Trimestre 2016