Un diagnóstico poco habitual




El Dr. Ian Grover examina a Snyderman en la clínica de medicina de buceo de la UCSD.


La expedición comenzó en un mar confuso con un cruce de 37 horas que debería haber durado 10 horas. Después de ese encantador acto inaugural, durante mi parada de seguridad al final de nuestro primer buceo vi que un miembro de la expedición ascendió tan rápido de una profundidad de 24 metros (80 pies) que la parte superior de su cuerpo salió expulsada fuera del agua.

Salí a la superficie e hice una seña para pedir ayuda. Para el momento en que subimos al buzo a bordo del barco, ya presentaba signos de una enfermedad por descompresión (EDC). Los divemasters lo atendieron y yo me comuniqué con DAN® para organizar una evacuación.

Ese suceso, que tuvo lugar a principios de la década de 1990, fue la primera vez que el equipo de atención médica de emergencia de DAN me brindó ayuda. Para asegurarme de estar preparado para ese tipo de situación es exactamente por lo que me convertí en un miembro de DAN en 1988.

Nunca imaginé cómo DAN me ayudaría la última vez que me comuniqué con ellos. Estaba en una fiesta una noche durante la exposición anual de DEMA (Diving Equipment and Marketing Association) (DEMA). Me encontraba bien y un instante más tarde comencé a sentirme realmente extraño. Estaba desorientado y tenía dificultad para mantener el equilibrio.

Luche contra los síntomas por unos minutos, pero no pude deshacerme de ellos. Necesité ayuda para regresar a mi habitación de hotel y ese viaje duró varias horas, durante las que tuve que sentarme, poner la cabeza sobre una mesa y cerrar los ojos. Cuando intenté caminar me dijeron que lo hacía en línea recta, pero yo no me di cuenta. Todo me parecía irreal.


Tiburón blanco en la Isla Guadalupe, México.
Me fui a la cama y a la mañana cuando me levanté me sentía mucho mejor. Después del desayuno, me dirigí al centro de convenciones. Me sentí normal por un par de horas, pero luego mi cuerpo volvió a fallarme. Una vez más necesité ayuda.

Volé a casa para ver a mi médico lo antes posible. Sobre la base de mi informe y su examen, me envió a un neurólogo, un audiólogo, un especialista en convulsiones y un oftalmólogo. Todos ellos buscaban tumores u otro problema significativo en mi cerebro y mis sistemas auditivo y visual. Esto era serio.

Mientras pasaba de un especialista a otro varias veces a la semana durante casi dos meses, escuchaba afirmaciones como "si hoy vemos algo que no nos gusta, le quitaremos su licencia de conductor" y "esto podría poner fin a su carrera de buceo". Tenía miedo por mi salud y mi futuro.

Y también me sentía frustrado. Cuando intentaba describir mis síntomas, sentía que había una importante desconexión entre lo que decía y lo que los médicos estaban dispuestos a escuchar. No quiero sugerir que las pruebas que me realizaron fueron innecesarias; desde luego debíamos considerar la posibilidad de que hubiera un tumor o un problema similar. Pero mucho antes de esa noche en la exposición de DEMA había experimentado algunas cosas mientras buceaba que creía podían ser relevantes y quería que los médicos escucharan. No obstante, cada vez que intentaba analizar el tema con los especialistas me decían que mi historial de buceo no era relevante. Yo no estaba tan seguro de eso.


Delfín acróbata en Hawái.
Por lo tanto, llamé a DAN y hablé con el Dr. Jim Chimiak, quien me aconsejó continuar con las pruebas médicas y me pidió que lo mantuviera al tanto.

En las pruebas no se observaba nada evidente, pero yo experimenté algunos otros episodios menores que fueron similares a lo que me había sucedido en la exposición de DEMA. Durante una larga y exhaustiva llamada de seguimiento unas semanas más tarde, le dije al Dr. Chimiak que las sensaciones que había experimentado en DEMA me recordaron cómo me había sentido cuando había tenido un episodio muy grave de ciguatera. Había tenido esta intoxicación alimentaria 20 años antes después de comer un mero o un pargo en las Bahamas. Los síntomas también eran reminiscentes de cómo me había sentido después de experimentar una intoxicación por monóxido de carbono durante un buceo cuatro años antes.

Si bien al Dr. Chimiak esta información le pareció interesante, no podía decir que había un vínculo directo, pero me comentó que existe una correlación estadística entre las personas que han tenido ciguatera o intoxicación por monóxido de carbono y aquellas que experimentan migrañas oculares en una etapa más avanzada de sus vidas. Estas migrañas pueden manifestarse de maneras muy extrañas.

El equipo de DAN me derivó a la clínica de medicina de buceo de la Universidad de California, en San Diego, para someterme a un examen de seguimiento. Esta clínica cuenta con un personal integrado por médicos que están certificados en medicina hiperbárica y subacuática. En la clínica tuve una extensa entrevista que cubrió mi historial médico y de buceo y durante esa evaluación de cuatro horas compartí mis experiencias con la ciguatera y la intoxicación con monóxido de carbono.


León marino de California en el golfo de California.
El Dr. Ian Grover, el médico tratante, habló con el Dr. Chimiak varias veces durante mi cita y llegaron a la conclusión de que era muy probable que estuviera experimentando unas migrañas oculares poco habituales, y muy desagradables. Acordaron que podría bucear siempre y cuando pudiera manejar estos sucesos. Eso significaba que podría continuar con mi carrera como fotógrafo submarino y seguir haciendo lo que amo en la vida.

Los médicos que vi anteriormente probablemente estuvieron a punto de decirme que debía poner fin a mi carrera de buceo. Pero los miembros del equipo de DAN me escucharon, consideraron posibilidades inusuales, descubrieron la raíz de mi problema y me derivaron a un médico experto en medicina de buceo que me evaluó y me permitió bucear.

En otra llamada de seguimiento, el Dr. Chimiak sugirió que utilizara gafas de sol en lugares con una iluminación inusual o molesta, lo que puede provocar el tipo de migrañas que yo experimentaba. En varias ocasiones pude sentir como una migraña se aproximaba y, hasta ahora, en cada uno de esos casos mis síntomas desaparecieron pocos minutos después de colocarme las gafas de sol; y además me veía muy bien.

Estoy verdaderamente agradecido de que en DAN me hayan brindado ayuda.

Nota de Snyderman: "estas fotos fueron tomadas después de que se me permitió retomar la práctica de buceo. Sin la ayuda de DAN no hubiera podido disfrutar de estos encuentros ni capturar estas imágenes".
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© Alert Diver — 2do Trimestre 2016