Un vecindario difícil




Madres de camarón esqueleto cargan a sus crías hasta que están listas para valerse por sí mismas.

Si entrecierro los ojos, puedo divisar camarones esqueleto individuales que cuelgan de una colonia de hidroides. Son parte de una colonia de cientos de criaturas, donde la más grande tiene una longitud de no más de 1,27 cm (0,5 pulgadas). Como sabía que Anna comparte mi gusto por estas extrañas criaturas, le hice señas para que se acercara y nos acomodamos en el lugar.

No debe llamar la atención que nos sintamos tan cautivados por ellos. Los camarones esqueleto son rarezas con una mala actitud, que tienen un aspecto primitivo y futurista, similar a un juguete y amenazante a la vez. Piense en mil mamboretás en miniatura o, mejor aún, robots delgados como una paja que se desplazan a gran velocidad con garras que causarían envidia entre las langostas.

Los primeros en llamar nuestra atención fueron los machos más grandes que salían en estampida entre la colonia como orugas motorizadas que buscan a alguien a quien golpear. Pero los subordinados no se acobardan frente a esta intimidación, sino que contraatacan con un torbellino de golpes. Sin duda, si el camarón esqueleto fuera cuatro veces más grande se encontrarían entre las atracciones más populares del mar.

Todo lo relacionado con los camarones esqueleto es inusual. Para empezar, no son camarones. Pertenecen a un orden de crustáceos completamente diferente, anfípodos, pero realmente tampoco se parecen a ninguna otra criatura de ese linaje. De hecho, su peculiar morfología impide clasificarlo con facilidad. Deberá adentrarse profundamente en su taxonomía, pasar por el suborden, infraorden y algo que se conoce como "parvorden" antes de finalmente llegar a la familia Caprellidae, donde en la década del 1800 un confundido taxónomo los colocó junto con los piojos de las ballenas, que se parecen muy poco a sus supuestos familiares más cercanos.


Retrato de un camarón esqueleto.
Si bien los camarones esqueleto son pequeños y pasan inadvertidos, los buzos que están dispuestos a hacer el esfuerzo normalmente pueden localizarlos. Habitan la mayoría de las aguas costeras de todo el mundo. Durante el verano, pueden ser fecundos en pastos marinos y en pilotes de muelles y cabos de amarre en ambas costas de los Estados Unidos y Canadá. En Indonesia, normalmente los encontramos en hidroides, esponjas, gorgonias y algas, pero de vez en cuando se reúnen en lugares inesperados. En el Golfo de California, los encontramos viviendo en las cabezas de peces escorpión y hemos oído historias que cuentan que han establecido su residencia en peces sapo, estrellas de mar y nudibranquios.

En todos aquellos lugares donde hay colonias, hay grandes machos que controlan el terreno alto, donde la caza es mejor. La principal presa de los camarones es un diminuto crustáceo que jalan de las corrientes con sus garras, pero si se les presenta la oportunidad no dudarán en enfrentarse a una presa mayor. Una noche, las luces de la cámara de video de Anna atrajeron un torbellino de gusanos planctónicos hacia una colonia que estaba fotografiando. En el resplandor de su luz, un camarón esqueleto macho capturó a un gusano que lo superaba en tamaño ampliamente y lucho con él durante más de un minuto antes de que el monstruo finalmente pudiera escapar.

Los pequeños animales que viven poco tiempo, como los camarones esqueleto, son particularmente susceptibles a los altibajos. Aparentemente, la colonia que estamos investigando se está acercando a su apogeo y se dirige a un colapso inevitable. Estos tiempos difíciles sacan lo peor de cualquier animal, y los camarones esqueleto tienen muchos rasgos negativos que pueden sacar a relucir. Como es de esperar, gran parte del mal comportamiento de los animales gira en torno al sexo.

Al igual que otros crustáceos, las hembras se tornan activas a nivel reproductivo inmediatamente después de una muda. El proceso produce feromonas que vuelven locos a los machos. No hay ningún tipo de cortejo para estos "chicos malos"; el derecho a transmitir sus genes se define mediante una serie de puñetazos en la que el ganador se lleva el premio. Hay mucho en juego (una garra bien ubicada puede cortar a un oponente por la mitad) y para contribuir al peligro aún más, cada garra tiene en la punta una espina venenosa capaz de infligir una herida mortal. El último macho sobreviviente se mueve rápidamente y ayuda a la hembra a quitarse el antiguo exoesqueleto en su prisa por reproducirse.

A diferencia de la mayoría de las criaturas marinas, que liberan miles de larvas inmaduras en el mar abierto durante un solo desove, los camarones esqueleto, eternos iconoclastas, toman el camino menos transitado y producen una pequeña cantidad de crías que requieren un cuidado prolongado. Entre la masa de cuerpos presentes en el hidroide podemos divisar lo que parecen ser bolas de pelusa. A medida que nos acercamos más, la pelusa se convierte en extremidades, garras y antenas de varias docenas de bebés que se aferran a su madre, cada uno de ellos una réplica exacta de su progenitor.

Desde el momento en que los recién nacidos emergen de su lugar de incubación y trepan a las espaldas de sus madres son víctimas de un acoso constante. Y por lo que podemos ver, los pequeños necesitan protección. Las hembras que cargan bebés, lejos de ser rivales fáciles, pelean como "banshees" (espíritus femeninos que anuncian la muerte) para proteger a sus crías. Los jóvenes que sobreviven crecen rápidamente, y pasan por varias mudas antes de estar listos para valerse por sí mismos. Nos pareció oportuno que hacia el final de nuestro buceo Anna observara cómo una madre arrojaba a sus bebés ya maduros con el comportamiento desalmado que se esperaría de un camarón esqueleto.
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Vea el video de camarón esqueleto.


© Alert Diver — 4to Trimestre 2013