Un hallazgo histórico que el mar preservó

Una expedición encuentra aeronaves perdidas en 1944.


Hace poco, una expedición en el mar Adriático localizó dos aviones y un barco que se hundieron entre 70 y 85 años atrás. Franco Banfi, uno de los miembros de la expedición, fotografió al PBY Catalina a 94 metros (310 pies) de profundidad.


En lo profundo de una región olvidada y silenciosa del mar Adriático, cerca de la costa de la isla croata Svetac, Lorenz Marovic y su hijo, Andi, encontraron varios tesoros históricos: los restos de dos aviones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que se hundieron durante la Segunda Guerra Mundial y el naufragio del barco de vapor griego Michael N. Maris, que se hundió en 1932.

Los buzos habían trabajado durante meses incluso antes de zarpar del muelle, estudiando cartas náuticas relevantes y analizando relatos de los ancianos del lugar. Cuando estuvieron listos, instalaron en su barco un poderoso sonar de barrido lateral remolcado y comenzaron a realizar estudios hidrográficos. La energía emitida por este tipo de sonar barre el lecho marino directamente debajo del instrumento remolcado y más de 90 metros (300 pies) de manera lateral, en ambas direcciones. Se registra continuamente la intensidad de los ecos que regresan, para crear una imagen del fondo del mar que se puede ver con claridad en una pantalla desde el puente de mando del barco. Los pescadores locales ayudaron a Marovic con su experiencia de navegación en el Adriático.

Un día, en la pantalla del sonar se vio algo en el fondo del mar. Así comenzó la segunda parte de la expedición, que consistía en planificar una serie de inmersiones técnicas para comprobar qué era lo que había mostrado el sonar. En ese momento me uní al grupo de buzos y técnicos profesionales, con el objetivo de registrar estos emocionantes hallazgos.


Cuando un bombardero se estrelló en el mar Adriático después de un ataque
en Múnich el 12 de septiembre de 1944, un PBY Catalina voló al lugar a
rescatar a la tripulación.
Tom Baier, tres buzos técnicos y yo nos reunimos para planificar en detalle las inmersiones. Usaríamos recirculadores de circuito cerrado y tanques auxiliares con trimix (helio, nitrógeno y oxígeno) para los sitios profundos (de 60 a 110 metros [200 a 360 pies]). Esto nos permitiría maximizar con seguridad el tiempo a profundidad para poder documentar los naufragios de la mejor manera posible. Planificar exhaustivamente las inmersiones es un elemento fundamental para el éxito de este tipo de expediciones. Nada puede dejarse librado al azar y la redundancia es obligatoria, incluso si eso significa llevar un equipo más pesado y dedicar más tiempo a estudiar las mejores prácticas y las peores situaciones posibles.

El primer día de buceo, en septiembre de 2016, escogimos un sitio donde habíamos detectado indicios de restos de un avión en el fondo, a 94 metros (310 pies) de profundidad. Cuando miramos la pantalla del sonar, nos entusiasmó ver las formas nítidas de las alas y de parte del fuselaje. Estábamos ansiosos por sumergirnos, por ir donde nadie había estado antes y por dilucidar las razones que causaron el hundimiento y así romper el silencio del olvido. Sentimos la emoción del descubrimiento, pero unos minutos después tuvimos que controlar el entusiasmo y mantener la calma.


El Catalina amerizó en aguas turbulentas y rescató a varios tripulantes, pero no pudo volver a despegar. Afortunadamente, su tripulación y los que habían sido recogidos fueron rescatados al poco tiempo.


Tomar fotos a 90 metros (300 pies) de profundidad no es tarea fácil para la cámara ni para el fotógrafo, que debe recurrir simultáneamente a su vasto conocimiento tanto de buceo técnico como de fotografía. Para trabajar en un entorno de más de 10 atmósferas de presión, es necesario que todos los buzos tengan bien claro el plan y el objetivo. No hay lugar para la improvisación; no hay tiempo para experimentar ajustes hasta encontrar el correcto por prueba y error.

Si bien solo estuvimos 25 minutos en el fondo, las paradas de descompresión a diferentes profundidades nos tomaron más de 130 minutos, y el tiempo total de buceo fue de más de dos horas y media.

Sin embargo, en esos 25 minutos, fotografiamos con detalle el hidroavión PBY Catalina, que se hundió el 12 de septiembre de 1944, mientras intentaba rescatar a cinco sobrevivientes de un mar muy agitado. Los sobrevivientes eran la tripulación del Consolidated B-24H Liberator #41-28762 Tailwind, asignados al Escuadrón Bombardero n.º 515 del Grupo Bombardero Pesado n.º 376 de la Fuerza Aérea n.º 15 en San Pancrazio, Italia. El 12 de septiembre, la tripulación había participado en un ataque a Múnich, Alemania, que tenía como objetivo la fábrica de motores de BMW en Allach. Ese día, la fábrica de motores de Allach y la fábrica de aviones de Wasserburg fueron atacadas por aproximadamente 330 bombarderos Boeing B-17 Flying Fortresses y bombarderos pesados Consolidated B-24 Liberator, escoltados por aviones de caza P-38 y P-51.



En el vuelo de regreso a San Pancrazio, el control del timón de dirección de este B 24H falló; el avión se salió de formación y comenzó a virar lentamente hacia la izquierda por una oscilación en la cola. Al recibir órdenes de abandonar el avión, los tripulantes saltaron en paracaídas al medio del Adriático, a aproximadamente 80 kilómetros (50 millas) al norte de la isla Vis. Se inició entonces una misión de rescate intensiva. A pesar de las altas olas y los vientos fuertes, el capitán del PBY Catalina logró amerizar en mar abierto y rescatar a cinco sobrevivientes. Pero el avión no pudo despegar, comenzó a inundarse y fue abandonado. Su tripulación y los hombres que habían rescatado fueron recogidos por una lancha de desembarco británica — o buque de asalto anfibio— y trasladados a un lugar seguro en Vis. En una misión aérea de rescate posterior, se salvó a otros dos miembros de la tripulación del bombardero, pero los cuatro miembros restantes nunca fueron encontrados.

Hoy en día, los restos bien preservados del PBY Catalina son parte del mar. Si bien el avión perdió la cola y una sección de su parte inferior está parcialmente enterrada en la arena, se puede reconocer la mayoría de sus características, más allá de la capa de coral duro y vida marina que lo recubre completamente tras 72 años en el mar Adriático.

En conformidad con la ley croata, los descubridores de los naufragios declararon el hallazgo a las autoridades gubernamentales y militares correspondientes, y actualmente está prohibido bucear en los sitios. Una vez que se realicen los estudios y la recuperación necesarios, los sitios se abrirán al público y los centros de buceo que cumplan con la ley croata tendrán autorización para visitar el lugar.

© Alert Diver — 1er Trimestre 2017