Un ascenso de emergencia justo a tiempo




Después de ver a un buzo perder el conocimiento a profundidad, Hepburn y otros se pusieron en movimiento para llevarlo a la superficie lo más rápido posible.


La gran nube de burbujas le indicó al capitán que algo no estaba bien incluso antes de que saliéramos a la superficie. Debajo en el arrecife Osprey, al noreste de Queensland, Australia, un buzo aparentemente se había quedado sin aire y estaba entrado en pánico.

He practicado buceo durante 16 años, pero nunca me imaginé que utilizaría las habilidades que he adquirido para salvar una vida. Antes de ingresar al agua en ese hermoso día con el cielo azul en la Gran Barrera de Coral, estaba muy ilusionada con la idea de ver tiburones martillo, mantas y tiburones de arrecife. Pero pronto me encontraría en el momento y el lugar indicados.

Estábamos camino a una rompiente ("bommie", que en la jerga australiana significa formación de coral) para examinar una estación de limpieza cuando escuchamos golpes en un tanque. Supusimos que alguien había divisado un tiburón o una manta, pero no había nadie a la vista, ni tampoco podía ver a un buzo golpeando su tanque. Los golpes continuaron con insistencia hasta que finalmente pude ver a un buzo que ascendía en diagonal hacia mi amiga Heidi. Justo cuando llego al lugar donde ella se encontraba se detuvo y su cuerpo quedó flácido. Heidi más tarde dijo: "vi que abrió la boca varias veces y tragó agua. También puede ver cómo perdió el conocimiento y sufrió una convulsión de todo el cuerpo y luego se desplomó". Rápidamente comencé a aletear hacia el cuerpo inerte del buzo, con la esperanza de no perder demasiado tiempo.

El buzo estaba pálido, tenía los ojos abiertos y no respondía. Había una pequeña cantidad de agua en su máscara y tenía la boca medio abierta sin el regulador. No salía ni una sola burbuja. Sabía que la principal prioridad al encontrar a un buzo que no responde a profundidad era llevarlo a la superficie lo más rápido posible.

Vigorizada y actuando por instinto, tomé al buzo, que era mucho más grande que yo. Nos estábamos hundiendo lentamente cuando mi amigo Rod, el esposo de Heidi, apareció a mi lado. En un primer momento no pudimos inflar el chaleco compensador del buzo, pero cuando aleteamos hacia arriba en un ascenso de emergencia Rod logró alcanzar la válvula del tanque del buzo y pudo girar la perilla; en ese momento nos dimos cuenta de que el tanque sólo estaba parcialmente abierto.

En la superficie grité y utilicé mi dispositivo de señalización sonora Dive Alert mientras Rob y yo nos esforzábamos por mantener al buzo a flote con la cabeza fuera del agua. De la boca del buzo salían líquido y sangre.

La lancha se acercó rápidamente y pudimos subir al buzo que no respondía a bordo sin demasiada dificultad. En cuanto llegamos a la embarcación de vida a bordo, miembros de la tripulación colocaron al buzo sobre la cubierta, comenzaron a administrarle oxígeno y lo conectaron a un desfibrilador. Dos médicos que estaban a bordo, uno de Singapur y otro de China, también ayudaron.


Una vez que el buzo estuvo a bordo de la embarcación de buceo, el capitán y la tripulación le administraron oxígeno para emergencias y organizaron una evacuación.


El buzo recuperó un cierto grado de conocimiento pero no respondía demasiado y además le salía sangre de un color rojo brillante de la boca. El capitán había llamado a los servicios médicos de emergencia y el buzo rápidamente fue trasladado por vía aérea al centro con cámara hiperbárica en el Townsville Hospital en Queensland.

Yo estaba traumatizada por todo el suceso. Es difícil explicar lo que sentí al tener la vida de una persona en mis manos. Inmediatamente después del rescate no pude evitar pensar que si hubiera cometido un error el buzo hubiera perdido la vida. El médico que lo trató fue muy generoso y me habló por teléfono en varias ocasiones. Él me ayudó a sobrellevar el trauma y la mezcla de emociones que me abrumaban. Dijo que era un milagro que el buzo sobreviviera sin sufrir ningún daño neurológico y que no habría tenido tanta suerte si hubiera estado sumergido durante mucho más tiempo. "Concéntrese en la bendición de la vida que salvó, Christina, y no en lo que podría haber sucedido", me dijo para reconfortarme.

El hecho de que la válvula del tanque del buzo estuviera apenas abierta significaba que había tenido un flujo de aire suficiente para descender pero que una vez que se encontró a tres atmósferas bajo el agua su tanque que estaba casi cerrado no pudo proporcionarle suficiente aire. Él no se acercó a su compañero ni su guía de buceo sino que entró en pánico y se dirigió a toda velocidad hacia la superficie, golpeando su tanque mientras aleteaba. Más tarde se supo que en la embarcación de vida a bordo no había informado que estaba tomando tres medicamentos que posiblemente podían afectar su bienestar durante el buceo. Ocultar la verdad es un juego peligroso.

Es una bendición que el buzo sobreviviera y afortunadamente no sufrió ninguna lesión por sobreexpansión pulmonar. No obstante, la inhalación de agua salada dañó sus alvéolos (los sacos de aire de los pulmones).

Existen varios motivos por los que se han desarrollado pautas y reglas específicas para el buceo: las reglas reducen la probabilidad de que se produzcan accidentes de buceo. Nadie está exento; es imperioso que todos los buzos sigan el protocolo. El objetivo del control de seguridad anterior al buceo es brindarles a nuestros compañeros de buceo la posibilidad de detectar algo que quizás hayamos pasado por alto. Nunca se debe tener prisa antes de un buceo; apresurarse puede llevar a omitir algún paso crucial como puede ser volver a controlar que la válvula del tanque esté completamente abierta.
Obtenga más información
En la actualidad, los expertos en seguridad en el buceo aconsejan a los buzos siempre bucear con la válvula del tanque completamente abierta y no girarla a la mitad o un cuarto de giro. Obtenga más información en AlertDiver.com/Tank-Valves-and-Out-Of-Air-Emergencies.

© Alert Diver — 2do Trimestre 2017