Trabajo en equipo y entrenamiento






El día comenzó como cualquier otro día de junio. El clima era cálido, había un poco de viento y estaba perfecto para bucear en uno de nuestros puntos de entrenamiento favoritos: Lake Mohave, Arizona. Nuestro equipo de instructores dictaba tres clases esa mañana (un curso básico, uno de flotabilidad neutra y otro de navegación submarina) y tuvimos una mañana productiva de entrenamiento de buceo. Después de realizar los buceos de certificación con éxito, un grupo de nueve de nosotros decidió demorar el embalaje del equipo y en su lugar celebrar con un buceo para divertirnos. Nos dirigimos al lugar de un yate a motor hundido situado a dos caletas de distancia.

Después de una breve caminata con el equipo completo por pequeñas elevaciones en el desierto, llegamos al punto de entrada. Cuando llegamos al lugar escuchamos gritos: una mujer que flotaba en una cámara a una corta distancia de la costa estaba en peligro. Un miembro de nuestro grupo nadó hasta el lugar para evaluar la situación y descubrió que alguien se había sumergido y no había regresado a la superficie.

La capacitación que habíamos recibido entró en juego. Un miembro del grupo regresó a nuestro campamento base para llamar por teléfono y pedir ayuda de emergencia, dos nadaron para ayudar a la mujer y comprender mejor lo que había sucedido y el resto descendió para llevar a cabo un patrón de búsqueda. Tras cinco minutos de haber iniciado la búsqueda encontré a un hombre que no respondía en el fondo a aproximadamente 12 metros (40 pies) de profundidad. Mientras me acercaba al lugar donde se encontraba pensaba en qué haría cuando saliera a la superficie con él y repasaba mentalmente las innumerables hipótesis que se han desarrollado en los cursos de buzo de rescate que he dictado.

Cuando llegué al lugar donde estaba el hombre lo agarré, lo llevé a la superficie, sostuve su cabeza para garantizar que la vía aérea estuviera abierta y comencé a administrar respiraciones de rescate mientras nadaba con él hacia el punto más cercano de la costa. El resto del equipo ayudó a moverlo hacia una parte plana del terreno rocoso. Un instructor utilizó una máscara de bolsillo que siempre lleva en su chaleco compensador e inmediatamente iniciamos las maniobras de RCP. Cada dos ciclos cambiábamos la responsabilidad de las compresiones y las ventilaciones entre los rescatistas; mantener la eficacia de la RCP resulta agotador a medida que la adrenalina comienza a agotarse. Continuamos con la RCP durante 20 minutos mientras esperábamos la llegada de los servicios médicos de emergencia.

El Servicio de Parques Nacionales había enviado un par de embarcaciones y colocamos al paciente a bordo de una de ellas para poder regresar por la caleta hasta el lugar donde los paramédicos del departamento de bomberos podrían hacerse cargo de su atención. Lo colocaron en un helicóptero para trasladarlo al hospital.

Para el momento en que el calvario casi había terminado, uno de nuestros buzos comenzó a tener problemas para respirar como resultado de una combinación de haber nadado, movido a la víctima que no respondía y soportado el estrés general de toda la situación. Utilizamos nuestra unidad de oxígeno de DAN® para ayudarlo a recuperarse.

Más tarde nos enteramos de que la víctima, que era el novio de la mujer que estaba en la cámara, había atravesado la caleta a nado en busca de una pequeña balsa que el viento estaba arrastrando por el agua. No pudo alcanzar la balsa, quedó agotado y se sumergió a unos 6 metros (20 pies) de la costa. Desgraciadamente, el hombre nunca recuperó el conocimiento y más tarde fue declarado muerto.

Al analizar el incidente, pienso en lo que hicimos correctamente como individuos y como equipo y qué debemos hacer mejor si alguna vez volvemos a encontrarnos en una situación similar. Después de esta experiencia, no puedo hacer suficiente hincapié en la importancia de estar preparado. Considero que todos los buzos deben aprender y estar actualizados en las habilidades de RCP y la administración de oxígeno para emergencias. También recomiendo llevar consigo equipo de rescate como máscaras de bolsillo; son sumamente eficaces para proporcionar ventilaciones de rescate y protegerse de fluidos corporales y una posible transmisión de enfermedades. El instructor que tenía una siempre la lleva en un bolsillo agregado protegida bajo los ojales para cuchillos de buceo. Ahora cada miembro de nuestro equipo de instructores incluye esto como parte de su kit habitual.

Siempre llevamos una unidad de oxígeno de DAN Rescue Pack (Paquete de rescate de DAN) cuando nos encontramos en un punto de buceo remoto. Contamos con un plan de acción de emergencia que tiene en cuenta que en nuestros puntos de buceo locales la recepción de los teléfonos de emergencia a menudo es mala y que en una emergencia puede haber múltiples agencias involucradas.

Me sentí orgulloso de la respuesta de los miembros de nuestro equipo y la precisión con que siguieron lo que enseñamos en nuestro programa Buzo de rescate. Considero que hicimos todo lo posible para salvar la vida de la víctima.

© Alert Diver — 2do Trimestre 2016