Tasmania




Los dragones marinos comunes (también conocidos como dragones de agua) son una de las criaturas más extrañas y fantásticas que hay en el mar.


Mi formación en biología marina no me estaba ayudando demasiado, así que en ese momento hasta era posible que estuviéramos en Marte. ¿Qué era ese pez con espinas que llevaba un traje de convicto? Con ángulos pronunciados, aletas afiladas y una larga nariz de Pinocho, parecía ser una cruza entre una máquina de pelea alienígena y un personaje de caricatura. ¿Cuál era el género y la especie de la nube de peces rosados? No tenía idea. Cientos de ellos caían desde la superficie y debían ser la lluvia que alimentaba a este floreciente jardín de esponjas de colores brillantes. ¿Y qué era esa rareza marina con mentón azul y labios gruesos que se deslizaba furtivamente entre elementos con forma de bastón de caramelo de color melocotón de 1 metro (3 pies) de alto? Era una escena sacada directamente de una historia del Dr. Seuss. No reconocía a ninguna de las figuras en escena y mi ignorancia era una bendición. ¿Quién quiere viajar 14.500 km (9.000 millas) para ver las mismas cosas de siempre?

Los folletos afirman que Tasmania es un lugar "como ningún otro en la Tierra". Este es un alarde bastante arrogante, pero después de nadar en esas aguas, sumergido en un extraño y maravilloso entorno, a 38 metros (125 pies) de la superficie del mar de Tasmania, debo decir que estoy de acuerdo.
Fuera del radar

Waterfall Bay en la península de Tasman es el hogar de algunos de los
mejores puntos de buceo de agua templada del planeta.
El objetivo era apartarnos de las rutas trilladas con el objeto de ampliar nuestros horizontes de buceo. En Tasmania estábamos destinados a triunfar a lo grande. Esta isla, que está inmersa debajo del territorio continental de Australia, ofrece algunos de los mejores puntos de buceo en aguas templadas del mundo.

La semilla de la inspiración para una travesía a Tassie fue sembrada hace 20 años por fotos que vi en National Geographic, imágenes de criaturas extrañas, oscuros bosques de kelp y arrecifes rocosos repletos de invertebrados bajo un atestado océano e imponentes acantilados. Me llevó un tiempo llegar a esas orillas distantes, pero finalmente estábamos allí, en las lejanas tierras de Australia. Una prueba irrefutable de nuestra ubicación eran las señalizaciones en la carretera que pasamos en nuestros paseo en carretera el día anterior desde Hobart, la capital, hasta Eaglehawk Neck, donde nos alertaban sobre la posibilidad de encontrarnos con demonios de Tasmania. Una mayor corroboración era el diminuto pez mano rojo que posaba frente a mi cámara. Es uno de los peces más raros del mundo; el Departamento Australiano de Medio Ambiente calcula que existen menos de 1.000 individuos en estado salvaje, y todos ellos están en Tasmania. Es una verdadera belleza, incluso aunque aparenta tener un caso grave de sarampión. Pero parece estar lo suficientemente feliz ya que se desplaza enrevesadamente por el fondo del mar sobre aletas con dedos de color escarlata.


El pez mano rojo es un rape que está en peligro crítico de extinción y sólo se encuentra en Tasmania. Se desplaza por el fondo sobre sus aletas pectoral y pélvica modificadas que son similares a una mano.


Gracias a la vista de águila de Mick Baron pudimos encontrar a la enigmática bestia que se ocultaba entre un enredo de algas sacudidas por el oleaje a unos 4,5 metros (15 pies) de profundidad en Frederick Henry Bay. Baron se burló un poco de mí mientras celebrábamos después del buceo. "Pequeñas criaturas escurridizas", dijo. "Estimo que la encontraste por tu cuenta, ¿no es cierto?"

"Ni en cien años", respondí rotundamente.

"Es lo típico", continuó Baron. "Lleva un tiempo descifrarlas. Al ya haber visto a un pez mano se puede decir que has comenzado con buen pie". Con una combinación de 75 años de experiencia en buceo entre ambos, Baron y su socia comercial, Karen Gowlett-Holmes, saben bastante acerca de este rincón único del mundo submarino.
Un recorrido por la península de Tasman

La hélice del SS Nord
Desde nuestra base en Pirates Bay nos dirigimos hacia el sur a lo largo de una costa notablemente accidentada hacia Munro Bight para bucear en el naufragio del SS Nord. Este buque de carga a vapor, uno de los puntos de buceo característicos de Tassie, se hundió en 1915 durante una brutal tormenta. Estábamos precisamente en el medio de los "Rugientes Cuarenta", donde fuertes vientos occidentales e intensas olas tienen un extenso historial de haber causado estragos en las embarcaciones que navegaban por estas extremas latitudes del sur. Pero ese día el clima de junio era sumamente agradable, 15°C (60°F) bajo el cielo azul con una suave brisa, y mi esposa, Melissa, y yo disfrutábamos mucho de estudiar este gigante dormido de una época pasada. La embarcación yace en posición vertical sobre el fondo arenoso a 40 metros (130 pies) de profundidad. Hicimos buen uso de nuestro Nitrox al 28 por ciento ya que extendimos nuestro tiempo de fondo en la popa. Los enormes timón y hélice del Nord son las principales atracciones fotográficas, ya que irradian un suave naranja amarillento en la oscuridad de tonalidad azul verdosa gracias a una pátina de esponjas y zoantarios inconstantes.

Descendimos sobre la resplandeciente Deep Glen Bay North Wall, un colorido entramado de peces e invertebrados. Saqué provecho de los conocimientos enciclopédicos de Gowlett-Holmes y pude unir los nombres con las caras de los peces cofre (Aracana aurita), pintadillas (Cheilodactylus spectabilis) y hermosas langostas de roca que encontré hacinados en una grieta.

Langostas de roca del sur.
Ella salvó el día cuando regresé de un buceo poco profundo en Fok Rock, que está rodeada de kelp, con fotos de más criaturas misteriosas que rápidamente identificó como estrellas de mar Nectria ocellata, un pulpo maorí y Pseudopallene ambigua, unas criaturitas de color amarillo canario también conocidas como picnogónidos. En la pintoresca Waterfall Bay exploramos Cathedral Cave, mientras nadábamos a través de los "ojos" de la parte cavernosa de este extenso sistema de cuevas marinas, el más grande de Australia. Mientras Melissa y yo recorríamos cámaras y túneles interconectados a unos 15 metros (50 pies), podíamos oír fuertes sonidos a nuestro alrededor cada 15 segundos; eran las olas que golpeaban contra las paredes del acantilado en el exterior. Parecía un intenso latido cardíaco, rítmico, incesante y bastante inquietante.

Con un pronóstico del tiempo que anunciaba otro día agradable antes de que la intensidad de los vientos y las olas comenzara a aumentar, planificamos visitas a dos de los puntos más expuestos. Dada la profundidad así como también el oleaje y las fuertes corrientes que Baron decía era imposible predecir, Sisters y Thumbs son puntos de buceo avanzado. Allí nos lanzamos en picada a través de la oscuridad hasta deslumbrantes jardines de esponjas que prosperan intensamente a unos 40 metros (130 pies) de profundidad. Regresamos a la superficie maravillados y con una nueva lista de especies que nunca antes habíamos visto.


Pulpo maorí.


La penumbra del reino del kelp
Cuando lanzamos el ancla cerca de una masa flotante de frondas de kelp dorado en Fortescue Bay, les dije a todos con orgullo: "¡kelp gigante, Macrocystis pyrifera!". Había sido redimido ya que finalmente había reconocido algo en el ecosistema marino de Tasmania.


Un buzo en un bosque de kelp en la península de Tasman.


Minutos más tarde me balanceaba en el oleaje a 12 metros (40 pies) debajo del follaje, mientras contemplaba las magníficas algas que conozco tan bien. Sonreía pero estaba confundido. ¿Cuál era ese pez que estaba allí cerca? ¿Y la esponja que estaba a mi izquierda?

Un tiburón Cephaloscyllium laticeps.
Aunque la arquitectura del vecindario era familiar (esta era ciertamente la misma especie de kelp que crece al otro lado del Pacífico en mis antiguos parajes, en California), sus residentes eran desconocidos para mí. Por suerte, Baron se anticipó a esto y en esa oportunidad se zambulló con nosotros. De repente sacó una pizarra y comenzó a instruirme; primero señalaba algo y luego escribía su nombre mientras paseábamos por el bosque: peces Heteroclinus johnstoni, rayas Urolophus cruciatus, un adorable tiburón Cephaloscyllium laticeps) pequeño, una gigantesca raya de 1,5 metros (5 pies) de ancho, una raya Dasyatis brevicaudata) y el elegante Pentaceropsis recurvirostris rayado. Mi cabeza estaba a punto de estallar por esta afluencia de conocimientos sobres peces arcáicos. Después de 50 minutos habíamos cubierto ambos lados de la pizarra. Durante nuestra parada de seguridad dirigió mi atención a un banco de peces de color bronce que nadaban debajo de nosotros. Logró incluir un nombre más y me entregó la pizarra: "trompetista bastardo". Estallé en risa.

De regreso a bordo, le pedí una confirmación del último avistamiento. Baron afirmó: "en efecto, trompetistas bastardos. También tenemos verdaderos trompetistas bastardos; se trata de una especie completamente diferente". Comencé a reír a carcajadas otra vez. Los australianos tienen una cierta habilidad con el inglés, y su garbo es encantador. Pero mi buen humor comenzó a decaer cuando me enteré de que los bosques de Kelp de Tasmania están desapareciendo.


Una raya Urolophus cruciatus.

El kelp gigante solía crecer a lo largo de toda la costa este de Tassie. Los científicos afirman que entre el 90 y el 95 por ciento de los bosques de estas increíbles algas, que son víctimas del calentamiento de los océanos, ha desaparecido. Las temperaturas del invierno austral solían ser de aproximadamente 10°C (50°F); en la actualidad medimos 14°C (57°F). La corriente de Australia Oriental tropical que fluye hacia el sur (la vía submarina con la que Nemo obtuvo fama en Hollywood), que históricamente viraba hacia el este cuando pasaba Sidney, actualmente se extiende más allá del sur y calienta las aguas de Tasmania. Este aumento de la temperatura ha provocado un auge en las poblaciones de erizos de mar y se están alimentando de kelp sin parar durante todo el año. Los bosques están siendo eliminados. Los últimos zarcillos de Macrocystis pyrifera a lo largo de la península de Tasman se encuentran en Fortescue Bay y Munro Bight. Sin ninguna garantía de que aún sigan allí en 10 ó 20 años, el momento para que los fanáticos del kelp buceen en Eaglehawk Neck es ahora.


Los acantilados de Waterfall Bay.
Era casi el momento de la etapa dos de nuestra expedición, pero antes de que abandonáramos la península en dirección a los arrecifes del norte de Bicheno dedicamos un día a disfrutar del paisaje de la superficie. Comenzamos con una excursión por las cumbres de los acantilados en Waterfall Bay para disfrutar de una espectacular vista aérea de algunos de los puntos de buceo que habíamos visitado. Más al sur, las icónicas formaciones rocosas amontonadas en el mar en Cape Hauy, conocidas como Candlestick, Totem Pole y Lanterns, resultaban sumamente seductoras entre los matices de color malva del amanecer. Respondimos a su llamada y realizamos un viaje en Zodiac a toda velocidad. Los puntos destacados incluyeron delfines que nadaban junto a la proa, avistamientos de focas y albatros y la posibilidad de contemplar fascinados el imponente Cape Pillar. Este precipicio terriblemente escarpado de dolerita dispuesta en columnas se eleva a unos 300 metros (1.000 pies) sobre el agitado mar.
Buceos espectaculares ("speccy" en inglés australiano) en Bicheno

Un arrecife profundo con invertebrados incrustados.
Después de un viaje en carretera de tres horas llegamos a Bicheno, una sensacional ciudad costera que descansa en una bahía paradisíaca. Los elevados acantilados y las escarpadas laderas boscosas del sur han sido reemplazados por suaves colinas ondulantes y una playa de lajas rocosas recubiertas de un liquen de color rojo que se deslizan en dirección al mar. Este es el otro afamado centro de buceo de Tasmania. La reserva marina Governor Island Marine Reserve, situada a unos pocos metros de la costa, contiene la mayor parte de los puntos principales del área, que incluyen profundos pináculos (conocidos como "bommies" en la jerga australiana), exuberantes jardines de esponjas e interesantes arrecifes formados por rocas de granito del tamaño de un edificio.

De inmediato nos dirigimos al agua y abordamos el Iruka, una fuerte embarcación Devil Cat construida especialmente con un espléndido pez cofre (Aracana aurita) pintado en su casco. (Algo aprendí en mi curso básico de biología marina de Tassie en Eaglehawk). Bruce Priestley nos saludó amablemente. Era un hombre de gran tamaño, que evocaba a Cape Pillar, y estrujó mi mano con una sonrisa. "Bienvenidos; ¿están listos? Llegaremos a Toblerone pronto".

Cinco minutos más tarde estábamos descendiendo por el agua, 36 metros (120 pies) directamente hacia abajo. Afloramientos con forma de pirámide se elevaban sobre una llanura arenosa. Cada uno era un oasis de vida, una revuelta de invertebrados de colores estridentes sobre la que pululaban una variedad de peces; lábridos, lijas e incluso una familia de Pentaceropsis recurvirostris desfilaban con desgarbo de un lado a otro bajo un gran grupo de brillantes esponjas tubulares.


Un lábrido Notolabrus tetricus.

The Canyon tiene una gran "fondografía", una mezcla de paredes pequeñas, pilas de rocas, callejones y estructuras suspendidas sin ningún sustrato que no haya sido colonizado. Había vida apilada sobre otras formas de vida. En Trap Reef nos vimos rodeados por un denso banco de percas Caesioperca lepidoptera. Una pila de rocas monolíticas en Bird Rock creaba pasadizos con paredes cubiertas de un sinnúmero de anémonas adornadas. Una cámara similar a una cueva llamada Ballroom también tenía el techo repleto de ellas. Peces limpiadores ojo de buey merodeaban en las sombras sobre abulones del tamaño de un plato. Una enorme langosta de roca se deslizaba desde una grieta, sacudiendo las antenas para demostrar su irritación ante nuestra intromisión.


Un caballito de mar barrigudo.
Solicité especialmente ir a Golden Bommies, un lugar que no debía dejar de visitar de acuerdo con un fotógrafo local. Con Nitrox al 29 por ciento para lo que Priestley insinuó era otro perfil algo aburrido y profundo, caímos en picada por aguas abiertas a 27 metros (90 pies) cuando, en efecto, vislumbramos dos rompientes doradas. Sus domos estaban cubiertos de zoantarios de color amarillo y tenían un aspecto verdaderamente piloso con gorgonias látigo. Me vino a la mente la imagen de un campo de trigo listo para la cosecha y acariciado por la cálida luz del sol. Estábamos fascinados y nos sumergimos cada vez más a lo largo de una pared decorada con intensas esponjas tubulares. En mi cabeza cargada de nitrógeno parecían manos ensangrentadas que buscaban agarrar algo, o quizás eran los dedos retorcidos de llamas de color naranja rojizo que se extendían hacia arriba con avidez desde el arrecife. Mi capacidad de imaginación sin duda parecía aumentar a medida que la profundidad se incrementaba. Llegamos a los 38 metros (125 pies) e hicimos una pausa para poder asimilar todo. Era una lástima que no pudiéramos hacer nuestra para de seguridad allí.

Con un cierto desgano después de regresar al mundo en la superficie, Priestley nos miró con una sonrisita y nos preguntó secamente: "¿valió la pena el esfuerzo?".

"Absolutamente; fue completamente asombroso", respondió Melissa.

Sin mostrar demasiado interés, nuestro capitán estuvo de acuerdo: "es un punto de buceo speccy". Si bien el lenguaje coloquial a veces es un poco difícil de entender, esta vez no necesitamos traducción: era realmente speccy, verdaderamente espectacular.
Hogar de pingüinos (y dragones)
Los pingüinos azules que marchaban por la carretera eran otro recordatorio de que ya no estábamos en Kansas. Detuvimos el automóvil y nos colgamos de la ventana, mientras intentábamos tomar una fotografía aprisa antes de que desaparecieran rápidamente entre la maleza. Era simplemente una noche más en Bicheno. Las pequeñas criaturas acababan de regresar después de disfrutar una cena en el mar, donde justamente nos dirigíamos para realizar un buceo nocturno.


Buceo desde la costa en Waubs Bay.


Todos conocen al demonio de Tasmania, el marsupial característico de la isla que se parece a una feroz criatura cruza de hiena con rata. Pero los pingüinos, y los dragones, de la isla son menos conocidos. No es broma, los dragones vuelan por el mar de Tasmania. Esa semana ya habíamos realizado tres magníficos buceos poco profundos desde la costa en Waub's Bay para ver dragones marinos mientras liberábamos gases entre buceos más profundos. Y nos habíamos apuntado para otro más, esta vez a la luz de la luna.


Una raya Dasyatis brevicaudata, la raya de aguijón más grande del mundo.
Comenzamos a tan sólo 3 metros (10 pies) de profundidad y nadamos a una profundidad cada vez mayor, desplazándonos con facilidad con las rocas adornadas con algas a nuestra derecha y la arena a la izquierda. Rayas Urolophus cruciatus, esas cotidianas y fotogénicas rayas de aguijón, aleteaban a través de nuestros haces luminosos. Había nudibranquios y cangrejos, peces escorpión y sepias. Para cuando alcanzamos los 9 metros (30 pies) ya habíamos encontrado nuestro ritmo, y nos topamos con una criatura tras otra. Señalé a un tiburón Cephaloscyllium laticeps que descansaba sobre un manto de kelp y luego a un caballito de mar barrigudo que estaba boca abajo. Capturé un lindo retrato de un pez cofre (Aracana aurita) soñoliento. Los machos son sujetos fotográficos llamativos gracias a sus patrones brillantes inspirados en tatuajes maoríes.

Mi esposa me superó cómodamente cuando partió una cortina de frondas de kelp y reveló la presencia de un dragón marino cubierto de maleza. Esta criatura, cuya apariencia era tan inverosímil que debía ser mágica, era una pintura aborigen australiana de una bestia fantástica que cobraba vida. Su coloración psicodélica era indescriptible. La forma de su cuerpo desafiaba la lógica. Era tan extraño que no podía ser real. Para cuando salimos agotados pero victoriosos 80 minutos más tarde habíamos encontrado tres más. Melissa resumió todo con elocuencia: "viajaría hasta Tasmania simplemente por los dragones. Realmente son las criaturas más extrañas que he visto".


Dos viejas esposas (Enoplosus armatus) bajo una colorida saliente.

A medida que nuestro avión atravesaba el cielo y se alejaba de allí, no pude evitar presionar mi cara contra la ventana. Contemplé la peculiar isla con anhelo. Cerré fuerte los ojos con el deseo de convertir cada detalle de esta extraordinaria experiencia en un recuerdo imborrable.

Algunas personas dicen que desde el aire Tassie se parece a la huella de una bestia o el diente de un tiburón. Puede ser. Pero sé con certeza que desde abajo, debajo de las olas, no se parece a ningún otro lugar en el mundo.


La popa del SS Nord


Cómo bucear en este lugar
Condiciones
Las profundidades oscilan entre los 3 y los 43 metros (10 y 140 pies) y las corrientes van de leves a tempestuosas dependiendo del lugar y la voluntad de Poseidón, por lo que es importante prestar atención a los informes de buceo y bucear dentro de los propios límites. El nivel de habilidades necesario es intermedio a avanzado. Las temperaturas del agua oscilan entre los 13°C y los 18°C (55°F y 65°F) durante todo el año, por lo que se recomienda usar un traje seco o un traje de neopreno completo de 7mm. La visibilidad va de los 9 metros (30 pies) a más de 30 metros (100 pies), con la mayor claridad en el verano austral (junio a septiembre). El Royal Hobart Hospital cuenta con una cámara hiperbárica.




Cómo llegar
Se puede tomar un vuelo a Hobart (HBA), alquilar un auto y conducir hasta Eaglehawk (aproximadamente una hora) o Bicheno (aproximadamente tres horas).

Actividades en la superficie
En la península de Tasman:
  • Camine por el sendero de Cape Hauy para disfrutar de impresionantes vistas de las formaciones rocosas amontonadas en el mar conocidas como Candlestick y Totem Pole.
  • Disfrute de un ecocrucero entre Eaglehawk Neck y Port Arthur para ver majestuosos acantilados y abundante fauna silvestre como por ejemplo albatros, focas y delfines.
  • Viaje al pasado en el sitio histórico de Port Arthur, una antigua estación maderera y colonia penal.
  • Tenga un encuentro cara a cara con el marsupial carnívoro favorito de todos en el Tasmanian Devil Conservation Park y vea otra fauna silvestre nativa, lo que incluye cuoles, vombátidos, pademelones y más.

En el área de Bicheno:
  • Realice un paseo nocturno para ver pingüinos azules en estado salvaje.
  • Deléitese con estupendas pizzas originales y comida orgánica local en Pasini's Café.
  • Navegue en un kayak de mar durante un día (o más) en Bay of Fires Conservation Area.
  • Explore el pintoresco Freycinet National Park, donde puede hacer un picnic en una playa perfecta en Wineglass Bay, fotografiar los picos de granito rosado de Hazards Range y hacer caminatas durante días.
Explore más
Descubra más sobre la vida salvaje y las maravillas que ofrece el lugar en la galería de fotos complementaria de Brandon Cole.

Disfrute de la icónica caminata del pez mano rojo sobre el lecho marino.



© Alert Diver — 4to Trimestre 2015