Sobrevivientes




Un agua viva del tamaño de un balón de fútbol, Versuriga anadyomene, de Ambon.

Era de noche y me encontraba a 20 metros (65 pies) de la superficie, aferrado a una línea conectada a un esquife que estaba siendo atraído hacia el mar abierto por una fuerte corriente que fluía desde el puerto de Ambon. Estaba exactamente donde quería estar: en busca de navegantes marinos que surgen de las profundidades para alimentarse después de la puesta del sol, la mayoría de ellos son delicadas criaturas que se ven pocas veces y que no se parecen a ninguna otra cosa en la Tierra. Y estaba disfrutando como nunca.

Mi guía, Semuel, sujetó la soga que estaba a mi derecha. Él y su luz eran la "base de operaciones" en un juego nocturno en mar abierto. Todo iba muy bien, en los 20 minutos que habíamos estado sumergidos, ya había encontrado al menos una docena de animales sorprendentes. Aunque eran pequeñas, delicadas y ornamentadas, estas místicas criaturas distaban de ser errantes pasivos ya que la mayoría de ellas pueden nadar a toda velocidad. Mi misión era perseguirlas y fotografiarlas. Era fácil estar inmerso en el esfuerzo, pero sin importar cuán espectacular era el animal, en algún momento, por razones de seguridad y cordura, debía alejarme y restablecer un contacto con Semuel.

Durante un buen rato no tuve ni idea de dónde estaba, arriba, abajo, a mi derecha o a mi izquierda. Comencé a girar, divisé su luz y me dirigí hacia ella a toda velocidad. Tan pronto como regresé un agua viva del tamaño de un balón de fútbol apareció de la nada; se desplazaba a toda velocidad y se dirigía a donde nos encontrábamos nosotros. Era algo espectacular que brillaba intensamente en mi haz de luz.


Un agua viva, Thysanostoma thysanura, y sus amigos en el estrecho de Lembeh.

Solté la línea y me desplacé rápidamente para enfrentarla. Qué animal clásico, un digno representante de una de las formas de vida más antiguas de la Tierra, una sinfonía gelatinosa de simetría radial con un historial de supervivencia de quinientos millones de años, que incluye haber superado cinco extinciones masivas. Primero un solo pez y luego otros que se despertaron con mi luz miraban perplejos desde los tentáculos del agua viva. Entre los tentáculos, un grupo de minúsculos "polizones" se desplazaban súbita y rápidamente indignados. La mayoría eran seriolas jóvenes, huérfanos del mar que se refugiaban de los depredadores. De la nada, una voz interna me recordó que si quería seguir jugando este juego debía hacerlo bien. Me detuve y observé cómo el agua viva se alejaba y desaparecía de mi vista.

Al mediodía tuve otro encuentro con un agua viva en el medio del estrecho de Lembeh en Indonesia. Se inició con una sombra que pasaba debajo de la proa a medida que nuestro taxi acuático/barco de buceo se acercaba al punto de amarre. A través de las olas podíamos divisar la silueta quebrada de una gran agua viva que se dirigía hacia el centro del estrecho. Comencé a colocarme el equipo, mientras nuestro guía indonesio, Ben, gritaba para que Abang cambiara la dirección del barco completamente hacia la derecha. Anna se lanzó sobre la superficie de la cabina plana para seguir el curso del animal. Comenzó a decirme algo a los gritos, pero no era lo que yo quería escuchar: "no ingreses al agua; se está dirigiendo hacia el canal marítimo".

Ben echó un vistazo a todo el estrecho y tomó una decisión; gritó sobre el ruido del motor para que Abang se colocara junto al agua viva y detuviera el motor para que yo pudiera lanzarme. Me alcanzó mi cámara y luego subió al techo y se colocó junto a Anna para estar atento a los barcos que se acercaban. Salí a la superficie para que me dieran indicaciones, y Anna señaló el canal. "Cinco metros al frente".


Un joven pez observa desde los tentáculos de un agua viva.
A través de las salpicaduras de agua y el resplandor logré ubicar la sombra que aún se dirigía hacia las profundidades. Era una enorme belleza de color marrón de la que colgaban ocho tentáculos con forma de salchicha que usaba para alimentarse, cada uno tan largo como mi antebrazo. Un séquito de peces se desplazaba a gran velocidad en su estela, con sus diminutas colas que se azotan como banderas en una tempestad para seguirle el ritmo. A diferencia del depredador pelágico de Ambon con sus tentáculos urticantes, en este caso se trataba de un pastor, una criatura primitiva repleta de suficientes algas simbióticas como para abastecer sus necesidades de energía de por vida. Tuve que hacer un gran esfuerzo para alcanzar a la veloz criatura y permanecer junto a ella durante algunos segundos antes de que desapareciera.

Por lo que pude leer últimamente es probable que todos tengamos más encuentros con aguas vivas en el futuro. Las poblaciones de aguas vivas están aumentando en todas partes, principalmente en proliferaciones espontáneas que producen miles de medusas que nadan libremente en cuestión de días. Si bien ha habido enjambres por eones, las cantidades están aumentando a una velocidad sin precedentes gracias a la polución y el calentamiento global, un doble sueño hecho realidad para las aguas vivas que prosperan gracias a la eutrofización, la acidificación, la sobrepesca, los vertidos agrícolas y la destrucción de los hábitats, una serie de hechos catastróficos que afecta a casi todas las demás formas de vida. Si continuamos avanzando hacia un mundo que se parece al período Precámbrico, es posible que estos antiguos viajeros del tiempo hereden los mares una vez más.


© Alert Diver — 2do Trimestre 2014