Pequeños cazadores de caza mayor




Esta estrella de mar itinerante está adornada con ctenóforos bentónicos, con sus tentáculos extendidos para alimentarse.


Cualquier otra persona hubiera pasado de largo al ver los estratos de vida del tamaño de una moneda adheridos a los brazos de una estrella de mar que se desplazaba con tranquilidad a lo largo de la ladera de arena; pero Anna no. Las criaturas pequeñas y extrañas siempre llaman su atención.

Me hizo una seña para que me acercara y me señaló lo que parecían ser gusanos poliquetos hasta que dirigió mi atención a los filamentos que brotaban de sus lomos de color rojo y blanco, un claro indicio de que no se trataba de esos gusanos. Debo admitir que era algo interesante, pero las aguas que rodean Bali rebosan de animales extraños que se han estudiado poco y, con demasiada frecuencia, son poco apreciados. Y además, en ese entonces estaba decidido a encontrar un pulpo de anillos azules que había sido divisado en los alrededores la mañana anterior. Me encogí de hombros y comencé a desplazarme para unirme a nuestro guía, y dejé a Anna arrodillada en el fondo en comunión con su última obsesión, que resultó ser ctenóforos bentónicos.

Los ctenóforos (la "c" es silenciosa) son un phylum de origen antiguo. Sus miembros, que normalmente se conocen como "portadores de peines", son fundamentalmente organismos frágiles y pelágicos que se confunden fácilmente con las aguas vivas. El emblemático ctenóforo es una estructura translúcida con forma de nuez que tiene ocho hileras de células ciliadas que palpitan al unísono para desplazarse y un par de largos tentáculos retráctiles para alimentarse con una cortina de ramificaciones laterales alineadas con células adhesivas. En un buen día la red pegajosa de un ctenóforo puede atrapar 10 veces su peso en zooplancton microscópico (más comúnmente larvas de crustáceos).

Los ctenóforos se remontan a los inicios de los organismos multicelulares, pero exactamente cuánto tiempo atrás es el tema de un prolongado debate. Durante décadas su phylum se colocó tradicionalmente en el tercer lugar del árbol de la vida inicial detrás de las esponjas y los cnidarios (corales, aguas vivas y sus parientes). No obstante, un fósil de 580 millones de años recientemente descubierto en China así como también los primeros resultados de secuenciación del genoma del ctenóforo ofrecieron una atractiva evidencia para revisar la edad de los ctenóforos y colocarlos delante de los cnidarios, una jugada nada sencilla en el mundo esotérico de la biología evolutiva.

A lo largo de los tiempos, la simple estructura marina de los ctenóforos les ha resultado de utilidad. Hasta la fecha, los miembros del phylum siguen siendo elementos prominentes de la comunidad pelágica del océano. Pero en algún momento en los últimos 66 millones de años algunas especies se cansaron de su comportamiento errante y se adhirieron como pegamento a una diversidad de organismos que residían en el fondo. Al no necesitar ningún sistema de propulsión, sus ocho hileras de peines desaparecieron pero conservaron los tentáculos con los que se alimentaban, con los que recolectaban pequeños trozos de alimento de los alrededores como sus ancestros oceánicos; o al menos eso parecía.


Los tentáculos de un ctenóforo capturan a un pez, lo atraen hacia él y lo enrollan en menos de un minuto.




Obsesionada con las criaturas poco conocidas y poco estudiadas, Anna buscaba ctenóforos bentónicos por todos los lugares donde buceábamos en el Pacífico, para lo que reclutaba guías, amigos y compañeros de tripulación en su búsqueda. Mediante el uso de una imagen de búsqueda de tentáculos ondulantes, encontró ctenóforos sujetos a corales blandos, gorgonias y algas e incluso algunos tipos solitarios que viven directamente en la arena. Pero la especie que más la fascinaba seguía siendo la Coeloplana astericola, las bellezas multicolores que se encuentran sobre las estrellas de mar itinerantes en Bali y la única especie que se sujeta a un huésped móvil. Ser acarreado por el fondo por una estrella de mar debe ofrecer alguna ventaja evolutiva en la lucha por la vida, pero exactamente qué es una incógnita.



En un buceo cerca de la isla indonesia de Halmahera alrededor de un año después de la aventura en Bali, Anna hizo otro de sus grandes pequeños descubrimientos. Esperó a que todos regresáramos a la embarcación de vida a bordo y que nos sentáramos para almorzar fideos antes de revelar las novedades. Mientras les ponía un poco más de salsa de soja comenzó a hablar: "¿vieron esos pequeños y delicados ctenóforos que picotean plancton y que viven sobre estrellas de mar que siempre intento que fotografíen por mí? Bueno, adivinen qué sucedió: esta mañana vi cómo uno devoraba a un pez. Lo jaló del fondo y se lo tragó completo. Todo sucedió rápidamente; deben verlo".

En el siguiente buceo me lancé de nuestra lancha cerca de las aguas superficiales donde Anna había observado a su errante grupo de estrellas de mar adornadas por ctenóforos, pero no aparecían por ninguna parte. Finalmente ubicamos al grupo a unos 50 metros de distancia, un largo recorrido, incluso para animales con mil patas tubulares. Varias de las estrellas de mar, que estaban completamente cubiertas por ctenóforos, se arrastraban debajo de un reluciente velo de tentáculos pegajosos. "Si algo puede atrapar a un pez es esta muchedumbre", pensaba mientras me acomodaba para ver qué sucedía.

La espera no fue larga; a medida que las estrellas de mar cruzaban el fondo pequeños peces enterrados a su paso, conocidos como excavadores, saltaban de la arena como palomitas de maíz. En muy poco tiempo uno de los ctenóforos atrapó a un excavador que tenía el doble de su tamaño, lo atrajo hacia él y lo enrolló como si fuera un cigarro cubano.

© Alert Diver — 2do Trimestre 2015