Fotógrafo: Paul Hilton

El poder de hacer una diferencia


Un joven sostiene la aleta de un tiburón ballena recientemente asesinado, Lamakera, Alor, Indonesia.


El vasto alcance y la inmediatez de Internet han logrado que crear conciencia y comenzar a abordar la gran cantidad de desafíos urgentes que enfrentan los océanos sea más fácil que nunca. Como buzos, nos preocupa que se extraigan tantos tiburones del océano por algo que supone un derroche tan grande como la sopa de aleta de tiburón. Nos importa que las mantarrayas estén siendo masacradas por sus branquiespinas, que se secan y se muelen para ser colocadas en pseudomedicamentos. Y nos horroriza saber que los cazadores de aletas, que están dispuestos a erradicar especies enteras para obtener ganancias personales a corto plazo, incluso se han enfocado en el majestuoso tiburón ballena. Pero documentar el comercio de aletas de tiburón y branquiespinas de mantas no serviría de nada si esto nunca se difundiera y nuestra conciencia colectiva no estuviera involucrada.

Necesitamos que alguien cuente la historia. Alguien debe ser el primero, en lugares distantes y a veces amenazados por los mismos especuladores inescrupulosos responsables de la exterminación de estas especies. No es una tarea fácil; supone períodos largos y tediosos de investigación y viajes intercalados con infiltraciones de organizaciones sigilosas repletas de adrenalina para capturar imágenes de sus operaciones. Paul Hilton, un fotógrafo con una gran integridad personal, es uno de estos narradores.


Delfines juegan en la proa del barco, Lavina, Bali, Indonesia.


Hilton nació en Inglaterra y creció en Australia. Vivió en North Queensland y pasó su niñez tanto dentro del océano como en sus alrededores, donde aprendió a apreciar la vida marina. Sus padres tenían una conciencia medioambiental muy similar; él recuerda cómo su madre se hacía cargo de animales heridos que se metían en su jardín trasero y le escribía al gobierno australiano sobre cuál era la forma adecuada de cuidar a las ballenas. Al pensar en esos primeros años de formación, Hilton cree que es posible que su rumbo haya sido marcado simplemente por haber aprendido el valor de la vida salvaje.


Paul Hilton
Durante la preparatoria supuso que se graduaría e ingresaría en el Servicio de Parques y Vida Salvaje (Parks and Wildlife Service), pero después de reflexionar un poco más se dio cuenta de que al hacer eso podría ser asignado a un parque específico, y el necesitaba que sus horizontes fueran ilimitados. Por lo tanto, regresó a la playa y trabajó como guardavidas, donde ayudaba a nadadores en problemas y proporcionaba primeros auxilios para tratar picaduras de cubomedusas y otros peligros locales.

Pero era inquieto, y al poco tiempo se fue a hacer autostop por toda Australia. Decidió que viajaría hasta que se quedara sin dinero, y entonces conseguiría un trabajo en una cocina o recogiendo fruta, repondría sus reservas y seguiría viajando. Finalmente, él y sus compañeros compraron una camioneta combi destartalada en Alice Springs, que más tarde lo llevó a Sidney, donde siguió adelante en una embarcación y hacia su próximo capítulo: hacer autostop por Indonesia y luego, en un nuevo cambio de paisaje, por Europa.


Una tortuga carey amenazada nada sobre un arrecife poco profundo al anochecer, Komodo, Indonesia.


Durante su infancia, Hilton disfrutaba de la fotografía de playas y vida marina. Ser fotógrafo era un trabajo soñado, pero nunca imaginó que realmente podría permitirle vivir de eso. Cuando llegó a Londres en 1991, había una cultura muy activa de fotografía comercial y de moda, por lo que compró una cámara reflex de un objetivo (SLR) Canon y se inscribió en un curso de seis semanas en la Escuela de fotografía Kennington (Kennington School of Photography). Aprendió a revelar e imprimir sus propias fotos e incorporó la ciencia de su oficio.

Después de vivir en Londres, Hilton viajó a Hong Kong y luego regresó a Australia por un tiempo. Durante estos viajes tuvo la posibilidad de crear una importante colección de obras. Cuando regresó a Hong Kong ya tenía suficiente experiencia como para conseguir un trabajo con Michel Porro, un exitoso fotógrafo comercial. Aprendió a tomar fotografías con cámaras de placa 4x5 y a usar fondos Polaroid, y se convirtió en experto en retratos corporativos. Pocos años después emprendió su propio camino, y hacía eventos, fotografía de alimentos y bebidas, retratos, ilustraciones de productos y trabajo arquitectónico.

Mientras tanto, Hilton no perdió su pasión por la vida salvaje y para 1996 trabajaba como voluntario para el Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wildlife Foundation) y otros. Su primer artículo real sobre conservación documentaba la explotación de bilis de oso en China para la fundación Animals Asia Foundation. Las granjas para la explotación de bilis de oso tienen recluidos a osos tibetanos en pequeñas jaulas donde casi no pueden moverse, a veces durante 10 años o más. Mientras están inmovilizados, a los osos se les colocan catéteres de acero inoxidable en la vesícula para recolectar la bilis. Aparentemente, la bilis de oso se utiliza para tratar afecciones hepáticas, tenias e incluso un resfriado común. Cuando el gobierno chino finalmente desmanteló muchas de estas granjas, el cáncer se había apoderado de los cuerpos de los osos que habían sobrevivido. Capturar imágenes de esa historia era espantoso, una experiencia desgarradora y emotiva, pero resonó entre el público. National Geographic lo transmitió en 2001, y también apareció en el diario South China Morning Post y en la revista Asian Geographic. Fue entonces cuando Hilton comprendió por primera vez cómo sus imágenes podían hacer una diferencia, y su vida tuvo un giro dramático.


Una activista, rodeada de miles de aletas de tiburón desecadas sobre un techo en Hong Kong, sostiene una fotografía de un tiburón sin sus aletas.


STEPHEN FRINK: fue un gran cambio pasar de las granjas de explotación de bilis de oso en China a la causa que más relacionamos con usted: el cercenamiento de aletas de tiburón. ¿Cómo sucedió eso?

PAUL HILTON: en 2005 estaba viviendo en Hong Kong y el cercenamiento de aletas de tiburón estaba fuera de control. En todas las tiendas a las que uno entraba, ya fuera para comprar cerveza o pan, parecían tener aletas de tiburón a la venta. Sabía que de ninguna manera se trataba de una industria sostenible; simplemente no podía haber una cantidad tan grande de tiburones en el mar. Pero no puedo decir que realmente entendía el problema.

En Lombok, Indonesia, un hombre rodeado de aletas de tiburón y branquiespinas de mantarraya sostiene las mandíbulas de un tiburón blanco.
Esa era una época de mi vida en que la fotografía corporativa ya no era importante para mí, y luego el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS) azotó Asia y el negocio de la fotografía publicitaria se hizo mucho más lento a medida que los presupuestos se reducían. De todos modos quería darle una nueva dirección a mi carrera fotográfica, por lo que me convertí en un corresponsal de la European Pressphoto Agency (EPA). Eso quería decir que estaba contratado para capturar las imágenes de los artículos de noticias, lo que me permitió aprender sobre la infraestructura de los servicios de noticias. Los artículos para los que tomaba fotografías tenían un público: rápidamente y con una distribución masiva; yo tendría una voz. Entre un artículo y otro en los que trabajaba para EPA y Bloomberg News, podía viajar, tomar fotos, archivar y aún tenía tiempo para mis propios proyectos. El cercenamiento de aletas de tiburón era un proyecto a largo plazo que comencé en ese entonces.

Tal vez recuerden la gran controversia que se generó ese año cuando se inauguraba Disneylandia en Hong Kong. Yo me presenté como candidato para conseguir parte de su trabajo fotográfico comercial, pero luego muchas de mis fotos se usaron en artículos periodísticos que mostraban que los menús del parque incluían sopa de aleta de tiburón. De más está decir que no obtuve el contrato, pero en medio del subsiguiente revuelo Disney quitó la sopa de los menús, por lo que todo salió maravillosamente bien.


Un tiburón azotador es cargado por la playa en el mercado de pescado
de Tanjung Luar, Lombok, Indonesia.
El cercenamiento de aletas de tiburón era una historia que debía ser comprendida y contada rápidamente, antes de que las poblaciones de tiburones fueran diezmadas aún más. Colaboré con mi colega, el fotógrafo Alex Hofford, en un libro llamado Man and Shark (El hombre y el tiburón) para mostrarle al mundo lo que realmente significaba cortar las aletas de un tiburón salvaje y colocarlas en un plato de sopa en China. Para ello, tuve que viajar a Mozambique, donde cadáveres de tiburones ensuciaban las hermosas playas. Debíamos documentar a los compradores taiwaneses trabajando en la costa de África, comprando aletas de tiburón a los aldeanos. Esto suponía tratar con la mafia de Sudáfrica, porque ellos controlaban la industria en el lugar. También fuimos a Yemen para documentar el cercenamiento de aletas de tiburón en el mar Rojo. Eso, en particular, fue osado. Cuando íbamos a un restaurant, podíamos ver que había una AK-47 en cada mesa. No nos quedamos allí demasiado tiempo.

El libro se publicó tanto en inglés como en chino y conseguí que lo utilizaran en las escuelas de Hong Kong. Ese fue un gran logro, y creo que fue una llamada de alerta para el público de esa ciudad. Teníamos una serie de exposiciones fotográficas por toda la ciudad al mismo tiempo. Los jóvenes saben instintivamente que la práctica está mal, y podrán determinar sus propias acciones futuras e influenciar a sus padres y abuelos. Ayudó a arrancar el movimiento en Hong Kong, y la sopa de aleta de tiburón cada vez está perdiendo más popularidad.


Tiburones ballena nadan alrededor de una plataforma de pesca, Bahía Cenderawasih, Papúa Occidental.


SF: gran parte de su trabajo en la conservación de vida marina tiene lugar bajo el agua, aun así la mayoría de las fotografías que mencionó son comerciales o documentales en la superficie. ¿Cuándo comenzó a dedicarse a la fotografía submarina?

PH: para 2007, estaba trabajando en la cobertura de aletas de tiburón en tierra; también tenía una Nikonos, pero no la usaba demasiado. Pero luego Greenpeace International se comunicó conmigo y me ofreció viajar al Pacífico para documentar la marcación de ballenas que se estaba realizando para determinar los patrones de migración. Este era un trabajo soñado, por lo que no iba a decir que no, aunque realmente no sabía tomar fotografías bajo el agua. Entonces pedí prestada una caja estanca Subal para mi cámara Canon y viajé a las Islas Cook y luego a Tonga para fotografiar todo aquello que tuviera que ver con el camino de las ballenas.


A los tiburones martillo fileteados se les cortan las aletas en el mercado
en Kaohsiung, Taiwán.
Este fue un suceso que me cambió la vida. Mi esposa y mi hija viajaron conmigo a Tonga, y estar tan cerca de ballenas jorobadas fue una experiencia que nunca olvidaremos. Realmente no encuentro palabras para describirlo. Me hizo pensar más en el océano como un ecosistema, y el éxito de la cobertura me dio la posibilidad de que Greenpeace me solicitara más trabajos, incluso trabajo en el Mediterráneo y el océano Índico y la adquisición de imágenes de belleza integral para ilustrar la biodiversidad de los océanos del mundo.

Tenía una serie de habilidades que podían comercializarse, especialmente a medida que mi fotografía submarina maduraba. Ya era bastante bueno en la captura de imágenes en tierra, lo que me dio una ventaja por encima de algunos fotógrafos exclusivamente submarinos. Estoy agradecido de que mis clientes sigan acudiendo a mí para encargarme más trabajos.

SF: los fotógrafos de retratos deben lograr que sus sujetos confíen en ellos. Su cobertura es una mezcla de fotografía de retratos, callejera y de conflictos. ¿Cómo logra que sus sujetos confíen en usted? ¿Cómo logra que sonrían con un cuchillo en una mano y una aleta de tiburón en la otra, cuando deben saber que sus fotos, si cumplen con su objetivo, acabarán con su negocio?


Aldeanos reunidos alrededor de una gran raya mobula mientras se le extirpa la cabeza antes de quitarle las branquias, Lamakera, Indonesia.
PH: no estoy seguro de que realmente lo piensen bien a ese nivel o que estas personas tengan conocimiento de los medios como para comprender el significado que mis fotos pueden tener en relación con lo que ellos hacen, que estas imágenes tendrán una consecuencia. Pero para responder su pregunta, es necesario leer su lenguaje corporal e incluso sin palabras poder proyectar un cierto comportamiento amigable y no polémico. Desde luego, también acato el antiguo lema; "es mejor pedir perdón que pedir permiso". Y así es como me desenvuelvo en muchas oportunidades.

En una situación potencialmente acalorada es posible que sólo pueda tomar una foto y debo hacerla valer. Luego hago preguntas e incluso pido disculpas si es necesario. Pero obtendré la toma que quiero. La escena puede ser sospechosa; estas personas a menudo tienen la sensación de que lo que están haciendo no está exactamente bien, pero si me veo como un turista ambientalista normalmente puedo lograrlo.


Diez mil aletas de tiburón se secan al sol en Hong Kong.


SF: recientemente estaba en mi auto escuchando la BBC en la radio satelital. La voz que se oía a través de los altavoces era la suya. Eso fue bastante surrealista porque recientemente habíamos intercambiado los primeros mensajes de correo electrónico para hacer este artículo, y allí estaba hablando sobre las fábricas que había visto en China que procesaban cadáveres de tiburones ballena para obtener sus aletas.


Miles de aletas de tiburón son procesadas en un mercado en
Kaohsiung, Taiwán.
PH: ese fue un gran ejemplo de dónde la fotografía furtiva era necesaria. En 2010, una organización no gubernamental (ONG) nos informó que había una planta de procesamiento de tiburones ballena en China. Usaban todo del tiburón: las aletas, por supuesto, pero también la piel y el aceite. También tenían tiburones peregrinos y, gracias a una concluyente muestra de ADN, sabemos que también había tiburones blancos. Sólo se debe buscar en línea "Tiburones ballena de China" (China whale sharks) y se puede tener una idea de la gran amplitud que esta cobertura ha alcanzado. Muchas de estas fábricas han cerrado como resultado de ello. Para dar un vistazo a las conversaciones encubiertas de nuestro documental, mire el video en este artículo de National Geographic: news.nationalgeographic.com/news/2014/01/140129-whale-shark-endangered-cites-ocean-animals-conservation

Fui de incógnito, como un comprador. Llevé una simple cámara compacta, una Canon PowerShot G11, y la tuve casi todo el tiempo en una bolsa mientras caminaba por un patio donde había cadáveres de tiburones ballena desparramados por todas partes. De vez en cuando sacaba la cámara, tomaba una foto y luego seguía adelante, mostrándome despreocupado.

Es una imagen extraña; las personas en el extremo de las pesquerías de la cadena son trabajadores dedicados que hacen su labor honestamente según sus valores morales. La corrupción tiene lugar mucho más arriba en la cadena de suministro, y la verdadera culpa la tiene el consumidor. Si nadie comprara aletas de tiburón, nadie se molestaría en usar palangres para capturar tiburones, cortar sus aletas y tirar a las criaturas aún vivas al mar para que se sofoquen en el fondo.


Una raya mobula es descargada en Tanjung Luar, Lombok, Indonesia.


SF: en la actualidad, las mantarrayas tienen problemas similares porque se las captura por sus branquiespinas. ¿Quién podría hacer algo así? ¿Cómo se involucró en ese reportaje?

PH: en 2007 aún estaba sumamente sumergido en mis artículos sobre aletas de tiburón y me llevó un tiempo poder realizar un viaje para practicar surf con mis amigos. Recuerdo con claridad cuando lo vi por primera vez, y lo conmocionado que estaba. Eran las 4 de la mañana en una aldea de Indonesia, Tanjung Luar. Había aglomeraciones de mantarrayas desparramadas por toda la playa, y los aldeanos las estaban cortando. A todas les habían quitado grandes trozos de carne, que pronto supe eran las branquiespinas.


Branquias de mantarraya y raya mobula se secan al sol en un techo en
Mirissa, Sri Lanka.
En 2009 volví a documentar el comercio de branquiespinas en Sri Lanka. Seguimos las branquias hasta un depósito y descubrimos que estaban siendo consolidadas para su envío a Hong Kong y China. Guangzhou, en China, es el foco del comercio de branquiespinas, con un sinnúmero de tiendas que venden branquiespinas de mantarraya y raya mobula. En mi opinión, la demanda estaba aumentando cada vez más. El comercio no era muy conocido en el oeste, quizás nada conocido.

La cobertura "Mantarraya de esperanza" (Manta Ray of Hope) sobre este comercio ha sido tan influyente que la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (Convention on International Trade in Endangered Species, CITES) incluyó a las mantarrayas en su Apéndice II en 2013, y ahora toda Indonesia en un santuario de mantarrayas. Como sucede en todo lados, la condición de santuario no tiene sentido si no se hace cumplir, pero el establecimiento del santuario definitivamente ha ayudado a crear conciencia sobre el tema.


Una mantarraya de 5 metros es jalada al costado de un bote cerca de la costa de Lamakera, Indonesia.


SF: estoy seguro de que lleva algo más además de su Canon G11 cuando viaja por trabajo. ¿Qué tiene en su kit de viaje para documentar todo lo que ve?

PH: llevo un par de cámaras Canon EOS 5D Mark III y una caja estanca Subal con flashes Ikelite DS161 para el trabajo bajo el agua. También llevo una Canon EOS-1D Mark IV, que es mi caballo de batalla. Me encanta por el rápido accionamiento motorizado y la alta capacidad ISO. En el caso de los objetivos, llevo un objetivo Canon de 16-35mm II, un objetivo ojo de pez de 15mm, un zoom de 70-200mm y uno de 300mm f/2.8 para aquellas cosas que debo cubrir pero que no me puedo arriesgar a acercarme demasiado.


Una gran mantarraya es fotografiada desde un helicóptero de Greenpeace en el centro del océano Índico.


SF: ¿al estar inmerso en estos artículos, puede ser optimista respecto al océano y sus criaturas?

PH: optimista quizás sea una palabra demasiado fuerte, pero definitivamente no pierdo las esperanzas. Creo que todavía es posible cambiar esta situación. Las ventas de aletas de tiburón cayeron entre un 50 y un 70 por ciento en China, y en ese asunto en particular hemos hecho una diferencia, pero aún hay mucho trabajo por hacer. Creo que hemos afectado el sector pesquero de tiburones ballena, y espero que hayamos contado la historia de las branquiespinas de mantarraya a tiempo como para desacelerar el comercio.

Las mantas hembra dan a luz a una sola cría a la vez. Pueden demorar hasta 10 años en alcanzar la edad reproductiva. El cascarón se rompe dentro del cuerpo de la madre, y la cría nace viva. Las crías saben nadar desde el momento en que ingresan al agua y pueden cuidar de sí mismas de inmediato. La madre no se queda con la cría, y el índice de mortalidad en ese primer año de vida es sumamente alto. Por lo tanto, extraer mantarrayas adultas de su entorno silvestre puede tener un impacto importante en las poblaciones en muy poco tiempo.


Un tiburón ballena es alimentado con la mano por un antiguo pescador
devenido en guía turístico, Oslob, Filipinas.
En el lado positivo, China está intentando tomar medidas para proteger especias amenazadas y recientemente anunció una lista de 420 especies, que incluye a tiburones y osos, que recibirán una mejor protección.

Todos quieren señalar a China, pero realmente están intentando mejorar. No obstante, al mismo tiempo se enfrentan a cuestiones bastante abrumadoras en un futuro no muy lejano, como por ejemplo cómo piensan proporcionar agua y energía a su enorme población. La tabla de agua bajo Beijing ha disminuido 305 metros (1000 pies) sólo en los últimos 10 años.

No creo que usted pueda hacer lo mismo que hago yo para ganarme la vida y ser precisamente optimista, pero sé que podemos hacer una diferencia. Lo hemos comprobado con las aletas de tiburón y la bilis de oso. Espero que podamos verlo en otros problemas tales como la desforestación de plantaciones de aceite de palma en Sumatra. En el mundo real no faltan historias. Me gustaría no tener trabajo y ser parte del activismo ambiental de documentales, pero por desgracia, creo que tengo seguridad laboral por muchos años más.


Turistas disfrutan de la compañía de un gran tiburón ballena cerca de la costa de Isla Mujeres, México.


Desde luego, me preocupa qué le dejaremos a la próxima generación. ¿Cuál será el futuro de los océanos y qué tipo de entorno heredarán de nuestra generación mis dos hijas? Pero puedo dejar de lado el pesimismo y aún apreciar y fotografiar la belleza que queda.

Siempre estaré inspirado por haber tenido la oportunidad de documentar la migración de ballenas. Esa fue una de las experiencias más increíbles de mi vida, y desde entonces he nadado con ballenas azules y otros mamíferos marinos. Estas son las cosas que más me emocionan, y espero que de alguna forma mi fotografía inspire a otros a seguir luchando.

La realidad es que cada uno de nosotros tiene el poder de hacer una gran diferencia.
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© Alert Diver — 3er Trimestre 2014