Paralizada en Granada




Poco después de salir a la superficie tras su primer buceo del día, Deborah Newman sintió un espasmo en la parte superior de la espalda seguido de una sensación de presión en el pecho, hipersensibilidad en la piel, debilidad y náuseas.


En 2002 había solicitado el ingreso a la facultad de derecho (a los 50 años de edad) y esperaba con ansiedad saber si me habían aceptado. Para distraerme decidí realizar un viaje de buceo a Granada.

Después de un excelente primer día de buceo, el segundo día me levanté temprano con ganas de más. Preparé mi equipo fotográfico y subí al catamarán para realizar un buceo en grupo con un guía. Buceamos en el Shakem, un popular naufragio con una profundidad máxima de aproximadamente 26 metros (85 pies) en el lado protegido del Caribe de Granada. El buceo duró 37 minutos e incluyó un largo ascenso en un arrecife y una parada de seguridad de cuatro minutos.

Durante el buceo no experimenté ningún problema; tomé fotos y permanecí con el grupo. Después de la parada de seguridad, salí a la superficie y me dirigí al barco con la ayuda de una cuerda de remolque (en la superficie había un poco de corriente). Mientras subía por la escalera sentí un espasmo en la parte superior de la espalda; al principio no pensé que fuera algo serio. Me quité el chaleco y el cinturón de lastre y me senté para descansar un poco. Les dije a los demás buzos que no participaría en el segundo buceo.

En un lapso de 10 minutos el dolor se había propagado a todo mi cuerpo y sentía una gran presión en el pecho. Comencé a sentir hipersensibilidad en la piel, estaba débil y tenía náuseas. Decidí quitarme el traje de neopreno pero cuando intenté levantar el pie derecho para quitarme la bota no pude moverlo. En cuestión de minutos no podía mover las piernas y me di cuenta de que ambas estaban paralizadas. A esta altura sabía que estaba en problemas. Le pedí oxígeno al capitán y, felizmente, había un cilindro lleno a bordo. Comencé a inhalarlo de inmediato y, después de un rato, ya lo había consumido todo.

El capitán se comunicó por radio con la tienda de buceo mientras el barco navegaba a toda velocidad hacia la costa. Mientras tanto yo les decía gimiendo que necesitaba ir al baño y que mi vejiga iba a explotar. Cuando llegamos, dos hombres fuertes me tomaron debajo de los brazos, me sacaron a rastras del barco y me pusieron en un auto; luego fui trasladada al consultorio del médico local. El personal médico del lugar me sentó en un inodoro y no salió nada.

En ese momento, mi prioridad era llegar al hospital para que pudieran colocarme un catéter lo antes posible. Fuimos a toda velocidad al St. Augustine's Medical Services, un pequeño hospital privado cerca de St. George's, donde un médico vació mi vejiga de inmediato, me puso una vía intravenosa en el brazo y comenzó a administrarme oxígeno. El personal de buceo ya se había comunicado con DAN®, donde el personal médico ofreció asesoramiento al médico sobre mi tratamiento provisional de emergencia. DAN también programó, sin hacer preguntas, que una ambulancia aérea me trasladara a baja altitud desde Granada hasta Barbados, donde había una cámara hiperbárica. Recuerdo pensar lo aliviada que me sentía de ser miembro de DAN y de tener su seguro contra accidentes de buceo.

Los sucesos que siguieron fueron confusos. Me preocupaba estar paralizada, pero también pensaba analíticamente sobre qué sucedería a continuación. Me administraron algunos medicamentos para calmarme, pero yo seguía angustiada. Recuerdo viajar en una ambulancia desde el hospital hasta la pista, donde fui elevada por una especie de montacargas y colocada en un avión de evacuación médica. Respiré oxígeno puro durante todo el trayecto.

Ya en tierra en Barbados me recibió una ambulancia y fui trasladada directamente a la cámara en la base de la Fuerza de Defensa de Barbados. La cámara, que desde entonces ha sido reemplazada por una nueva, era apenas lo suficientemente grande como para albergar a un paciente y un asistente, que me ayudaba a colocarme y quitarme la pesada máscara de oxígeno cada 20 minutos y se comunicaba con el operador de la cámara.

Pasé 10 días en Barbados, de los cuales ocho incluyeron de cinco a siete horas en la cámara. Cada día notaba mejorías graduales en mi equilibrio y mi fuerza, y para el final de mi estadía podía ponerme de pie de mi silla de ruedas y caminar lentamente con un andador. Después de 10 días el médico tratante, Michael Brown, M.D., en colaboración con los médicos de DAN, decidió que había mejorado todo lo que podía y se organizó mi traslado en avión para que regresara a Nueva York.

DAN hizo los arreglos necesarios para que un acompañante médico volara a Barbados y me acompañara a Nueva York. Me proporcionaron una silla de ruedas y oxígeno suficiente para todo el viaje. Una vez más, una ambulancia me recibió en el aeropuerto y me trasladó al Hospital Mount Sinai, donde fui internada en la unidad de rehabilitación de lesiones medulares del hospital. Inmediatamente me realizaron un examen de ultrasonido Doppler y descubrieron una trombosis venosa profunda (TVP) detrás de mi rodilla derecha. Comencé a tomar anticoagulantes e inicié un intenso régimen de terapia física y ocupacional en la unidad de rehabilitación de enfermedades agudas para lesiones de la médula espinal del Mount Sinai. Yo era la única paciente cuya lesión no incluía una lesión de la columna vertebral, sólo la médula espinal.

El día después de mi llegada al Mount Sinai, mi novio me trajo mi correspondencia y, para mi sorpresa, había sido aceptada para estudiar en la Facultad de Derecho de Nueva York mientras estaba de viaje. En ese momento no creí que fuera posible asistir a clases, pero envié mi depósito y me comprometí a hacer todo el esfuerzo posible para poder lograrlo. Cuatro meses más tarde me convertí en estudiante de primer año de la facultad de derecho y pasé los tres años siguientes haciendo malabares entre mis necesidades físicas (que incluían continuar con la terapia física) y una rutina de estudio intenso. Rendí el examen del Colegio de Abogados de Nueva York tres veces y finalmente lo aprobé en 2007 a los 55 años de edad. Hoy en día camino con un bastón y trabajo desde casa como consultora y abogada especializada en la intersección de la música, los derechos de autor y la tecnología.

Estoy agradecida por los increíbles conocimientos de DAN sobre la enfermedad por descompresión y su rápida respuesta a mi necesidad de recibir atención médica en cámara hiperbárica. También agradezco la manera en que DAN manejó mis gastos médicos: ellos pagaron directamente por la evacuación médica a Barbados y el traslado a casa en Nueva York, y yo nunca vi una sola factura. Yo pagué por los hospitales en Granada y Barbados con mis tarjetas de crédito, pero recibí un reembolso de DAN, incluidos los costos de las llamadas telefónicas a los Estados Unidos desde el hospital. Además, DAN cubrió mis copagos médicos por las consultas con el médico y la terapia física durante todo un año desde la fecha de mi lesión.

Ya no buceo más, pero aún disfruto del agua, la vida silvestre y la exploración. Actualmente, mi novio y yo somos fervientes kayakistas y exploramos los lagos, ríos y reservas de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. En lugar de tomar fotos de peces ángel y corales, hoy en día capturo imágenes de garcetas, garzas azuladas y tortugas tomando sol.
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© Alert Diver — 4to Trimestre 2017