Nuevos parques submarinos en California




El dieciséis por ciento de las aguas de California actualmente están protegidas por la Ley de protección de vida marina (MLPA, por sus siglas en inglés) del estado.

En 2012, después de 13 años de acalorados debates, ofensas, litigios y audiencias públicas, California finalmente creó la red de reservas naturales submarinas conforme lo dispone la Ley de protección de vida marina de 1999 (1999 Marine Life Protection Act, MLPA). Estas reservas, que abarcan el 16 por ciento de las aguas a lo largo de la espectacular costa de California de 1.770 km (1.100 millas), incluyen algunos de los mejores puntos de buceo del planeta.

El conflicto sobre si se debía establecer estas áreas marinas protegidas (MPA, por sus siglas en inglés) surgió de muchos conflictivos grupos de interés de California: pescadores comerciales, pescadores deportivos, puertos, conservacionistas, tribus costeras, la Marina de los Estados Unidos y otros. Por consiguiente, no es de extrañar que haya tomado tanto tiempo completar el proceso de concertación de las MPA. Lo que quizás sí sorprende es la frecuencia con que la inversión del estado en iniciativas de conservación marina tiene resultados satisfactorios. Yo puedo dar fe del éxito de California en lo que se refiere a conservación marina porque he navegado por estas aguas antiguamente disputadas, así como también he volado sobre ellas, he informado acerca de ellas y he buceado sobre muchas de ellas.

Hubo momentos en los que parecía que nunca veríamos áreas marinas protegidas en California. Recuerdo una agradable tarde de diciembre de 2001 cuando asistí a una reunión del Consejo de Buzos de San Diego en el Instituto Scripps de Oceanografía (Scripps Institution of Oceanography) en La Jolla. Entre 30 y 40 buzos deportivos se reunieron en el Auditorio Sumner en las instalaciones ribereñas del Instituto Scripps para escuchar como el científico Paul Dayton narraba una presentación de diapositivas sobre áreas marinas protegidas. Las MPA que se establecerían ese año, de acuerdo con la reciente legislación de la MLPA, incluirían una red de parques submarinos de protección total.

Durante esta charla, Dayton, quizás la principal autoridad en ecología de los kelp, habló sobre lo que llamó "bosques fantasma", o los bosques de kelp de California que ya no podrían sustentar a las lubinas gigantes, las morenas, las langostas, los peces picudos, los peces pequeños y una abundante variedad de abulones y nutrias que alguna vez se desarrollaron en el lugar. Nos mostró una diapositiva de un abulón joven que se escondía bajo las espinas de un gran erizo rojo, y el público murmuraba y demostraba su aprecio. "Sólo los buzos podrían pensar que un abulón bebé es lindo", pensé.

Sus fotografías más antiguas retrataban lubinas gigantes más grandes que los hombres que las habían capturado, incluso un impresionante espécimen de 285 Kg (628 libras) capturado en La Jolla Cove en la década de 1960 que tuvo que ser levantado de la playa por una grúa. Otras diapositivas mostraban imágenes de buzos en apnea en la década de 1950 sosteniendo langostas del tamaño de un bulldog, y una foto de principios del siglo 20 de Coronado, en San Diego, mostraba a un hombre con una carretilla parado sobre cuatro acres de langostas espinosas.

"A lo largo de mi vida las cosas han cambiado mucho", nos dijo el canoso profesor. "No entiendo por qué se oponen tanto a estas reservas que mejoran la pesca y los valores patrimoniales".

"Si las establecemos, ¿podré capturar abulones en algún momento de mi vida?", preguntó un buzo.

"Probablemente no", Admitió Dayton. "Creo que pasarán más de 50 años hasta que podamos ver su recuperación".

Cuando Dayton dijo esto en 2001, probablemente no se dio cuenta de que pasarían más de 10 años antes de que California estableciera las MPA.

Después de la presentación de Dayton, entrevisté a Bob Fletcher, un hombre alto, esbelto y de ojos verdes y presidente de la Asociación de Pescadores Deportivos de California y uno de los francos oponentes de la Ley de protección de vida marina.

"Si logramos que las reservas alcancen los niveles que los ambientalistas desean, las oportunidades para pescadores con caña y pesquerías deportivas serán devastadas. Se debe equilibrar los intereses de los ambientalistas con nuestro derecho a ganarnos la vida", argumentó.

Traje a colación el hecho de que los ambientalistas, buzos y científicos podían iniciar acciones legales si no estaban satisfechos con las recomendaciones finales de las MPA, y señalé que el grupo de Fletcher probablemente también iniciaría acciones legales si no se sentían complacidos. De cualquier modo, el resultado definitivamente agregaría años de demora adicional a la creación de estas reservas.

"No lo veo como algo tan malo", dijo Fletcher con una sonrisa. "No estoy en contra de la inacción".

Más de una década después, cuando el proceso de la MLPA finalmente estaba llegando a su fin y las áreas protegidas estaban siendo delineadas, Fletcher y dos grupos de pescadores interpusieron una demanda aduciendo que la Comisión de Pesca y Caza de California (California Fish and Game Commission) que supervisó el proceso no realizó una evaluación ambiental apropiada y desde un comienzo no tenía capacidad legal. Un juez competente desestimó una de las demandas, y Fletcher y sus socios desistieron de la otra.


Un pulpo rojo y una estrella chica en un arrecife de California recientemente protegido.

Los investigadores han recopilado una cantidad considerable de documentación en relación con los beneficios de las MPA. El grupo Marine Applied Research and Explorations (MARE), una organización sin fines de lucro con sede en Richmond, California, que utiliza la experiencia en análisis de datos, ingeniería de aguas profundas y operaciones en el mar para evaluar los cambios en las poblaciones y hábitats de peces, recientemente examinó las MPA que están cerca de las Islas del Canal de California. Casi el 20 por ciento de las Islas del Canal, que consta de alrededor de 825 km2 (318 millas cuadradas) de agua, entró bajo la protección en 2003 en un proceso similar al programa de la MLPA del estado. Dirk Rosen, fundador y director ejecutivo de MARE, fue contratado para usar el robot submarino, un vehículo operado remotamente (ROV, por sus siglas en inglés), para evaluar las MPA de las Islas del Canal durante siete años después de la veda inicial de la pesca. Comprobó que en el último año de sus estudios, las cámaras del ROV registraron una mayor abundancia, tamaño y variedad de peces, incluso los actualmente amenazados peces roca canario.

Rosen me mostró un video donde una gran lubina gigante nadaba frente a la cámara y se perdía entre los kelp. "En esta oportunidad hubo gran cantidad de hembras grandes", explicó. "Son más fecundas, ayudan a reconstruir las poblaciones y su presencia permite saber que estas reservas se recuperarán".

De hecho, las MPA a menudo tienen tanto éxito que incluso benefician a los mismos pescadores que a veces se oponen a esas protecciones ambientales.

"La ciencia se ha ocupado mucho de las reservas (se han escrito cientos de artículos al respecto) y cuando tienen un tamaño suficiente como para funcionar, los pescadores las adoran", Dayton me explicó recientemente. Él hacía referencia al efecto de propagación de las MPA, que se da cuando mayores cantidades de peces más grandes nadan más allá de los límites acuáticos de sus zonas protegidas hasta llegar a lugares donde se los puede capturar legalmente.

Por ejemplo, las aguas que están fuera de Kennedy Space Center en Cabo Cañaveral, Florida, han sido un área prohibida para los pescadores por motivos de seguridad nacional desde 1962, y en las regiones que bordean estas áreas protegidas hay más récords mundiales de capturas de corvinetas oceladas, truchas marrones y otros peces para la pesca deportiva que cualquier otro lugar de Florida. De modo similar, muy cerca del Instituto Scripps se encuentra la reserva ecológica de San Diego-La Jolla Underwater Park, que se estableció en 1971. Más allá de las boyas amarillas que marcan los bordes de la zona de protección total de 533 acres, la superficie del mar está repleta de flotadores que indican la ubicación de trampas para langostas para capturar a las langostas espinosas que migran de la reserva.

Le pregunté a Dayton si considera que su trabajo ha ayudado a cambiar la conciencia pública. "Si hubiera podido, creo que habría optado por dedicarme más a la ciencia en lugar de pasar tanto tiempo hablando", confesó después de recordar la gran cantidad de veces que fue abucheado en charlas y audiencias públicas.

Aun así, fue la franqueza de científicos como Dayton, junto con ambientalistas, operadores de excursiones de observación de ballenas, algunos pescadores comerciales y cientos de dedicados buzos, la que finalmente cambió la situación de la protección de los mares del estado que son explotados con demasiada frecuencia.

La Academia Nacional de Ciencias emitió un informe en 2001 donde exigía la protección de la vida silvestre del 20 por ciento de las aguas costeras de América. En 2014, sólo estamos alcanzando una protección del 3 por ciento, pero al menos California está cumpliendo con su parte para ayudar.

Después de realizar unos pocos buceos, practiqué snorkeling en Fisherman's Cove (Caleta de los Pescadores) en Isla Catalina, que es la isla del Canal que está más cerca de Los Ángeles. La caleta es el hogar del Centro de Ciencias Marinas Wrigley (Wrigley Marine Science Center) Bajo las nuevas pautas de la MLPA, esta área protegida de 1,3 km2 (media milla cuadrada) está siendo expandida a 7,8 km2 (3 millas cuadradas). En ella se puede encontrar un denso bosque de kelp repleto de grandes cabrillas sargaceras y peces Garibaldi naranja, y rebosante de pequeños alevines. En un momento pude divisar a varias rayas murciélago de 1,5 metros (5 pies) que se desplazaban por la columna de agua. Más cerca de la playa, mis compañeros y yo encontramos cuevas y rincones rocosos repletos de langostas y rayas recolectadas en el fondo arenoso. Bajo el muelle encontré un banco considerable de corvinas blancas de aproximadamente 9 kg (20 libras) cada una, todas indiferentes a mi presencia como el león marino que había rondado a mi alrededor en un buceo anterior.

A lo largo de los acantilados en el extremo más apartado del muelle el agua era cristalina y se asemejaba a las aguas del Caribe pero con kelp. Descansando en la superficie en medio de algas de color marrón, podía mirar hacia arriba y ver las laderas empinadas cubiertas de cactus nopal y Dudleya virens ssp. hassei, suculentas plantas que son endémicas sólo de esta isla. Bajo la superficie practiqué buceo en apnea a través de canales abiertos en las algas marinas para jugar con chopas verdes, cabrillas sargaceras con manchas de color caramelo y robustos peces Garibaldi naranja. Divise a algunas langostas sospechosas que movían sus antenas y a pequeños tiburones leopardo que se desplazaban por el fondo, y me sentía muy bien de estar nuevamente entre la naturaleza.

Sospecho que en tan sólo 10 ó 15 años, esos californianos que en la actualidad se oponen con tanta vehemencia a las MPA deberán encogerse de hombros y reconocer renuentemente que cuando se trasladó un sistema de parques estatales de primera categoría bajo el agua se produjo algo de gran valor.

© Alert Diver — 3er Trimestre 2014