Niveles elevados de mercurio




Los meros guasa se congregan en grandes cantidades cerca de la costa atlántica de la Florida pero han desaparecido en todo el resto de su área de distribución y están catalogados como "en grave peligro” por la UICN.


El mero guasa de la Florida es uno de mis peces favoritos. Además de ser bastante grande, la naturaleza imperturbable y la apariencia única lo convierte en un excelente sujeto fotográfico, especialmente cerca de la costa de Palm Beach en el sur de la Florida. La visibilidad en el lugar a menudo es muy buena y la población de mero guasa local es estable. La presencia de estos meros gigantes ha creado una atracción de gran valor para los operadores de buceo locales, especialmente durante agosto y septiembre, cuando estos peces se congregan en grandes cantidades para reproducirse. Ingresar al agua y encontrarse cara a cara con 20, 30 o a veces hasta 90 meros guasa maduros es algo muy especial. Aunque las poblaciones se han recuperado radicalmente en la Florida, no todo es color de rosa para este gran pez.
Alejados del abismo
Para fines de la década de 1980 la sobrepesca había diezmado a los meros guasa de la Florida. En 1990, el Consejo de Administración Pesquera del Atlántico Sur (South Atlantic Fishery Management Council) y el Consejo de Administración Pesquera del Golfo de México (Gulf of Mexico Fishery Management Council) promulgaron una moratoria de emergencia contra la captura o la posesión de peces en aguas federales de los Estados Unidos. Luego los Estados Unidos agregaron al mero guasa como candidato a la Lista de especies en peligro de extinción en 1991. Bajo la Ley de Conservación y Manejo Pesquero Magnuson-Stevens (Fishery Conservation and Management Act), el Servicio Nacional de Pesca Marina (National Marine Fisheries Service, NMFS) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA) evalúa las poblaciones de peces y garantiza el cumplimiento normativo para las especies protegidas. En los años desde el inicio de la protección, las cantidades de meros guasa se han recuperado tanto en la costa este como la oeste de la Florida, pero los números eran tan bajos que las agregaciones de desove no se documentaron hasta 10 años después del establecimiento de la protección.

En la actualidad los esfuerzos de protección se consideran un éxito, ya que una vez más pueden encontrarse peces maduros en arrecifes y naufragios y las agregaciones de desove se producen cada año. Pero esta recuperación también ha provocado emociones fuertes y opiniones divididas. Algunos grupos de interés desean que los meros guasa puedan ser objeto de la recolección comercial y otros presionan para que haya un acceso recreativo limitado. Aquellos que están a favor de una protección continua creen que los peces no pueden manejar la presión de ninguna recolección, donde se extraería rápidamente a los grandes reproductores y provocaría una importante caída en sus números. Este temor no es infundado. El mero guasa (Epinephelus itajara) y sus parientes cercanos están experimentando una gran disminución en el resto de su área de distribución natural. Fuera de la Florida, su número es casi cero y organizaciones como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y Recursos Naturales (International Union for Conservation of Nature and Natural Resources, UICN) actualmente los ha incluido en la Lista roja como "en grave peligro".

Mientras esta discusión continúa, ha emergido un fantasma aún más oscuro que supone una amenaza para estos peces: el mercurio. El año en que los meros guasa obtuvieron la protección, la tarea de monitorear a la especie fue puesta en manos de científicos del NMFS y la Universidad Estatal de Florida (FSU). El investigador ecologista Chris Koenig, Ph.D., y sus colegas comenzaron un estudio detallado de la historia natural del pez. Tomé conocimiento de la investigación de Koenig durante un viaje de inspección de agregaciones de desove de meros guasa en el sur del Golfo de México en 2001.

Desde entonces, Koenig me ha mantenido informado acerca de los últimos hallazgos a medida que continúan recopilando datos mediante el uso de métodos de captura no letal y toma de muestras de cientos de meros guasa, desde jóvenes hasta adultos de más de 2 metros (7 pies) de largo. La información más reciente provino del informe del programa Marine Fisheries Initiative (MARFIN) llamado "Estructura regional por edades, biología reproductiva y patrones tróficos del mero guasa adulto en la Florida", que Koenig y su colega bióloga de la FSU Felicia Coleman presentó ante la NOAA. En la sección del informe sobre dieta y la dinámica de la contaminación por metales pesados, el estudiante de doctorado de la FSU Chris Malinowski informó niveles de metilmercurio en meros guasa adultos que eran alarmantes, por no decir más.
Metal pesado
El metilmercurio es una sustancia particularmente desagradable con una propensión a acumularse considerablemente en los tejidos de los peces y causar un daño directo tanto en los peces como en los humanos que los consumen. Este compuesto altamente tóxico fue la causa de una de las peores epidemias de intoxicación por mercurio de la historia moderna. En la primavera boreal de 1956 residentes de la ciudad japonesa de Minamata se vieron afectados por una variedad de síntomas, lo que incluía ataxia aguda (pérdida grave de la coordinación), entumecimiento en las manos y los pies, distorsión visual y trastornos temporales e incluso permanentes del oído y el habla. Entre los síntomas aún más terribles de la enfermedad de Minamata, como se la conocía, se encontraban la demencia, la parálisis y el coma seguido de muerte dentro de unas pocas semanas tras la primera aparición de los síntomas. Con el tiempo se pudo determinar que estas dolencias eran causadas por comer pescado contaminado con grandes cantidades del mercurio vertido en Minamata Bay desde una planta química cercana. Aves, animales domésticos y más de 900 personas murieron como consecuencia de esta contaminación. Muchos más sufrieron efectos subletales.

Para obtener más información acerca del metilmercurio, me comuniqué con Malinowski, que ha estado trabajando con Koenig desde 2012. El trabajo de Malinowski comenzó como un estudio preliminar después de leer un artículo publicado por el biólogo de la Comisión para la Conservación de Peces y Vida Salvaje de la Florida (Florida Fish and Wildlife Conservation Commission; FWC) Douglas H. Adams y Christian Sonne en 2013 acerca de las concentraciones de mercurio en los meros guasa en un área de la costa oeste de la Florida.

El trabajo de Adams y Sonne se basó en muestras de tejido de 56 meros guasa (42 post mortem) recolectados en las aguas del Golfo de México y el océano Atlántico cerca de la Florida. Estas muestras mostraron concentraciones de metilmercurio en el tejido muscular de los peces con un promedio de 0,63 ug/g (microgramos por gramo = partes por millón [ppm]). Las muestras de tejido del cerebro, las gónadas y los riñones produjeron resultados similares. Los niveles más altos se encontraron en el hígado, con concentraciones de 2,87 ppm en jóvenes de 10 cm (4 pulgadas) a 22,68 ppm en peces mayores con una longitud de más de 2 metros (7 pies).

"El artículo de Adams y Sonne de 2013 despertó mi interés en aprender cómo y dónde estos peces obtenían el mercurio y cómo afectaba su salud y supervivencia", comentó Malinowski. Explicó que una investigación más exhaustiva reveló no sólo patrones de acumulación sino también que los niveles elevados de metilmercurio no eran un suceso localizado sino uno que afectaba a los peces de toda su área de distribución en las aguas de la Florida.


Los altos niveles de mercurio que se están encontrando en los meros guasa no sólo hacen que el pescado no sea apto para el consumo humano, sino que también contaminan a los peces vivos.


Los meros guasa pasan los primeros cinco a seis años de su vida entre los manglares que se encuentran en sus hábitats estuarinos (este es un plazo notablemente largo para que un pez pase en un criadero). Para el momento en que están listos para desplazarse mar adentro y poblar los arrecifes y naufragios costeros, ya alcanzan una longitud de 90 cm a 1,2 metros. Si bien a esta altura técnicamente ya tienen edad suficiente para reproducirse, pasarán dos a cuatro años antes de que comiencen a unirse a adultos reproductivamente activos durante la temporada de desove. Los datos muestran que los meros guasa no alcanzan la fecundidad máxima hasta alrededor de los 12 a 15 años de edad; los peces más viriles tienen una longitud de 1,7 a 2 metros (5,5 a 6,5 pies) y un peso de 113 a 227 kg (250 a 500 libras).

Malinowski comenzó a encontrar concentraciones de metilmercurio en los tejidos musculares (porción de filete) entre peces de 7 a 10 años de edad con un promedio de 1,5 ppm, con cifras máximas que alcanzan las 2,6 ppm. Lo que resultaba más inquietante, las concentraciones en peces mayores de 1,7 metros (5,5 pies) de largo, y más largos aún, estaban por los cielos, con cifras que alcanzaban las 4,5 ppm.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration, FDA) de los Estados Unidos estableció un "nivel de acción" de 1,0 ppm (sobre el que la venta de pescado está prohibida) para los niveles de metilmercurio en el pescado para su consumo. La Agencia de Protección del Medio Ambiente (Environmental Protection Agency, EPA) de los Estados Unidos marca su límite por ser peligroso para el consumo en 0,3 ppm y el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales (Natural Resources Defense Council, NRDC) define el suyo en 0,5 ppm.

Mientras dos tercios de los peces y frutos de mar capturados comercialmente generalmente se encuentran por debajo de esas cifras, algunos están significativamente por encima de este límite. Los blanquillos del Atlántico tropical y el Golfo de México están al comienzo de la lista de la EPA, con promedio de 1,45 ppm de mercurio. Los peces espada y las especies grandes de tiburones (mako, azotador, limón, trozo, etc.) ocupan el segundo y el tercer lugar, con un promedio que oscila entre 0,97 ppm y 1,00 ppm de mercurio, mientras que el peto ocupa el cuarto lugar, con un promedio de 0,73 ppm de mercurio.

La dosis de referencia actual de la EPA (la cantidad de metilmercurio a la que un individuo puede estar expuesto diariamente sin sufrir consecuencias de salud adversas) es de 0,1 microgramos por kilogramo del peso corporal por día. Sobre la base de esta cifra, una persona de 91 kg (200 libras) podría consumir un total de 9 microgramos de mercurio en un día. Si se toma la cifra para el peto y se multiplica por un tamaño de porción estándar de 170 gramos (seis onzas), la dosis de mercurio sería de 124 microgramos, lo que no es bueno. Exactamente la misma porción de mero guasa con una concentración de 4,5 ppm de metilmercurio tendría un valor enorme de 765 microgramos. Si se tiene en cuenta la dosis de referencia, una persona de 91 kg (200 libras) podría consumir sólo 2 gramos de mero guasa, lo que a duras penas representaría un solo bocado.
Indicadores de peligro

En la actualidad científicos del Servicio Nacional de Pesca Marina y la Universidad Estatal de Florida están monitoreando los altos niveles de mercurio que se están encontrando en los meros guasa.
Además de encontrar niveles de metilmercurio que alcanzan las 4,5 ppm en el tejido muscular de los meros guasa, Malinowski determinó que las concentraciones en el hígado y otros órganos de los peces llegaban a las 32 ppm. Lo que es igualmente preocupante, varios de los peces más grandes de donde se extrajeron las muestras de tejido también tenían lesiones en sus branquias, hígado y riñones.

Estos hallazgos mostraron que no sólo los altos niveles de mercurio tenían correlación con la edad en los meros guasa, sino que también estos peces no son inmunes a los estragos de la intoxicación por mercurio a largo plazo. Los niveles de saturación que los investigadores de la FSU están encontrando en la población de meros guasa están mostrando resultados de salud de química sanguínea coherentes con malnutrición, enfermedad, menor resistencia a las enfermedades, daño celular y función nerviosa y muscular. El resultado de estos trastornos de salud y de los niveles de mercurio que pasan de las hembras a sus huevos podría ser una reducción en la viabilidad, el crecimiento y desarrollo, la movilidad y la supervivencia de las crías.

Los meros guasa de la Florida podrían ser los indicadores de peligro en su entorno. Aquello que los afecta es muy probablemente un resultado de lo que los humanos le están haciendo al medio ambiente, algo que pagaremos muy caro algún día. Quizás ya lo estemos haciendo.

© Alert Diver — 2do Trimestre 2017