Morsas


Los puntos de descanso de las morsas, como éste en Svalbard, son silenciosos y tranquilos hasta que uno o más animales son perturbados y se desata el caos.


Casi todas las morsas viven dentro o cerca del círculo polar ártico. Las tierras, los mares y el hielo donde viven son únicos, importantes y se caracterizan por tener contrastes.


Con un peso de hasta 1360 kg (3.000 libras), las morsas se encuentran entre los pinípedos más grandes.
Entre los lugares donde se encuentran estos animales podemos mencionar el archipiélago Svalbard, las islas noruegas en el océano Ártico. Svalbard, que está a unos 74 a 81 grados de latitud norte, es la segunda extensión de tierra habitada más septentrional del mundo (después de la isla canadiense de Ellesmere). Svalbard, situada a más de 1287 km (800 millas) al norte del círculo polar ártico y no tan lejos del Polo Norte, es el hogar de espectaculares regiones naturales y vida salvaje, tanto en la superficie como bajo el agua.

La naturaleza determina todo en el norte y las morsas están bien adaptadas a su nicho ecológico. Las morsas, uno de los pinípedos más grandes, pueden pesar más de 1360 kg (3.000 libras). Pero sus colmillos, grasa y músculos pueden no ser suficiente para sobrevivir a los cambios causados a su entorno. El calentamiento climático se traduce en mucho menos hielo del Ártico en la actualidad y una ausencia de hielo compacto durante una mayor parte del año en comparación con el pasado. Las morsas y otros mamíferos del Ártico en general son sumamente vulnerables a estos efectos del calentamiento climático debido a su completa conexión con el hielo marino para todos los aspectos esenciales de sus vidas: desplazarse, cazar, alimentarse y, lo que es más importante, reproducirse.


La disminución del hielo marino en el Ártico presenta desafíos de
supervivencia tanto para las morsas como para los osos polares.
Cuando el hielo marino desaparece, estos mamíferos gritones con bigotes pasan más tiempo en tierra y buscan comida más cerca de la costa en lugar de en sus ricas zonas de alimentación en el mar. Las hembras también dan a luz en tierra, lo que pone a las crías en riesgo de ser atropelladas por adultos. Finalmente, las morsas pasan más tiempo desplazándose por las aguas del mar, lo que las pone en riesgo de toparse con otras actividades humanas.

Las tres subespecies de morsa son la del Atlántico, la del Pacífico y la del mar de Láptev. Los humanos han explotado las morsas, al igual que muchas otras especies, por siglos. Los cazadores devastaron la subespecie del Atlántico entre 1750 y 1950, cuando la grasa de morsa era valiosa por su uso como aceite lubricante, su gruesa piel se utilizaba para cuero y sus colmillos eran una fuente de marfil. Si bien en la actualidad la cacería ha sido principalmente prohibida, los números de morsas se han recuperado muy lentamente debido a que las hembras no alcanzan la madurez sexual hasta los 6 a 9 años de edad y las hembras maduras pueden tener una sola cría cada tres años.


Si bien son lentas y torpes en tierra, las morsas son ágiles y sorprendentemente rápidas en el agua.

Aparte de los humanos, los únicos depredadores de morsas son las orcas y los osos polares, que son carnívoros funcionalmente obligados y dependen fisiológicamente del consumo de los cuerpos grasosos de mamíferos marinos. Otros alimentos simplemente no satisfacen sus necesidades de energía a largo plazo. Los osos polares prefieren alimentarse de focas, pero cuando no hay ninguna disponible buscan otro alimento. Los cuerpos de las morsas están llenos de grasa nutritiva, pero son difíciles de cazar porque son poderosas, desconfiadas, tienen la piel gruesa y viven en grandes colonias. Cuando son atacadas por un oso polar, todos los miembros de la colonia se movilizan y comienzan a moverse en bloque, lo que puede desorientar al oso. El oso debe minimizar los riesgos y maximizar el resultado de cada ataque para poder satisfacer sus necesidades calóricas en el contexto de su hábitat cambiante. Pero a veces el caos resultante provoca que las morsas más viejas o muy jóvenes sufran lesiones, y en estas ocasiones excepcionales se convierten en presas fáciles para llenar las barrigas de los osos hambrientos.


Los osos polares necesitan carne rica en proteínas y grasa de animales marinos; prefieren alimentarse de focas pero cazan morsas si no hay ninguna foca disponible.
Las morsas comen gusanos de mar, mejillones y almejas que succionan del lecho marino. Encuentran alimento con la ayuda de hasta 700 vibrisas mistaciales que cubren sus rostros; las vibrisas, que son órganos táctiles sumamente sensibles, son una amplia mata de cerdas rígidas alrededor de los colmillos de las morsas que las ayudan a diferenciar formas. La vista de las morsas no es tan nítida como la de otros pinípedos ya que no necesitan una visión aguda para sobrevivir debido a que se alimentan de animales sedentarios que viven en el fondo. Después de buscar comida, por lo general se reúnen en tierra para descansar y digerir el alimento, bostezando y estirando sus bigotes con fuertes gruñidos. Al igual que las ballenas, soplan agua cuando salen a la superficie después de sumergirse, pero utilizan tanto las fosas nasales como la boca para exhalar.

Los puntos de descanso de las morsas son como multitudes que se desplazan en cámara lenta. Los animales son sociables por naturaleza y pasan largos períodos en sus enormes colonias en una total tranquilidad hasta que súbitamente se desata el caos, a menudo causado por una morsa que intenta cambiar de posición y al hacerlo empuja a otras morsas vecinas. Hay muchos gruñidos y gritos, algunos golpes de colmillos y muchos choques de grasa. Poco tiempo después todo vuelve a tranquilizarse hasta el inicio del siguiente caos.


Los osos polares se adaptan fácilmente y son oportunistas, rasgos que serán
muy útiles a medida que el Ártico se vuelva más cálido.
Algunos individuos son muy curiosos. No esperábamos que las morsas fueran tan inquisidoras y nos sorprendimos cuando nadaron hacia nosotros en aguas poco profundas sin ningún aviso. Ser embestido por un animal salvaje que pesa casi una tonelada es una experiencia memorable. Cada individuo parecía tener su propia personalidad; algunos eran tan tímidos que no pudimos acercarnos y tomar fotografías.

Si bien las morsas son torpes y lentas al desplazarse en tierra, atraviesan una transformación asombrosa en el agua, donde se conviertes en criaturas dinámicas y elegantes. Al igual que todos los animales del Ártico, su capacidad para adaptarse a un entorno cambiante será importante en los próximos años.

© Alert Diver — 1er Trimestre 2018