Monóxido de carbono: el asesino silencioso



La gestión de riesgos en nuestro mundo submarino es algo paradójica: queremos lograr que nuestros buceos estén libres de accidentes e incidentes, pero aventurarse bajo el agua es algo inherentemente peligroso.

El programa Hazard Identification and Risk Assessment (HIRA) (Identificación de peligros y evaluación de riesgos), que está basado en principios de seguridad generales y adaptado para ajustarse a las situaciones a las que se aplica, es una herramienta que puede habilitar a profesionales y empresas de buceo para evaluar, reconocer y luego dirigir sus enfoques a sus riesgos.

Mediante esta nueva columna queremos proporcionar a profesionales del buceo y buzos artículos útiles acerca de los riesgos a los que se enfrentan los operadores de buceo así como también medios prácticos, realistas y accesibles para mitigarlos. Comenzaremos con una discusión sobre cómo evitar la intoxicación por monóxido de carbono.


El monóxido de carbono (CO), un gas tóxico inodoro, insípido e invisible que puede llegar al interior de sus cilindros de buceo, ha causado la muerte de buzos de todo el mundo.



El aire que normalmente respiramos contiene menos de 0,1 partes por millón (ppm) de CO. Según la U.S. Environmental Protection Agency (Agencia de Protección del Medio Ambiente de los EE.UU.), las personas presentes en áreas que contengan posibles fuentes de CO, no deben estar expuestas a una concentración superior a 9 ppm durante un período de ocho horas. Una exposición breve de hasta 35 ppm en el plazo de una hora, no más de una vez al año, se considera segura.

Los buzos se enfrentan a un factor que complica la situación: el valor equivalente en superficie (SEV, por sus siglas en inglés), lo que significa que debemos calcular nuestra exposición al CO sobre la base de las profundidades a las que buceamos. De esta manera, en un buceo con aire a 40 metros (130 pies), con el aire comprimido que haya sido tomado del entorno circundante del compresor, un valor de 5 ppm (generalmente indicado como el límite seguro) tendría prácticamente el mismo efecto que respirar 25 ppm de CO en la superficie. De este modo, los buzos que realizan múltiples buceos al año pueden superar fácilmente los límites aceptados como seguros.

El CO es producido de varias maneras. La lista de fuentes de CO siempre empieza citando la combustión incompleta de cualquier combustible (gas, diésel, querosén y otros hidrocarburos), y estos son normalmente las causas más frecuentes. Las empresas de buceo, en especial aquellas situadas en áreas remotas, pueden tener cualquier cantidad de vehículos a motor, botes y generadores o compresores operados a gasolina o diésel.

Pero el CO también puede provenir de otras fuentes menos obvias; los operadores de compresores que se dedican a la recarga de cilindros de buceo también deben considerar los siguientes elementos como posibles fuentes de CO en sus entornos:
  • hornos, calderas, calentadores ambientales a leña, calentadores de agua, secadores y hornallas
  • basura, pasto o incendios forestales
  • refrigeradores a gas
  • lámparas de aceite o querosén
  • parrillas de carbón
  • aceites vegetales utilizados para cocinar y preparar alimentos
  • cigarrillos y especialmente cigarros, puros o pipas
  • removedores de pintura, agentes reductores o convertidores de óxido de metal, solventes orgánicos y también adhesivos de contacto no inflamables que contengan cloruro de metileno (CH2Cl2) (el hígado produce CO al metabolizar este compuesto volátil)
  • soldaduras, específicamente cuando el dióxido de carbono (CO2) se utiliza como gas protector (el CO2 se descompone para formar CO durante el proceso de soldadura).
  • fuentes de combustible de biomasa o vertederos de residuos que contengan vegetación, desechos orgánicos, madera o microorganismos del suelo
  • líquidos de limpieza
  • sustancias químicas, agentes reactivos y sintetizadores

Muchas de estas fuentes no son evidentes a simple vista y todas pueden encontrarse cerca de una estación de recarga de aire.

Los propietarios y operadores de estaciones de recarga de cilindros deben tener esto en cuenta y deben asegurarse de llevar a cabo una evaluación de los riesgos exhaustiva de su entorno antes de decidir dónde colocar sus compresores o qué almacenar cerca de ellos. Tener conciencia de los riesgos después de haber instalado el compresor es igualmente importante. Saber qué buscar facilita la gestión de este riesgo.

© Alert Diver — 2do Trimestre 2017