Enfrentamientos con la Madre Naturaleza



Era casi la hora de almorzar cuando el teléfono comenzó a sonar. La voz familiar de un amigo que vivía en California se oía con entusiasmo desde el otro lado del continente. "Hola, Ned, acabo de llegar a casa de Fiyi y quería decirte que estaba pensando en ti".

"¿Y a qué se debe?", pregunté.

"Estábamos en una viaje de buceo en la embarcación de vida a bordo Nai'a y vi la fotografía de Cat Holloway con el camarón en la boca colgada en el corredor, ya sabes, la que tomaste hace unos 15 años, si la memoria no me falla; aún es una de mis favoritas".

Esa considerada llamada me trajo a la mente una avalancha de viejos recuerdos. "¿Realmente han pasado 15 años?" Me preguntaba mientras colgaba el auricular del teléfono y volvía a reclinarme en mi silla con la fotografía dando vueltas en mi mente. Pero mis pensamientos rápidamente se alejaron de la imagen y se concentraron en los acontecimientos inolvidables que tuvieron lugar posteriormente.

Todo comenzó en algún momento antes del viaje que realicé a bordo del Nai'a en 1998 cuando Cat, que era la directora de crucero de la embarcación en ese entonces, aprendió a atraer camarones limpiadores a su boca. Tradicionalmente, los crustáceos de 5 cm (2 pulgadas) (en este caso camarones limpiadores con franjas blancas) se alimentan de los parásitos que asedian a los peces de arrecife. Para reducir la invasión, los peces "clientes" visitan las estaciones de limpieza a determinados intervalos de tiempo durante todo el día. Las estaciones son manejadas por ciertas especies de camarones y pequeños peces que se conocen colectivamente como "limpiadores". Los limpiadores, que tienden a ser inmunes a la depredación debido a sus invaluables servicios, con frecuencia se aventuran dentro de bocas abiertas donde se congregan parásitos microscópicos, principalmente isópodos larvarios. En el caso de Cat, un almuerzo con Vegemite y tostadas antes del buceo era suficiente para lograr la hazaña.


Cat Holloway y su amigo.
Durante años, Anna y yo habíamos disfrutado que los camarones limpiadores nos hicieran "manicuras" en el Caribe, pero nunca habíamos visto nada como la inspiradora proeza en la que Cat atraía los camarones a su boca. Debía obtener una fotografía de ello. Cuando el Nai'a amarró cerca del hogar de sus camarones entrenados, ella gentilmente aceptó modelar para un retrato con sus hambrientos amiguitos.

Cat se arrodilló en la arena junto a un afloramiento de coral, se quitó la segunda etapa y se inclinó hacia adelante con los labios retraídos y los dientes descubiertos. Mientras acercaba la cara al arrecife, un camarón se subió a su boca, que esbozaba una sonrisa. Después de detenerse un momento a picotear aquí y allá, se desvaneció dentro de la boca de Cat. Cuando el camarón volvió a aparecer, un suave soplo lo envió de vuelta a su hogar. Cat miró hacia arriba y, con una chispa en sus ojos, sonrió y se estremeció encantada.


Un camarón limpiador con franjas escarlata del Caribe busca parásitos dentro de la boca de un mero moteado.

Cuando volví a ver a Cat al año siguiente, las primeras palabras que salieron de su boca fueron sobre los camarones. "No creerás esto", proclamó con su encantador acento australiano, "tengo la historia más extraordinaria sobre los camarones. A una huésped llamada Ayesha, que es la veterinaria de nuestros perros en Fiyi, le encantaba que le limpiaran los dientes. Todo iba perfectamente bien; ella colocó su cara en la cueva y los dos camarones de siempre comenzaron a limpiar las encías de inmediato con su usual energía, cuando de reojo pude vislumbrar a una gran trucha de coral que se dirigía directamente hacia nosotros. Antes de que pudiéramos darnos cuenta, la trucha se aferró al labio inferior de Ayesha y lo sacudió como un cachorro que tironea de un tapete. Ayudé a Ayesha a volver a colocarse el regulador en la boca y emprendimos el regreso al esquife de inmediato. ¿No es increíble? ¿Qué crees que le habrá sucedido a esa pícara trucha?".

Aún con la imagen de una mujer con un pez colgando de su labio, intentaba encontrar una respuesta. "No pudo haber sido después de que el limpiador… vaya, la verdad, no tengo idea", admití. "¿Cómo está la mujer?

"Aparte de tener el labio morado e inflamado por unos pocos días, la herida sanó notablemente bien", respondió Cat. "Afortunadamente, por ser veterinaria, estaba acostumbrada a ser mordida por animales".


Un camarón limpiador con franjas escarlata del Caribe “picotea” detrás del opérculo branquial de un pez cardenal de dientes grandes.

Transcurrieron varios meses antes de que un encuentro de limpieza en Bonaire finalmente arrojara un poco de luz sobre el desconcertante ataque de la trucha. Acababa de realizar dos buceos durante los que había intentado, sin éxito, fotografiar a un camarón que realizaba una limpieza dentro de la abertura branquial de un pez cardenal , una de las varias docenas de pequeños peces nocturnos que se refugiaban en el interior de una cabeza de coral. Mi problema es que había demasiados peces. En cuanto obtenía una vista clara, alguno de los inquietos miembros de la multitud bloqueaba la imagen.

A la mañana siguiente, al regresar al lugar encontré al pez cardenal en la parte posterior del recoveco lejos de los limpiadores, así que me quedé esperando. Dado que no tenía nada mejor que hacer, deslicé mi mano con indiferencia hacia los camarones, lo que fue un grave error. Un pequeño mero, conocido como mero moteado (graysby), se lanzó sobre mis dedos extendidos. Saqué la mano justo a tiempo y la apreté firmemente contra mi pecho. El mero giró, me lanzó una mirada fulminante y luego se alejó nadando a la vez que dejaba una nube de arena en su camino antes de escurrirse dentro del recoveco a través de un pasaje lateral; luego apoyó su cabeza en una pendiente y abrió bien la boca. Un camarón que se encontraba cerca se desplazó a toda marcha por la arena y hacia las mandíbulas del pez que esperaban. Tan pronto como el camarón se posó, el mero lo expulsó con una sacudida y se alejó nadando.

El mensaje fue muy claro: este "chico malo" estaba reclamando la propiedad de la estación de limpieza. De pronto se me ocurrió algo: mero moteado, trucha de coral, territorio, labio morado. Creo que es posible que la pelea haya tenido cierta relación con el curioso comportamiento de la "pícara" trucha de Cat al otro lado del mundo.


© Alert Diver — 3er Trimestre 2013