Los niños y el buceo

¿Cuáles son las verdaderas preocupaciones?




Cuando se pudo acceder al equipo de buceo deportivo a nivel comercial en la década de 1950, el buceo se estableció como una actividad emocionante para los adeptos valientes de todo el mundo. A medida que el equipo y la confianza en la técnica evolucionaron, el buceo se convirtió en una práctica accesible para muchas más personas, incluidos los niños.

No obstante, los niños y el buceo no deja de ser un tema controvertido. Las preocupaciones abarcan desde el tamaño corporal y la fuerza muscular insuficientes de los niños para ayudar a un compañero hasta el riesgo de inhibición del crecimiento de los huesos y otras preocupaciones médicas.

Los niños no son adultos pequeños. Aún están en crecimiento, con diferentes órganos y sistemas en desarrollo a diversas velocidades. Están en plena maduración y evolución tanto física como psicológicamente. Los niños son propensos a sufrir infecciones de oído como consecuencia de una inmadurez en la forma y el funcionamiento de las trompas de Eustaquio, lo que también puede aumentar el riesgo de barotrauma del oído medio.

Comparativamente, los niños queman muchas más calorías que los adultos y el calor resultante les proporciona una buena tolerancia al calor. Sin embargo, una vez agotadas las calorías prescindibles, sin un aislamiento térmico apropiado los niños pueden ser más proclives a la hipotermia y su relativamente alta proporción de superficie corporal con respecto a la masa da lugar a una pérdida de calor acelerada.

El asma infantil hace hincapié en el hecho de que la función pulmonar aún está evolucionando en las personas jóvenes y cualquier riesgo de atrapamiento aéreo es una preocupación grave cuando se respira gas comprimido.

Quizás la mayor preocupación relacionada con los niños y el buceo supone la psicología y la capacidad cognitiva. A menudo los niños carecen de la madurez mental necesaria para comprender y manjar los riesgos invisibles y pueden tener un comportamiento impredecible en circunstancias estresantes. El cumplimiento de los planes puede ser un problema para aquellos niños que se distraen con facilidad.

En la actualidad el buceo y las prácticas de entrenamiento en buceo abordan los desafíos físicos, fisiológicos y psicológicos inherentes a los niños mediante la adaptación del equipo, la modificación de las técnicas, la limitación de la exposición y la exigencia de una supervisión estricta.

La información sobre accidentes de buceo en los niños es muy escasa. Las limitadas estadísticas que están disponibles a través de algunas agencias de entrenamiento no revelan ningún motivo de alarma y los accidentes que se informan a través de la línea de emergencias de DAN rara vez involucran a niños. Algunos instructores de buceo elogian las habilidades sorprendentemente buenas que los jóvenes tienen en el agua; otros sostienen que una sola muerte de un niño relacionada con el buceo sería demasiado.

Les consultamos a los expertos.





¿Cuáles son los riesgos que más le preocupan en lo que respecta a los buzos jóvenes?

Simon Mitchell: por lo general tengo una actitud relajada acerca de los niños que practican buceo siempre que haya un estricto cumplimiento de las recomendaciones relacionadas con la capacitación, la supervisión y el alcance del buceo publicadas por las principales organizaciones de capacitación. Creo que los mayores problemas potenciales se relacionan con la inmadurez emocional y de comportamiento en los niños, lo que puede hacer que tomen malas decisiones o que no cumplan con el plan de buceo. Esta preocupación puede ser mitigada a través de una supervisión adecuada.

David Charash: por lo general, los riesgos del buceo incluyen afecciones como barotrauma, enfermedad por descompresión, embolismo arterial gaseoso, pánico y sucesos traumáticos. Los riesgos del buceo no discriminan según la edad o la experiencia. Por lo tanto, los verdaderos interrogantes son:
  • ¿Con qué eficacia puede un solo buzo manejar un determinado problema?
  • ¿Puede el buzo comprender el nivel de riesgo que existe y decidir sobre el grado de riesgo que está dispuesto a aceptar?
  • ¿Puede un niño mitigar el riesgo mediante un ajuste en su perfil de buceo?

Thomas March: en general la población pediátrica es bastante saludable. Nos preocupan mucho más los errores mentales que son implacables en el buceo. El lóbulo frontal, que está relacionado con el juicio, generalmente no se desarrolla por completo hasta aproximadamente los 25 años. El pánico, el exceso de confianza y la ansiedad son preocupaciones graves en la población pediátrica. También me preocupa que muchos buzos de edad pediátrica no tienen la fuerza física ni las habilidades que se necesitan para ser un compañero de buceo responsable de la vida de otro buzo.

David Wakely: los buzos adultos inexpertos representan el mayor riesgo para los niños que practican buceo. Un buzo de edad pediátrica tiene una mentalidad completamente diferente a la de un adulto experimentado. Los adultos que piensan que el niño con el que están buceando tiene la capacidad necesaria para enfrentarse a todas las condiciones y situaciones posibles, que ingresan al agua junto a él pero que realmente no lo vigilan de cerca, son compañeros peligrosos para un niño.

Un niño siempre debe tener como compañero a un adulto que tenga la experiencia necesaria para enfrentar el corto período de atención del niño y la tendencia a distraerse con objetos brillantes. El adulto debe supervisar constantemente el aire y la profundidad, la posición de nado y el ritmo de ascenso o descenso del niño.


¿Cree que limitar la exposición contribuye a que el buceo sea una actividad más segura para los niños?

Mitchell: limitar la profundidad y el tiempo de exposición ayuda a que el buceo sea más seguro para adultos y niños. Es una de las formas pragmáticas de mitigar la posibilidad de que los niños sean más propensos a sucesos tales como quedarse sin aire y realizar un ascenso rápido. Claramente no afecta el riesgo de experimentar algunos problemas de buceo como por ejemplo barotraumas.

Charash:


intuitivamente, establecer un límite claro y definido respecto a la profundidad y el tiempo de exposición probablemente favorezca aún más la seguridad para los niños, pero no debemos olvidar que el riesgo existe a cualquier profundidad y con cualquier tiempo de buceo.

March: dar rienda suelta a buzos jóvenes con aire comprimido incluso a escasa profundidad puede ser un grave error. En mi opinión es más importante que el instructor cuente con las habilidades necesarias para evaluar la capacidad de un buzo joven de recibir orientación. La estratificación según las habilidades y la experiencia, conforme se ha observado en el entrenamiento de artes marciales por ejemplo, podría resultar de utilidad. Muchos buzos jóvenes finalmente pueden comprender los riesgos, pero la predisposición puede variar drásticamente y depende mucho menos de la edad que de la madurez. Considero que los esfuerzos para otorgar credenciales a instructores especializados puede valer la pena.

Wakely: una respuesta gradual al aprendizaje y la libertad de bucear es fundamental para la seguridad del niño. Me gusta utilizar la analogía del esquí: es un deporte potencialmente peligroso, pero hay unos pocos adultos que argumentan que los niños no deberían practicar esquí. En general se considera que los niños deben comenzar en pendientes suaves, usar casco y aumentar el nivel gradualmente hasta llegar a terrenos más avanzados de acuerdo con sus habilidades.


¿Es el estrés descompresivo una preocupación con respecto al desarrollo de los huesos largos en los niños?

Mitchell: no hay pruebas al respecto. Las placas epifisarias de los huesos largos no se cierran hasta la adolescencia tardía y los adolescentes han practicado buceo ampliamente durante décadas. A pesar de esto, no conozco un solo caso de aparente inhibición del crecimiento en una extremidad como resultado de una enfermedad por descompresión en un adolescente.

Charash: no hay estudios que demuestren pruebas claras de que el buceo (estrés descompresivo) puede afectar el desarrollo de los huesos largos en buzos jóvenes. Lo que no está demasiado claro es el efecto de las microburbujas que pueden ingresar en la circulación y posiblemente afectar los vasos sanguíneos en las placas de crecimiento (placas epifisarias). Sugiero limitar la exposición de los niños al nitrógeno a través de una restricción en la profundidad y el tiempo de buceo y un aumento en el tiempo del intervalo de superficie.

March:


sabemos que la perfusión de los tejidos en las placas de crecimiento es considerablemente diferente a la que se produce en la mayoría de los demás compartimientos del cuerpo. Esto está claro porque encontramos pacientes pediátricos mucho más susceptibles a infecciones del torrente sanguíneo en estas áreas. Los modelos de compartimientos de gas estándar probablemente no son apropiados como tablas de buceo de rutina y una confirmación experimental no resulta ética ni práctica. El consenso general de un margen de seguridad parece ser prudente.

Wakely: no hay evidencia que indique que el entorno hiperbárico tiene algún tipo de efecto nocivo sobre los huesos que aún están en crecimiento. El Comité de Buceo de la Sociedad de Medicina Hiperbárica y Subacuática (Undersea and Hyperbaric Medical Society; UHMS) ha enumerado 14 condiciones médicas que se sabe pueden beneficiarse de la terapia con oxígeno en cámara hiperbárica (HBOT, por sus siglas en inglés). En el caso de dos de estas condiciones, la osteomielitis (infección ósea a largo plazo) y la osteoradionecrosis (daño óseo causado por la terapia de radiación), la HBOT aborda el problema subyacente (infección y muerte ósea), fomenta la formación de nuevos vasos sanguíneos en el hueso y permite que el hueso sane por sí mismo. La HBOT no tiene ningún efecto negativo conocido sobre los huesos saludables a ninguna edad.


¿Considera que los niños de 10 años de edad tienen la madurez mental necesaria para comprender y manejar los riesgos invisibles que supone el buceo con aire comprimido?

Mitchell: para responder esta pregunta es necesario tener un contexto. Dentro del marco de un programa de entrenamiento de buceo y pautas de práctica diseñadas específicamente para este grupo de edad, mi respuesta sería "sí, en la mayoría de los casos". En otras palabras, si la supervisión y las recomendaciones de profundidad/tiempo para el buceo se respetan, la mayoría de los niños de 10 años debidamente motivados no deberían tener ningún inconveniente. Pero si la pregunta es si un niño de 10 años debería ser considerado un buzo de aguas abiertas independiente (como entendemos el concepto en los adultos), en ese caso mi respuesta sería no.

Charash: para responder esta pregunta es importante comprender el crecimiento y desarrollo infantil normal. Debido a que existe una variación considerable en la madurez y el desarrollo, no es posible predecir quién tendrá la capacidad de comprender y también manejar el riesgo. En lo que respecta a la pregunta específica, sería un desafío esperar que un niño de 10 años de edad comprendiera el "riesgo invisible".

March: muchos niños de 10 años pueden tener la capacidad para hacerlo, pero es posible que mucho otros no la tengan. Lamentablemente, a menudo hay incentivos para instructores, padres e incluso operadores de buceo para capacitar a estudiantes que no están preparados. Los adultos que tienen habilidades para evaluar la predisposición de los buzos de edad pediátrica pueden facilitar experiencias positivas y aceptables en el agua desde el punto de vista de la seguridad para niños de cualquier nivel de habilidades.

Priorizar las experiencias positivas para los estudiantes de edad pediátrica permite un mejor desarrollo de todos los niveles de habilidades y evita la dicotomía de todos o ninguno de los programas centrados en la certificación. Esto también evita que haya una sensación de fracaso para los estudiantes que no pueden completar la certificación y puede aliviar parte de la presión que los padres ejercen sobre los instructores para otorgar la certificación a los estudiantes.

Wakely: cada niño es diferente, pero entre las edades de 7 a 11 años sus habilidades cognitivas cambian de dos maneras. Primero, surge el pensamiento concreto. Esta es la capacidad para resolver problemas lógicos que se aplican a objetos o sucesos reales. Segundo, los niños se vuelven menos egocéntricos y desarrollan la habilidad de ver las cosas desde otros puntos de vista. Por lo que el niño de 10 años promedio debería tener la madurez mental necesaria para comprender el concepto de riesgo y tener la capacidad de resolver problemas concretos relacionados con el equipo. No obstante, la etapa de reflexión operativa y formal, mediante el uso del pensamiento abstracto y su aplicación a los problemas que aún no se han presentado, no se manifiesta en la mayoría de los niños hasta los 11 a 15 años. Los programas de las principales agencias de entrenamiento de buceo para buzos jóvenes hacen un buen trabajo a la hora de reflejar estas etapas de desarrollo cognitivo.




¿Qué características considera son necesarias para que un niño sea un buen candidato para la práctica de buceo?

Mitchell: lo más importante es que el niño desee bucear. También es de importancia fundamental que los padres le brinden apoyo y tengan una total participación en la decisión de permitir la práctica de buceo y que acepten los riesgos de manera informada en representación del niño. El niño debe manifestar un nivel de madurez emocional, intelectual y física compatible con el alcance del buceo indicado para este grupo de edad. Cabe observar que estas características no pueden evaluarse adecuadamente en una consulta en un consultorio. Por consiguiente, la evaluación de la idoneidad de un niño para bucear es realmente la responsabilidad del instructor de buceo, que observa el desempeño del niño en el agua, y no del médico.

Charash: existen cinco componentes que sugieren que un determinado niño es un buen candidato para la práctica de buceo con aire comprimido: aptitud médica (ausencia de cualquier condición médica que podría afectar la seguridad), aptitud psicológica (motivación suficiente para el buceo y logro de metas de desarrollo relevantes), aptitud física (capacidad para manejar el equipo y nadar contra una corriente), conocimientos (saber cómo responder a situaciones de manera apropiada) y habilidades (capacidad para desempañar la máscara, compartir aire con un compañero, etc.).

March: las habilidades demostradas en la superficie, como por ejemplo respirar a través de un snorkel sin sentir ansiedad, son requisitos mínimos para recibir capacitación. Una mala capacidad de atención, un exceso de confianza y la ansiedad parecerían ser criterios excluyentes. Los pacientes pediátricos responden a los aumentos graduales de responsabilidad. Lamentablemente la edad por sí sola no constituye un buen indicador de las capacidades de desarrollo y para poder personalizar el avance según la predisposición de cada individuo el instructor y los mentores deben contar con una serie de habilidades. Al considerar los riesgos potenciales y los daños que se pueden sufrir, también debemos lograr un equilibrio entre esto y las oportunidades para enriquecer el reconocimiento del mundo submarino y desarrollar confianza y habilidades en nuestras futuras generaciones de buzos.

Wakely: hay varios factores que deben considerarse al evaluar a un estudiante de buceo con aire comprimido.

Madurez psicológica: los candidatos deben estar tranquilos y ser racionales y no ser propensos a arrebatos emocionales extremos ni a episodios de ansiedad en situaciones que no resultan familiares. Deben entender el riesgo y cómo evitarlo.

Madurez educativa: el niño debe tener la capacidad de aprender de manera independiente. Aprender la teoría del buceo con aire comprimido es un gran compromiso y los estudiantes deben tener la capacidad de concentrarse en el material y saber cuándo hacer preguntas. Deben poder comprender lo que están leyendo lo suficiente como para aplicar los principios descritos en situaciones que observan a su alrededor en la vida cotidiana.

Madurez física: el niño debe poder nadar y debe estar muy cómodo dentro del agua y en sus alrededores. En la actualidad, es difícil encontrar equipo de buceo para niños muy pequeños, por lo que el niño debe tener un tamaño suficiente como para usar el equipo disponible de manera correcta y sin inconvenientes.

Deseo de bucear: el deseo de bucear debe nacer del niño y no de los padres. Un padre que le pide a un instructor que le enseñe a su hijo es muy diferente a uno niño que desea aprender a bucear como su padre.

Aptitud médica: el asma, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y la obesidad mórbida son comunes hoy en día y estas tres condiciones comúnmente inhabilitan a los niños para la práctica de buceo. Si está analizando la posibilidad de inscribir a su hijo para que aprenda a bucear, converse sobre sus planes con un médico que esté familiarizado con la medicina de buceo.





¿Cuál ha sido su mayor desafío en lo que respecta a la capacitación de buzos jóvenes?

Margo Peyton: mi trabajo principal es educar a los padres. Con frecuencia los padres omiten información importante en los formularios médicos porque les preocupa que su hijo no pueda practicar buceo. Es de suma importancia que se revele la totalidad de las condiciones médicas, no sólo para maximizar la seguridad del niño sino también para que el operador de buceo pueda satisfacer todas las necesidades especiales que el niño tenga.

Por ejemplo, una vez en nuestro programa hubo un niño con autismo y no tuvimos conocimiento de su condición hasta que entró en pánico durante su primer buceo en aguas abiertas. Se puso muy nervioso y agresivo. Afortunadamente nadie salió herido, pero el niño tuvo que ser desvinculado del programa, lo que resultó sumamente humillante para él. Si hubiéramos sabido que sufría de autismo le hubiéramos brindado a su propio instructor privado con experiencia en la enseñanza de niños con autismo.

No obstante, los padres deben saber que no todos los operadores de buceo tienen experiencia en el trabajo con niños. No se debe dar por sentado que todos ofrecerán una supervisión adecuada. Recomiendo a los padres formular las siguientes preguntas a los operadores de buceo antes de que sus hijos incurran en la práctica de buceo:

  • ¿Cuentan con un kit de primeros auxilios y una unidad de oxígeno a bordo de la embarcación?
  • ¿Hay una radio o un teléfono celular disponible?
  • ¿Son todos los buzos del personal divemasters o instructores actualizados y en actividad? (No dude en pedir ver sus tarjetas de certificación).
  • ¿Cuáles son las profundidades y condiciones de los buceos? (Asegúrese de que el niño no buceará a una profundidad mayor a la recomendada para su edad).
  • ¿Tiene alguno de los instructores capacitación o experiencia en el trabajo con niños?
  • ¿Cuenta la embarcación con un tanque de seguridad, una línea de sujeción y una bandera de buceo a bordo?

Los padres deben solicitar un curso de actualización para los niños que no hayan buceado en 12 meses y no deben dudar en pedir que un divemaster los acompañe si no están cómodos con la idea de bucear solos con su hijo.
Conozca a los expertos
David Charash, D.O., CWS, FACEP, UHM, es director médico de tratamiento de heridas y medicina hiperbárica en el Danbury Hospital en Connecticut. Es un médico legista experto en medicina de buceo certificado así como también un médico de referencia de DAN e Instructor DAN. El Dr. Charash dicta conferencias, tanto a nivel local como nacional, sobre seguridad en el buceo y medicina de buceo.

Thomas March, M.D., un médico pediatra en ejercicio con 30 años de experiencia; tiene un interés especial en pacientes pediátricos con problemas de desarrollo y comportamiento. Ha sido buzo por más de 35 años y tiene una capacitación y un interés especiales en la medicina administrativa y las evaluaciones de la aptitud física para el buceo.

Simon Mitchell, MB, ChB, Ph.D., FUHM, FANZCA, es un médico que ha publicado una gran cantidad de artículos en sus áreas de especialización de anestesiología y medicina de buceo. Es el director del departamento de anestesiología de la Universidad de Auckland, así como también un ávido buzo técnico, miembro del Explorers Club y el ganador del Premio al buzo del año de DAN/Rolex del año 2015.

Margo Peyton, MSDT, es educadora de buceo, miembro del Salón de la Fama de Buceadoras (Women Divers Hall of Fame) y fundadora y directora de Kids Sea Camp, un emprendimiento a través del que más de 5.900 jóvenes han aprendido a bucear. Cada año alrededor de 1.200 a 1.600 estudiantes bucean con Kids Sea Camp, que cuenta con un registro de seguridad perfecto.

David Wakely, FRCEM, FRCS, MBBS, BSc, Dip IMC, EDTC-II, es un especialista en medicina de emergencia así como también en el tratamiento de heridas y medicina hiperbárica en King Edward VII Memorial Hospital en las Bermudas. También es especialista en medicina de buceo en la policía y el gobierno de las Bermudas y un instructor de buceo con un amplio historial de trabajo con niños.

© Alert Diver — 4to Trimestre 2015