Los riesgos de quedarse en silencio






Salimos a la superficie después de nuestro buceo y descubrimos que el capitán y su embarcación ya no estaban.

Sólo podíamos ver las tranquilas aguas del mar, una corriente estable y aguas abiertas en todas direcciones: 40 km (25 millas) en una dirección, 32 km (20 millas) en otra y nada en el medio.

De inmediato supe que estábamos en grave peligro.

Cuando me invitaron a bucear la noche anterior, no pensé demasiado en el plan de buceo. Nuestro líder de buceo era director de nuestro parque marino local desde hace mucho tiempo y una figura de autoridad en la comunidad de buzos, capitanes y pescadores de nuestra isla. Él era responsable de la instalación de amarres de buceo, la supervisión de patrullas para evitar la caza furtiva y la administración de la infraestructura marina para uno de los ecosistemas de arrecifes de coral más prominentes del mundo. Cuando el director del parque marino dijo que estábamos listos, pensé: vamos. Todo parecía estar bien.

A la mañana siguiente nos encontramos en la tienda de buceo local, donde el dueño, un amigo del director del parque marino, nos proporcionó equipo y nos ayudó a prepararnos antes del buceo. Tomamos una embarcación que atracaba regularmente en la tienda de buceo. El capitán había conducido embarcaciones allí anteriormente y era el padre del capitán principal del barco. Aún todo parecía estar bien.

Éramos cuatro buzos que teníamos coordenadas de GPS y un sentido de aventura camino a un par de montes submarinos situados a unos 40 km (25 millas) de la costa de nuestro hogar en la isla caribeña. En los montes submarinos no hay amarres ni tampoco tráfico de barcos para brindar asistencia en caso de que se presente algún problema.

Después de descender, el capitán se alejó de nuestra ubicación, supuestamente para pescar. No sabía cómo usar un GPS. No mantuvo la mirada en nuestra boya de superficie y nunca regresó. No ejecutó ningún patrón de búsqueda bien pensado ni tampoco avisó a las autoridades que había perdido a cuatro buzos. Sí comunicó a la tienda de buceo dónde se había iniciado nuestro viaje.

En lugar de pedir ayuda la tienda de buceo intentó solucionar el problema por su cuenta. Buscaron coordenadas incorrectas y nunca se acercaron a una distancia inferior a 8 km (5 millas). Las pocas personas que en ese momento sabían que estábamos solos y en peligro no dijeron nada; y no lo hicieron por tres horas.

Antes de nuestro buceo, mi compañero de buceo, el director del parque marino, me preguntó si quería ayudarlo a cazar peces león, para lo que debía sostener el receptáculo. Rechacé su oferta y para el momento en que había terminado de colocarme el equipo él ya había desaparecido en busca de los peces. A pesar de no tener compañero, no haber hecho ningún buddy-check (verificación mutua con nuestro compañero) y ser el único buzo que aún estaba en la superficie, decidí emprender el descenso. Bajo el agua, recuerdo que pensaba lo siguiente: esto es peligroso; nunca más lo haré.

Finalmente encontré a mi compañero después de 19 minutos de iniciar el buceo. Cuando lo hice, sentí como si hubiera esquivado una bala.

Fui el primer buzo que salió a la superficie. En minutos me había preparado mentalmente para estar perdido en el mar durante la noche. El tiempo pasaba; la deshidratación, la hipotermia y la oscuridad ya estaban actuando en nuestra contra.

Entre los cuatro buzos teníamos cinco boyas de superficie. Ya habíamos sujetado una boya al arrecife y colocamos una segunda como respaldo. La primera boya nos mantenía en la ubicación original, mientras que la de respaldo nos daba confianza y nos ayudaba a mantener la calma.

A pesar del optimismo de algunos de los demás, inicié un debate sobre las peores situaciones posibles. Quizás era miedo, pero las actitudes positivas son útiles sólo en la medida en que no impidan que se realice una planificación apropiada. Es fundamental tomar decisiones de vida o muerte antes de que la agudeza mental se vea afectada. No permitiría que el orgullo fuera un estorbo a la hora de mantenernos con vida.

Un buzo sugirió nadar más de 32 km (20 millas) hasta tierra firme durante la noche. Esa opción probablemente hubiera sido fatal. Tomamos una decisión en grupo antes de que la deshidratación, la exposición y el agotamiento comprometieran nuestra integridad física y mental: decidimos quedarnos allí.

Confiábamos, aunque no teníamos la certeza, en que al menos otro capitán tuviera nuestras coordenadas, pero hasta que la alarma lograra un mayor alcance y ese segundo capitán fuera alertado, el hecho de que contara con nuestra ubicación era completamente inútil. Podríamos habernos ayudado a nosotros mismos si hubiéramos compartido el plan de buceo con más personas. En cambio, nos preparamos para combatir el frío, esperamos que nos rescataran y teníamos la esperanza de que pronto alguien se daría cuenta de que no estábamos.

Después de más de siete horas de estar solos en aguas abiertas, nos rescataron tres minutos antes de la puesta del sol, con curiosos tiburones sedosos que nadaban en círculos y marcas de aguas vivas que se estaban elevando.

Nuestro capitán no estaba calificado y había sido contratado por el director del parque marino para ahorrar dinero. El director del parque marino había tomado esta decisión por su cuenta; nadie la cuestionó y nadie le preguntó si le había enseñado al capitán a usar un GPS.

Nosotros confiamos en nuestro amigo y líder de la comunidad. No nos dimos cuenta de que a veces las certificaciones vienen acompañadas de autosuficiencia. Aceptamos la reputación del director del parque marino como una alternativa de planificación apropiada y diálogo.

Cuatro buzos casi perdieron la vida porque nuestro capitán aceptó una responsabilidad que no pudo manejar, porque el intento inicial de búsqueda y rescate se llevó a cabo en silencio y porque nuestra planificación fue deficiente y no hablamos lo suficiente de antemano.

He aprendido que no debo seguir las directivas de un capitán que no conozca ni partir de una tienda de buceo desconocida para bucear con perfiles riesgosos en lugares lejanos sin hacer preguntas. Es importante exigir un diálogo si no hay ningún tipo de planificación, o si ésta es deficiente o poco clara. Exija un diálogo incluso si todo parece estar bien.

El diálogo no es menos importante después de una emergencia que durante una o previamente. Comparta los detalles de su experiencia y sea claro respecto a sus decisiones, errores y resultados para que otras personas puedan aprender a partir de su experiencia.

Después de una emergencia, los rumores a veces se aceptan como hechos, especialmente ante la ausencia de un informe formal, lo que lamentablemente el personal del parque marino se negó a realizar. También rechazaron un pedido escrito de hacer públicos los datos de GPS de nuestro capitán. Algunas personas prefieren que este tipo de situaciones pasen inadvertidas. Todos aquellos que estén involucrados pueden tapar los errores con silencio.

Quedarnos en silencio casi nos hizo perder la vida.

Tenga fortaleza mental y rechace el silencio. Se debe a sí mismo y a la comunidad de buceo mundial ser claro respecto a los incidentes que se produzcan. Solicite un informe que incluya a todas las personas involucradas. Trabajen en conjunto para que el buceo sea más seguro. No se quede sólo con palabras vacías, ponga su experiencia en práctica.

© Alert Diver — 3er Trimestre 2015