Las cosas pequeñas son importantes

Era una día hermoso y tranquilo en los estrechos de Mackinac, una circunstancia extraña en la convergencia del lago Míchigan y el lago Hurón en Míchigan. Holly era una buceadora relativamente principiante pero se enamoró del deporte de inmediato. Tras completar el curso en aguas abiertas el año anterior, había estado ansiosa por adquirir experiencia en todas las oportunidades que se le presentaran.

Este buceo sería su mayor logro. Se había establecido que descenderíamos hacía un naufragio de 183 metros (600 pies) de largo que yacía sobre uno de sus costados a una profundidad de 30 metros (100 pies). El Cedarville, al igual que muchos naufragios de los Grandes Lagos, tiene una mala reputación algo inmerecida. Sin duda el buceo en estos naufragios puede ser todo un desafío debido al agua fría y las corrientes habitualmente impredecibles y las condiciones de la superficie. Pero en los últimos 30 años los invasivos mejillones cebra de los lagos han aumentado la visibilidad notablemente, de un promedio de 3 metros (10 pies) a unos 24 metros (80 pies). La capacidad de ver en lo que uno se está metiendo puede convertir un buceo en una experiencia mucho más favorable. No obstante, el padre de Holly, sobre la base de sus propias experiencias 30 o 40 años atrás, creía que el naufragio era bastante peligroso y se lo había dicho en varias oportunidades.

Nos colocamos el traje y nos lanzamos al agua cerca del cabo de amarre de popa; esto nos permitió tener un fácil acceso a camarotes a una profundidad de tan sólo 18 metros (60 pies). Todos estábamos divirtiéndonos nadando en el lugar, inspeccionando de manera casual los elementos del viejo barco: tanques de agua dulce en el techo de los camarotes de popa, el tragaluz de la sala de máquinas, la chimenea y la carbonera. Yo dirigía el buceo y a menudo nadaba hacia atrás para no perder de vista al grupo.

Adelante de la carbonera, el naufragio tenía básicamente una gigantesca escotilla de carga tras otra hasta la proa, así que ese era un buen punto culminante. Sin embargo, antes de regresar quería hacer una breve incursión en la gigantesca bodega de carga en forma de catedral. Hice un gesto para que el grupo me siguiera y me desplacé adelante; me deslicé a través de una escotilla como un Volkswagen ingresando al hangar de un avión comercial. Al igual que cualquier "caverna", la bodega era oscura, especialmente al principio. Después de uno o dos minutos, una vez que los ojos se han ajustado a la poca luz, uno se da cuenta de que salir de la corriente ha ayudado a mejorar la visibilidad. En la penumbra se podía ver a más de 30 metros (100 pies) y la hilera de enormes escotillas de carga que dejaban entrar rayos de luz azul verdosa era un espectáculo digno de admiración (no es algo muy lejano a la famosa foto en blanco y negro de la estación Grand Central).


Los problemas aparentemente menores pueden convertirse en incidentes más
graves bajo el agua. Un sentimiento de ansiedad previo al buceo y una
máscara empañada se combinaron desencadenando un estado de pánico en
esta buceadora.
Cuando di la vuelta quedé sorprendido al ver que ningún miembro del grupo me había seguido. ¿Era la bodega realmente tan intimidante? La abertura es tan amplia que difícilmente puede considerarse una caverna. Pero aún estaban afuera, por lo que me dirigí nuevamente hacia afuera para unirme a ellos. Afuera de la bodega, me encontré con una situación completamente nueva. Holly ya no estaba nadando casualmente en una posición boca abajo, sino que estaba en posición vertical, agitando las aletas. Reconocí su intención de inmediato y me apresuré para detener lo que estaba a punto de convertirse en un ascenso de emergencia. La salida rápida de burbujas de su regulador me indicó que estaba respirando normalmente. La tomé de la mano para mantener nuestra proximidad física en la columna de agua y evaluar la situación con mayor detenimiento. Ella respondió con una seña para indicar que todo estaba bien, pero estaba claro que ella no lo sentía así. Hizo una segunda seña mucho más insistente: la de ascender.

Casi no podía ver los grandes ojos de Holly llenos de pánico a través del vaho que había en su máscara, así que le hice un gesto para que la limpiara, cosa que hizo. Tras tres respiraciones frenéticas, estaba completamente empañada otra vez. Finalmente entendí qué era lo que estaba sucediendo. La guié de regreso al cabo de amarre y todos hicimos un ascenso normal y una parada de seguridad y salimos del agua.

Entre la excitación del próximo buceo y la emoción de comprar equipo nuevo, nadie le había explicado a Holly que su máscara nueva primero debía ser bien refregada antes de que un agente antivaho pudiera funcionar con eficacia. Lamentablemente, toda su experiencia en el Cedarville había sido consecuente con los recuerdos y las serias advertencias de su padre. Si bien yo estaba a sólo 3 metros (10 pies) de distancia cuando nadé hacia la bodega de carga, desde su perspectiva yo había desaparecido por completo en una obscuridad absoluta.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso: un estado de pánico comenzó a apoderarse de ella y afectó su juicio. A pesar de que su hermano y otro instructor estaban allí, ella comenzó a nadar hacia la superficie, lo que amenazó con causar numerosos problemas: separar al grupo, provocar que buzos fueran arrastrados por la corriente y, lo peor de todo, arriesgarse a sufrir una lesión por realizar un ascenso sin control.

Al analizar lo sucedido, este incidente fue un clásico ejemplo de una situación que se fue agravando cada vez más. Las cosas pequeñas son importantes, y pueden acumularse a gran velocidad. Una pizca de pasta dental en la máscara nueva de Holly o una mayor conciencia de la ansiedad que estaba sintiendo respecto al buceo podría haber evitado este percance, que afortunadamente tuvo un buen final.

Holly tiene una energía formidable y tras este acontecimiento ha regresado al naufragio en varias ocasiones, venciendo así a su némesis, como ella misma afirmó. He visto problemas menos graves que estos que terminaron en la muerte de algún buzo. Es fácil decirlo, "es sólo una pequeña máscara (o un snorkel o la correa de una aleta), ¿qué puede salir mal?", pero cada nueva pieza del equipo debe ser evaluada en un buceo controlado a escasa profundidad y cada sentimiento de preocupación o malestar debe ser tenido en cuenta.

© Alert Diver — 4to Trimestre 2017