La Inmensa Bulla del Mar




As coastal and deepwater ocean areas open up to fossil-fuel, wind and tidal-energy development, biologically disruptive noise is a potential consequence.

La Sinfonía Marina
El mar es el origen de toda la vida animal en el planeta; y, debido a que la luz no penetra mucho más de unos doscientos metros y que en cualquier momento la mitad del mar se encuentra oscurecido bajo el velo de la noche, también es un medio ideal para la evolución de adaptaciones acústicas. En este entorno oscuro los animales marinos han evolucionado una diversa gama de adaptaciones complejas para oír así como hacer sonidos — la mayoría de los cuales sigue evadiendo nuestra comprensión.

Muchos de nosotros conocemos las evocativas canciones de las ballenas jorobadas, pero por qué todos los machos de un mismo grupo de cría cantan la misma canción a lo largo de la temporada sigue siendo un misterio. Esto no cabe dentro de la concepción común de que los animales machos cantan para hacer publicidad a su capacidad reproductiva, una estrategia que sería menos ambiguamente expresada si todos cantaran diferentes canciones. ¿Y por qué todos cambian sus canciones cada año?

Desde hace ya algún tiempo hemos sabido que los delfines y marsopas usan biosonar para percibir su entorno. Sus chirridos y zumbidos de alta frecuencia los ayudan a localizar comida, navegar durante tácticas de cacería cooperativa de alta velocidad y retozar en su medio. Pero sólo recientemente hemos aprendido que su biosonar también les permite "ver" profundamente dentro de los tejidos corporales para identificar detalles extremadamente finos en su ambiente.

Existe especulación informada que las vocalizaciones de baja frecuencia de las ballenas barbadas también son una especie de biosonar. Es posible que usen sonidos de longitud de onda larga para navegar a lo largo de grandes extensiones de agua — proyectando estos sonidos mil millas más allá del horizonte para que reboten en montes submarinos, trincheras y plataformas continentales como un sistema de eco-localización larga distancia.

Cuando cantan en coro, las ballenas, peces e invertebrados marinos todos cantan en vocalizaciones temporalmente coordinadas de forma parecida a los grillos y ranas. Las corvinas (sciaenidae) se sincronizan en "olas de estadio" acústicas a lo largo de 45 millas de hábitat costero, y las ballenas de minke cotorrean y pulsan juntas a través de extensas áreas de océano abierto. Hasta el silbido de los percebes lleva algún mensaje biológico crítico que puede ser que jamás descifremos.

Sabemos que las formas larvales de los animales de arrecife se fijan a los sonidos de su "arrecife madre." Cuando son concebidos estos minúsculos organismos no obtienen beneficios quedándose en el hábitat de su nacimiento en el cual hay millones de bocas buscando comida. Por lo tanto en las primeras etapas de vida se dispersan a la zona pelágica para ganar algo de tamaño; pero una vez que son suficientemente grandes (y frecuentemente tienen una forma totalmente diferente a su forma larval) necesitan volver al arrecife para vivir. Consiguen el camino a casa siguiendo los sonidos que conocen de las primerísimas etapas de su vida. Sabemos que lo hacen, pero no sabemos como se fijan a los sonidos. En muchos casos ni siquiera sabemos como oyen.
El sonido de las olas bajo el agua
Los vertebrados terrestres (mamíferos, anfibios, reptiles y aves) perciben gradientes de presión en el aire usando diafragmas (tímpanos) atados al oído medio e interno. Este es un sistema muy sensible, pero como todo buzo sabe no está bien adaptado a los grandes gradientes de presión que se consiguen bajo el agua. Los animales marinos usan diferentes tipos de sistemas de percepción acústica incluyendo vejigas natatorias, lípidos acústicos, y diversos sistemas de células ciliadas y acelerómetros óseos que perciben cambios de presión así como el movimiento de partículas en el agua.

El sonido funciona diferente en el agua que en el aire. El agua es mucho más densa y no es tan compresible, esto permite una transmisión más eficiente de la energía acústica a través del agua que en el aire. Por lo tanto, es relativamente fácil hacer un sonido en el agua que puede ser escuchado unas miles de millas de distancia; las ballenas barbadas lo hacen todo el tiempo. Los humanos también hacemos esto en el agua todo el tiempo, pero a diferencia de las ballenas que usan estos sonidos para fines biológicos, nosotros lo hacemos para fines comerciales, industriales y militares — frecuentemente en perjuicio de los animales marinos.

Una creciente cacofonía
El océano es 10 veces más bullicioso hoy de lo que era hace apenas 50 años. El comercio transoceánico es una de las principales causas, unos 95,000 buques mercantes navegan el mar con grandes hélices cavitantes y motores pulsantes que pueden ser oídos por todo el océano. A medida que 7 billones de humanos se vuelven más dependientes de combustibles fósiles, se oye con más y más frecuencia el sonido de buques de exploración sísmica en aguas profundas remolcando bancos de pistolas de aire disparadas cada 10 a 15 segundos, hora tras hora, día y noche por meses sin descanso. A medida que se descubren y explotan los combustibles fósiles en aguas profunda, los sonidos de los cabezales de pozo instalados en el fondo marino y el equipo de procesamiento chillan y zumban a través de grandes tractos del fondo oceánico. Las marinas de guerra tienen su propio repertorio de sonidos incluyendo sonares de baja y media frecuencia, el sonido de sus barcos y las ocasionales explosiones de torpedos, minas y proyectiles.

Los humanos son una especie ruidosa, y esto es más notorio en el océano que en cualquier otra parte. Los impactos están volviéndose más obvios con la aparición de varamientos en las playas de mamíferos marinos, recursos pesqueros que están peligrando o agotados y altos niveles de estrés en animales que pueden ocasionar disfunción biológica. Debido a que sabemos muy poco sobre como los animales marinos oyen y qué es lo que hacen con el sonido entendemos muy poco el impacto de nuestro sonido.

En algunos casos es posible que los sonidos no causen muchos problemas; el océano con sus olas rompientes, hielos chocantes, fuertes lluvias y respiraderos hidrotermales puede ser un sitio ruidoso, y los animales se han adaptado y evolucionado para tomar en cuenta estos sonidos a lo largo de milenios; pero los sonidos que traemos al mar son bastante diferentes a los sonidos que ocurren en la naturaleza. Por eso, debemos aprender como el ruido de nuestras actividades marinas afecta a los habitantes del mar o nos enfrentamos al riesgo de crear un ambiente en el cual su supervivencia es incierta.

Aprenda más
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Había una vez, hace no mucho tiempo, cuando las ballenas podían cantar entre sí por todo el océano. Los cetáceos evolucionaron en un mundo de sonido. Ellos, igual que nosotros, son criaturas muy adaptables — capaces de jugar en las olas de las proas de las mismas máquinas que están contaminando su ambiente acústico. Sin embargo, me pregunto si su habilidad de encontrar la felicidad de cara a la adversidad será suficiente para salvarlos, y me pregunto que tan bien nos iría a nosotros los humanos si alguien de repente apagara las luces.

— Bob Talbot


© Alert Diver — 3er Trimestre 2012