La última isla salvaje




La asociación Tetepare Descendants’ Association de la isla Tetepare, en las Islas Salomón, ha establecido un nivel impresionante en la administración de los arrecifes y otros recursos naturales de la isla.

"Hiro varoa", susurró Hobete Ghau con confianza en su singular idioma touo, "las oihare se acercarán esta noche". Durante milenios, los ancestros de Hobete en las Islas Salomón han esperado expectantes que las gigantes tortugas laúd se arrastren sobre las playas de la isla Tetepare. Más de media tonelada de preciada carne grasa, con el beneficio agregado de al menos 100 sabrosos huevos, es la excusa perfecta para un festín de la comunidad para agricultores de subsistencia que aún no tienen refrigeración ni acceso a tiendas de alimentos. Estas tortugas marinas son tan inmensas y pesadas que sólo pueden ser sujetadas por un grupo de hombres, como los que estaban sentados alrededor de Hobete esa noche. La hembra reproductora no había resurgido entre el fuerte oleaje la noche anterior, la décima noche desde su última puesta de huevos, por lo que seguramente aparecería esa noche que era la decimoprimera, conocida como hiro varoa.

Una exhalación de tono grave, que podía oírse sobre las olas, fue el primer indicio de que la oihare había regresado. Diez minutos más tarde, después de arrastrarse hasta la escarpada playa de arena negra y de comenzar a excavar su nido, Hobete me hizo señas hacia adelante. El destello amenazante de la luz de la luna sobre la pieza de acero que había en la mano de Hobete podría haber insinuado que tenía en sus manos una cuchilla afilada para eliminar a la tortuga, pero en realidad sostenía un aplicador de rótulos para tortugas. El equipo de tortugas de la asociación Tetepare Descendants' Association (TDA) midió y rotuló a todas las tortugas laúd reproductoras y reubicó todos sus huevos en una colonia que estaba a salvo de las mareas altas, los varanos depredadores y las raíces de las enredaderas de la playa. El año pasado, 1.208 recién nacidos salieron de este criadero, al menos 1.000 más de los que hubieran salido del cascarón sin la intervención de los vigilantes de tortugas de Hobete.




Poder por fin ver a una tortuga laúd anidando fue para mí la materialización de una década de sueños. Mientras los hombres trabajaban en silencio y de manera eficiente, yo estaba deslumbrado. Las enormes aletas delanteras de la tortuga, cada una larga como mis brazos pero muchas veces más potentes, hacían volar arena y piedritas por toda la playa. Oleadas de lágrimas saladas provenientes de sus oscuros ojos redondos parecían reflejar el esfuerzo y quizás el miedo inherente al regreso al nido en la misma playa donde había nacido muchas décadas atrás.

El futuro de las tortugas marinas más grandes y más antiguas del mundo, que en los últimos años han experimentado una disminución catastrófica, es peligroso. Su situación de grave peligro no se debe sólo al hecho de que son cazadas y recolectadas en playas de anidación sino incluso más a las muertes involuntarias al ser capturadas por pesquerías, en colisiones de barcos y a través de la ingestión de sustancias contaminantes llevadas por el océano.




Aunque las tortugas laúd del Pacífico se encuentran desde Canadá hasta Corea y el océano Antártico, y se alimentan de aguas vivas, sólo anidan en playas de alta energía en los trópicos. La ola de extinciones a nivel local desde Sri Lanka hasta Vanuatu ha sido tan rápida y las disminuciones han sido tan pronunciadas en las playas de anidación que alguna vez estuvieron repletas que los científicos han pronosticado que las tortugas laúd del Pacífico se extinguirán en cuestión de años. Sólo el cuidado urgente y meticuloso de las hembras reproductoras, los huevos y los recién nacidos en unos pocos lugares, como por ejemplo Tetepare, mantiene las poblaciones y permite a los entusiastas como yo disfrutar de la impresionante y humilde experiencia de ver a las tortugas laúd anidando.

Hobete decía en broma que él es un "repuesto" de TDA, un hombre con muchos trabajos. Cuando las oihare no están anidando, él se dedica a vigilar a las tortugas marinas verdes de las lagunas de pastos marinos de Tetepare, los caracoles Trochus en los arrecifes de coral o las poblaciones de enormes cangrejos de los cocoteros dentro y fuera del área marina protegida de Tetepare de 13 km (8 millas) de largo. Una vez al mes se turna con otros dos guardaparques para patrullar la totalidad de la superficie de la isla de 117 metros cuadrados (45 millas cuadradas) para así asegurarse de que los pescadores y cazadores ocasionales de las islas cercanas respeten las normas de conservación y recolección sostenible definidas por TDA con el objeto de proteger sus recursos. Los guardaparques de TDA se aseguran de que los propietarios tradicionales respeten el tamaño y los límites de los barcos para sus recolecciones y, lo que es más importante, se aseguran de que ningún operador comercial ni ningún cazador furtivo acceda a las ricas aguas de las islas.



Cerca de las casas hechas con hojas del hospedaje ecológico Tetepare Ecolodge (construido completamente con materiales tradicionales) otro hombre de "repuesto" de TDA, Twoomey, estaba parado en su piragua y echaba una mirada a la laguna de pastos marinos para encontrar señales que indicaran la presencia de un vena o dugongo. Twoomey está casado con Mary Bea, una de las terratenientes más influyentes de la isla, que luchó contra la explotación forestal inescrupulosa de su isla y en su lugar trazó un camino para que su pueblo pudiera generar un ingreso sostenible para la isla procedente del turismo. Twoomey creó la estación de campo de Tetepare, donde pueden alojarse científicos visitantes, guardaparques y turistas, pero en la actualidad está haciendo su trabajo favorito en la isla. Twoomey es el "encantador de vena"; se ha ganado la confianza de la población local de dugongos por lo que puede llevar discretamente en su canoa a uno o dos turistas para que naden con estas curiosas vacas del mar. En Tetepare, la isla deshabitada más grande del Pacífico Sur, normalmente hay unos pocos invitados y los dugongos, junto con multitudes de peces loro búfalo, escuadrones de tiburones de arrecife y rayas, tortugas verdes y carey holgazanas y un sinnúmero de brillantes peces de arrecife de coral, generalmente son indiferentes frente a la mirada atónita de las personas que hacen snorkeling.



Cada visitante no sólo disfruta de una experiencia auténtica en una de las últimas islas "salvajes" del mundo, sino que también apoya la conservación de los bosques pluviales de las tierras bajas y los rebosantes arrecifes de Tetepare a través del trabajo de cocineros, guías y conductores de barcos locales. Los buceos en Tetepare pueden organizarse a través de Dive Munda y prometen un gran potencial en cantiles vírgenes, naufragios de la Segunda Guerra Mundial y quizás incluso una aldea que se cree se desprendió de la isla y fue hundida por uno de los espíritus de Tetepare.


Tetepare Descendents’ Association members successfully put an end to unsustainable logging of the island and have established and maintained a marine protected area to promote the continued survival of dugongs, leatherback turtles and other species.


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Para obtener más información sobre las actividades de conservación e investigación en Tetepare o para planificar una visita, ingrese en www.tetepare.org.


© Alert Diver — 2do Trimestre 2014