La importancia de someterse a un examen




Espécimen juvenil de pulpo gigante de California.


La buceadora
Se trataba de una mujer de 32 años de edad que gozaba de buena salud en general con más de 130 buceos realizados durante toda su vida. Su historia clínica no incluía alergias ni ningún otro problema de salud. Recientemente había realizado su segundo buceo en el segundo día de una serie de buceos.
El incidente
Durante el buceo, el compañero de la buceadora recolectó lo que pensó era la concha vacía de un caracol de luna. Los buzos no se dieron cuenta de que un espécimen juvenil de pulpo gigante de California (Enteroctopus dofleini) había establecido su residencia en la concha. Cuando el pulpo salió reptando después del buceo, la buceadora lo tomó con las manos descubiertas y lo lanzó nuevamente al agua.


La buceadora sostiene al pulpo antes de sufrir una mordida.


Antes de que pudiera volver a poner al pulpo en el agua éste le mordió la parte trasera de la mano tres veces en el mismo lugar. Ella contó que las mordidas la sorprendieron y que la sensación fue similar a la de una picadura de abeja. La herida sangraba ligeramente y la buceadora la enjuagó primero con agua salada y luego, 40 minutos más tarde, con agua dulce y jabón. Dentro de los 30 minutos la mujer manifestó un cierto grado de hinchazón, que se incrementó durante la siguiente hora.

Aproximadamente cuatro horas después la buceadora realizó otro buceo. Al salir a la superficie sintió náuseas y vomitó (nunca antes había tenido esos síntomas después de bucear). Las náuseas desaparecieron rápidamente y la buceadora realizó cinco buceos más en el transcurso de los dos días siguientes pese a la hinchazón ya considerable y a la reducción de la movilidad, que duró aproximadamente cuatro días.

La buceadora utilizó un traje seco y guantes de neopreno en todos los buceos. Cuando no estaba buceando mantenía la herida seca y aplicaba sobre ella un ungüento antibiótico de venta libre. También tomó un antihistamínico de venta libre y aplicó aspirina triturada sobre la piel alrededor del lugar de la herida punzante (no directamente sobre ella), pero ninguna de estas prácticas la alivió. Después de cinco o seis días del incidente alcanzó el punto máximo de picazón y dolor.
Complicaciones
Unos tres días después de sufrir la mordedura, la herida se infectó y la mujer desarrolló una lesión de aproximadamente 0,5 cm de color oscuro rodeada por un área elevada de color rojizo. Unos nueve días después del incidente apareció una decoloración negra y verde alrededor de la lesión. El dolor moderado y la picazón e hinchazón considerables duraron más de un mes.

La lesión tardó aproximadamente siete semanas en sanar, aunque el dolor, la sensibilidad al tacto y la picazón duraron tres meses, con relapsos menores a los cuatro a cinco meses tras el incidente, normalmente después de hacer ejercicio o a la mañana temprano. Seis meses después del incidente, aún se podía palpar un nódulo de tejido en el lugar de la mordida.


Esta lesión ulcerosa cóncava de 0,6 cm (un cuarto de pulgada) rodeada por una zona eritematosa se formó dentro de los tres días de producida la mordida. El proceso de curación total de la ulceración demoró siete semanas.


Debate
Si bien se sabe que las mordidas de los pulpos de anillos azules pueden ser potencialmente mortales, las mordidas de la mayoría de las especies de pulpos comunes no suelen causar problemas. Recientemente, los científicos han logrado comprobar que todos los pulpos pueden ser venenosos en mayor o menor grado.3 La bibliografía médica indica que las mordidas de pulpos de la misma clase que los pulpos gigantes de California han producido úlceras.1,2,4 La pequeña herida punzante produjo lo que parecía una lesión ulcerosa, similar a la que se desarrolló después de una mordida de un pulpo común y que se documentó en el informe de un caso médico de 2011.1

Es posible que la demora en la atención adecuada de la herida haya sido un factor que complicó la condición. DAN® recomienda lavar las mordidas causadas por vida marina de inmediato con agua potable y jabón a fin de minimizar el riesgo de infección. La presencia de una infección puede afectar el proceso de curación y causar un daño importante en los tejidos. Los buzos no deben bucear con heridas abiertas porque la exposición al entorno acuático puede aumentar el riesgo de infección.

Es importante controlar el lugar de la herida ya que pueden aparecer signos de infección dentro de las horas a varias semanas tras sufrir una lesión. La hinchazón inmediata que experimentó la buceadora pudo ser una consecuencia del traumatismo inicial, la exposición posterior a un sinnúmero de antígenos o toxinas. Los síntomas prolongados probablemente fueron un resultado de la infección.

Es posible que el sellado de los puños del traje seco haya sido un factor de complicación secundario. Aunque la hinchazón probablemente fue el resultado de una reacción inflamatoria aguda, es posible que el sellado ajustado de los puños haya comprometido la perfusión distal, agravando los síntomas aún más.

Además de la inflamación en el área afectada, otros síntomas de infección incluyen dolor, enrojecimiento e inmovilización. Estos síntomas pueden recordarse a partir de la descrita Tétrada de Celso: dolor, color, calor e inflamación, al que se le agrega el llamado 5to signo de Virchow, la disminución o pérdida de la función (inmovilidad). La causa de las náuseas de la buceadora después de realizar el buceo no está clara.

Un tercer factor de complicación en este caso pudo ser la demora en la atención médica. DAN recomienda tratar las heridas causadas por vida marina al igual que la mordida de cualquier otro animal y solicitar atención médica de inmediato. En este caso, la herida fue sometida a evaluación 10 días después del incidente, lo que demoró el inicio del tratamiento que hubiera limitado la progresión de los síntomas de la buceadora.

Inicialmente, el médico le recetó el antibiótico levofloxacina durante 10 días. No obstante, la evolución de los síntomas y el avance de la decoloración obligó al médico a recetarle otros antibióticos, amoxicilina y ácido clavulánico, durante 10 días junto con un antihistamínico para controlar la picazón.

Este incidente debe servir para enfatizar el hecho de que el tratamiento oportuno de las heridas puede reducir el riesgo de infección grave. Siempre que sea posible, los buzos deben tomar fotografías de las heridas, porque las imágenes pueden ayudar al personal médico a brindar una atención más eficaz y con una mayor eficiencia. Los buzos deben comprender que la manipulación de vida marina puede provocar lesiones, algunas de las cuales pueden dar lugar a complicaciones graves.
Referencias
1. Aigner BA, Ollert M, Seifert F, Ring J, Plötz SG. Pseduomonas oryzihabitans cutaneous ulceration from Octopus vulgaris bite. Arch Dermatol. 2011; 147(8): 963-66.

2. Campanelli A, Sanchez-Politta S, Saurat JH. Cutaneous ulceration after an octopus bite: infection due to Vibrio alginolyticus, an emerging pathogen. Ann Dermatol Venereol. 2008; 135(3): 225-27

3. Fry BG, Roelants K, Norman JA. Tentacles of venom: toxic protein convergence in the kingdom animalia. J Mol Evol. 2009; 68(4): 311-21.

4. Taylor DM, Ashby K, Winkel KD. An analysis of marine animal injuries presenting to emergency departments in Victoria, Australia. Wilderness Environ Med. 2002; 13(2): 106-12.

© Alert Diver — 2do Trimestre 2015