La gran tormenta de 1913




La enorme hélice del Regina es lo primero y lo último que los buzos ven en el naufragio.
Se la conoce como "Furia de agua dulce" (Freshwater Fury") y "Huracán blanco" ("White Hurricane"), pero para un historiador de los Grandes Lagos, la forma más precisa de denominar a la gran tormenta de 1913 es con la frase "una tormenta de leyenda".

Muchos marineros no sabían qué se estaba desarrollando más allá del horizonte ese mes de noviembre. Otros no prestaron atención a las advertencias. Por el contrario, miraron la vasta extensión de los Grandes Lagos y decidieron adentrarse en ella una vez más; tendrían una oportunidad más de ganar dinero antes de que el invierno diera por finalizada la temporada de navegación.

Un siglo después de que la tormenta devastara los Grandes Lagos el 9 de noviembre de 1913, con cuatro días de vientos violentos y nieve enceguecedora, los historiadores aún la catalogan como el peor desastre climático de la historia marítima de Estados Unidos.

"Sabemos que aproximadamente 250 marineros perdieron la vida. También sabemos que una docena de barcos fueron destruidos y que al menos una docena más fueron arrastrados a la costa", manifestó el capitán David G. Brown de Port Clinton, Ohio, autor de White Hurricane: A Great Lakes November Gale and America's Deadliest Maritime Disaster (Huracán blanco: un temporal de noviembre en los Grandes Lagos y el peor desastre marítimo de Estados Unidos). "Lo que no sabemos es cuántos pescadores murieron. Desconocemos cuál fue el verdadero alcance de la devastación".

Cuando los vientos se calmaron, se descubrió que 12 barcos se habían hundido en las violentas aguas heladas y que todas las personas a bordo habían perdido la vida. Cinco de los barcos nunca fueron encontrados. Además, 71 barcos más sufrieron daños o fueron destruidos. Sólo aquellos que navegaban por las olas del lago Ontario pudieron salir ilesos.

De acuerdo con los registros históricos oficiales, el Servicio de Salvamento de Estados Unidos (la ahora denominada Guardia Costera de los Estados Unidos) informó que durante la tormenta 248 personas murieron en el mar y en tierra. Los historiadores creen que es posible que hayan sido muchos más. La devastación tal vez puede apreciarse de manera más personal a través de las imágenes capturadas en las secuelas de la tormenta que mostraban los cuerpos sin vida de los marineros que habían sido arrojados sobre la costa de Canadá y que usaban chalecos salvavidas que los identificaban como miembros de la tripulación del desafortunado Wexford.


Una pintura en la pared de la Biblioteca de Distrito del Área de Harbor Beach (Harbor Beach Area District Library) rinde homenaje a la gran tormenta de 1913 con una representación del hundimiento del Regina.

Las embarcaciones hundidas que ahora yacen silenciosas en el fondo del lago se mantienen vivas en las mentes de los historiadores y los buzos de los Grandes Lagos. La mayoría de los barcos caídos encallaron en las aguas profundas de los lagos y se hundieron a profundidades a las que sólo pueden tener acceso los buzos técnicos. Los buzos deportivos sólo pueden llegar a tres barcos, que se encuentran en la cuenca baja del lago Hurón.

El carguero de acero Wexford de aproximadamente 76 metros (250 pies) de largo fue descubierto en el año 2000 a unos 11 km (7 millas) de la costa de Canadá. A la fecha, el Wexford es la única de las víctimas de la tormenta que se ha encontrado erguido. Pueden verse artículos personales, tales como botellas y herramientas manuales, desparramados entre las maderas quebradas de la cubierta y en las cavernosas bodegas de carga, y un solo pescante, que alguna vez sostuvo un bote salvavidas en su lugar, cuelga vacío del barco. Las escaleras por las que se desplazaban los 18 marineros y dos pasajeros, 19 hombres y una mujer, ahora pueden observarse tumbadas sobre el limoso lecho del lago.

Más cerca de la costa de Estados Unidos, en la Reserva Submarina de las Costas de Sanilac (Sanilac Shores Underwater Preserve) del lago Hurón, se encuentra el lugar de descanso definitivo de uno de los naufragios más visitados del área, el Regina. Este buque, que también era un carguero de acero de aproximadamente 76 metros (250 pies) de largo, fue descubierto en 1986 volcado a unos 24 metros (80 pies) de profundidad.


Las botellas de kétchup de cien años de antigüedad son un descubrimiento único del Regina. El barco transportaba carga en general y bobinas de acero.

El amplio campo de escombros que rodea la embarcación está repleto de herramientas, artículos personales y envases de alimentos. Quizás la más impactante de las características del Regina es el nombre del barco en la proa, que aún puede verse con facilidad gracias a los buzos que con frecuencia limpian el limo y los organismos que se depositan sobre las letras.

Más al sur en la reserva, a aproximadamente 19 metros (65 pies) de profundidad, se encuentra el Charles S. Price, que también fue descubierto en posición invertida. Con unos 153 metros (504 pies) de longitud de proa a popa, el Price se hundió y en él perdieron la vida 28 hombres en total; en la actualidad, es un extenso punto de buceo donde puede observarse una enorme hélice de cuatro palas.

"Creo que la razón por la que muchas personas sienten curiosidad por la gran tormenta de 1913 es porque demuestra el poder de los lagos. Este fenómeno nos enseña que la Madre Naturaleza puede ser agresiva y destruir cualquier cosa que desee", manifestó Ric Mixter, un camarógrafo independiente que ha investigado la tormenta. "Es una historia que es terriblemente humana y sumamente trágica".


Un buzo explora la sala de máquinas del Regina.

Mixter afirmó que además de las grandes pérdidas que se produjeron durante esos cuatro espantosos días, la tormenta dejó historias de supervivencia. Estas son las historias que espera compartir a través de presentaciones 100 años después de la tragedia.

Este año, museos y sociedades históricas de los Grandes Lagos realizarán exposiciones y ofrecerán programas sobre la gran tormenta. En una edificación de Port Huron, Mich., puede observarse un cartel de unos 12 metros (40 pies) que cuelga del Museo de Port Huron y que reza: "imagine una ola de esta altura". Es un recordatorio sorprendente y aleccionador de las colosales olas que azotaron las costas durante los puntos más violentos de la tormenta.


Las olas rompen en el faro de Grand Haven, Mich., mientras una tormenta avanza por el Lago Michigan.

"Uno mira una embarcación de 163 metros (535 pies) y piensa que es algo poderoso. Pero lo que parece invencible es realmente muy frágil durante una tormenta", comentó Brown. "La tormenta de 1913 se volvió una leyenda; se convirtió en una tormenta para relatos de marineros, historias del mar. Esta tormenta se ha convertido en un momento clave para decir: "yo era marinero y estuve en la tormenta".
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La gran tormenta de 1913 por Andy Morrison de Vimeo.




© Alert Diver — 3er Trimestre 2013