Investigación y divulgación




Un médico experto en medicina hiperbárica examina al buzo técnico Jeff Shirk mediante el uso de un ultrasonido 3D. Más temprano ese día Shirk había experimentado un caso grave de edema pulmonar por inmersión durante un buceo.


"Su trabajo de investigación y sus esfuerzos de divulgación informan a toda una comunidad sobre las prácticas de buceo seguras"; esto fue lo que le escribí recientemente al director de investigación de DAN Neal Pollock, Ph.D. Redacté la carta después de un largo día en Terranova, Canadá, que comenzó con un impresionante buceo en un naufragio de la Segunda Guerra Mundial y finalizó con un amigo trasladado en ambulancia al Health Sciences Center en St. John's.

En DAN ya me habían brindado ayuda en el sentido más clásico. Hace más de 15 años, fui víctima de un caso de enfermedad disbárica (ED) mientras exploraba nuevos pasajes de cuevas en México en el que hoy es un famoso lugar llamado The Pit. Con la ayuda de DAN, recibí un necesario tratamiento en cámara hiperbárica y toda la atención de seguimiento requerida. Pero en esta oportunidad, fueron la investigación y la divulgación educativa de DAN lo que marcó la diferencia para mi grupo de buceo. Tanto Pollock como la investigadora de medicina hiperbárica Stefanie Martina habían estado llenando mi correo electrónico con artículos médicos informativos desde que habíamos trabajado juntos en una expedición unos meses antes. Según Pollock: "los datos que reunimos en estos proyectos son importantes, pero nuestra oportunidad de divulgarlos tiene un valor incalculable".

Cuando mi amigo hizo señas para pedir ayuda junto a nuestra embarcación en Conception Bay, Terranova, toda la tripulación y nuestro grupo de buzos experimentados se pusieron en acción. Se esforzaba por respirar con un fuerte gorgoteo, mientras tiraba del precinto del cuello e intentaba decir con desesperación: "¡no puedo respirar!".

En cuestión de minutos, teníamos a la víctima, un buzo técnico sumamente experimentado, sentada en la cubierta y le estábamos quitando el traje seco y el equipo de buceo. Tosió y expulsó una espuma sanguinolenta en una cubeta mientras le suministrábamos oxígeno y cuidados complementarios.

Algunos quizás supusieron que se trataba de un embolismo o un caso de "chokes" y otros tal vez lo consideraron un evento de pánico poco característico, pero al saber que este veterano experto había logrado soportar 17 minutos agonizantes de descompresión y ascender a una velocidad normal llegué a la conclusión de que estaba experimentando una enfermedad poco conocida sobre la que había leído recientemente y que había presenciado en el pasado. Su rápida mejoría más adelante confirmó mi teoría de que estaba experimentando un edema pulmonar por inmersión (IPE, por sus siglas en inglés).

El IPE, que es un escape anormal de fluido del torrente sanguíneo hacia los alvéolos durante una inmersión, puede producirse en cualquier persona que esté sumergida en agua, incluso en nadadores. El nadador o el buzo accidentado tose, tiene dificultad para respirar, desarrolla una respiración ronca y a menudo escupe un líquido espumoso con sangre de los pulmones. Los síntomas pueden volverse agudos repentinamente cuando la persona sale a la superficie, porque este representa el punto de mayor diferencia de presión ambiental entre la boca y el pecho.

Se han informado casos de IPE en individuos jóvenes y saludables, como triatletas y nadadores de combate así como también en el espectro completo de la comunidad de buceo, incluidas personas con condiciones cardíacas y pulmonares declaradas. La aparición puede ser muy rápida o puede desarrollarse con el tiempo e incluso puede empeorar a lo largo de inmersiones reiteradas diarias. Durante una inmersión, especialmente cuando hay exposición a agua fría, la sangre es redistribuida desde las extremidades hacia los pulmones. Cuando la víctima ya no se encuentra en el agua este edema suele desaparecer gradualmente.

Cuando un buzo o un nadador tiene dificultad para respirar, puede entrar en pánico, aspirar agua y posiblemente ahogarse. Un buzo puede omitir las obligaciones descompresivas o ascender rápidamente y experimentar un barotrauma adicional. Por este motivo, y porque los síntomas pueden desaparecer rápidamente una vez que el buzo está fuera del agua (a menudo antes de llegar al muelle o al hospital), es posible que este fenómeno esté subinformado y posiblemente hasta mal diagnosticado. Ya sea que se lo considere un ataque de pánico o un resultado de un ajuste deficiente o un mal funcionamiento del equipo, es posible que muchos casos de IPE sean completamente pasados por alto. A pesar del hecho de que en nuestra embarcación había oficiales de seguridad, rescatistas, instructores de buceo y otros expertos, pocos de ellos habían oído hablar del IPE.

Estudios han revelado que existen varios factores externos, lo que incluye exposición al agua fría, ejercicio y trabajo respiratorio intenso, que pueden crear lo que entendemos son las condiciones perfectas para que se produzca un IPE. Pero también hay un sinnúmero de factores internos, como hipertensión, otros problemas cardíacos, enfermedad cardiovascular e hidratación excesiva, que también pueden aumentar la posibilidad de experimentar un IPE. Algunas personas parecen ser más susceptibles a dejarrollar un IPE; estas personas incluyen, sorprendentemente, atletas de elite así como también individuos con problemas cardíacos y pulmonares conocidos.

El IPE es un diagnóstico de descarte (es decir, por exclusión de otros diagnósticos posibles), por lo que es fundamental que cualquier persona que experimente síntomas solicite atención médica de inmediato. Otras condiciones que pueden causar síntomas similares, como un ataque cardíaco o una ED, deben considerarse primero. El IPE no requiere tratamiento en cámara hiperbárica y normalmente los síntomas desaparecen completamente en 24 a 48 horas. El seguimiento de estos pacientes incluye una evaluación realizada por un médico (un experto en medicina de buceo, de ser posible) que puede descartar cualquier otro problema que deba abordarse y buscar condiciones que pueden contribuir a una futura susceptibilidad a sufrir un IPE antes de recomendar el retorno a la práctica de buceo.

Me complace informar que dentro de las seis horas del inicio de la emergencia, nuestra víctima pasó de sufrir un accidente de buceo a socializar con amigos al final de un largo día. En el ínterin hubo una evacuación, un traslado en ambulancia, una evaluación en una sala de emergencias, exámenes y una visita a un experto en medicina de buceo. Fue fantástico que este suceso tan serio tuviera un buen final, acompañados por buenos compañeros de buceo que tuvieron un rol importante en el rescate y el tratamiento de nuestro amigo.

Otro aspecto positivo de esta experiencia fue darnos cuenta de que estábamos bien preparados para manejar una emergencia de buceo. Los miembros de la tripulación del barco estaban capacitados y equipados con oxígeno y equipo de primeros auxilios. Los rescatistas mantuvieron la calma y la sensatez, al igual que la víctima, que logró llegar a la superficie por sus propios medios de manera segura sin omitir obligaciones descompresivas ni llevar a cabo un ascenso rápido.

Este incidente destaca la importancia de la capacitación, la investigación de buceo y la educación. En mi opinión experta, es insensato bucear sin un seguro contra accidentes de buceo de DAN; incluso si nunca lo utiliza, ese aporte ofrecerá recursos para un importante trabajo que ayuda a nuestra comunidad a comprender mejor los riesgos del buceo y a mitigarlos.
Referencias
Moon RE, Martina SD, Peacher DF, et al. Swimming-induced pulmonary edema pathophysiology and risk reduction with sildenafil. Circulation 2016; 133(10):988-96. doi: 10.1161/circulationaha.115.019464.

Peacher DF, Martina SD, Otteni CE, et al. Immersion pulmonary edema and comorbidities: case series and updated review. Med Sci Sports Exerc. 2015; 47(6):1128-34. doi: 10.1249/mss.0000000000000524.

Wester TE, Cherry AD, Pollock NW, et al. Effects of head and body cooling on hemodynamics during immersed prone exercise at 1 ATA. J Appl Physiol 2009; 106:691–700. doi: 10.1152/japplphysiol.91237.2008
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© Alert Diver — 4to Trimestre 2016