Fotografía por una causa

Fotógrafo: John Weller




Pingüinos Adelia en una larga caminata desde el Cabo Royds
En las últimas décadas, el hielo marino que rodea la Península Antártica no solo ocupa una superficie mucho menor, sino que en algunas áreas también retrocede un mes antes en la primavera y avanza dos meses más tarde en el otoño. Pero el cambio climático es complejo. En un marcado contraste con la Península Antártica, últimamente la extensión del hielo marino en el Mar de Ross ha aumentado. Esta situación temporaria puede adjudicarse a la mayor fuerza de los vientos catabáticos, que alejan el hielo marino de la costa. Entonces, el mar abierto queda expuesto y esa agua se congela y forma hielo nuevo, que vuelve a ser enviado mar adentro cuando los vientos se intensifican.

Los pingüinos Adelia del Cabo Royds, que estaban acostumbrados a caminar solo un par de kilómetros para encontrar aguas abiertas donde cazar, se vieron forzados a caminar más de 48 kilómetros (30 millas) en 2009. Los pingüinos adultos que esperaban incubando huevos y las pequeñas crías comenzaron a pasar hambre y tuvieron que abandonar los nidos en busca de alimento. El 85 % de los nidos fracasó. Todas las criaturas de la Antártida se enfrentan a la necesidad de adaptarse rápidamente.




El pasado octubre vi un artículo de Brian Clark Howard en NationalGeographic.com que me llenó de calidez, a pesar de que hablaba sobre uno de los lugares más fríos del planeta:

Este viernes, un trecho de mar remoto y mayormente virgen cerca de la Antártida recibió protección internacional y se convirtió en la reserva marina más grande del mundo gracias al esfuerzo conjunto de una amplia coalición de países para preservar 1.549.000 km² de agua...
Al sur de Nueva Zelanda y en los confines del océano Antártico (o Austral), se encuentra el Mar de Ross — de 4.900.000 km² (1.900.000 millas cuadradas) — a veces llamado "el último océano" debido a que casi no ha sido tocado por la mano del hombre. Sus aguas ricas en nutrientes son las más productivas de la Antártida, y permiten enormes floraciones de plancton y kril, que sustentan a gran cantidad de peces, focas, pingüinos y ballenas.
Se cree que el Mar de Ross aloja aproximadamente 16.000 especies, muchas de ellas adaptadas especialmente al ambiente frío. Un estudio de 2011, publicado en la revista Biological Conservation, describe al Mar de Ross como "el ecosistema marino menos alterado de la Tierra" y cita comunidades intactas de pingüinos emperador y Adelia, focas cangrejeras, orcas y ballenas de minke.
Debido a su lejanía, el Mar de Ross ha podido escapar, en buena medida, a las fuertes presiones de pesca y transporte marítimo que tanto han impactado a los océanos del mundo, aunque el alza en el precio de los mariscos y el bajo costo del combustible han ocasionado que, en años recientes, algunos pescadores vuelvan la mirada hacia estas aguas como nuevos territorios potenciales. De hecho, ya se ha detectado cierta actividad pesquera en el área, sobre todo para la captura de bacalao antártico, un cotizado depredador que se comercializa con el nombre de mero chileno, como también se lo conoce.
Sin embargo, la pesca estará prohibida en más de 1.100.000 km² de la nueva reserva (aunque se espera que algo de pesca de bacalao antártico se realice en una zona designada especialmente en el área protegida restante). La nueva protección entrará en vigencia el 1.º de diciembre de 2017.
La zona recién protegida "demuestra que el mundo puede cooperar con éxito en asuntos ambientales de escala global", declaró Enric Sala, biólogo marino y explorador residente de National Geographic, quien dirige el proyecto Pristine Seas.
"Es posible que el Mar de Ross sea el área marina salvaje más extensa que aún queda en nuestro planeta", añadió. "Es el Serengueti de la Antártida, un lugar salvaje lleno de fauna como pingüinos emperador, focas leopardo, ballenas de minke y orcas. Es uno de esos pocos lugares donde los seres humanos solo son visitantes y los animales grandes reinan".
Con esta historia de éxito ambiental como contexto, me contacté con el principal artífice visual de la conservación del Mar de Ross, John Weller, para saber más sobre el tema.







Hielo de fondo
El agua salada superenfriada se mezcla con agua derretida de la plataforma de hielo, y la combinación resultante es menos salada y tiene mayor flotabilidad. Por lo tanto, en lugar de hundirse, como lo hace la salmuera fría, el agua superenfriada de la plataforma se eleva desde abajo de las plataformas de hielo en forma de penachos, se acumula debajo del hielo marino y crea una capa superenfriada que puede medir hasta 30 metros (100 pies) de grosor. En el lugar donde esta masa de agua entra en contacto con el lecho marino, crecen campos de estalagmita frágil en las rocas, que sirven de escondite a todo tipo de criaturas bentónicas, e incluso a peces.




STEPHEN FRINK: Supe acerca del Mar de Ross conversando con la Dra. Sylvia Earle, en la misma época en la que declaró a la región como uno de sus "Hope Spots" o "Sitios de esperanza". Me recomendó que mirara tus fotografías para conocer más en profundidad la región. Me fascinaron la creatividad y la pasión que se pueden ver en tus fotos, pero también los desafíos físicos que tuviste que superar para capturar imágenes tan significativas de un entorno tan hostil. Por supuesto, eso nos sirvió de inspiración para el artículo de portada de la edición de invierno de 2013 de Alert Diver. Cuéntame un poco sobre ti y sobre qué caminos recorriste para llegar al Mar de Ross.

JOHN WELLER: Antes que nada, gracias, Stephen. Aprecio mucho tus palabras. El proyecto de conservación del Mar de Ross es algo a lo que estoy íntimamente ligado, ya que le he dedicado gran parte de mi vida profesional durante los últimos 15 años. Además, ha tenido un increíble impacto en mi vida personal: gracias a este proyecto conocí a mi esposa, Cassandra, con quien tengo una hija. Cassie había hecho su maestría sobre el bacalao antártico, y yo leí uno de sus artículos. Ella estuvo más tiempo en barcos en la Antártida que yo... y como investigadora. Es una de las personas que más admiro. Su tesis doctoral está relacionada con el Mar de Ross, por lo que puedes imaginar que hemos tenido intensas charlas sobre todo lo que tiene que ver con la Antártida a lo largo de los años. Pero, en mi caso, fue la fotografía lo que me llevó hasta allí.

De niño, en Boulder, Colorado, estaba obsesionado con la fotografía. Mis padres me regalaron mi primera cámara, una cámara compacta de formato 110, cuando tenía 4 años. A los 8, ya usaba la Nikon FM2 de mi madre, con un lente teleobjetivo de 300 mm. Pasaba horas observando aves y fotografiando la fauna silvestre; esta actividad se convertiría en una pasión de toda la vida. Fui a la universidad a estudiar economía ambiental, pero todavía no tenía claro qué rumbo quería tomar en la vida. Cuando mi angustia alcanzó su nivel máximo, mi hermana me dio un sabio consejo. Me dijo que me dedicara a la poesía. Y la única poesía de la que era capaz no se expresaba con palabras, sino con imágenes, así que acepté su desafío. Llamé a un fotógrafo que conocía de pequeño, Perry Conway, y se lo conté. Su respuesta fue que, si estaba decidido a hacerlo en serio, debía estar preparado para:
  1. Endeudarme.
  2. Vivir con mis padres, ya que "no ganarás dinero al principio".
  3. Ir al Parque Nacional de Yosemite a capacitarme con Bill Neill.






Hielo a la deriva
Los inuit del norte de Alaska tienen 97 palabras para describir distintos tipos de hielo marino. Nos estábamos abriendo camino por una obra de arte. El hielo marino se forma todos los años cuando la temperatura desciende a –40 °C (–40 °F). Así, pueden formarse láminas de hielo ininterrumpidas de hasta 3 metros (10 pies) de grosor que, literalmente, duplican el tamaño del continente. Entre el congelamiento y el derretimiento, este desierto de hielo a la deriva constituye el sustento de uno de los ecosistemas más grandes, ricos y dinámicos de la Tierra.





SF: Conozco el trabajo de William Neill. Ganó el premio Ansel Adams a la fotografía de conservación del Sierra Club en 1995 y es uno de los mejores fotógrafos de paisajes de Estados Unidos. ¿Es tan fácil ir a capacitarse con él?

JW: Bueno, allí fue donde Perry intervino: él me puso en contacto con Bill. A partir de ese momento, sí fue fácil, porque Bill es muy afectuoso y hospitalario, además de ser un gran artista. Estuve dos años allí y no solo me capacité con él; su familia se convirtió en mi familia. Para esa época ya fotografiaba todo a color, con película Kodachrome y lentes de largo alcance. Sin embargo, como suele suceder cuando uno está en Yosemite, empecé a trabajar también con película de formato medio y gran formato. Y, si bien me encantaba el carácter salvaje de la montaña, el mar me atraía mucho más. Poco después, empecé a pasar todo mi tiempo libre en la Costa Nacional de Point Reyes en California, donde tomaba fotos, escribía y pensaba en cómo capturar los aspectos más íntimos del entorno marino.

En el 2000, regresé a Boulder a vivir con mis padres, pero tenía suficientes imágenes significativas como para presentar en una exposición. En la muestra, un coleccionista me compró copias por un total de 70.000 dólares y, de repente, tenía los recursos para pasar al siguiente nivel. No malgasté el dinero: seguí viviendo con mis padres y deambulando por todo el oeste en busca de la siguiente inspiración visual. La encontré en el Parque Nacional Grandes Dunas, en el Valle de San Luis, en Colorado. Durante tres años y medio, todos los meses caminaba hasta lo profundo de las dunas para acampar y tomar fotos; solía quedarme allí durante una semana. Fue una experiencia transformadora. Acampaba en el corazón de lugares naturales y salvajes, donde nunca me cruzaba con otras personas.

Me hacía muy feliz comprender y apreciar las complejas interconexiones de ese ecosistema. Además, empecé a entender lo que significa la conservación cuando una empresa compró un terreno lindante con la intención de perforarlo y llegar hasta un acuífero subyacente muy importante, para suministrar agua a Denver. Fui testigo, con asombro, del surgimiento de una coalición entre ONG (organizaciones no gubernamentales), el Servicio de Parques Nacionales e incluso granjeros locales, que se unieron con el objetivo de preservar el agua subterránea. Este grupo logró detener el proyecto y salvó las dunas, lo que demuestra que la conservación no se trata solo de proteger animales, sino también de proteger personas. Escribí y publiqué un libro de fotos sobre las Grandes Dunas. Podría decirse que fue mi primer libro de poesía. Sin embargo, quería que mi fotografía fuera la portada de una historia de conservación de gran magnitud. Quería ser uno de los protagonistas, no solo un observador.






Ola en el océano Antártico
En un espacio rodeado por enormes olas de 10 metros (30 pies), el rompehielos se balanceaba 35 grados hacia la izquierda y, luego, hacia la derecha y producía una furiosa cortina de agua salada blanca de 15 metros (50 pies) de altura. Resistí tan solo 10 minutos fotografiando desde una cubierta inferior, sujeto a un pasamanos con un arnés de alpinismo. Fue aterrador, pero la brutal fuerza de las olas y la rociada me hicieron latir el corazón como nunca, mientras montaba la gran carroza verde y amarilla rumbo al sur desde Nueva Zelanda, en dirección a la masa de agua más austral del mundo.





SF: Pero Colorado está bastante lejos de la Antártida y del proyecto "El último océano". Y no creo que nada de esto te haya preparado realmente para el tipo de fotografía que hiciste allí.

JW:
La historia del Mar de Ross comenzó en el otoño de 2004, conversando con una amiga de la secundaria, Heidi Geisz, que trabajaba en la Base Palmer, en la Antártida, con un equipo de investigación de pingüinos. Me dio un artículo que el ecologista antártico David Ainley había publicado recientemente, llamado "Acquiring a ‘Base Datum of Normality' for a Marine Ecosystem: The Ross Sea, Antarctica" ("Establecer un 'punto de referencia de normalidad' para los ecosistemas marinos: el Mar de Ross, Antártida"). En este artículo, Ainley nos cuenta acerca del Mar de Ross y presenta evidencia que demuestra que es el ecosistema marino intacto más grande de la Tierra. Debido a la rápida expansión de la industria pesquera, este lugar pronto desaparecería. En ese entonces, no sabía demasiado sobre mares y océanos, y me parecía inconcebible que quedara únicamente un lugar indemne. La sola idea me quitaba el sueño. Le escribí a Ainley para reunirme con él. A las dos semanas, lo conocí en su casa, en California. Nos comprometimos a contar esta historia y hemos trabajado juntos desde ese día.

La estrategia inicial que imaginé había sido generar un tsunami de material con las fotos y los videos más hermosos que pudiera crear, desarrollar una comunidad global y convencer a los legisladores de que aprobaran leyes de protección. Pero, en realidad, lo que quería era cambiar la idiosincrasia a nivel mundial. ¿Cómo haría eso? No tenía idea.

Comencé centrándome en la fotografía. Obviamente, gran parte de la historia ocurría bajo el agua, por lo que tenía que aprender a hacer fotografía subacuática; y nunca había buceado. A través de otro amigo, me puse en contacto con el legendario Bill Curtsinger. Él me orientó, pero solo después de cuatro años y más de 400 inmersiones de fotografía (mayormente en Bonaire, pero también en el norte de Minnesota en invierno, para capacitarme en el uso de traje seco), pude bucear bajo hielo.

En 2006, llamé impulsivamente a Francesco Contini de Quark Expeditions, que estaba por enviar un rompehielos al Mar de Ross. Antes del fin de semana, ya contaba con su total apoyo, lo que nos permitió a mí y a mi nuevo compañero, el cineasta Peter Young, visitar el Mar de Ross durante dos meses esa temporada. Así fue como finalmente llegué al hielo.

Al año siguiente, volví a la Antártida con Quark Expeditions. Y el año posterior a ese (la temporada 2008-2009), por fin pude ir a bucear, por medio de la Fundación Nacional de Ciencias (National Science Foundation). Durante ese viaje, obtuve todas las imágenes que necesitaba para cumplir mi rol en lo que vendría.






Foca Weddell con su cría
Las focas Weddell se reproducen más al sur que cualquier otro mamífero y viven en el Estrecho de McMurdo todo el año. Para poder sobrevivir en esta región, a veces deben sumergirse hasta 800 metros de profundidad, soportar la misma presión que ejerce una trituradora de autos y permanecer sumergidas durante una hora y media. Además, deben masticar el hielo para mantener sus agujeros de buceo abiertos durante el invierno.





Anfípodo Epimeriidae
Algunas especies bentónicas se convierten en gigantes para adaptarse al agua fría; las arañas de mar, del tamaño de un plato, caminan con un tranco extraño y, a veces, llevan pasajeros imprevistos, que se suben a sus piernas de color rojo langosta. Mi especie favorita es este pequeño tanque de guerra, el anfípodo Epimeriidae, que recorre el laberinto infinito que es el hielo de fondo.





SF: Al ver tu trabajo, no solo admiro tu visión fotográfica, sino también la adversidad climática a la que te sobrepusiste para trabajar en esa región. ¿Es tan difícil como parece?

JW
: Te agradezco nuevamente. Pero tomar fotos en ese lugar es sorprendentemente fácil, excepto por el efecto del agua fría en la duración de las baterías (mis estroboscopios usan baterías de litio). Vale recordar, además, que trabajaba con tecnología del 2006. La alta capacidad de ISO de las cámaras de hoy hubiera sido muy útil, pero lo mejor en esa época era mi Canon 1Ds Mark II (en una carcasa Seacam con estroboscopios Inon Z-240). Las temperaturas eran muy bajas, pero todo era tan deslumbrante que casi nunca sentía el frío, hasta que me empezaban a doler las manos y se hacía difícil moverlas dentro de los guantes agarrotados del traje seco. Doug Allan, de la BBC, me dio un par de sus manoplas de neopreno de tres dedos, para tener más libertad de movimiento; eso cambió completamente mi trabajo.

Es posible que la visibilidad en el Mar de Ross sea la mejor del planeta. La transparencia del agua es de más de 300 metros (1.000 pies), ya que no hay ni fitoplancton ni corriente. Al principio, la flotabilidad era una dificultad: como el agua es tan transparente, no hay ninguna referencia visual flotando en la columna de agua.






Pingüino emperador con su cría
Filas de pingüinos emperadores adultos se deslizan sobre sus vientres para ir y venir de la colonia, 10 kilómetros (6 millas) por el hielo marino, en dirección a los acantilados negros. Grupos de pingüinos jóvenes, todavía con su mullido plumón, también recorren el hielo hasta el borde del agua. Si bien todavía deben esperar más de un mes antes de poder sumergirse seguros por primera vez, los polluelos ya contemplan el mar. Los padres y sus crías reconocen las voces únicas de cada uno y se reúnen llamándose entre sí cuando los adultos regresan con alimento. Mientras rodeamos la base del témpano de hielo, un concierto de miles de voces rebota contra la pared de hielo detrás nuestro; nos sentamos y lo escuchamos en estéreo.




SF: No soy tan inocente como para creer que solo se necesiten imágenes preciosas para provocar un cambio. Debe haber habido un consenso político. ¿Cómo se logró eso?

JW
: Una vez que recopilé todas las imágenes, comencé a publicar artículos y, eventualmente, un libro ilustrado de tapa dura, The Last Ocean (El último océano). Mientras tanto daba charlas y hacía presentaciones, primero a familiares y amigos, luego a sus amigos y luego a benefactores y como orador invitado. Creé un sitio web y ayudé a abrir el Last Ocean Charitable Trust (Fondo de caridad de "El último océano"), fundado por Young en Nueva Zelanda. Empezamos a encontrar aliados, como la Alianza del Océano Antártico (ASOC, por sus siglas en inglés), a construir una comunidad y a desarrollar una voz. En ese momento, uno de los principales problemas era que no existía ningún documento que describiera exhaustivamente el estado del Mar de Ross y que se pudiera usar como base para elaborar una propuesta para convertir al Mar de Ross en un área marina protegida (MPA, por sus siglas en inglés). Nuestra solución fue organizar y financiar un simposio en el Congreso Internacional de Conservación Marina (IMCC, por sus siglas en inglés) con científicos importantes de diferentes disciplinas abocados al Mar de Ross. Ainley compiló el trabajo de todos los científicos para crear un informe de bioregionalización de 100 páginas que se utilizaría como base para el eventual desarrollo de la propuesta de convertir al Mar de Ross en una MPA. Al día de hoy, este documento sigue siendo la publicación más completa acerca del ecosistema del Mar de Ross. Yo soy uno de los coautores y estoy muy orgulloso de haber contribuido.

A lo largo de este proyecto, he seguido recaudando fondos, tanto para mi propio trabajo como contribuciones para otros aspectos del proceso. En total, he recaudado más de un millón de dólares y he recibido un increíble respaldo de personas y organizaciones, como el programa Pew Fellows Program in Marine Conservation, Dan Cohen, The Ocean Foundation y, recientemente, de The Safina Center. Se formaron nuevas ONG que se han unido a la lucha. La Antarctic Ocean Alliance (AOA, por sus siglas en inglés) logró que se sumaran celebridades, como Leonardo DiCaprio, y recopiló más de un millón de firmas en un petitorio para proteger el océano Antártico. The Pew Charitable Trusts pusieron su formidable influencia al servicio de la causa y usaron los materiales de otras maneras creativas, como distribuir copias de mi libro directamente a delegados de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) y ayudar a informar e inspirar a John Kerry, en aquel entonces Secretario de Estado de EE. UU., que sobre el final se convirtió en el eje de todo el proceso.






Una protesta en el océano Antártico: un pingüino emperador enfrenta al rompehielos
El 28 de octubre de 2016, la Comisión para la Conservación de los Recursos Marinos Antárticos Vivos declaró la primera área marina protegida internacional de gran escala del mundo en el Mar de Ross, Antártida. Es el área marina protegida de mayor extensión del mundo y preserva el último ecosistema marino grande intacto de la Tierra. Se llegó a un acuerdo final y, cuando fue anunciado, una oleada de euforia inundó la sala. La gente se paraba, aplaudía, vitoreaba y lloraba. Las naciones se abrazaban entre sí; literalmente.

Esto no fue solo una enorme victoria para la Antártida. No fue solo una enorme victoria para la conservación de los océanos del mundo. Esto fue, además, un tratado de paz. Si todos trabajamos juntos, creo que esto es un modelo a seguir para el futuro de nuestros océanos.




SF: Parecería que las fotos pueden haber sido la piedra angular, pero fue necesario el compromiso de muchos, incluso del Secretario Kerry.

JW
: Fue exactamente así. Sin duda, Ainley puso las cosas en movimiento; juntos, le dimos el primer gran empujón, y luego pudimos mantener el envión colaborando cada vez con más y más socios. Las imágenes se utilizaron en todo el mundo. Para que el Mar de Ross fuera declarado área marina protegida, fue necesario que miles de personas dedicadas libraran batalla en salas de juntas, publicaciones científicas y en los medios. Ha sido un camino muy largo, con muchos obstáculos. Por eso quiero decir lo siguiente: estoy orgulloso. Cuando Ainley y yo comenzamos a trabajar en esto, una de las primeras reuniones que tuvimos fue con Polly Penhale en la Fundación Nacional de Ciencias. Ella nos dijo, casi textualmente: "Es muy poco probable que logren que sea declarada área marina protegida; pero si lo consiguen, les tomará una década". Esa charla fue en 2005, así que estaba equivocada. Nos tomó 11 años. Es por eso que, ante todo, estoy orgulloso; porque persistí y dejé todo en el campo de juego, como se suele decir. Nos topamos con muchísimos callejones sin salida. Me aferré a ideas hasta que fallaron definitivamente, para luego empezar de cero y cambiar de dirección.

También quiero decir esto: la lucha no ha terminado, ni siquiera para el Mar de Ross. La ley de área marina protegida está lejos de ser perfecta: no afecta a la controversial pesca del bacalao antártico, actividad que permanece casi intacta, y el importante hábitat de esta especie queda fuera del límite del área protegida. Pero hemos dado un paso hacia adelante increíble, improbable y casi inconcebible. Fue un tratado de paz. Desde el comienzo pensé que convertir al Mar de Ross en área marina protegida sería la clave de la lucha por redefinir nuestro vínculo con el océano.

Hace un tiempo, Sylvia Earle reflexionó con cierta ironía: "Si no podemos proteger el Mar de Ross, ¿qué podemos proteger?". Yo, sin embargo, prefiero pensarlo desde la perspectiva opuesta: si logramos proteger el Mar de Ross, llegar a un consenso entre 24 naciones para defender el último lugar prístino, ¿qué no podemos hacer? Creo que finalmente hemos sentado un precedente y dedicaré el resto de mi vida a seguir por este camino. Tuve que trabajar en el caso del Mar de Ross durante 10 años para darme cuenta de lo que estaba en juego. El nacimiento de mi hija fue lo que aclaró todo. Supe por lo que luchaba en el instante en el que ella nació.






La BBC filmando bajo el hielo
Debajo de la colonia de focas, el lecho marino es un mosaico. Los gusanos nemertinos, de más de 1,80 metros (6 pies) de largo, serpentean por entre una alfombra de llamativas estrellas de mar. Los erizos de mar se mueven en puntillas con su sinfín de espinas. Todas las criaturas se están alimentando o cazando, pero todo sucede en cámara lenta. Me sumé a un equipo de cineastas de la BBC que habían instalado cámaras rápidas para revelar la actividad mancomunada del lecho marino. Vistas en alta velocidad, las estrellas de mar se apresuran a subir la pendiente en masa, como un ejército marchando con una sola misión. El objetivo del ataque es una desafortunada cría de foca Weddell, que ha muerto bajo el hielo y se ha hundido hasta llegar al fondo de la plataforma subacuática poco profunda.





David Ainley
El Dr. David Ainley fue prácticamente quien inició el movimiento para declarar al Mar de Ross área marina protegida. David es un científico observacional consumado: ha estudiado los pingüinos Adelia durante más de 40 años. Observa atentamente en busca de patrones sutiles e investiga a fondo cada arista relevante, para poco a poco poner en su lugar las piezas del rompecabezas y así comprender mejor el mundo que lo rodea.

A finales de la década de 1990, diferentes países preparaban sus barcos pesqueros industriales para adentrarlos aún más en aguas antárticas. Ainley vio el peligro y, en 2004, escribió el artículo que inspiró mi viaje.




Más información
Conozca más del trabajo de John Weller en el video The World's Largest Marine Protected Area (El área marina protegida más grande del mundo) y en su galería adicional de fotos.



© Alert Diver — 1er Trimestre 2017