Fotógrafo: Marty Snyderman




Un tiburón martillo permite un encuentro cercano sobre los planos de arena de Bimini.


Cualquiera que ponga en duda la influencia que Jacques Cousteau ha tenido sobre los cineastas y fotógrafos submarinos debería preguntarles a aquellas personas cuyas carreras han durado décadas y que mantienen una posición de liderazgo: "¿qué lo hizo seguir por este camino?". La mayoría responderá, como lo hizo Marty Snyderman: The Undersea World of Jacques Cousteau (El mundo submarino de Jacques Cousteau). La serie se emitió desde 1968 hasta 1976, por lo que llegó en un momento oportuno para conectarse con la generación de "baby boomers", aquellas personas que nacieron durante el repunte en las tasas de natalidad. Para Snyderman, un niño que creció en Little Rock, Arkansas, una ciudad sin litoral, fue el acelerador que se echó sobre un emergente interés en el mar que encendió una pasión de toda una vida.

Su tío Herb fue el que primero le inculcó una fascinación por el mar y la naturaleza en general. Llevó a Snyderman a viajes de caza y pesca por todo Arkansas y sus padres le hicieron conocer el océano durante unas vacaciones familiares a Panamá City, Florida. Para los 10 años estaba tan cautivado por los viajes a la costa que para su cumpleaños pidió hacer un viaje de pesca durante la noche a bordo de un barco de pesca deportiva en el Golfo de México.

Su pedido fue concedido y una noche Snyderman subió a bordo de una embarcación con un grupo de pescadores que estaban disfrutando de un juego de póquer, tomando cerveza y expandiendo el vocabulario del niño. Estos hombres se convirtieron en sus héroes instantáneamente, en quien él quería convertirse. Pero las cosas cambiaron al día siguiente cuando capturaron a un tiburón sarda. Incluso hoy Snyderman se apasiona cuando recuerda al magnífico depredador luchando por su vida al final de la línea. No olvida cuán horrorizado estaba frente al suceso y recuerda vívidamente el olor a sudor y cerveza que tenían los pescadores, así como también recuerda cómo su comportamiento pasó de ser el de "buenos muchachos" la noche anterior al de la banda que creía que "el único tiburón bueno es aquél que está muerto" ese día. Recuerda que los pescadores se gritaban unos a otros para que le "dispararan al desgraciado", una criatura a la que Snyderman veía como un majestuoso animal que luchaba por su vida. En el momento en que alguien sacó una pistola y le disparó al tiburón Snyderman supo que nunca sería uno de esos muchachos. Corrió hasta la proa, trabó la puerta y lloró hasta el cansancio por la matanza sin sentido.

Recuerda que estaba convencido de que los pescadores, los adultos, estaban completamente equivocados con respecto al tiburón. Pero sentía que no podía hacer ni decir nada porque era sólo un niño. Y esa experiencia lo ha acompañado durante toda su carrera.


Una pareja de delfines acróbatas se desplaza por las aguas cristalinas de Hawái cerca de Kona Coast.


Aun así fue una migración larga e indirecta desde Little Rock hasta el mar para Snyderman, pero fue otro cineasta el que volvió a encender la llama durante una visita a la Universidad Vanderbilt, donde Snyderman se inscribió y recorrió arduamente un camino bastante desfavorable en el mundo académico. Stan Waterman llegó al campus para compartir algunas de sus películas e historias de su vida. Snyderman de alguna manera sabía quién era Waterman y consiguió un asiento en la primera fila para escucharlo hablar con elocuencia sobre sus aventuras en el mundo de la cinematografía submarina.

Al final de la presentación Waterman se estaba yendo del lugar con algunos administradores de Vanderbilt e ingresando a un taxi para ir a cenar cuando Snyderman, de manera impulsiva y absolutamente gratuita, se lanzó dentro del taxi con ellos. Notablemente no lo echaron del vehículo y todos se fueron a cenar, donde Snyderman se sentó y escuchó encantado las historias de Waterman, contadas con ingenio y elocuencia. "De ningún modo podría haber pagado por mi comida y no tengo idea de quién lo hizo, pero por supuesto me sentí muy agradecido", comentó Snyderman. "Esa noche fue el momento en que supe exactamente lo que quería hacer con mi vida. Antes, yo suponía que era necesario contar con el apoyo de la Marina Francesa o ser propietario de un barco privado con una tripulación y tener un contrato televisivo para hacer el tipo de cosas que hacía Cousteau. Pero en este caso se trataba de un particular, no diré una persona común porque para mí él era todo menos eso, que trabajaba por su cuenta para vivir aventuras y hacer películas. Finalmente, éste era el tipo de hombre que yo quería ser.


STEPHEN FRINK: siguiendo con esta historia cronológicamente, usted era un estudiante en Vanderbilt, que se graduaría en 1971 con un título en historia, y nada más sugiere un camino hacia la fotografía submarina aparte de un sueño difuso. ¿Cómo se convirtió esto en su realidad?


Un cardenal de rayas amarillas macho incuba laboriosamente los huevos
fertilizados de su pareja en su boca cerca de una cabeza de coral hueco de Fiyi.

MARTY SNYDERMAN: es cierto, esta fue una época de ambigüedad para mí, como fue el caso de muchos de los que crecimos en la década de 1960. En un momento creí que tal vez asistiría a la facultad de medicina, pero para la época en que me gradué sabía que quería adentrarme en el mar. Llegué hasta Fort Lauderdale, Florida, donde pasé un tiempo suficiente como para obtener una certificación como buzo en 1972, pero aun así no veía un camino hacia convertirme en un cineasta y fotógrafo submarino.

En lugar de hacer algo que resultara sustancial para mi carrera hice un viaje por carretera con dos compañeros de la universidad. No se trataba de un simple viaje por carretera sino de un viaje épico desde Tennessee hasta Guatemala. Construimos una pequeña canoa, la que creo era la peor embarcación de la historia del mundo, la cargamos en nuestra camioneta y condujimos hasta Puerto Morelos, México. En ese entonces, Puerto Morelos era sólo un obstáculo en el camino al sur de Cancún en la península de Yucatán. Salimos de la carretera para ver si había alguna gasolinera. No había ninguna, así que nos quedamos durante seis semanas. Lo más destacado fueron los viajes que hacíamos al arrecife cada día. Esa fue una época de pura magia para mí; mi amor por todo lo que había en el océano era ya algo indiscutible. Lamentablemente, la magia no se arraigó permanentemente en ese entonces y mi siguiente trabajo fue en una draga en el río Misisipi. Estaba en el agua, pero no el agua que tenían en mente.

Eventualmente en cierto modo ingresé al negocio del buceo. Obtuve un trabajo en un velero Windjammer, donde me pagaban 3,33 dólares estadounidenses al día en las Islas Vírgenes Británicas. Llevé a grandes cantidades de invitados a practicar snorkeling (al menos a los que estaban sobrios) y algún que otro buceo que realizaban de vez en cuando. Me encantaba mi trabajo, aunque lamentablemente no estaba preparado para desempeñarme en él. En esa época sólo era un buzo con conocimientos básicos, ni un instructor ni un divemaster. No sabía demasiado, pero si sabía lo suficiente como para ver que de vez en cuanto vivíamos algunas situaciones aterradoras. Mi conciencia no me permitió continuar allí, por lo que le pedí a mi padre que me prestara 5.000 dólares estadounidenses y viajé a San Diego a inscribirme en la Escuela de Instructores de Buceo de la National Association of Scuba Diving Schools (NASDS), con una duración de 10 semanas.


SF: ¿cómo fue esa experiencia? Entiendo que en la actualidad no es instructor de buceo.

MS: cuando llegué allí rápidamente me di cuenta de que todo era más complicado de lo que había imaginado. Durante la 10ma semana de estudios fuimos a Ensenada, México, para entrenar un poco, pero los permisos estaban mal hechos y todos pasamos una semana en una cárcel mexicana. Pero de alguna manera me gradué primero en mi clase. La semana siguiente mi primer trabajo fue trabajar para NASDS en una clínica de una semana de duración evaluando a los candidatos a instructores. Yo sólo había realizado 27 buceos en mi vida. Durante la noche dormía en mi auto y durante el día intentaba convertirme en un buzo profesional. Necesitaba un trabajo y un hombre llamado Lou Fead (autor de Easy Diver, uno de los textos básicos de la filosofía de capacitación de buceo) me contrató para trabajar en la tienda Diving Locker, propiedad de Chuck Nicklin, en San Diego. Conocía la historia de Chuck y había oído que un grupo de fotógrafos submarinos experimentados trabajaba en Diving Locker, y sabía que ese era el lugar dónde quería trabajar.


Un joven león marino de California observa detenidamente el objetivo de la cámara en una colonia en las islas
Midriff en el mar de Cortés, México.


SF: esa es una agradable coincidencia; Chuck Nicklin es el entrevistado de nuestro Perfil de miembro de DAN de esta edición. Muchas de las personas talentosas de la industria de la fotografía submarina provinieron de esa tienda de buceo en esa área.

MS: es cierto; de hecho, para trabajar como instructor en la tienda primero tuve que auditar la clase de alguien que ya enseñaba en el lugar. ¿Se puede tener más suerte? El instructor de la clase que presencié era Howard Hall. Pronto nos hicimos grandes amigos, buceábamos juntos y pasábamos gratos momentos. Una noche durante la clase que estaba auditando, Howard me preguntó si quería realizar un buceo nocturno después de la sesión en la piscina esa noche. Ese buceo consistía en nadar sobre el oleaje, un trayecto de casi un kilómetro (media milla) hasta una boya y un descenso de unos 50 metros (160 pies) en algún momento después de la medianoche.

Después del buceo Howard me preguntó si me había gustado y yo le respondí que fue el mejor buceo nocturno que había hecho porque había sido el primero y lo habíamos realizado a una profundidad dos veces mayor de lo que jamás había buceado. Él no tenía idea de mi falta de experiencia. Después de todo, yo era un instructor de buceo certificado. Howard sacudió la cabeza como si no lo creyera y ambos comenzamos a reír. No sabía que otra cosa podía hacer. Pero sí sabía que pasar tiempo con Howard iba a ser sumamente divertido.



Magia pelágica: una larva de langosta viaja sobre un agua viva en el mar
abierto cerca de la isla de Hawái en la oscuridad de la noche.
SF: el perfil de Howard fue publicado en nuestra columna Fotógrafo en la edición del segundo trimestre de 2010 de Alert Diver, y su carrera en la cinematografía submarina y la producción de películas IMAX es muy conocida. Recuerdo que usted también comenzó su carrera más como cinematógrafo que como fotógrafo.

MS: eso no es del todo correcto. Comencé tomando fotografías e intentando escribir, pero rápidamente me incliné hacia la producción de películas gracias a algunas oportunidades que se me presentaron. De hecho pasé más de dos décadas como cineasta, viajando con un grupo pequeño y haciendo documentales. Una de las mejores oportunidades que tuve durante ese período de mi carrera fue con Howard después de que construimos jaulas para tiburones para nosotros mismos a fines de la década de 1970. En esa época había muchos más tiburones azules y mako cerca de San Diego y solíamos ir a hacernos amigos de ellos sólo para divertirnos y para filmarlos con una cámara Super 8 (con película de 8mm).

Realizamos una pequeña película de lo que estábamos haciendo y casualmente Howard había trabajado en la película de Hollywood The Deep (En las profundidades) como un domador de tiburones. Eso quería decir que conocía a Stan Waterman bastante bien y en ese entonces Survival Anglia Ltd. había contratado a Stan para producir un programa de televisión sobre tiburones en el horario de mayor audiencia. Stan se estaba quedando sin fondos y tenía problemas para completar sus guiones gráficos con conceptos nuevos y luego vio nuestra película sobre tiburones. Ese fue el día en que pasé de vender snorkels a trabajar en un programa de televisión de horario estelar para Survival Anglia. Trabajé dos años y medio en Diving Locker intentando sumergirme en alguna parte del negocio que me encantaba, y esta fue la oportunidad que me encaminó en mi carrera.


Un camarón limpiador escarlata presta sus servicios a un mero tomate en un arrecife cerca de la isla Kapalai de Malasia.


SF: recuerdo haber leído algunos de sus artículos informativos sobre equipos a principios de la década de 1980. ¿Cómo comenzó a escribir y tomar fotografías para revistas de buceo?

MS: Howard había escrito algunos artículos para Skin Diver y yo tuve la oportunidad de conocer a Bonnie Cardone, la editora de la revista. Cuando pregunté sobre la posibilidad de obtener un trabajo similar allí, ella organizó una entrevista para mí con Paul Tzimoulis. En esa época no había Internet, por lo que si uno quería obtener algún tipo de información relacionada con el buceo debía leer Skin Diver y Tzimoulis era el responsable del éxito de la revista. Conseguir una entrevista con él era muy importante, por lo que conduje hasta Los Ángeles y conversé con él durante cuatro horas. Hablamos sobre la vida, pero sorprendentemente nunca abordamos el tema de mi experiencia en buceo y él no dijo nada sobre la posibilidad de que hiciera algún tipo de trabajo para Skin Diver. Probablemente fue la entrevista más extraña de mi vida; pensé que realmente lo había arruinado. Pero unos días más tarde Bonnie me llamó y me preguntó si quería hacer un trabajo para Skin Diver, "y ah, por cierto, necesitamos un artículo de 3.000 palabras sobre guantes de buceo... ahora". ¿Tres mil palabras sobre guantes de buceo? Intenten hacerlo alguna vez, sabiendo que si pasan la prueba la siguiente tarea tal vez sea 3.000 palabras sobre cinturones de lastre. Así que sí, he pagado mi derecho de piso.

Yo era un escritor lamentable, pero Bonnie logró que mis palabras fueran comprensibles una y otra vez. Sin embargo, seguramente adquirí algunas habilidades ya que pronto comencé a aportar texto y fotografías a nueve revistas de buceo diferentes, incluso Discover Diving, Underwater USA y Scuba Times. Ahora que lo pienso, todas las revistas para las que trabajé a principios de la década de 1980 han puesto fin a sus actividades. Pero ese trabajó me permitió ganar suficiente dinero para viajar y bucear por el mundo y para crear una caja estanca para una cámara de video de 16mm. (De hecho Howard y yo teníamos cajas estancas y cámaras idénticas).

Tuve la oportunidad de trabajar en 23 episodios de Mutual of Omaha's Wild Kingdom. Esa fue mi escuela de posgrado en cinematografía submarina. Después de eso tuve la posibilidad de producir y filmar una película de Nature sobre tiburones en PBS.


Un delfín manchado del Atlántico disfruta una comida nocturna mientras caza en la corriente del Golfo.


SF: en la actualidad he visto que su trabajo ha sido publicado en Dive Training con frecuencia y con un lugar destacado. ¿Cuándo comenzó a colaborar con esa publicación?

MS: creo que he trabajado para Dive Training por más de 20 años, primero de manera independiente y luego como editor de vida marina. Considero que Dive Training es mi familia y mi hogar en la industria del buceo. También represento a la revista en Hawái. Estoy completamente enamorado de Hawái e intento ir de visita a menudo porque allí hay grandes oportunidades para tomar fotografías. Allí he hecho grandes amigos.


SF: después de muchos años en el periodismo de buceo, me resulta curioso que nunca haya enviado imágenes que incluyeran personas. Claramente ha puesto el énfasis, como siempre lo ha hecho, en la vida marina.

MS: fotografiar a buzos es la parte más débil de mi conjunto de habilidades. Puedo hacerlo, pero no me siento demasiado motivado a hacerlo. Soy una "adicto" a los animales; creo que la Madre Naturaleza es el espectáculo más maravilloso de la Tierra. He realizado tantos buceos con otros fotógrafos que no querían que apareciera en sus fotografías que simplemente me resultaba natural concentrarme en las criaturas. Dive Training publica una enorme cantidad de fotografías que incluyen a buzos, como se esperaría sobre la base de su contenido, pero ese trabajo suelen asignárselo a otros fotógrafos. Yo me concentro en lo que hago mejor, y hemos logrado una gran relación laboral.


SF: desde la vista de 9.000 metros (30.000 pies) de alguien que ha forjado una carrera de tres décadas en la fotografía submarina, ¿cree que existen oportunidades para los aspirantes a fotógrafos submarinos?

MS: considero que sí hay oportunidades para aquellas personas que poseen un espíritu emprendedor y que tienen una historia que contar. Es importante no hacer lo mismo que hacen los demás (o que ya han hecho) y ese es el desafío con la vasta exposición que la fotografía submarina tiene hoy en día a través de los medios sociales. Cuando estaba comenzando, una de las fotografías que más beneficios me trajo fue una pésima imagen de un tiburón blanco. Pero en ese entonces casi nadie tenía fotografías de tiburones blancos. En el pasado, lo más importante era la oferta y la demanda, y aún lo es en la actualidad. Hoy en día, acceder a ciertos lugares y animales es más simple. Tener la posibilidad de reservar un viaje en una embarcación de vida a bordo para fotografiar tiburones blancos en las aguas claras de la Isla Guadalupe hace que capturar imágenes de tiburones blancos resulte un poco más sencillo de lo que solía ser. Y actualmente también hay un acceso similar a muchos animales, por lo que de alguna manera ya ha dejado de ser novedad. Desde luego, estar en el agua con tiburones blancos y ballenas jorobadas aún es una gran aventura, pero hoy en día la probabilidad de capturar una imagen que nadie haya visto en el pasado es mucho menor.

Ese es un curioso enigma; es más fácil obtener mejores imágenes con las tecnologías digitales y un mejor acceso, pero la probabilidad de conseguir algo completamente único es más difícil. Pero dicho esto, aún hay oportunidades para aquellas personas que son talentosas y motivadas, suponiendo que tengan una ética de trabajo lo suficientemente fuerte. Para poder tener éxito, los fotógrafos deben contarnos algo que no sepamos sobre el océano. O bien deben decir algo nuevo sobre la forma en que los afecta a ellos, al mundo o al futuro de las personas y de nuestro planeta. Una vez que el mensaje esté definido, salga y golpee puertas.


Un joven jurel dorado prueba fortuna al acompañar a un tiburón de arrecife de puntas negras por una
bajada en la isla de Yap en Micronesia.


Me encanta pasar tiempo con jóvenes promesas de la fotografía en expos de buceo y otros tipos de reuniones; me fascina la energía y el entusiasmo que tienen. Muchos de ellos me recuerdan a Howard y yo en esa época. Si yo he tenido alguna clase de éxito, no veo por qué otros no pueden lograrlo. Pero eso no quiere decir que será fácil.

Todos sufren algún tipo de rechazo en este negocio. La elección del momento oportuno es parte de la experiencia. Por lo tanto es importante enfrentar las situaciones y ver los rechazos como oportunidades de aprendizaje (pero es más fácil decirlo que hacerlo). Pero les puedo asegurar que nadie obtiene lo que quiere siempre. Para tener éxito en este negocio es necesario tener un cierto grado de determinación.

Considero que el nuestro es un deporte de equipo, aunque no todos lo ven de ese modo. Para mí, una persona en Japón fabrica mi cámara (Canon), otra persona en Austria fabrica mi caja estanca (Subal), otra en los Estados Unidos fabrica mis flashes (Ikelite) y a menudo alguien en Indonesia señala las pequeñas cosas que tal vez yo quiera fotografiar. Pero si la foto es buena, soy yo el que recibe el crédito impreso. Es una gran vida cuando uno es el fotógrafo. Pero nadie hace este trabajo por su cuenta; nadie.

En el pasado, las imágenes que me permitían pagar el alquiler y ayudaban a construir mi reputación eran las de grandes animales que Howard y yo tomábamos cerca de San Diego. Veíamos animales que otras personas no lograban ver y volvíamos a casa con las imágenes. En la actualidad puede resultar más difícil encontrar sujetos que sean novedosos, pero quizás se puede lograr una ejecución innovadora y una nueva percepción de la fotografía. El mundo está en constante cambio y los cambios en los océanos y la fauna marina son rápidos y considerables.

Para terminar debo decir que para mí todo esto es una gran excusa para pasar tiempo en el océano. Esto no implica que no tome mi trabajo con seriedad, sí lo hago. Sólo que todo esto aún me gusta de verdad: el estilo de vida, la aventura, los lugares que tengo la posibilidad de experimentar y las personas y las cosas que puedo conocer. Cuando viajo llevo cuatro flashes, tres cámaras, dos cajas estancas y un par de ropa interior. Realmente no me importa si la ropa interior me pertenece o no. A partir de eso podrán deducir cuáles son mis prioridades.
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Snyderman recibió el premio Reaching Out Award de DEMA en 2008. Mire este video sobre sus logros y aportes al mundo del buceo.



© Alert Diver — 3er Trimestre 2015