Expedición: la dimensión desconocida




Bart Shepherd exhibe una cámara de descompresión de peces que construyó la academia para recolectar
especímenes vivos en la dimensión desconocida. La cámara es sellada y presurizada con una pequeña cantidad
de oxígeno antes del ascenso.


El ambiente en el barco era sombrío, un estado psicológico que combinaba perfectamente con el intenso cielo gris que se elevaba sobre las aguas tormentosas. Mientras la bangka a cielo abierto se dirigía de regreso a Sabang, Filipinas, los otros únicos sonidos que se oían eran los chillidos de aves marinas que volaban en las alturas, el chirrido de los balancines de bambú que golpeaban las olas y los sonidos metálicos mientras los agotados buzos que usaban rebreathers (recirculadores) se quitaban el equipo sobre la cubierta.

Estos buzos habían logrado escapar de las condiciones más duras a las que se habían enfrentado como equipo. "Una visibilidad de sólo 3 metros (10 pies) en algunos lugares, agitadas corrientes descendentes que simplemente te arrancaban la máscara", comentó Elliott Jessup, jefe de buceo científico de la Academia de Ciencias de California (California Academy of Sciences), "además de una temperatura de unos 15°C (60°F) a profundidad y corrientes de hasta 4 nudos durante la descompresión". Después de una larga búsqueda de la boya de superficie del equipo, que se mantenía sumergida por el efecto de las fuertes corrientes, donde nos invadió el pánico, incluso los miembros de la tripulación del barco estaban agotados.

Sólo lo que los buzos habían encontrado a unos 137 metros (450 pies) explicaba por qué, a pesar de los desafíos, habían realizado ese buceo y lo repetirían una vez más al día siguiente. Como miembros del equipo de la "dimensión desconocida" de la academia, son cuatro de los apenas doce científicos en el mundo que exploran algunos de los arrecifes de coral más exquisitos, importantes y misteriosos de la Tierra. Los buceos son profundos, la descompresión es larga, las cargas de trabajo son intensas y los riesgos son constantes. Pero las recompensas, para la ciencia, para la protección del ecosistema y para ayudar incluso a aquellas personas que no son buzos que se preocupan por los rincones del océano nunca antes vistos, superan todo lo demás.
Bienvenido a la dimensión desconocida
La dimensión desconocida (que se conoce con más precisión pero de forma menos astuta como la zona mesofótica) se define como la franja de océano estrecha que se encuentra entre los 46 y los 152 metros (150 y 500 pies). Por debajo de los límites de la tecnología del buceo deportivo pero por encima de donde los investigadores normalmente envían costosos vehículos operados remotamente (ROV, por sus siglas en inglés) y otros submarinos, se encuentra un lugar que muy pocas personas en el mundo pueden ver, y mucho menos ingresar. También está repleto de peces, corales y otros invertebrados desconocidos para la ciencia.

Eso es particularmente cierto en el Pasaje de la Isla Verde, un área del Triángulo de Coral a menudo llamada "el centro del centro de la biodiversidad marina". En colaboración con el gobierno de las Filipinas, el museo nacional y otros, la academia ha estado lanzando expediciones aquí por más de una década, y el esfuerzo de este año incluye a más de 40 buzos científicos con una gran variedad de conocimientos. Jessup, el ictiólogo Luiz Rocha, el director del Acuario Steinhart Bart Shepherd y el estudiante de doctorado Hudson Pinheiro están profundizando esa ciencia.


A una profundidad mayor a 60 metros (200 pies), un macho de Pseudanthias hutomoi le muestra su
"coloración nupcial" a una hembra.



Un día durante la primera semana, Terry Gosliner, curador principal del departamento de geología y zoología de invertebrados de la academia, caminaba desde el bullicioso laboratorio de campo (que se había apoderado de una sección del restaurante del centro turístico local) para encontrarse con el equipo para cenar. Había estado procesando los especímenes de arrecifes profundos que habían recolectado ese día, y sacudía la cabeza asombrado. "Nudibranquios, erizos de mar, mini gorgonias; no tengo idea de lo que tenemos exactamente", manifestó. "Estas criaturas no figuran en los libros".

Lamentablemente, nuestra ignorancia respecto a los arrecifes mesofóticos no los ha protegido de las actividades de los humanos. El equipo de la dimensión desconocida de la academia ya había documentado el ahogamiento de arrecifes profundos en limo causado por la desforestación y había encontrado enormes poblaciones de invasivos peces león que se comían todo y que merodeaban muy por debajo del lugar donde se desarrollaban los esfuerzos de matanza. Además, esperaban que esos arrecifes mesofóticos también se vieran sumamente afectados por la acidificación del océano como sus equivalentes de aguas superficiales. En la actualidad luchamos por aprender todo lo que podemos, y lo más rápido posible, antes de que algunas especies o ecosistemas desaparezcan para siempre.
Detrás de la máscara
Los rebreathers de circuito cerrado (CCR, por sus siglas en inglés) aún son lo suficientemente raros como para alarmar a los agentes de seguridad aeroportuaria, pero ya no resulta extraño encontrarse con un buzo que descienda a profundidades de la dimensión desconocida. Sin embargo, la diferencia entre el buceo deportivo o técnico con CCR y realmente trabajar a una profundidad de hasta unos 150 metros (500 pies) es considerable.

Independiente de en qué lugar del mundo se encuentren, las expediciones de este equipo son implacables. El buceo promedio tiene una duración de cuatro o cinco horas, con una profundidad de unos 90 a 150 metros (300 a 500 pies) y permite al equipo pasar alrededor de 10 a 40 minutos a profundidad. Los programas de descompresión para lo que ellos hacen "no existen", comenta Jessup. "El trabajo cambia todo. Estamos traspasando los límites, por lo que tenemos que basar los programas en un riesgo calculado sumamente conservador". Como no saben qué encontrarán en un buceo en particular, el equipo planifica un rango de profundidad en lugar de una profundidad específica y cuenta con varios planes de contingencia.


El administrador de colecciones del Instituto Smithsoniano Jeff Williams "sujeta" y fotografía peces, y se asegura de que la cantidad total de aletas y la coloración puedan usarse para identificar con precisión especies nuevas y conocidas.


Siguen un patrón de tres días de actividad y un día libre; Jessup afirma que los días sin buceos son "tan importantes para nuestra fisiología como para el estado psicológico que se necesita para estos buceos". Pero con el mantenimiento de equipos, el trabajo con especímenes y los mensajes de correo electrónico que deben responderse, esos días de hecho no son días libres. A medida que pasaban los días, el equipo dependía enormemente de la disciplina, la rutina y la energía de sus miembros.

En el agua, cada uno de los buzos tenía un scooter, dos cilindros de 2.265 litros (80 pies cúbicos) de gas de emergencia y las herramientas específicas para el trabajo. Para Jessup esto se traducía en una cámara de video de 4.000 píxeles (4K), con un peso de unos 32 kg (70 libras) y el tamaño de un archivador. Para Shepherd, Rocha, Pinheiro y Brian Greene (un buzo especializado en peces mesofóticos que se unió a ellos para este viaje), significaba una combinación de redes, bolsas de recolección, cintas métricas, lanzas, cámaras y más.

Debido a los equipos que llevan, las tareas que deben realizar y el tiempo limitado en que deben llevar a cabo esas tareas, "debemos ser realmente conscientes y no hacer grandes esfuerzos a profundidad", manifestó Jessup. "Uno de los problemas es que se absorben gases no deseados de manera más rápida. El otro es el trabajo respiratorio: cuanto mayor sea el esfuerzo, mayor será la dificultad para respirar, y si se intenta respirar un gas que es más denso a profundidad, esa no es una buena combinación al usar un rebreather (recirculador). A 60 metros (200 pies) esto no es un problema para nosotros, pero a 150 metros (500 pies) podría convertirse en uno".


Muchos de los especímenes recolectados tienen sus propios pasajeros; en este caso, se trata de un diminuto camarón comensal.


Jessup, que constantemente lee artículos y asiste a conferencias sobre fisiología del buceo y que siempre está dispuesto a charlar sobre temas como el trabajo sobre un volumen respiratorio insuficiente realizado por el médico Simon Mitchell, aborda el tema del trabajo a profundidad de dos maneras generales. Primero, el equipo utiliza un mayor porcentaje de helio del que los buzos deportivos que usan CCR suelen utilizar (70 por ciento en comparación con un 50 ó 60 por ciento). Segundo, entrenan para lograr una mayor eficacia. "Cada buzo tiene una sola tarea científica", manifestó. "Esto aumenta la probabilidad de que tengan eficacia en esa tarea y que regresen con vida".

Para los científicos que desean abordar las principales cuestiones relacionadas con la zona mesofótica, el trabajo en la dimensión desconocida requiere del tipo evaluación de los riesgos en comparación con las recompensas a nivel personal que se observa más comúnmente entre los astronautas que entre los académicos. También requiere un compromiso serio y no olvidar que adquirir conocimientos, sin importar cuál sea su importancia, realmente es una tarea secundaria.

"Trabajar con científicos es fantástico porque se está capacitando a personas que están centradas en la misión y que tienen una tarea muy importante", afirmó Jessup. "También es una pesadilla porque se está capacitando a personas que están centradas en la misión y que tienen una tarea muy importante. Asegurarse de que nunca olviden que la verdadera tarea principal es sobrevivir, especialmente en el caso de los científicos que tienen una vasta experiencia en buceo, puede ser sumamente difícil".
Las aguas que nos separan
Al igual que con cualquier buen grupo, el equipo de la academia debe trabajar constantemente para combinar sus antecedentes, perspectivas y prioridades en pos de una meta común. Y al igual que con cualquier buen grupo, sus diferencias también los convierte en un todo más amplio y capaz.

Jessup comenzó a practicar buceo deportivo a los 15 años; a los veintitantos renunció a un "deprimente trabajo de marketing corporativo" para mudarse a Egipto y convertirse en un divemaster. Comenzó a viajar por el mundo mientras invertía en una capacitación cada vez más técnica, se centró en el buceo científico unos años más tarde y luego se unió a la academia como responsable de seguridad en el buceo (DSO, por sus siglas en inglés) en 2011 con el objeto de desarrollar un programa de buceo científico. Le gusta "ese momento clave en que uno le enseña a un científico algo que él se da cuenta le permitirá tener una mayor eficacia en su trabajo". En el agua es metódico, tranquilo y decidido, una de esa personas cuya capacidad obvia agrega un poco de calma.

Con aproximadamente 25 años de experiencia en buceo científico, a Shepherd lo apasiona ofrecer a los visitantes del museo la experiencia más hermosa, realista y emocionante de los ecosistemas submarinos. Como preparación para una exhibición de la dimensión desconocida en 2016, su prioridad en las Filipinas es recolectar animales vivos para llevarlos de regreso a la academia. Su personal está a la vanguardia de la cría de animales marinos; el extraño recipiente que a menudo carga en los buceos es parte del prototipo de una cámara de descompresión de peces desarrollado por el biólogo Matt Wandell.

Rocha, el curador de ictiología asociado de la academia, nació en João Pessoa, Brasil. Comenzó a practicar buceo mucho antes de tener edad suficiente como para tomar su primera clase y ha intentado responder grandes interrogantes acerca de la especificación de peces (cómo y por qué la evolución da lugar a nuevas especies) casi desde entonces. Esos interrogantes son cada vez mayores y extraños en la dimensión desconocida, donde la prioridad de Rocha es recolectar especímenes para la secuenciación del ADN. Esa es la forma más concluyente de descifrar de qué se compone un animal y cuál es su ubicación en el árbol de la vida, y están apareciendo especies nuevas por doquier.


Después de un largo día de buceo, Hudson Pinheiro clasifica peces
con Kent Carpenter.
Pinheiro, un estudiante de doctorado y un investigador de ictiología de la academia, siente tanto entusiasmo respecto a los peces que a menudo bordea la hilaridad. Es un trabajador tenaz, terco y conocido por bucear con una camiseta y medias para no perderse una oportunidad de atrapar un espécimen. Su tarea en estos buceos era realizar una serie de transectos a diversas profundidades, una de las mejores maneras de mapear la biodiversidad y el funcionamiento de un ecosistema. Cientos de miles de esos transectos se han realizado en arrecifes superficiales; alrededor de 30, todos ellos realizados por Pinheiro y Rocha, se han llevado a cabo en la zona mesofótica.

Ese día la "meta común" del equipo no era tan común como debía ser. ("Las condiciones", comentó Jessup, "revelaron algunas debilidades".) Por lo que después del viaje en barco y de enjuagar minuciosamente el equipo, la tripulación desapareció a puertas cerradas durante varias horas. Al salir, habían acordado una gran cantidad de formas de reforzar los protocolos existentes, y habían agregado algunos nuevos.

En primer lugar, habían formalizado las reuniones previas a los buceos y los análisis posteriores a ellos: todos debían estar presentes, incluido el equipo de apoyo de superficie; no se permitirían los teléfonos, el personal innecesario ni las distracciones. Habían hablado mucho sobre la conciencia de la situación. Y habían adoptado un sistema de "convocatoria" que se relaciona con los astronautas de la NASA, donde cualquier tipo de error, por mínimo que fuera, debía comunicarse de inmediato y se debía hablar al respecto con el equipo.

Por último, habían establecido un nuevo mantra para los controles anteriores al buceo. Cuando se les pide que indiquen cuál es su tarea principal antes de ingresar al agua, estos científicos determinados, concentrados e inteligentes ya no hacen mención a la captura, caza ni medición de ninguna criatura, sino que dicen: "tarea principal: sobrevivir".
Superación
Al llegar al lugar donde se realizaba la parada de descompresión final del equipo, pudimos ver que estaban enganchados detrás de un pequeño arrecife, en busca de un poco de alivio del intenso arrastre de la corriente sobre los scooters, las bolsas de recolección, las cámaras y los tanques que llevaban detrás de ellos. Entregaron la mayor parte de sus cosas y volvieron a acomodarse para esperar a que transcurriera la hora restante de descompresión.

Una vez de regreso en la embarcación, los ocho cilindros que los buzos habían llevado eran una manifestación física del trabajo en equipo que este esfuerzo requiere. Además de los cuatro gases de fondo tenían una botella para los 58 metros 190 pies), una para los 37 metros (120 pies), una para los 21 metros (70 pies) y otra para los 6 metros (20 pies). "Algunos buzos pueden ser completamente autosuficientes", comentó luego Jessup, "pero al dedicarse a la ciencia eso se modifica. No sería posible realizar nuestros buceos si no contáramos con una estrategia de emergencia de equipo". El equipo de apoyo de superficie podría ayudar en una descompresión posterior si fuera necesario, pero esta es la verdad ineludible: para poder hacer el trabajo, y para asegurarse de que siempre regresen a casa una vez que hayan terminado, estos buzos se necesitan unos a otros.


La administradora de colecciones de invertebrados Chrissy Piotrowski preserva, documenta y cataloga los especímenes recolectados del día a altas horas de la noche; los especímenes siguen siendo propiedad del pueblo de las Filipinas.



"Lo que el equipo está haciendo en la Academia de Ciencias de California", manifestó Alistair Dove, un biólogo y editor asociado de Deep Sea News, "realmente está abriendo nuevos caminos para la investigación de la biodiversidad; es algo extraordinario". Y es algo que la academia no dejará de hacer, afirmó el director ejecutivo de la academia Jon Foley, haciendo referencia a una "misión de 10 a 20 años para explorar estos cruciales ecosistemas de arrecifes de coral".

El equipo de la dimensión desconocida seguirá viajando por el mundo, descendiendo a mayores profundidades, alertando a la seguridad aeroportuaria cada vez más rápido y abrumando a los capitanes de embarcaciones más de lo que los buzos científicos jamás lo han hecho. Todo lo que encuentren, y la velocidad con que lo hagan, no sólo se agregará a las listas de nuevas especies del mundo, es posible que también ayude a determinar la eficacia con que nuestra propia especie aprende a proteger a algunos de los arrecifes más extraños e increíbles que jamás veremos.
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Vea cómo científicos de la Academia de Ciencias de California hablan sobre la Presión en la dimensión desconocida.



© Alert Diver — 3er Trimestre 2015