Errantes nocturnos




Larva de pez jorobado


No estoy seguro de a qué distancia de Palm Beach, Florida, estábamos cuando los motores quedaron en neutro y un gran balón inflable del que colgaban 12 metros (40 pies) de cuerda adornada con luces desapareció en la oscuridad de la noche. Creo que eran entre unos seis y ocho kilómetros (cuatro o cinco millas) y si los cálculos del capitán Dean eran correctos estábamos ubicados cerca del borde siempre cambiante de la corriente del Golfo donde la vida marina se congrega. Mientras el barco que estaba parado se mecía suavemente, una docena de buzos inquietos estaban sentados en línea en bancos con todo su equipo colocado y esperaban la señal para lanzarse desde la cubierta como paracaidistas.

Anna y yo, que fuimos los primeros en abandonar la cubierta, nos dirigimos directamente al cabo de descenso brillante, nuestra "nave nodriza" durante la siguiente hora y media mientras vagaríamos en el universo poco conocido de las larvas marinas, la gran diáspora oceánica de crías de peces de arrecife e invertebrados fertilizadas externamente. Los pocos sobrevivientes de la metamorfosis de varias semanas eventualmente se instalan en el lecho marino, donde se desarrollan hasta alcanzar su forma adulta final.


Larva de morena


En unos pocos minutos todos estaban bajo el agua y atrapados en el dominio imperceptible de una corriente de tres o cuatro nudos que para el final del buceo nos arrastraría 13 km (8 millas) hacia el norte. Entre tanto, nosotros ajustábamos las luces y aclimatábamos nuestros ojos a un océano brumoso salpicado abundantemente de desechos orgánicos conocidos como nieve marina. Esto no es para holgazanes; las larvas de peces son pequeñas, rápidas, erráticas y astutas, lo que dificulta detectarlas en un océano sin ninguna característica especial. Pero cuando uno encuentra a un animal asombroso y que posiblemente nunca antes haya sido fotografiado, la emoción es tan grande como si se pescara un pez vela gigante, aunque el "pez vela" que encontramos en nuestra tierra de hadas marina pudiera caber en la palma de la mano.

En menos de 10 minutos Anna estaba alumbrando a una larva de lenguado que era atraída a su luz de mano como una polilla a una llama. Sin conocer su comportamiento, yo me detuve y me limité a observar como uno de los peces más fantásticos que había visto aleteaba en su haz de luz antes de desplomarse y quedar de costado como una hoja seca. Mientras me acercaba lentamente, el pez se enderezó y se alejó nadando. Yo lo seguía de cerca e intentaba abrirme camino junto a él, enfocando, encuadrando y con la esperanza de que disminuyera la velocidad o que diera la vuelta. Sin estar seguro de cuánto me había desplazado, eché un vistazo a mi alrededor, localicé el cabo de descenso y emprendí el regreso. El pez había desaparecido.


Larva de lenguado

Di un giro, a la vez que hacía un círculo con mi luz. De alguna manera el haz capturó el movimiento de unas aletas que se dirigían a la superficie. Yo comencé a perseguir al animal y sólo logré acercarme cuando el pez se detuvo con indignación y mirando en la dirección opuesta. Me deslicé a su izquierda, pero el pez se desplazó hacia la derecha. Giré hacia la derecha y él viró a la izquierda y ostentó su cola en mi cara mientras se alejaba a gran velocidad. A los tropezones, la persecución continuó hasta que la larva disminuyó la marcha, dio media vuelta y nadó hacia mí a paso lento. "Tranquilo, tranquilo", me decía a mí mismo mientras el lenaguado pasaba a una distancia del ancho de una mano, con sus aletas en movimiento.

Sólo hizo falta esa única larva de pez extravagante y Anna y yo quedamos atrapados al igual que nuestros colegas del sur de la Florida que rara vez, si es que alguna vez lo hacen, se pierden un buceo nocturno a deriva programado. La mayoría de ellos son fotógrafos veteranos del puente Blue Heron Bridge, naturalistas hasta la médula y profundos conocedores en lo que se refiere a pruebas y recompensas de la fotografía de vida marina. Como grupo disfrutan mucho de los buceos nocturnos a deriva, pero ellos no fueron los primeros en sucumbir al embrujo de las larvas mar adentro. Para el momento en que los muchachos de la Florida realizaron su primer buceo a deriva dos años atrás, los buzos de Hawái ya habían estado fotografiando larvas de peces de noche durante 20 años. Inspirados por el legendario fotógrafo submarino Chris Newbert, sus buceos nocturnos a deriva, conocidos en las islas como buceos en aguas residuales, introdujeron el arte de las larvas al mundo. Nuestros amigos de Florida continúan gustosamente con la tradición a 8.047 km (5.000 millas) de distancia.


Larva de pez murciélago


Una vez de regreso a bordo, todos estaban muy animados. Imágenes de animales extraños atraían las más grandes multitudes alrededor de las resplandecientes pantallas de las cámaras. Como era de esperar, "¿Qué es eso?" era la pregunta más frecuente en un mundo donde los cangrejos no tienen aspecto de cangrejos y los peces parecen ilusiones. Fotos de animales no identificados fueron enviadas a dos caballeros al otro lado del mundo que adquirieron sus conocimientos taxonómicos catalogando esquemas morfológicos de especímenes recogidos en recolectores de plancton.

El conocimiento científico de la orfandad oceánica se ha transformado en los últimos 15 años. Ya no se cree que se trate de un sistema exclusivamente abierto, que transporta larvas pasivas aleatoriamente a costas lejanas. Estudios recientes han demostrado que las larvas de peces son nadadores fuertes con sofisticados instintos para permanecer en aguas locales. Pero exactamente hacia dónde se dirigen entre el desove y su asentamiento sigue siendo un misterio. Mientras tanto, los fotógrafos submarinos de la Florida, Hawái y otros lugares están incorporando algunos datos al mar de conocimientos cuyas corrientes nos llevan de un lado a otro como errantes nocturnos y nos permiten disfrutar como nunca.

© Alert Diver — 1er Trimestre 2017