Enfermedad por descompresión cutánea en Cuba




Si bien la EDC cutánea puede ser relativamente leve, el 20% de los casos de
EDC con manifestaciones en la piel también presenta síntomas neurológicos,
como visión borrosa, mareos o confusión.
Mientras caminaba por el muelle después de la última inmersión, sentí una picazón en el abdomen. No le di importancia; quizá era alguna erupción por el traje húmedo. Regresé a la habitación a ducharme y cambiarme para ir a un picnic en la playa.

Hacía una semana que estábamos en Cuba y habíamos buceado los últimos tres días. Había hecho seis inmersiones —dos por día— con perfiles similares todos los días. Todas las inmersiones habían sido con aire y a una profundidad de entre 18 y 32 metros (60 y 104 pies); nada extraordinario (más allá de los prístinos arrecifes y preciosos pasadizos cubanos). Me sentí cómoda y relajada todo el tiempo. La inmersión más profunda fue a 32 metros (104 pies) y fue la primera inmersión del día en el que empecé a tener síntomas. Descendí hasta 28 metros (93 pies) en la segunda inmersión ese día e hice una parada de seguridad larga de aproximadamente 10 minutos. Me sentí bien en la superficie, pero estaba triste porque había sido la última inmersión del viaje.

Después de ducharme, me seguía picando la piel y me empezó a aparecer lo que, para mí, era un sarpullido. Pensé que podía estar teniendo una reacción alérgica a lo que fuera que me había "picado". Pero no parecía algo más serio, así que me vestí y me reuní con mi marido y el resto del grupo en el picnic. Cuando llegué al lugar no me sentía bien, así que regresé a la habitación a recostarme un rato. De camino, pasé por la clínica de primeros auxilios para que me viera el médico.

El idioma era un impedimento. Como no hablo español, hice lo que pude para explicarle cómo me sentía. Le mostré el sarpullido marmóreo que tenía en el abdomen. El médico sugirió que tal vez me había ajustado demasiado el chaleco compensador y me recomendó tomar paracetamol (también conocido como acetaminofeno, o Tylenol®), reposar y esperar para ver si se aliviaban los síntomas.


Esta foto no corresponde a este incidente en particular, sino que ilustra de
manera general la enfermedad por descompresión en la piel.
Fui a mi habitación, tomé un Tylenol® y me acosté a descansar. Me sentía bastante incómoda, pero finalmente logré dormir hasta que, a las dos horas, mi marido vino a ver cómo estaba. Cuando me levanté, sentí que la picazón se extendía hasta el pecho, y fue en ese momento que sentí dolor por primera vez. Alarmada, le mostré a mi marido la piel marmórea, y él inmediatamente dijo que pensaba que podía ser enfermedad por descompresión (EDC) cutánea. Decidimos llamar a DAN®.

Como estábamos en una zona remota, la red celular no era buena, por lo que la llamada tardó bastante en conectar. Finalmente, nos atendió uno de los paramédicos de DAN, que nos brindó un excelente servicio. Mi marido le explicó lo que sucedía y ella pidió hablar directamente conmigo.

La paramédica de DAN escuchó atentamente los detalles de las inmersiones, los síntomas y las recomendaciones del médico de la clínica del hotel. Ella interpretó que era posible que estuviera padeciendo manifestaciones de una EDC y me pidió que volviera de inmediato a la clínica para someterme a un examen neurológico completo y para que empezara a respirar oxígeno puro. También se ofreció a coordinar una interconsulta de médico a médico en español, para ayudar al médico local con el examen. Me informó que había cámaras hiperbáricas en islas cercanas y que investigaría la posibilidad de conseguir un traslado aéreo de ser necesario.

De regreso a la clínica, llamamos a nuestro guía de viaje —que afortunadamente estaba cerca— y le contamos lo que estaba sucediendo. Se preocupó bastante y acordó inmediatamente acompañarnos para hacer de intérprete. Contar con un intérprete aceleró el proceso, y a los pocos minutos ya estaba respirando oxígeno. La clínica estaba desolada, y la administración de oxígeno duró entre 30 y 45 minutos. Empecé a sentirme mejor, y los síntomas disminuyeron un poco, por lo que el médico me dejó ir. No hice demasiado durante el resto de la noche y me preparé para el trayecto de cinco horas en autobús de regreso a La Habana al día siguiente.

Todavía tenía dolor al tacto en el abdomen y lo que podría describir como "una sensación rara" en la parte izquierda del cuerpo. Me sentí lo suficientemente bien como para ir a la ciudad y pasear un poco por La Habana el sábado, pero les comenté a mis compañeros de buceo que me preocupaba el vuelo a casa programado para el día siguiente. Después del vuelo de media hora de La Habana a Miami, el dolor en el abdomen era peor y la caminata larga desde el interior del aeropuerto hasta el auto fue bastante incómoda.

Independientemente de si hay síntomas neurológicos evidentes, siempre se recomienda que un médico capacitado en medicina del buceo lleve a cabo un examen, ya que algunos síntomas neurológicos pueden pasar desapercibidos.


A la mañana siguiente, tenía mucho dolor y se me había inflamado y deformado el abdomen. Llamamos a DAN y, nuevamente, la paramédica estuvo ahí para ayudarme. Mientras yo esperaba en línea, llamó al Mariners Hospital en Tavernier, Florida, que es donde se encuentra la cámara hiperbárica más cercana a donde vivo, y coordinó con el personal de la cámara para que me esperaran en la sala de emergencias. Llegué a la sala de emergencias y me ingresaron rápidamente para administrarme nuevamente oxígeno y someterme a una serie de pruebas para evaluar mi estado. A pesar de que ya habían pasado cuatro días desde la última inmersión, el médico decidió tratarme en la cámara. Me sentí mucho mejor después del tratamiento de seis horas en la cámara, pero seguí teniendo un poco de dolor abdominal durante una semana.



Analizando el incidente, al principio no entendía por qué, de los 20 buzos en nuestro grupo, yo había sido la única en tener una enfermedad por descompresión. Era una de las más jóvenes, siempre me he mantenido físicamente activa y en forma, y no buceé más allá de los límites de no descompresión. Pero, posteriormente, supe que la gran mayoría de los casos de EDC no presentan ni causas ni explicaciones evidentes (más allá del tiempo que la persona permanece en profundidad bajo el agua). Si esto me volviera a suceder, actuaría de manera más drástica. Respirar oxígeno de un cilindro no es el tratamiento definitivo de la EDC, y la insistencia del médico en que yo me había ajustado demasiado el chaleco no explicaba adecuadamente todos los síntomas. Probablemente hubiera llamado antes a DAN cuando comenzó todo y de nuevo el día antes de volar. Sabía que no era una buena idea subirme a ese avión con síntomas, por lo que hubiera preferido consultar con DAN antes de partir.

Soy consciente de lo afortunada que soy de que la enfermedad por descompresión que sufrí no haya sido más grave y estoy muy agradecida de que mi marido se haya asegurado de que siempre estemos cubiertos por el seguro contra accidentes de buceo de DAN desde que empezamos a bucear en 1998. Siempre esperamos que no fuera necesario llamar a ese número, pero sin duda me alegra que DAN haya estado allí para nosotros cuando tuvimos que hacerlo.
Comparta su historia
¿DAN estuvo allí para usted? Cuéntenos en un correo a ThereForMe@dan.org.

© Alert Diver — 1er Trimestre 2017