En el inframundo maya

Explorando los cenotes


Suspendido en una cortina de luz en Kukulkan.
"Y ahora veremos algo completamente diferente", dijo nuestro conductor/guía de buceo mientras abandonábamos la carretera. La camioneta comenzó a dar saltos por un camino de tierra bordeado por matorrales. En lugar de dirigirnos hacia el mar azul, nos estábamos desplazando tierra adentro, en dirección opuesta al océano y hacia el corazón de la península de Yucatán en México. Nuestro destino era un insulso hoyo en la tierra, una entrada secreta hacia lo desconocido.

Nos colocamos el equipo, hicimos el buddy-check (verificación mutua con nuestro compañero), respiramos algunas veces a través de nuestros reguladores y luego nos lanzamos desde el borde para sumergirnos en el cenote conocido como Calavera (Temple of Doom en inglés). Inmediatamente nos transportamos del mundo lleno de sol y arena de la superficie (los hoteles altos y las playas repletas de turistas de Cancún) a un reino de silenciosa oscuridad, cambiante y misterioso. Habíamos cruzado el umbral hacia el inframundo maya.

Hay un enorme sistema de ríos subterráneos que se extiende bajo la península de Yucatán. Cientos de cenotes, estanques naturales de agua dulce esparcidos por la jungla con nombres vívidos tales como The Pit, Eden y Taj Mahal, son portales hacia un reino inferior que los antiguos mayas llamaban Xibalba, que literalmente significa "lugar de miedo". Habíamos soñado con esto durante años y la emoción que teníamos de finalmente estar buceando y explorando cuevas había encendido nuestros sentidos.

El guía nos llevó por un laberinto de cavernas conectadas por pasadizos serpenteantes. En un momento nuestras potentes luces LED penetraban la oscuridad estigia e inmediatamente después iluminaban montones de rocas dentadas y elegantes formaciones de piedra caliza exhibidas como si estuvieran en la galería de un escultor. Nuestra fascinación nos llevaba a penetrar la oscuridad, impacientes por descubrir qué nos esperaba a la vuelta de la siguiente esquina. Poco tiempo después estábamos nuevamente en la primera sala, mirando asombrados hacia arriba el resplandor que se introducía a través de ventanas naturales en la parte superior de la caverna. Una vida entera de buceo en arrecifes de coral no podía prepararnos para esto. Era completamente diferente, lo que resultaba sumamente estimulante.


Bosque sumergido de ninfáceas gigantes en Gran Cenote.
En lugar de practicar buceo en cuevas, que requiere un entrenamiento y equipos especiales, estábamos allí para experimentar el buceo en cavernas. Expertos guías locales llevan a los buzos deportivos como nosotros (con niveles básicos de aguas abiertas) por cavernas y túneles que a menudo tienen menos de 9 metros (30 pies) de profundidad. Los buzos permanecen cerca de las aberturas de los cenotes y hay líneas que marcan muchos caminos. Según los protocolos de seguridad no es necesario contar con una certificación en buceo en cuevas avanzado para explorar estos sitios.

Docenas de cenotes a lo largo de la Riviera Maya entre Cancún y Tulum, incluso el popular punto Dos Ojos, tienen galerías decoradas suntuosamente con columnas luminosas, pilares monolíticos que se elevan desde el suelo hasta el techo. Algunas estructuras son intrincadas con formas que se asemejan a helados gigantes derritiéndose. Había un sinnúmero de cámaras sombrías con estalactitas que caían amenazantes. Gran Cenote tiene formaciones que se ven exactamente como los dientes de un enorme tiburón salido de una pesadilla. Car Wash tiene un estrado de hermosas ninfáceas y su entrada está bloqueada por un ingenioso embrollo de ramas de árbol.

En Chac Mool descendimos de inmediato hacia la brumosa oscuridad de una haloclina, la transición de agua dulce más ligera en la superficie a agua salada más densa debajo. Parecía que algunas partes de nuestros cuerpos desaparecían de nuestra vista por un momento en el agua turbia y turbulenta, pero al instante volvían a aparecer con gran nitidez. Era fascinante, pero también un poco confuso. Finalmente nos abrimos camino por el "agua turbulenta" hacia una visibilidad deslumbrante. Nuestro viaje se había programado perfectamente para un espectáculo de luces; merodeando bajo un tragaluz, nos bañaban los rayos del sol que se habían filtrado a través del follaje de la jungla que se encontraba sobre nosotros. El brillo del sol se transformaba en luminosidad líquida delante de nuestros ojos: haces y cortinas se extendían en dirección descendente, luces relucientes que bailaban en un escenario subterráneo. El efecto era hipnótico.


Vista dividida en el cenote Edén, también conocido como Ponderosa.

Para nuestro segundo tanque en Chac Mool, usamos una entrada diferente para cubrir territorio nuevo. Nuestro guía nos dio un nuevo briefing del lugar y nos recordó que debíamos controlar nuestra flotabilidad, que le hiciéramos una seña cuando nos quedara medio tanque, que lo siguiéramos en una sola fila y que estuviéramos pendientes de nuestras aletas para evitar patear formaciones delicadas. Ingresamos a un amplio túnel y nos introdujimos a través de cañones huecos. Nos llevaban hacia la izquierda y hacia la derecha, hacia arriba y hacia abajo; nos desplazábamos por la soledad del espacio interior. Y luego llegamos al santuario interno.

Nuestras luces penetraban el negro misterio y revelaban una sutil belleza, pinceladas en un paisaje increíble. Estábamos en una cámara similar a una catedral, imponente y espaciosa. Salientes y recovecos recubrían las paredes y sentíamos como si alguien o algo nos estuviera mirando desde las sombras, que se ajustaban a las diferentes formas. Las estalactitas de piedra caliza colgaban de la parte superior, un grupo de picas puntiagudas como una aguja que nos hacían pensar en una araña de cristal, exquisitas y de otro mundo. El suelo de la cámara, un montón de bloques de alabastro brillantes aparentemente descartados por un cantero gigante, estaba resplandeciente. Por un momento me invadió una sensación de inquietud, y luego la calma se apoderó de mí como un manto cálido y pesado. Suspiré con reverencia, suspendido en medio de todo lo que sucedía a mi alrededor. Una luz de color azul eléctrico me atraía hacia arriba y yo levitaba en el agua cristalina para salir lentamente a la superficie junto a mis compañeros.

Nos quitamos los reguladores y comenzamos a respirar el aire húmedo y frío. Flotábamos en una bolsa de aire. El cielo no era azul; sobre nuestras cabezas había roca, tierra y un embrollo de raíces de árboles. Para nuestra sorpresa, conchas fosilizadas (almejas y los agraciados espirales de un gran caracol marino) sobresalían del techo, una prueba de una antigua conexión con el océano.

Estábamos sobre el nivel del agua pero bajo tierra. Nos desplazábamos entre dos épocas; nuestros cuerpos estaban extendidos entre dos mundos. Para regresar a la Tierra, primero teníamos que sumergirnos en el agua y luego volver nadando a través de Xibalba en la oscuridad, de regreso a la luz que penetraba a través del portal del cenote. Estaba ansioso por iniciar el viaje.
Cómo bucear en este lugar
Condiciones: los cenotes de la Riviera Maya ofrecen grandes oportunidades de buceo durante todo el año. La temperatura del agua es de 25°C (77°F). Desde luego no hay que preocuparse por las condiciones del mar abierto (oleaje o viento). La corriente tampoco es un problema en la mayoría de los cenotes. Por lo general, la visibilidad es magnífica, salvo cuando los buzos descuidados alborotan el sedimento del fondo. La mayoría de los cenotes se encuentra dentro de los 12 metros (40 pies) de profundidad.


Nadando a través de la haloclina en el cenote Calavera.

Cómo llegar: debe viajar en avión a Cancún (CUN). Participe en una visita guiada organizada por un operador de buceo local (muchos de los que ofrecen transporte) o alquile un auto y conduzca hasta los cenotes usted mismo. Hay una gran cantidad de opciones de alojamiento desde Cancún hasta Tulum.

Más información: www.rivieramaya.com
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© Alert Diver — 2do Trimestre 2014