En compañía de calamares




Un calamar de arrecife del Caribe (Sepioteuthis sepioidea)


A medida que me sumergía, el agua de color azul de Bonaire se filtraba dentro de mi traje de neopreno calcinado por el sol como un bálsamo. Atravesé una plataforma de arena y me dirigí hacia el mar abierto. Iba camino a visitar a 11 nuevos amigos que habían desarrollado el hábito de pasar el rato cerca de una serie de barriles de amarre llenos de concreto que estaban abandonados no muy lejos de donde comienza la pendiente del arrecife. Durante una semana, desde la aparición de la primera hasta la última luz del día, el cardumen de 11 calamares de arrecife del Caribe había estado en el área, merodeando a unos pocos metros sobre el fondo en una formación lineal.

Como de costumbre, el grupo se retiró cuando yo me acerqué. Esto no era un problema; ellos volverían. Después de ocho buceos con este grupo, dos hechos se destacaron: en primer lugar, los calamares deben ser sumamente cautelosos ya que muchos carnívoros grandes, incluidos los humanos, los consideran una delicia. En promedio, el cardumen será atacado cuatro veces cada hora, más a menudo por veloces seriolas o astutas barracudas. En segundo lugar: los calamares, junto con sus primos cefalópodos las sepias y los pulpos, son los invertebrados más inteligentes de la Tierra y son incesantemente curiosos. Yo era una gran novedad para ellos como para resistirse. Sólo tuve que arrodillarme en la arena cerca de donde se encontraban y esperar.


Un cardumen de calamares en una formación lineal.
En cuestión de minutos el cardumen regresó, y avanzaban nadando con sus 22 grandes ojos plateados clavados en mí. Tres o cuatro se acercaron bastante, con la mirada fija en mi máscara facial y moviéndose en círculos sobre mi cabeza antes de volver a ubicarse en la larga y perezosa línea con los miembros más grandes posicionados en cada extremo como centinelas. Estar tan cerca de cualquier animal salvaje, especialmente de criaturas tan exóticas como los calamares, es muy raro. Incluso durante períodos largos en los que no sucedía demasiado me sentía satisfecho de poder disfrutar de su compañía y simplemente ver cómo me observan.

Además de la capacidad mental, la selección natural ha otorgado a los calamares una gran cantidad de estupendas adaptaciones. Son muy conocidos por su capacidad para cambiar los colores y patrones de su cuerpo para así confundirse con el fondo; pero lo que resulta aún más impresionante es que utilizan las capas superpuestas de células cutáneas especializadas, conocidas como "cromatóforas", para enviar una diversidad de mensajes a los compañeros del cardumen durante todo el día. Esa clase de magia sólo es el comienzo. Además de tener la capacidad de maniobrar hacia adelante o hacia atrás y girar repentinamente, los calamares pueden hacer correr agua a través de sus sifones con una potencia tan fuerte que les permite desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. De ser necesario, pueden expulsar cortinas de tinta para disimular su escape o mezclar una mucosidad con la infusión expulsada para crear nubes de distracciones, conocidas como pseudotransformaciones.

Pero no todo es tedio o terror en la tierra de los calamares: durante los momentos de calma entre un ataque y otro, los miembros más grandes encuentran tiempo para ponerse juguetones. Y para eso estaba allí: el sexo entre calamares, donde el arte cromatofórico tiene un papel fundamental en la organización de cómo se mezclará la genética del cardumen. El cortejo comenzó con dos machos y una única hembra que se separaron del grupo, comenzaron a dar vueltas por allí y enviaban señales. Los machos se robaron el espectáculo, desplazándose juntos reiteradamente con los brazos extendidos con un deslumbrante patrón de cebra. Los investigadores no saben exactamente cómo se resuelve este dramático ritual, pero uno de los competidores finalmente gana el derecho a aparearse e inmediatamente dirige su atención hacia la hembra.


Dos machos que compiten entre sí muestran un patrón de cebra.
En cuestión de minutos el cardumen regresó, y avanzaban nadando con sus 22 grandes ojos plateados clavados en mí. Tres o cuatro se acercaron bastante, con la mirada fija en mi máscara facial y moviéndose en círculos sobre mi cabeza antes de volver a ubicarse en la larga y perezosa línea con los miembros más grandes posicionados en cada extremo como centinelas. Estar tan cerca de cualquier animal salvaje, especialmente de criaturas tan exóticas como los calamares, es muy raro. Incluso durante períodos largos en los que no sucedía demasiado me sentía satisfecho de poder disfrutar de su compañía y simplemente ver cómo me observan.

Además de la capacidad mental, la selección natural ha otorgado a los calamares una gran cantidad de estupendas adaptaciones. Son muy conocidos por su capacidad para cambiar los colores y patrones de su cuerpo para así confundirse con el fondo; pero lo que resulta aún más impresionante es que utilizan las capas superpuestas de células cutáneas especializadas, conocidas como "cromatóforas", para enviar una diversidad de mensajes a los compañeros del cardumen durante todo el día. Esa clase de magia sólo es el comienzo. Además de tener la capacidad de maniobrar hacia adelante o hacia atrás y girar repentinamente, los calamares pueden hacer correr agua a través de sus sifones con una potencia tan fuerte que les permite desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. De ser necesario, pueden expulsar cortinas de tinta para disimular su escape o mezclar una mucosidad con la infusión expulsada para crear nubes de distracciones, conocidas como pseudotransformaciones.

Pero no todo es tedio o terror en la tierra de los calamares: durante los momentos de calma entre un ataque y otro, los miembros más grandes encuentran tiempo para ponerse juguetones. Y para eso estaba allí: el sexo entre calamares, donde el arte cromatofórico tiene un papel fundamental en la organización de cómo se mezclará la genética del cardumen. El cortejo comenzó con dos machos y una única hembra que se separaron del grupo, comenzaron a dar vueltas por allí y enviaban señales. Los machos se robaron el espectáculo, desplazándose juntos reiteradamente con los brazos extendidos con un deslumbrante patrón de cebra. Los investigadores no saben exactamente cómo se resuelve este dramático ritual, pero uno de los competidores finalmente gana el derecho a aparearse e inmediatamente dirige su atención hacia la hembra.

© Alert Diver — 1er Trimestre 2015