El regalo de Kimbe




Pargos rojos patrullan la parte superior del arrecife Joelle’s Reef, creando así un río viviente de color.


Hace dieciocho años, mucho antes de que el término "Triángulo de coral" se convirtiera en algo común, mi pareja, David Doubilet, viajó a la bahía de Kimbe, una cuenca profunda repleta de montes marinos y rodeada por la cordillera volcánica activa que define a la isla de Nueva Bretaña en Papúa Nueva Guinea. Descubrió arrecifes de coral tupidos y brillantes que le recordaban a los vibrantes cuadros de Monet, llenos de movimiento, belleza y luz. Pese a que sólo tenía cuatro días para tomar fotografías, esta visita corta pero excitante produciría dos portadas de la revista National Geographic.

La riqueza del lugar perduró en la mente de David durante casi dos décadas, lo que le resultaba atrayente una y otra vez. Habíamos pasado muchos años explorando el cinturón ecuatorial, documentando los sistemas de coral en decadencia como resultado de la sobrepesca, la destrucción física, el blanqueamiento y la pérdida total de poblaciones de grandes depredadores, y David anhelaba saber cuál había sido la suerte de la bahía de Kimbe.


Un Zero japonés: los extraños restos en perfecto estado vuelan por la azul penumbra.


Como se dice habitualmente, "ten cuidado con lo que deseas". En enero de 2013 recibió una llamada telefónica; era de National Geographic. David había sido seleccionado para contribuir con la edición especial por el 125to aniversario de la revista. Se sintió honrado y conmovido por recibir este "regalo" que suponía realizar una exploración visual de un tema o un rincón del mundo de su elección personal. La buena noticia era que podía ir a cualquier parte del mundo dentro de los límites de lo razonable y con un presupuesto establecido; la mala noticia era que la fecha límite era a principios de abril, por lo que sólo le quedaban tres meses.

En cuestión de horas David se comunicó por teléfono con Max y Cecilie Benjamin de Walindi Plantation, para plantearles una serie de preguntas: ¿cuál era la temporada monzónica de la bahía de Kimbe? ¿Podría haber apoyo desde la costa o en la embarcación disponible con tan poca antelación? ¿Cuáles eran las especies de la temporada? ¿Qué especies no podríamos ver? ¿Podríamos esperar ver orcas? ¿Y delfines? David anotó una lista razonablemente corta, con su tema musical "You Should Have Been Here Last Week" (Deberías haber estado aquí la semana pasada), sonando en su mente.


Un bombardero B-25 de la Segunda Guerra Mundial aún brilla a la luz del sol.
Decidimos hacerlo: nos dirigimos a la bahía de Kimbe para embarcarnos en este proyecto sumamente especial. Yo era una guerrera que le brindaba apoyo pero que estaba silenciosamente reacia, y reflexionaba sobre nuestra última expedición a Papúa Nueva Guinea apenas dos meses atrás donde un colega había sufrido heridas graves por el ataque de un cocodrilo de agua salada cerca de Madang.

Decidimos que viajaríamos en marzo y comenzamos a organizar nuestro equipo. Programamos el viaje para evitar la temporada monzónica fuerte durante un tiempo suficiente como para que la visibilidad fuera clara pero aún cumplir con nuestra fecha límite de abril. El cronograma era sumamente apretado, pero si podíamos enviar imágenes desde el lugar y todo salía bien, podríamos lograrlo. Esta tarea era un regalo, un sueño hecho realidad. ¿Qué podía salir mal?





Temporada monzónica
Sonó el teléfono; era Max de Walindi que llamaba para decirnos que debíamos demorar nuestra llegada. Dijo que la temporada monzónica era la peor en décadas y que estaba causando un verdadero infierno. El puente Buluma Bridge había sido destruido, por lo que resultaba imposible acceder a Walindi Plantation. Nos quedamos a la espera de la próxima llamada, mientras pasaban los días que teníamos para tomar fotografías.

Con la siguiente actualización nos enteramos de que seguía lloviendo, pero que el puente había sido reconstruido y que era transitable. Cargamos la camioneta Land Rover a las 3 de la mañana y partimos en medio de una brutal tormenta de nieve de la primavera boreal. Volamos a Manila, Filipinas, donde nos reunimos con nuestro amigo y colega Leandro Blanco que sería el videógrafo de esta tarea. Viajamos en avión a Puerto Moresby, Papúa Nueva Guinea, y luego descendimos a través de una intensa lluvia hacia Hoskins en la provincia de Nueva Bretaña del Oeste.


Las islas Tuare y Kapepa están bañadas por aguas de color azul y custodiadas por volcanes.



El hijo de Max, Cheyne Benjamin, nos recogió para emprender el viaje de una hora a Walindi Plantation. Estábamos agotados y en silencio, plenamente conscientes de que la visibilidad era muy mala. Nuestras posibilidades de cumplir con la fecha límite del 10 de abril eran muy pocas, pero nuestra ansiedad se disipó cuando salimos de la camioneta y Max y Cecilie nos dieron la bienvenida. Para David era una vuelta a casa muy sentimental.

Preparamos nuestro equipo y realizamos un buceo de reconocimiento con Max para explorar los arrecifes costeros. Estaban como David los recordaba pero, por desgracia, completamente fuera de alcance a nivel fotográfico en la bahía empañada por los vertidos. El plan original se estaba desmoronando frente a nosotros. Necesitábamos un nuevo plan rápidamente, o deberíamos tirar la toalla y renunciar a la tarea.
Su cámara está en llamas

Un tiburón de arrecife gris veteado por el sol patrulla bajo una superficie calma.
Agotados, frustrados y ansiosos, nos retiramos a nuestro reconfortante bungalow. David estaba perturbado y daba vueltas en calzoncillos y medias, mientras reflexionaba sobre el nuevo plan. Repentinamente, se oyeron fuertes gritos desde el sendero del jardín: "señor David, señor David, debe venir; la cámara está en llamas". David salió abruptamente del bungalow con sus calzoncillos de Bombshell Bettie y se encontró con Leo, que ya estaba corriendo, en el sendero hacia la habitación donde se encontraban las cámaras. La batería de Leo había explotado y se había prendido fuego, lo que hizo que se derritiera, dañando así la caja estanca y destruyendo la cámara de video. Teóricamente, éramos afortunados porque podríamos haber incendiado Walindi Plantation por completo si los vigilantes nocturnos no hubieran detectado y extinguido el fuego. La habitación de las cámaras, una estructura de madera con techo de paja, estaba a metros del depósito de combustible. Unos pocos minutos más de fuego no controlado hubieran provocado un desastre de proporciones épicas.

El nuevo plan era muy sencillo: encontrar agua cristalina y tomar fotografías. Esperábamos que la singular topografía submarina de la bahía de Kimbe salvara nuestra historia y nuestra cordura. Abandonaríamos la idea de trabajar en los arrecifes superficiales en pro de los distantes montes marinos cerca de la costa. Estas montañas submarinas se elevan desde las profundidades, con sus picos sumergidos coronados por arrecifes, cada una con un tamaño, una profundidad y una complejidad biológica diferentes. No obstante, bucear en los montes marinos dio lugar a viajes en barco más largos y buceos a mayores profundidades, lo que redujo el tiempo para tomar fotografías.


Una tortuga marina carey descansa sobre una saliente de coral.


La rompiente Kimbe Island Bommie estaba cubierta por una maraña de variados corales y esponjas. Era un jardín descuidado, hogar de un escuadrón de barracudas que nadaban sobre él como una bandada de aves. La rompiente era complicada porque nos seducía con nuevas recompensas cada metro que avanzábamos. Estábamos completamente sumergidos en la historia, mientras pasábamos junto a criaturas interesantes en busca de algo realmente extraño. Cerca de la isla de Kimbe había un magnífico punto de buceo poco profundo a unos 3 a 4,5 metros (10 a 15 pies), lo que nos permitió tomar más fotografías y tener más tiempo de fondo.
Enfermedad por descompresión que afecta la piel

Una torre líquida de barracudas se eleva en Bradford Shoal hacia la superficie.
Bradford Shoal fue completamente diferente y emocionante. Este monte marino estaba repleto de barracudas. Cientos o quizás miles se movían y circulaban alrededor del monte marino como si se tratara de una secuencia fotográfica. Nadaban según patrones geométricos serpenteantes y se separaban para formar torres de unos 25 metros (80 pies) de altura. Nos sentimos atraídos a ellas una y otra vez, mientras observábamos y esperábamos los momentos decisivos en los que sus patrones cambiaban. Nadé junto a la torre en movimiento para iluminar a los peces y proporcionar una idea de la escala para las imágenes. Seguí su centro mientras se elevaban y caían en sincronía con un cierto ritmo secreto. Fui muy cuidadosa, pero sabía que había excedido mis límites. No superé los límites de no descompresión, pero aun así decidí pasar un largo tiempo en aguas poco profundas al final del buceo.

Durante el viaje de 80 minutos de regreso a la costa, comencé a sentir picazón y a observar un cierto enrojecimiento en los brazos y el torso. Leo abrió los ojos de par en par mientras veía como mis extremidades empezaban a parecerse a un filete veteado. Yo anhelaba que fuera una quemadura de sol pero sabía que se trataba de otra cosa. Había desarrollado una enfermedad por descompresión cutánea, o enfermedad por descompresión que afecta la piel. Rápidamente comencé a respirar oxígeno; por suerte los síntomas desaparecieron con celeridad. El médico local no recomendó realizar una terapia en cámara hiperbárica pero sí me sugirió que me mantuviera fuera del agua por un tiempo. Fue terrible perder días de buceo con la inminente fecha límite.


Peces payaso merodean sobre su anémona huésped mientras ésta se cierra al anochecer.


Más montes marinos

Bancos de peces navaja, en busca de protección, se desplazan cuidadosamente a través de las largas ramas de color rojo de las gorgonias que cubren el arrecife Susan’s Reef.
El monte marino Joelle's Seamount es un descubrimiento relativamente reciente. Nos deslizamos por el cabo de amarre hacia una tormenta de peces. La parte superior del monte marino estaba lleno de estaciones de limpieza. Peces unicornio esperaban en fila como si se encontraran en una parada de autobús. Me arrodillé para fotografiar a un lábrido limpiador y un pez unicornio que esperaba impacientemente me dio una buena paliza. Grandes bancos de pargos rojos seguían a David por todas partes como si fuera un flautista. Emitían un resplandor plateado, naranja y rojo a su paso, mientras acosaban al extraño hombre que sostenía la brillante caja estanca Seacam. David pasó varios buceos con estos policromáticos peces, trabajando con las velocidades del obturador para difuminar los colores y crear movimiento. Leo estaba fascinado por el sinnúmero de enormes anémonas que se unían para parecerse a un jardín de globos. Gracias a su aislamiento, Joelle's daba la sensación de ser un área marina protegida de hecho, y los peces eran intrépidos.

El capitán Allen Rabe nos invitó a la embarcación de vida a bordo FeBrina para su viaje de regreso desde Rabaul a la bahía de Kimbe. Llevamos poco equipaje y volamos hacia Rabaul. El corto viaje nos permitió disfrutar de fabulosos calamares nocturnos en Fathers Reefs, tiburones de puntas plateadas y un increíble encuentro con tortugas carey. Desgraciadamente, nos entusiasmamos demasiado y, al intentar movernos demasiado rápido, olvidamos volver a controlar los sistemas. Arruinamos una Nikon D3S y una GoPro que se llenaron de agua y perdimos un par de luces de cámara de video en las profundidades; eso realmente dolió y aprendimos la lección.


Dos calamares de arrecife cazan silenciosamente bajo una calma superficie de medianoche en Fathers Reef.


Malaria

Una hembra de hipocampo denise preñada se mueve lentamente entre las
ramas de un coral de abanico.
Estábamos capturando imágenes y enviando archivos JPG en baja resolución a National Geographic todas las noches. El proceso de carga por satélite era sumamente difícil (y finalizaba cuando los generadores comenzaban a funcionar a la noche), pero nuestro editor estaba contento. Las imágenes que llegaban de los montes marinos eran muy buenas, pero necesitábamos más para la edición especial, y se nos estaba acabando el tiempo.

Durante el viaje de regreso desde Bradford Shoal, exultantes después de un día de éxito, me di cuenta de que no podía levantar mi traje de neopreno para colgarlo. Volví a intentarlo y, al no poder lograrlo, pedí ayuda. Humillada, débil y agotada, caminé de regreso al bungalow para descansar. Dormí durante la hora de la cena y me desperté a las 4 de la mañana, me levanté y caí de cara al piso. Me desperté con la cabeza sobre un zapato mientras David intentaba valerosamente hacer algo para ayudarme. Después de cuatro horas y de que se me realizara un análisis de sangre, un médico de Kimbe declaró que tenía malaria, y que estaba oficialmente "fuera de juego". Yo desaparecí debajo de una pila de cobijas de lana y me desmayé por tres días.

Al despertar me enteré de que no habíamos cumplido con nuestra fecha límite y que la historia no estaría en la edición del 125to aniversario. David estaba completamente decepcionado, pero seguía tomando fotografías; la historia se publicaría en otra edición. Él y Leo siguieron trabajando mientras yo volvía lentamente a la normalidad y, por fin, recibí la autorización para volver a ingresar al agua. Cruelmente, una vez que había pasado la fecha límite, la lluvia comenzó amainar, y comenzaron a llegar las imágenes que David había soñado capturar. Para bien o para mal, ya no había presión alguna y podíamos experimentar y explorar. Comenzamos a buscar una extensión de coral para crear una imagen dividida del cielo y el mar que capturara la esencia de la bahía de Kimbe. Nadamos en círculos alrededor de las islas y patrullamos arrecifes superficiales pero nunca alcanzábamos la visión de David.


Mientras pescan, un padre y su hijo navegan en un mundo de ensueño de coral, nubes y volcanes que es la
esencia de la bahía de Kimbe.



Partimos para explorar las islas cerca del extremo de la península de Willaumez, que ya habíamos explorado desde un helicóptero unos días antes. Era nuestro último día; había una absoluta calma, el agua era cristalina y el sol finalmente brillaba intensamente. Después de unas horas de búsqueda encontramos un pequeño islote rodeado por un delicado jardín de coral superficial. Se vislumbraban volcanes en el horizonte lejano, y esponjosas nubes se desplazaban a la deriva por el cielo azul. Esta era la escena que David había estado buscando desde nuestra llegada hacía más de un mes: la interfaz perfecta entre el aire y el agua que definía la frágil belleza de la bahía de Kimbe. Mientras trabajábamos, un padre y su hijo que pescaban con tangón rodearon la isla y quedaron completamente a la vista. David emitió sonidos de total alegría bajo el agua mientras admiraba la escena que se desarrollaba frente a él a través de su objetivo. Fue un último día perfecto en un arrecife perfecto.


Un pez payaso observa desde los pliegues protectores de su anémona huésped.


Nuestro equipo había llegado a la Bahía de Kimbe para que National Geographic explorara cómo estos arrecifes habían resistido la prueba del tiempo en un mundo de incertidumbre y cambio climático global. Por ahora, la comunidad de coral de Kimbe sigue siendo fuerte y próspera. Aquí hay tiburones, una marca de un ecosistema intacto, al igual que otras aproximadamente 900 especies de peces de arrecife y más de 500 especies de coral. Los bajos niveles de población humana, la presencia histórica de The Nature Conservancy, la diligente educación y los programas de difusión del Centro de Investigación y Conservación de la organización no gubernamental local Mahonia Na Dari ("Guardián del mar"), junto con los singulares y diversos hábitats de la bahía de Kimbe, han contribuido a crear un floreciente sistema de arrecifes en este lejano rincón del mar de Bismarck.
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Mire videos cortos de la visita de David Doubilet y Jen Hayes a la bahía de Kimbe en Tiny Little Island (Una pequeña isla) y Working with Barracudas (Trabajando con barracudas).







© Alert Diver — 1er Trimestre 2015