El final del viaje


Pez trompeta del Atlántico, Aulostomus maculatus, 5 cm (2 pulgadas).


Bucear en el mar abierto por la noche nos es algo nuevo para nosotros. Usualmente nos alejamos bastante de la costa donde las larvas de peces y los invertebrados pasan las semanas de formación de sus vidas tras el desove. Estos diminutos huérfanos del arrecife que tienen cuerpos translúcidos, aletas de gran tamaño, espinas dorsales y serpentinas son diferentes a todo lo que hemos visto en nuestras vidas. Por desgracia, dada la logística, los operadores de buceo estaban comprensiblemente reacios a dejarnos en medio del océano al caer la noche. Como alternativa, Anna sugirió nadar desde la playa para ver si nuestras luces atraían larvas maduras listas para instalarse cerca de la costa. ¿Por qué no? Estábamos en Bonaire, que es famosa por el buceo desde la costa.


Pez globo de nariz estrecha, Canthigaster rostrata, 0,6 cm (0,25 pulgadas).
Ya había pasado bastante tiempo desde la puesta del sol cuando Anna y yo ingresamos a las aguas superficiales arenosas y nos sumergimos. Con las luces apagadas nadamos directamente mar adentro, desplazándonos sobre una amplia plataforma de arena con la luz de la luna que estaba saliendo. Al cruzar la franja donde la arena da paso a una escarpada pendiente de coral, colocamos tres proyectores que iluminaban un mar negro generosamente repleto de molestos trocitos de desechos. Hicimos una pausa a 6 metros (20 pies) de la superficie y 12 metros (40 pies) sobre el fondo, con la mirada fija en el vacío para tener fugaces vistazos de larvas de peces e invertebrados hasta que nuestras miradas se cruzaran.


Pulpo de brazo largo del Atlántico, Macrotritopus defilippi, 7,6 cm (3 pulgadas).
Estas larvas en la fase pelágica tardía que estábamos buscando atraviesan una transformación radical, donde pierden gran parte de su transparencia y adaptaciones marítimas mientras se preparan para la vida en el lecho marino. Al mismo tiempo se convierten en hábiles nadadores mientras se encuentran en el mar, con la capacidad de utilizar el olfato, el oído y señales que aún no han sido descifradas para desplazarse hacia hábitats costeros, donde pasarán el resto de sus vidas. Poco antes de dirigirse a su nuevo hogar, las larvas maduras quedan atrapadas a lo largo de los lindes frontales donde masas de agua de diferentes densidades se encuentran, empujando todo lo que nada o flota hacia la superficie. Allí los colonos esperan junto a una multitud de zooplancton para que la marea los lleve hacia las aguas superficiales bajo el refugio de la oscuridad, cuando el riesgo de depredación es menor. Desorientados e indefensos, la nueva generación de peces de arrecife e invertebrados que viven en el fondo se lanzan en busca de protección o se entierran en la arena y emergen un día después transformados en jóvenes hábiles y adaptados al lugar.


Larva de pulpo no identificada, 0,6 cm (0,25 pulgadas).
Treinta minutos más tarde nosotros seguíamos con los ojos entrecerrados en la oscuridad de la noche cuando el extremo principal de una corriente comenzó a empujarnos hacia el norte. A medida que el flujo aumentaba, una nube de gusanos y diminutos crustáceos apareció de la nada, ocupando el haz de nuestras luces y disparándose como dardos hacia nuestros oídos. Un desperdigamiento de larvas de animales vino a continuación. Los primeros en llegar fueron los camarones mantis, con un aspecto tan delicado como el encaje, desorientados y girando alocadamente, seguidos de larvas de macabíes delgadas como una cinta zigzagueando en nuestras luces. Los resultados del buceo no eran tan dramáticos como esperábamos, pero gracias a nuestra experiencia en el buceo nocturno a deriva lejos de la costa teníamos plena conciencia de que ese era un juego de azar que estábamos jugando.


Larva de pulpo no identificada, 5 cm (2 pulgadas).


En un intento por mejorar nuestras posibilidades, consultamos una carta de mareas local y comprobamos que la marea alta de la noche siguiente no llegaría hasta la medianoche, mucho tiempo después de nuestra hora de ir a la cama. Pero decidimos intentarlo, cazando dentro de un halo de luces sobre el cantil hasta después de la 1 de la mañana sin ver nada que nos interesara demasiado. Dejamos de lado la carta y nos sumergimos en el océano la noche siguiente a una hora razonable, las 8 de la noche, y tuvimos que nadar contra una corriente con rumbo al sur. Justo cuando pensábamos poner punto final al buceo, apareció la primera oleada de crustáceos acompañada por un espléndido pez trompeta rojo de sólo 5 cm (2 pulgadas) de largo, luego un pez globo del tamaño de un guisante, seguido de un blénido, un chile translúcido, una docena de peces cirujano pequeños, una variedad de cangrejos y camarones en abundancia.


Larva de camarón mantis, 5 cm (2 pulgadas).
Unos pocos meses más tarde regresamos al Caribe; esta vez visitamos Dominica y estábamos emocionados por la posibilidad de bucear de noche con nuestras luces desde el muelle del centro turístico. Pero una semana de molestos oleajes nos mantuvo fuera del agua durante las noches. Frustrados, pedimos un aventón en la embarcación de buceo nocturno que se dirigía a un parche arrecifal poco profundo cerca de la costa. En lugar de seguir al grupo, nos ubicamos sobre el bloque de amarre para controlar nuestra posición y encendimos las luces. En cuestión de minutos estábamos rodeados de anchoas, cientos de ellas del tamaño de un dedo, que estaban enloquecidas con las luces y que nos golpeaban fuerte y reiteradamente hasta que comenzamos a sentirnos como jugadores de paintball en una causa perdida. Para empeorar nuestra situación, una multitud de crustáceos aunó fuerzas con las enloquecidas anchoas.

Una vez que descubrimos que podíamos sobrevivir el violento ataque, resistimos y comenzamos a buscar larvas. En medio de todo Anna identificó un espectacular pulpo de brazo largo con un manto transparente del tamaño de un agua viva. De alguna manera ella captó mi atención. Juntos observamos al joven y espigado cefalópodo lanzarse en paracaídas en medio del caos, acomodarse en la arena y rápidamente cavar debajo de la superficie de su nuevo hogar.
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Vea más errantes nocturnos en este video de Ned y Anna DeLoach.



© Alert Diver — 1er Trimestre 2018