Descenso hacia la oscuridad




Juvenile shark

El océano profundo y el espacio exterior: las comparaciones de estos dos reinos son casi un cliché, pero son indiscutiblemente acertadas. Ambos entornos son vastos y en gran parte desconocidos y ambos requieren tecnología y habilidades especiales para que los humanos puedan visitarlos, incluso de manera remota. Pero a diferencia del espacio, donde la perspectiva de vida sigue siendo una atractiva conjetura, los océanos ofrecen encuentros con criaturas de aspecto alienígena como las que imaginamos existen más allá de los confines de nuestro planeta azul.

La mayoría de las criaturas marinas viven dentro de los 200 metros (660 pies) de profundidad, la zona epipelágica o eufótica, donde la penetración de la luz es suficiente para fomentar la existencia de una cadena alimentaria basada en algas fotosintéticas. Según algunos cálculos, el 90 por ciento de toda la vida marina vive en esta región y se alimenta (directa o indirectamente) de las bondades del sol.


Juvenile skate
Debajo de ese umbral, la luz efectivamente desaparece, lo que constituye la primera de las muchas transiciones que cambian el panorama por completo. A medida que la profundidad del hábitat marino aumenta, se convierte en un entorno más extremo. La presión se incrementa rápidamente, mientras que la temperatura disminuye de golpe. En lo que respecta a la disponibilidad de alimento, la comida puede ser escasa, estar dispersa en la oscuridad y puede obtenerse en el camino durante un encuentro casual o se puede escarbar en restos que hayan caído de la abundancia que puede encontrarse más cerca de la superficie.

No se trata de un entorno que ofrezca colores, formas o hábitos como los que pueden observarse en los animales marinos que conocemos bien. En las especies de aguas profundas, las tonalidades son opacas, las bocas están repletas de dientes y las formas tienden a ser largas y de serpentina. Muchos de estos habitantes de las profundidades tienen luz propia en forma de parches o manchas bioluminiscentes que se conocen como fotóforos y que pueden ayudarlos a ocultarse de los depredadores o a encontrar alimento o con quien aparearse. En resumen, muchas de las criaturas que encontramos a medida que nos sumergimos en las zonas mesopelágica (unos 200 metros [660 pies] a unos 1.000 metros [3.300 pies]) y batipelágica (unos 1.000 metros [3.300 pies] a unos 4.000 metros [13.124 pies]) son espeluznantes y geniales y las podemos considerar tanto escalofriantes como carismáticas.
Reliquias de la evolución
El pez rata manchado (Hydrolagus colliei) pertenece a la familia chimaeridae, un misterioso grupo que apareció cuando los dinosaurios eran apenas una idea de un saurio que se vislumbraba en los ojos de algunos tetrápodos primitivos. Al igual que sus parientes más evolucionados, los tiburones, los miembros de la familia chimaeridae tienen esqueletos cartilaginosos, pterigopodios (apéndices que ayudan al macho a sujetar a la hembra durante el apareamiento) y sacos de huevos correosos. Mientras que la mayoría de estos fósiles vivientes evitan las aguas poco profundas, en las heladas aguas verdes del norte del Pacífico los peces rata manchados aparecen dentro de los límites del buceo deportivo, lo que los califica como residentes de ambas profundidades. Podría decirse que los peces rata, que tienen fascinantes ojos verde esmeralda, son bonitos, pero sí presumen algunas excentricidades, incluso una espina venenosa cerca de la aleta dorsal, vestigios de un tercer par de apéndices y un hígado muy graso y demasiado grande que ayuda a los peces a mantener una flotabilidad neutral en cualquier lugar de la columna de agua.
Estilos de vida alternativos
Otro espécimen extraño del hábitat marino es la lamprea marina. Al igual que el salmón, estas para nada atractivas anguilas inician su vida en arroyos de agua dulce, migran hacia el océano al alcanzar la adultez y luego abandonan el agua salada para dirigirse aguas arriba, donde desovan y mueren, un estilo de vida inusual conocido como anadromia. No obstante, estas son las únicas semejanzas. La lamprea es un miembro de un antiguo linaje de peces sin mandíbula que muchas veces ha sido apartada de su doble en lo que se refiere al estilo de vida. Esa distancia es evidente en la ausencia de aletas o huevos en la lamprea y su distintiva boca sin mandíbula curvada hacia abajo que es perfecta para adherirse y succionar. Durante su madurez en el océano, la lamprea parasita a una criatura más grande que se cruce en su camino; se aferra con su boca circular bordeada por dientes al desafortunado huésped, al que le administra un anticoagulante antes de alimentarse con su sangre y sus tejidos. En la época de desove, ese mismo orificio con forma de embudo se fija a una serie de piedras de río mientras la lamprea lucha por desplazarse aguas arriba.

La boca de la anguila lamprea es aterradora.


Criaturas escalofriantes y carismáticas: dragones, víboras, peces daga y más

El pez dragón, que tiene una boca sumamente grande, dientes largos y afilados y un señuelo bioluminiscente que cuelga de su barbilla, es un voraz depredador y una especie icónica de aguas profundas.
Mientras que la lamprea es un claro ejemplo de lo extraños que pueden ser incluso los visitantes de las profundidades, muchos residentes de tiempo completo tienen un aspecto realmente aterrador. El dragón hocicudo del Pacífico (Idiacanthus antrostomus), que vive en profundidades de aproximadamente 100 metros (330 pies) a 1.000 metros (3.300 pies), es uno de los peces más bioluminiscentes del océano y está repleto de fotóforos". Estos órganos de luz están situados a lo largo de su parte posterior y su vientre, brillan bajo sus ojos y cuelgan de manera atrayente al final de una larga barbilla, que las hembras usan para atraer a su presa. Los machos y las hembras son completamente diferentes. El dragón macho de unos 7 cm (3 pulgadas) es un triste reflejo de la formidable hembra. Los machos, que sólo viven un período suficiente como para aparearse, no tienen barbillas, dientes ni incluso estómagos, características que las hembras de unos 60 cm (2 pies) tienen en abundancia.

Las hembras, que son voraces depredadoras, tienen enormes dientes afilados y varios estómagos distensibles que les permiten agarrar y tragar enormes comidas; estos son atributos útiles donde el alimento es escaso y es necesario acumular. Pueden engullir grandes cantidades gracias a otra exótica adaptación: una cabeza que puede doblarse completamente hacia atrás para permitir que la boca se abra hasta alcanzar una amplitud extraordinaria. Esta criatura ostenta esta característica como resultado de una extraña biología del desarrollo. Se conoce como espacio occipitovertebral y es un trozo sobrante de notocordio flexible mientras que el resto de la estructura se ha osificado (se ha convertido en hueso) desde la cola hasta la cabeza. En otros peces, la espina dorsal está endurecida desde la cabeza hacia abajo.

Un pariente del pez dragón, el pez víbora (Chauliodus sloani), es un miembro de la misma familia (Stomiidae) y a veces es un tentempié para sus primos. Pero debido a su aspecto verdaderamente malvado, la mayoría de las apuestas son a favor del pez víbora, con su desmesurada sobremordida y colmillos inferiores que sobresalen de la boca y se curvan hacia atrás en dirección a los ojos. Mientras que la espina dorsal del pez dragón tiene un espacio, la primera vértebra detrás de la cabeza del pez víbora funciona como un protector para absorber los impactos a alta velocidad de las colisiones con las presas que persigue. Al igual que el pez dragón, el Chauliodus también pesca con un cebo bioluminiscente, pero el señuelo del pez víbora brilla en la punta de una aleta dorsal alargada y atrae a una víctima incauta directamente hacia los colmillos transparentes pero mortales.


Hatchetfish hide from predators below using bioluminescent organs on their bellies to blend in with surface light.
La bioluminiscencia también es de utilidad para otros fines. Varios fotóforos se extienden a lo largo de cada uno de los laterales del pez víbora para ayudarlo a ocultarse de los hambrientos depredadores que lo acechan. Esta forma común de camuflaje se conoce como "contrailuminación" y sirve para alterar la presencia de cualquier silueta, sin importar cuán borrosa sea, que una criatura pueda ver en la débil lluvia de fotones que se filtra desde la superficie. La contrailuminación también ayuda al pez hacha (Sternoptyx diaphana) a vivir un día (o una noche) más mientras se desplaza hacia arriba y hacia abajo por la columna de agua hacia las zonas superiores más productivas para alimentarse durante la noche. Este comportamiento, que se conoce como migración vertical, es común entre los peces de aguas profundas.

El pez con colmillos largos (**Anoplogaster cornuta) también migra verticalmente. Esta excéntrica criatura, que puede encontrarse en la mayoría de los océanos del mundo, a menudo a increíbles profundidades de unos 4.870 metros (16.000 pies) o más, renuncia a la bioluminiscencia. Tiene ojos diminutos en la parte superior de una cabeza insólitamente grande que representa cerca de un tercio del cuerpo de unos 15 cm (6 pulgadas) de largo del animal. Se cree que el pez con colmillos largos, que tiene un cuerpo muscular en comparación con la mayoría de los demás depredadores de aguas profundas (cuyos cuerpos fueron diseñados para merodear), es un agresivo cazador de cardúmenes de peces con agudos receptores químicos y eléctricos que "huelen" y sienten las vibraciones de cualquier cosa que esté cerca y pueda comerse. Si bien su visión no es muy buena, la mordida del pez con colmillos largos tiene un enorme alcance. El **Anoplogaster** tiene los dientes más grandes (con relación al tamaño del cuerpo) de todos los peces del océano. Los dientes de la mandíbula superior son lo suficientemente grandes como para impedir que el pez cierre su boca por completo, mientras que los colmillos inferiores, cuando no están en acción, quedan guardados dentro de cavidades especiales dentro del paladar y se extienden hacia arriba a ambos lados del cerebro, a la vez que lo protegen.
Más hermoso que desagradable

Si esta joven anguila tijera no hubiera sido sacada de la profundidad, tanto su “pico” como su cuerpo hubieran crecido hasta ser largos y delgados.
No toda la fauna que crece en la profundidad del océano tiene un aspecto feroz; algunos de hecho tienen una belleza etérea. Las anguilas tijera (Avocettina bowersii) son maravillosas criaturas largas y esbeltas cuyas delgadas mandíbulas se estrechan y curvan hacia afuera como el pico de una avoceta, un ave de costa también conocida como agachadiza. Se alimenta principalmente de pequeños crustáceos similares a los camarones. Las anguilas tijera adultas contrastan dramáticamente con sus formas larvarias; los delgados jóvenes con forma de hoja son transparentes y pasan su juventud en aguas poco profundas. Con una distribución mundial, las anguilas tijera, tanto las jóvenes como las mayores, sirven de bocadillo a una gran cantidad de enormes depredadores de los océanos.
Extrañamente familiar
En las oscuras profundidades, las apariencias pueden ser engañosas. Una criatura que es poseedora de una biología verdaderamente alienígena tiene un aspecto sorprendentemente familiar. Los cangrejos galateidos (que en realidad son langostas) son carroñeros, buzos de basureros de las profundidades. Los galateidos, que a veces son llamados "tijeretas" o "langostas agazapadas", prefieren dietas que son inusuales incluso para los recolectores. Se alimentan de árboles caídos, cocos y otros desechos vegetales leñosos que caen en el fondo del océano y crean así pequeños oasis de alimento. Un pálido miembro de este grupo de crustáceos compartió los encabezados con extraños gusanos de tubo gigantes cuando se descubrieron las fuentes hidrotermales por primera vez hace algunas décadas. Abundantes cantidades de galateidos fantasmales de color blanco se arremolinaban alrededor de las fuentes y se alimentaban de animales muertos y bacterias quimiosintéticas.

En la base de esta cadena alimentaria, nuestra historia se completa en una comunidad de vida que es densa, diversa y dinámica, en ese sentido nada diferente al mundo superficial que visitamos mientras buceamos. Al igual que en las experiencias y excursiones de un buzo dedicado, hay muchas más cosas por ver. El fondo del mar es un mundo que ofrece muchas cosas para explorar y somos afortunados de vivir en una época en que la tecnología nos permite darle un vistazo.

Un vistazo superficial

El vehículo operado por control remoto del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterrey, Ventana, está equipado con una variedad de instrumentos.
La historia completa de estos embajadores de las profundidades nunca podría contarse en unas pocas páginas. Varias organizaciones de investigación, incluso el Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterrey y el Laboratorio Marino Moss Landing, colaboraron con el fotógrafo Jason Bradley para que pudiera obtener estas imágenes.


© Alert Diver — 3er Trimestre 2013