De regreso al Britannic




El buzo Edoardo Pavia ilumina el puente de mando del Britannic.


Para los buzos técnicos experimentados, el Britannic es el punto de buceo en un naufragio por excelencia. Este transatlántico de clase olímpica es el buque gemelo de quizás la embarcación más famosa de la historia: el RMS Titanic. A diferencia del Titanic, el Britannic nunca llevó pasajeros en la ruta transatlántica. En cambio, el gobierno británico lo usó como buque hospital cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. En el transcurso de ese servicio, fue alcanzado por una mina lanzada por el submarino alemán U-73 en el mar Egeo el 21 de noviembre de 1916. El HMHS Britannic ahora yace sobre su banda de babor a aproximadamente 120 metros (400 pies) de profundidad, a menos de 5 km (3 millas náuticas) de la isla griega de Ceos.

En palabras simples, el naufragio del Britannic es espectacular. Dado su linaje y el hecho de que yace atractivamente cerca de la costa, se podría pensar que los buzos técnicos visitan el lugar regularmente. Pero el naufragio presenta obstáculos mucho mayores que su profundidad. Primero se debe obtener un permiso del propietario británico del naufragio así como también permisos del gobierno griego antes de siquiera considerar abastecerse de los tanques, las mezclas respiratorias y el equipo adicional que se necesitan para las operaciones de buceo. Por lo general, la planificación lleva varios meses o hasta un año. Y todo esto es más fácil decirlo que hacerlo. Al haber participado en una expedición anterior al Britannic en 2006, tenía plena conciencia de todas las cuestiones burocráticas y logísticas que generalmente destruyen los objetivos de buceo planificados. Por este motivo me sorprendí un poco cuando recibí una invitación para bucear en este épico transatlántico de parte del destacado buzo de naufragios Richie Kohler con una anticipación de sólo un mes.

Sin yo saberlo, el experto en imágenes submarinas Evan Kovacs había perseguido a la empresa de exploración y filmación U-Group, con sede en Malta y personal ruso, durante más de un año con la esperanza de unirse a ellos en Grecia. U-Group, junto a la Sociedad Geográfica Rusa, había estado explorando y filmando al Britannic mediante el uso de un submarino de tres tripulantes y un vehículo operado remotamente (ROV, por sus siglas en inglés) desde su buque de investigación U-Boat Navigator durante los últimos dos años. Kovacs esperaba poder aprovechar su permiso para realizar un reconocimiento con antelación a una expedición a Grecia mucho más grande que se llevaría a cabo en el futuro.


El U-Boat Navigator en Ceos, Grecia.


Con el aparente respaldo de U-Group y la emoción de volver a visitar el naufragio del Britannic, nos encontramos camino a Ceos a fines de junio de 2015. El consumado buzo italiano Edoardo Pavia, que conducía una camioneta llena de tanques, mezclas respiratorias, consumibles de rebreathers (recirculadores) y otros equipos necesarios por toda Grecia, completaba nuestro pequeño equipo. Pero debido a una falta de interacción y comunicación entre los buzos occidentales y nuestros colegas rusos, no estábamos exactamente seguros de qué esperar al llegar al lugar.

Por suerte, nuestra reunión inicial a bordo del U-Boat Navigator disipó cualquier duda que tuviéramos acerca de la tripulación y su capacidad. Fuimos gratamente sorprendidos por todas las herramientas que había a bordo de la embarcación de investigación. Aparte del submarino y el ROV mencionados anteriormente, tenían una gran embarcación de recuperación, un sonar multihaz de barrido lateral, una enorme estación de llenado, una plataforma de buceo elevada, una increíble clínica con una cámara hiperbárica multiplaza, una estación de producción de video completamente equipada y una campana de buceo con comunicaciones, video, agua caliente y abundantes suministros de mezclas respiratorias de emergencia. La campana de buceo permitiría que un máximo de dos buzos a la vez se pusieran de pie en una cámara llena de aire, se quitaran el equipo y mantuvieran una charla o tomaran un poco de agua, todo ello mientras eran monitoreados por un médico especializado en medicina hiperbárica en la superficie. Con los tiempos de buceo planificados cerca de las seis horas, la campana de buceo aumentó radicalmente la seguridad en comparación con la descompresión convencional en aguas abiertas así como también ofreció una gran desviación de la monotonía de las paradas de descompresión.


La clínica bien equipada a bordo del U-Boat Navigator.
La mayor seguridad que brindaba el monitoreo dentro del agua y la campana de buceo tenía especial importancia ante el buceo fatal de Carl Spencer el 24 de mayo de 2009 mientras dirigía la expedición de National Geographic al Britannic. Spencer era un buzo técnico sumamente competente y estaba muy familiarizado con el Britannic; el proyecto de 2009 era su tercera expedición a Ceos. También había dirigido o participado en una gran cantidad de otras expediciones de buceo técnico, incluso una aventura al Carpathia, el buque de rescate del Titanic, que yace a aproximadamente 150 metros (500 pies) de profundidad a unos 370 km (200 millas náuticas) de la costa de Irlanda. Aun así falleció durante un buceo que debería haber sido de rutina para alguien con su experiencia. Por desgracia, cometió una serie de errores que culminaron con el uso de un cilindro etiquetado incorrectamente, lo que provocó una convulsión dentro del agua como consecuencia de una intoxicación por oxígeno a aproximadamente 35 metros (120 pies) de profundidad. Al no tener ninguna buena opción disponible, los buzos de apoyo llevaron a Spencer rápidamente a la superficie con la esperanza de poder someterlo a un tratamiento en la cámara hiperbárica de la embarcación de la expedición. Desgraciadamente, todos los esfuerzos por salvarlo no tuvieron éxito. Durante nuestra inspección inicial del U-Boat Navigator nos dimos cuenta con gran pesar de que si Spencer hubiera buceado con las herramientas con las que ahora contábamos, su muerte quizás podría haberse evitado.

Aproximadamente 24 horas después de mi llegada a Grecia tenía el traje puesto y estaba listo para lanzarme al agua donde se encuentra el naufragio del transatlántico francés Burdigala con el objeto de realizar una verificación de mi equipo. Entretanto, todo nuestro equipo estaba evaluando las operaciones del U-Boat Navigator, mientras sospecho que la tripulación rusa se aseguraba de que no fuéramos un grupo de estadounidenses (y un italiano) locos decididos a perder nuestra propia vida. Realizamos un buceo de prueba en el Burdigala, que yace a un poco más de la mitad de la profundidad del Britannic, con éxito e interactuamos con el submarino y el ROV a profundidad. En un segundo buceo al naufragio, incluimos la campana de buceo en las operaciones para probarla y familiarizarnos con ella antes de usarla para un buceo a una mayor profundidad y durante mucho más tiempo. Después de establecer un protocolo de comunicación eficaz con la tripulación en la superficie y de analizar posibles situaciones para buceos futuros, estábamos listos para el Britannic.


El submarino de tres tripulantes del U-Boat Navigator explora el naufragio del Burdigala


No obstante, el Britannic no estaba listo para nosotros. Durante los días siguientes nos topamos con corrientes muy fuertes que nos impidieron bucear. El primer día, el ROV y el submarino confirmaron la presencia de una corriente de tres nudos hasta la ubicación del naufragio. La corriente normalmente no es un factor disuasorio para las operaciones de embarcaciones de vida a bordo, que utilizan la descompresión a deriva, pero el permiso griego exigía una plataforma de buceo con amarre. Perdimos dos días más por los fuertes vientos que convirtieron las aguas del mar en un entorno más que inhóspito. Dado el corto plazo que teníamos para este viaje de reconocimiento de mínima escala, sólo nos quedó un día para bucear en el inmenso transatlántico.

Afortunadamente, las estrellas se alinearon y el último día el Egeo nos ofreció condiciones espectaculares. Aprovechando una capacidad y experiencia considerables, y con la ayuda de un sonar multihaz y un software de navegación, la tripulación del U-Boat Navigator sujetó un cabo de amarre de tres puntos directamente sobre el puente de mando del Britannic, exactamente donde queríamos estar. Sabíamos dónde estábamos en el naufragio de 270 metros (880 pies) de largo incluso antes de ingresar al agua. Nuestra posición fue confirmada con el lanzamiento del submarino, el ROV y la campana de buceo, y todos ellos transmitían imágenes de video en vivo a la sala de control de la embarcación. No quedaba nada más que colocarse el traje e ingresar al agua.

Al zambullirnos en las frías aguas del mar Egeo, inicialmente usamos la línea descendente del ROV para alejarnos de la corriente superficial antes de pasar a la línea umbilical de la campana de buceo. Una vez en el fondo, a Pavia y a mí se nos encomendó extender una línea desde la campana de buceo hacia nuestra área de operaciones sobre el Britannic para acelerar el proyecto asignado a Kovacs y Kohler. Después de completar nuestra tarea, continuamos inspeccionando el área del puente de mando del maravilloso naufragio y confirmamos la presencia de varios artefactos y características clave para trabajo futuro. Al estar concentrado en las diversas tareas en cuestión y preocupado por capturar el naufragio con imágenes tanto fotográficas como de video, ocasionalmente tuve que forzarme a detenerme, dejar la cámara y simplemente apreciar la mágica escena que se desplegaba frente a mí. En las aguas apagadas pero cristalinas de color azul había una enorme estructura con casi 30 metros (100 pies) de relieve, con partes iluminadas por las luces penetrantes del submarino y el ROV. Era casi como si la escena surrealista fuera una producción de Hollywood elaborada minuciosamente. Así de rápido pasaron 40 minutos y comenzamos a dirigirnos hacia la campana de buceo. En el camino, todos nos tomamos un último minuto para despedirnos tanto del Britannic como de nuestro amigo Carl Spencer.

Eufóricos por nuestro exitoso y productivo buceo, lentamente nos desplazamos hacia una superficie que se encontraba a 85 metros (280 pies) y cinco horas de distancia. Para mí el tiempo pasó rápidamente mientras reproducía el buceo en mi mente y reflexionaba sobre toda la extraordinaria experiencia. Después de completar nuestra extensa obligación descompresiva, salimos a la superficie cansados, aunque emocionados, tras haber cumplido con todos nuestras metas y objetivos. Al hacerlo, desarrollamos la visión de Spencer para la exploración de este icónico naufragio y finalmente pudimos responder una pregunta que ha desconcertado a los historiadores durante 99 años: ¿por qué el Britannic se hundió dos veces más rápido que su famosa embarcación gemela? También estábamos contentos de saber que habíamos realizado uno de los buceos en el Britannic más seguros y con el mayor apoyo técnico hasta la fecha. Tras haber forjado una fuerte amistad con la tripulación del U-Boat Navigator, podemos afirmar con seguridad que todos estamos muy entusiasmados de antemano por el trabajo que llevaremos a cabo en el Britannic en el futuro.
Obtenga más información
Explore la historia de las expediciones de buceo al HMHS Britannic y conozca algunos de los secretos del naufragio en Mystery of the Last Olympian (El misterio del último buque de clase olímpica) de Richie Kohler y Charlie Hudson, disponible en febrero a través de Best Publishing. Para obtener más información, visite MysteryoftheLastOlympian.com.
Explore más
Mire "Titanic's Tragic Sister" (La trágica embarcación gemela del Titanic), un documental sobre la expedición de History Channel al Britannic de 2006.



© Alert Diver — 4to Trimestre 2015