Confíe en los expertos

DAN salvó mi vida cuando en una cámara local se negaron a brindarme tratamiento.


En julio de 2014, Michael Weiss experimentó síntomas graves después de realizar un relajado
buceo en aguas cálidas a una profundidad máxima de 23 metros (77 pies).


Cada año, cuando abandono mi embarcación de vida a bordo favorita después de una semana de disfrutar de increíbles buceos, estoy ansioso por regresar a las aguas cálidas y tranquilas del Caribe el año siguiente. Este año no parecía ser diferente de los demás. Llegamos alrededor del mediodía un hermoso día de julio después de un vuelo sin incidentes. El cielo estaba claro, y el agua de color turquesa se veía acogedora. Al día siguiente nos levantamos y nos encontramos con un increíble amanecer y un mar que casi parecía un espejo. Cuando finalmente nos lanzamos al agua pude disfrutar de un relajado buceo de 45 minutos y regresé al barco, pero cuando volví a subir a la embarcación y me saqué el equipo, inmediatamente me sentí débil.

Casi no recuerdo qué sucedió las dos horas siguientes. A partir de lo que me dijeron mis compañeros de buceo tenía temblores bilaterales en los dedos de las manos y los pies pero podía responder a las órdenes de mover tanto las manos como los pies. Unas enfermeras que estaban a bordo de la embarcación comenzaron a administrarme oxígeno al 100 por ciento. Durante los siguientes 45 minutos mi condición se estabilizó, pero cuando más tarde me levanté para tomar agua, una pierna se me aflojó repentinamente. Simplemente no había ninguna conexión entre la orden que enviaba mi cerebro y la capacidad de mi pierna para responder. En ese momento decidimos que era hora de llamar a DAN.



Un especialista en información médica de DAN sugirió que el capitán del barco se comunicara con un centro turístico local que tuviera una cámara hiperbárica para averiguar si el personal médico realizaría una evaluación y, de ser necesario, me tratara en su cámara. Sin embargo, durante una larga conversación con el centro, el personal le explicó al capitán que no querían brindarme tratamiento porque yo no era huésped del lugar y que no se podía confirmar la existencia de una enfermedad disbárica (ED) por la existencia de una deficiencia en la pierna izquierda. Ya era la última hora de la tarde y el sol estaba comenzando a ponerse.

Volví a levantarme para buscar otra bebida y me di cuenta de que también presentaba síntomas en la pierna derecha. El capitán y yo decidimos ir en bote a una clínica que estaba en una isla, con la esperanza de que el médico que estuviera atendiendo en la clínica llamaría al centro turístico en mi nombre. La médica que atendía en la clínica se comunicó con DAN para obtener alguna información básica acerca de la ED para que ella pudiera realizar un examen neurológico más exhaustivo. Mientras ella hablaba con DAN y el centro turístico local, comencé a experimentar un temblor muscular intenso e incontrolable en la pierna izquierda, que se repetía cada 50 segundos. A medida que el tiempo pasaba, el período entre los temblores disminuyó hasta que finalmente en el centro turístico aceptaron verme.

A pesar de mi incapacidad para pararme o caminar, el personal del centro turístico insistió con que no se podía observar ningún tipo de trastorno neurológico. Recomendaron no realizar un tratamiento en cámara hiperbárica y me aconsejaron que regresara al barco para descansar. Estábamos debatiendo sobre algunas opciones cuando decidí ponerme de pie para orinar antes de finalizar el plan de acción. A pesar de tener la vejiga muy llena y de realizar un gran esfuerzo para orinar, no pude hacerlo.


Weiss tuvo que ser evacuado a Miami para recibir terapia en cámara hiperbárica.


A esta altura, sabía que iba cuesta abajo rápidamente y que el tiempo era un factor cada vez más crucial. Tenía muy claro que mi problema era grave a pesar de que los profesionales médicos locales no lo consideraran así. Le dije al capitán que estaba listo para poner mi vida en manos de alguien en quien confiaba: DAN.

Cuando regresamos al barco nos comunicamos con DAN. Un representante de DAN organizó inmediatamente que una transporte aéreo me trasladara al día siguiente a las 9 de la mañana a un hospital en Miami. Le pedí al capitán que me llevara a la clínica de la isla para que me colocaran un catéter ya que el dolor que sentía en la vejiga era intenso. El médico de la isla fue muy receptivo, y tuve la posibilidad de eliminar casi 1 litro y medio de orina.

A la mañana siguiente la ambulancia aérea llegó a tiempo y partió de inmediato. Una vez en el aire, me comunicaron que me trasladarían al Hyperbaric and Wound Care Center (Centro de Tratamiento Hiperbárico y de Lesiones) en el Hospital Mercy de Miami y se me puso bajo el cuidado del Dr. Ivan Montoya, un destacado experto en el campo del tratamiento de ED. El piloto ejecutó un protocolo de presurización especial para protegerme durante el vuelo. Aproximadamente 90 minutos después del despegue, me encontraba en la cámara iniciando un tratamiento de la tabla 6 de la Marina de los Estados Unidos de América.


Weiss fue tratado por el Dr. Ivan Montoya en el Hospital Mercy.


Ese día pasé casi nueve horas en la cámara. Después del segundo tratamiento el Dr. Montoya me pidió que me levantara de la silla de ruedas, y pude hacerlo sin ayuda. Luego me pidió que caminara; también lo logré pero tenía problemas para mantener el equilibrio. Durante los 12 días que estuve en el hospital, el Dr. Montoya me brindó tratamiento en la cámara muchas veces más. Estaré eternamente agradecido a todas aquellas personas que me ayudaron durante todo este incidente de la ED y sus consecuencias. Sin su esfuerzo colectivo quizás no estaría aquí hoy.

Espero que mi experiencia ayude a crear conciencia. Para terminar deseo compartir estas lecciones que aprendí:

  1. Asóciese a DAN y obtenga el seguro contra accidentes de buceo de DAN. Consulte a DAN frente a cualquier interrogante que tenga antes, durante o después de bucear.

  2. Siempre asegúrese de que el operador del barco o el centro de buceo tenga oxígeno. Si presenta síntomas después de bucear, deberá recibir primeros auxilios con oxígeno.

  3. Confíe en los expertos. Si tiene reservas sobre los consejos y la información que se le ofrecen, insista en obtener una segunda opinión. En mi caso, mis compañeros de buceo, el capitán y la tripulación del barco, DAN y el personal responsable de la terapia en cámara hiperbárica y la terapia física sabían lo que hacían y pudieron evitar una catástrofe. Por otra parte, el centro turístico local perdió más de ocho horas de valioso tiempo con otros asuntos que no estaban relacionados con salvarme la vida.

  4. Considere si tendrá acceso inmediato desde su destino de buceo a un lugar para recibir un tratamiento adecuado o a un transporte a corto plazo a un centro de tratamiento apropiado, especialmente si el destino es remoto o se encuentra en un país en vías de desarrollo.

  5. Tenga en cuenta que en muchos destinos de buceo, los límites operativos respecto a volar durante la noche pueden demorar el transporte para fines médicos.

© Alert Diver — 1er Trimestre 2015