Colmillos




Un blénido de dientes de sable, Petroscirtes breviceps, protege su nido de huevos.


Nunca había pensado demasiado en los blénidos de dientes de sable hasta que uno enseño los colmillos frente a mi dedo; yo lo había colocado imprudentemente cerca de un macho que cuidaba su nido. Quité la mano rápidamente como si hubiera visto una serpiente. Desde una distancia más respetuosa observé como el futuro padre me lanzaba una mirada fulminante desde el extremo abierto de una lata llena de huevos. Con sólo dar un breve vistazo a su alrededor resultaba evidente que yo no era el único que había tenido un pleito con los formidables colmillos: ni uno solo de los numerosos lábridos que se desplazaban por el fondo se acercaba al irresistible escondite de huevos llenos de grasa del blénido.

La adaptación de los colmillos ha sido un elemento de cambio para 55 especies de blénidos en seis géneros del Indo-Pacífico. A diferencia de sus eternamente adorables primos inermes que deben pasar sus vidas cerca de agujeros donde puedan ocultarse, los blénidos de dientes de sable han evolucionado hasta convertirse en nadadores hidrodinamizados de aguas abiertas capaces de mantener a los depredadores a raya con la amenaza de usar sus armas. Como si los colmillos no fueran protección suficiente, las especies del género Meiacanthus tuvieron un segundo triunfo en el camino a la evolución: la capacidad de inyectar veneno a través de un canal en sus caninos curvados. Esta potente combinación de adaptaciones ofrece esa ventaja que con el paso del tiempo ha permitido que algunos pocos peces de arrecife de tamaño similar evolucionen para imitar a varias especies de Meiacanthus. Esta simulación, un ejemplo de mimetismo batesiano, le brinda al impostor un poco más de libertad para evitar la depredación cuando se alimenta en aguas abiertas.


Un blénido de dientes de sable de Fiyi, Plagiotremus flavus
Poco después de mi encuentro con los colmillos, Anna divisó a un joven besugo monóculo de dos líneas que merodeaba alrededor de un blénido de dientes de sable venenoso. El parecido era asombroso. El tamaño, las rayas negras y la parte superior de color amarillo coinciden muy bien con el modelo. El pequeño besugo incluso había adoptado el estilo de natación irregular del blénido.

Después de llegar a casa nos pusimos en contacto con nuestro viejo amigo Bill Smith-Vaniz, una autoridad en lo que respecta a la taxonomía y el mimetismo de los blénidos de dientes de sable. Su interés se remonta al año 1969 cuando era un estudiante de posgrado y él y su mentor Victor Springer, Ph.D., un experto en blénidos del Instituto Smithsoniano, se dirigieron al golfo de Aqaba en un viaje de recolección. Durante el viaje la pareja decidió someter a tres blénidos de aspecto similar a un exhaustivo examen de mimetismo. Su grupo de peces azules y amarillos estaba constituido por un Meiacanthus venenoso, el modelo; un blénido de dientes de sable no venenoso del género Plagiotremus, que pasa su vida recortando escamas de peces desprevenidos; y un Ecsenius sin colmillos que vive en el fondo.


Un blénido de dientes de sable rayado venenoso, Meiacanthus grammistes,
es imitado por un joven besugo monóculo de dos líneas, Scolopsis bilineatus
Los científicos primero tuvieron que determinar a ciencia cierta si su modelo era realmente tóxico. Springer, un hombre bien establecido, casado y padre de dos hijos, recurrió a Smith-Vaniz, quien siguiendo una de las mejores tradiciones de los jóvenes estudiantes de posgrado permitió que un Meiacanthus enloquecido, recién sacado del tanque del laboratorio, lo mordiera en su abdomen descubierto.

"Me picó como una abeja y no me gustaría tener que hacerlo nuevamente", dijo riendo entre dientes por teléfono desde su casa en Gainesville, Florida. "La herida se puso roja y dejó una marca que duró la mayor parte del día. Pero valió la pena. No había duda de que nuestro modelo era venenoso. Y le digo algo, le enviaré un juego de mis documentos sobre mimetismo".


Un blénido canario venenoso, Meiacanthus oualanensis
Unos días después recibí un abultado sobre. Dediqué varias horas a la lectura de dichos documentos. Desde el comienzo quedó claro que el mimetismo por selección natural es difícil de probar, ya que requiere mucha más evidencia además de que las especies simplemente tengan un aspecto similar. Para empezar, los verdaderos imitadores deben relacionarse regularmente con sus modelos, se espera que los modelos sean más abundantes y es necesario probar el engaño y el beneficio. Luego existe algo que se conoce como variación geográfica en la apariencia, que establece que si hay una fuerte variación regional en la apariencia del modelo, esto será reflejado por el imitador.

En viajes de seguimiento al golfo de Aqaba, Smith-Vaniz y Springer pasaron horas realizando observaciones bajo el agua y merodeando por diferentes acuarios con sus pizarras siempre a mano. De acuerdo con el artículo que escribieron de manera conjunta, en su tierra de origen los tres blénidos tuvieron un buen desempeño, donde permanecieron juntos un 60 por ciento del tiempo en algún tipo de combinación. Cuando fueron ofrecidos como alimento a un pez león, un pez piedra y un mero en tanques del laboratorio, todos los depredadores inmediatamente escupieron al Meiacanthus venenoso, y a partir de entonces tuvieron poco o nada que ver con los peces azules y amarillos en general; la simulación aparentemente fue una situación beneficiosa para todos. Al imitar tanto al Meiacanthus como a un indefenso blénido que se alimenta de algas, el Plagiotremus que se dedica a recortar escamas puede acercarse a una presa con mayor facilidad. Y el indefenso Ecsenius que merodea por el fondo puede extender su área de alimentación con sólo relacionarse con su modelo. Al mismo tiempo los colores de advertencia del Meiacanthus son anunciados ampliamente.


Una joven variación fiyiana de un besugo monóculo de dos líneas.


Durante un buceo en Fiyi, a miles de kilómetros de las Filipinas, encontramos a nuestro joven besugo monóculo una vez más, pero esta vez era completamente amarillo. No tuvimos que investigar demasiado para descubrir el motivo: los Meiacanthus y Plagiotremus con colmillos locales también son amarillos, un caso claro de mimetismo como ninguno.

© Alert Diver — 4to Trimestre 2015