Clipperton: un paraíso de plástico




La ubicación remota de Clipperton no la ha liberado de los efectos del intenso
uso de plásticos de los seres humanos.
La palabra aislado adquiere un nuevo significado cuando después de navegar tres días seguidos aún te encuentras a más de 12 horas de tu destino. Este es el viaje obligatorio para visitar Clipperton, el atolón más remoto del mundo. El pequeño punto en el Pacífico está a más de 1207 km (750 millas) de distancia de Cabo San Lucas, nuestro puerto de partida. Son casi 966 km (600 millas) del Archipiélago de Revillagigedo (Isla Socorro), que es en sí sumamente remoto según cualquier estándar normal.

Clipperton, que está rodeado por arrecifes de coral, encierra una laguna estancada cubierta de algas en la superficie y atravesada transversalmente por una capa tóxica de ácido sulfhídrico a aproximadamente 14 metros (45 pies) de profundidad. Viajé a este atolón como parte del equipo de la expedición Big Migrations 2 Clipperton de 2017 encabezado por los exploradores canadienses Michel Labrecque y Julie Ouimet. Llevamos la bandera del Explorers Club N.° 93. Durante seis días nuestro equipo de 18 individuos buceó en las aguas de Clipperton y exploró el anillo de tierra de casi 13 km (8 millas) que conforma la isla. Esto fue mucho más tiempo de lo que la mayoría de las personas pasa en Clipperton, pero aun así no nos pareció suficiente.


Los arrecifes de Clipperton ofrecen una topografía única y muchas especies endémicas.
Cuando me lancé al océano con una entrada de backroll (de espaldas), quedé inmediatamente sorprendida con la calidez del agua: 30°C (87°F) en la superficie, de acuerdo con mi computadora. Llegamos al arrecife a aproximadamente 14 metros (45 pies) y fuimos recibidos por un gran banco de negritos (peces ballesta) que se deslizaban sobre inmensas cabezas de coral redondo. Bloques de coral se extendían hasta donde podía ver, todo ello acompañado por grupos de brillantes soldados rojos y resaltados por algas coralinas moradas alrededor de las bases. Plataformas de coral Porites también dominaban el paisaje y servían de refugio para meros jóvenes y posaderas para peces halcón de coral. Un banco de roncos nadó delante de mí, seguido rápidamente por una formación de jureles, y un curioso mero cuero se desplazó en frente de mi cubierta tipo domo.

Vimos tres especies de peces que son endémicas de Clipperton: el pez ángel de Clipperton (Holacanthus limbaughi), la damisela de Clipperton (Stegastes baldwini) y el blénido de dientes de sable de Clipperton (Ophioblennius clippertonensis). Pasaron sesenta minutos y antes de que pudiera darme cuenta estábamos haciendo nuestra parada de seguridad en las cálidas aguas azules superficiales de Clipperton.


Miembros del equipo de la expedición Big Migrations 2 Clipperton de 2017 extraen una red de pesca abandonada (“fantasma”) del arrecife. El equipo también recolectó casi 3,2 km (2 millas) de palangre y los correspondientes
ganchos y equipos.


A pesar de la belleza natural submarina del atolón, no pude evitar observar los abundantes monofilamentos de palangres que cubrían el arrecife. Recuperamos casi 3,2 km (2 millas) de sedal junto con 18 ganchos y 43 sujeciones a lo largo de 17 buceos, así como también una enorme red de pesca fantasma que arrastramos desde los 15 metros (50 pies). Recolectamos todo lo que pudimos cargar razonablemente mientras estuvimos bajo el agua, pero esto representaba sólo una pequeñísima porción de lo que vimos. Rápidamente se hizo evidente que incluso allí en el medio de la nada los ecosistemas marinos no estaban a salvo de los hábitos humanos.

El mismo fenómeno se hizo eco en tierra, pero a una escala mucho mayor.

A primera vista, Clipperton parece un paraíso. Las aguas de color turquesa chocan contra una reluciente playa blanca de coral triturado salpicada de palmeras verdes. Cientos de aves vuelan en un dramático cielo cubierto de nubes. Pero tras una inspección mucho más detallada un paisaje aún más viciado se hace más nítido. En él se puede ver la desagradable huella humana que parece no dejar ningún hábitat natural de la Tierra intacto: el plástico.


Un alcatraz enmascarado sonríe para la cámara.
Vivimos en la era Antropócena (un término propuesto pero que aún no ha sido oficialmente aceptado), un período de la historia geológica definido y modelado por las actividades de la raza humana, y el plástico es nuestra tarjeta de presentación. Cada año desechamos aproximadamente 8 millones de toneladas de plástico en los océanos del mundo y si mantenemos nuestro curso actual se estima que en el océano habrá más cantidad de plástico que peces para mediados de siglo. Estas estadísticas me afectaron cuando visité por primera vez el atolón más remoto del mundo y no podía mover los pies sin pisar algo de plástico. Los humanos no han tirado desechos de plástico directamente en la Isla Clipperton, pero al deshacerse de él de manera incorrecta y caer en el auge del plástico de un solo uso en el que nos encontramos, es como si lo hubiéramos hecho.

El plástico en Clipperton fue más allá de las botellas de plástico y las chancletas perdidas. Variaba entre refrigeradores y maquinillas de afeitar, baratijas y cepillos de dientes, y desechos médicos y microplásticos. Cada forma, tamaño, color y variedad de plástico está representado en esta isla, que no ha estado habitada desde antes del inicio de la revolución plástica. Si el plástico afecta hasta a un lugar como Clipperton, una isla deshabitada sin visitas mensurables y rodeada por nada más que mar abierto por cientos de kilómetros en todas direcciones, está claro que nuestro estilo de vida necesita una transformación en lo que se refiere a sustentabilidad.


El equipo recolectó más de 90 kg (200 libras) de plástico, incluso 2.089 tapas de botellas, pero observaban consternados cómo más plástico flotaba hacia la costa.


La polución provocada por el plástico es un gran problema, pero constituye una oportunidad para marcar la diferencia a escala monumental. Incluso las más mínimas medidas que son tomadas por muchas personas pueden dar lugar a un cambio significativo. Los buzos, como personas que aprecian y disfrutan de forma activa las aguas de nuestro mundo, podemos aprovechar la oportunidad de servir de ejemplo a aquellas personas que nos rodean y así ampliar nuestro impacto. Opóngase a la utilización de plásticos de un solo uso cuando sea posible, evite usar bolsas de plástico, deseche y recicle su basura de forma correcta, compre una taza de café y una botella de agua reutilizables y absténgase de utilizar utensilios y bombillas descartables. Comprar contenedores de vidrio o metal en lugar de sus equivalentes de plástico también puede ayudar muchísimo.

Nuestra adicción al plástico ya ha ido demasiado lejos y es nuestra responsabilidad como guardianes de este planeta azul tomar decisiones de vida informadas que limiten nuestra contribución a la polución provocada por el plástico.

NOTA: todas las imágenes y videos de esta expedición fueron obtenidas bajo el permiso #HC/1485/CAB/BSIRI/MG, con la autorización del Alto Comisionado de la Polinesia Francesa.
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© Alert Diver — 4to Trimestre 2017