Caza de piratas: en busca del Golden Fleece




Howard Ehrenberg sostiene una botella del naufragio de Nuestra Señora de Guadalupe.

Para muchas personas que no son buzos es difícil disociar la práctica de buceo con aire comprimido de la idea romántica de encontrar un tesoro pirata escondido durante mucho tiempo en un naufragio bajo las olas. Sin lugar a dudas, descubrir naufragios históricos, y sus tesoros, es el sueño de muchos buzos. Una vez que nos sumergimos en el agua, algunos de nosotros no podemos dejar de preguntarnos qué más hay debajo de la superficie. En el océano hay miles de naufragios perdidos y miles de historias que aún no han sido contadas.

A veces las fantasías se convierten en realidad: pasé aproximadamente cuatro años viviendo y trabajando en la República Dominicana en busca de algunos de los naufragios más antiguos de América.


John Chatterton usa una draga para buscar monedas de plata en el lugar de un naufragio.
A John Chatterton lo conocí durante el verano boreal de 2007. En ese entonces no tenía conocimiento de todos sus logros: nunca había visto un episodio de Deep Sea Detectives (Detectives de las profundidades) ni había leído Shadow Divers (Buzos de las sombras), aunque sí había oído su nombre en ScubaBoard una o dos veces. Nos hicimos amigos rápidamente y yo disfrutaba al oír las historias sobre sus aventuras. Chatterton no sólo es uno de los pocos hombres que han visitado el RMS Titanic en su último lugar de descanso, sino que también ayudó a identificar el U-869 y a encontrar el tesoro del SS Carolina, entre muchas otras proezas.

Un año después de conocernos, Chatterton me invitó a Samaná, en la República Dominicana, donde él y su socio comercial, John Mattera, tenían una tienda de buceo llamada Pirate's Cove Dive Center. Pasamos una semana realizando algunos buceos y recibiendo entrenamiento de buceo técnico en Samaná y sus alrededores y durante ese tiempo llegué a la conclusión de que la práctica de buceo allí era terrible. Luego, para uno de nuestros últimos buceos, nos dirigimos a un lugar muy superficial, a no más de unos 5 metros (18 pies) de profundidad, arenoso y con mala visibilidad. Nos encontramos con un objeto cilíndrico que aparentemente tenía alrededor de 3 metros (10 pies) de largo, y en un momento me di cuenta de qué era: se trataba de un cañón; no podía creer lo que estaba viendo. Estábamos en el lugar de un naufragio muy antiguo, y quedé enganchado de inmediato.

Pero resultó que Chatterton y Mattera necesitaban ayuda con algunos de los dispositivos tecnológicos para la búsqueda de naufragios. Entre su arsenal tenían un magnetómetro marino a vapor de cesio Geometrics G-882 y un sonar de barrido lateral L-3 Klein System 3900, los que requerían experiencia técnica. Yo era una suerte de aficionado a la tecnología, por haber sido un ingeniero de sonido profesional durante 15 años y un referente en todo lo relacionado con la informática, pero nunca había usado ninguno de esos dos dispositivos. Sin embargo, Chatterton dijo: "eres nuestro chico; ¿cuándo puedes empezar?". Días más tarde, estábamos buscando naufragios.
El uso de tecnología para encontrar naufragios
Esta es la receta básica para encontrar antiguos naufragios: las embarcaciones de la era colonial tenían anclas o cañones de hierro; por lo tanto, hay que buscar las anclas o los cañones y el barco estará cerca.


Chatterton bucea sobre un ancla de mediados del 1500, lo que puede ser evidencia de un naufragio.
Las anclas eran algunos de los objetos más importantes a bordo de los antiguos barcos de madera, y a menudo estas embarcaciones llevaban varias anclas de reserva. Para nosotros los buscadores de naufragios existen dos tipos de anclas: las anclas de trabajo, que quedan en el fondo después de quedar atascadas irremediablemente, ser liberadas y abandonadas, y las anclas que quedan tiradas en el fondo, que se hundieron en el marco de los naufragios. Las anclas y los cañones eran tan valiosos que es poco probable que fueran abandonados a propósito.

Para encontrar estos indicadores clave de los naufragios usamos nuestro magnetómetro de cesio, un instrumento que puede detectar leves variaciones en el campo magnético de la tierra. Debido a que los cañones y las anclas están hechos de hierro y, por lo tanto, tienen polaridad, pueden ser detectados con un magnetómetro. El magnetómetro también proporciona información que puede usarse para calcular la masa de los objetos, su distancia desde el "towfish" (el magnetómetro remolcado) y, si están enterrados, su profundidad debajo del fondo. Al buscar tesoros remolcamos el magnetómetro detrás de nuestra embarcación de investigación y pasábamos horas combinando metódicamente pequeñas cuadrículas de aproximadamente 2,5 km cuadrados (1 milla cuadrada) con una técnica que llamamos "cortar el césped" (mowing the lawn).

Las aguas que rodean la República Dominicana son propicias para descubrir naufragios de la era colonial. El océano Atlántico al norte de La Española, la isla que incluye la República Dominicana, tiene de cientos a miles de metros de profundidad. A medida que uno se acerca a la isla, las profundidades se reducen abruptamente, y un barco en problemas durante una tormenta podría encallar fácilmente. La entrada a la bahía de Samaná es particularmente traicionera. Por ejemplo, nuestra área de trabajo principal estaba dentro de una parte de la bahía de Samaná llamada Barco Perdido.


Dos balas de cañón: la de la izquierda se encontró en tierra y la de la derecha bajo el agua.

Después de unos pocos meses habíamos localizado varios puntos de antiguos naufragios, algunos de los cuales contenían cañones o anclas. También encontramos trampas para peces, cables e incluso un asador. Por desgracia, ninguno de estos lugares tenía nada por lo que valía la pena escribir a casa. A pesar de ello, seguimos examinando el área, buceamos para comprobar nuestros hallazgos y esperamos encontrar algo de valor.

Trabajar con barcos y tecnología en la República Dominicana planteó otra serie de desafíos. Concretamente, los equipos electrónicos y el agua salada no funcionan bien juntos, y no podíamos simplemente visitar la tienda de electrónica local cada vez que necesitábamos insumos para arreglar algo. Tampoco era posible enviar los equipos necesarios a Samaná, como pudimos comprobar cuando un paquete demoró más de seis meses en llegar a donde estábamos nosotros. (Nuestra dirección era algo así como "el edificio junto a la orilla cerca del astillero".)
En busca del Golden Fleece
En 2008 mientras trabajábamos en Samaná, la renombrada buscadora de tesoros Tracy Bowden se acercó a nosotros para que la ayudáramos a encontrar un barco que había pertenecido al Capitán Joseph Bannister. Bannister no era cualquier capitán, sino que era un pirata. Y, como habíamos descubierto hacía poco, era muy bueno.

Bannister fue un respetado capitán que pasó años navegando entre Inglaterra y Jamaica. Pero en 1684 decidió ir en busca de gloria y fortuna al requisar el Golden Fleece, un buque de 30 a 40 armas con una tripulación de más de 100 hombres. Los británicos enviaron un buque que encontró y capturó a Bannister, quien fue llevado a juicio en Port Royal, Jamaica. Fue absuelto del crimen pero se le ordenó que permaneciera en Port Royal. No obstante, Bannister escapó y continuó con sus actividades de piratería.

En 1686, se descubrió a Bannister escondido y escorado (con su buque encallado para mantenimiento y reparaciones) en lo que hoy se conoce como la bahía de Samaná. Los británicos enviaron dos buques de guerra para capturarlo y llevarlo ante la justicia. Sin embargo, Bannister era inteligente y se había preparado para un ataque. Había descargado algunos de los cañones del Golden Fleece y preparado tropas en la costa. Esta maniobra estratégica fue un éxito y Bannister pudo defenderse frente a la Marina Real, una asombrosa hazaña que ningún pirata había logrado en el pasado. Después de una batalla de dos días en julio de 1686, los británicos fueron forzados a retirarse sin su presa, y habiendo agotado todas sus municiones.

Aunque los británicos no hundieron el Golden Fleece, el buque sufrió graves daños y no podía navegar. Bannister hundió el barco y escapó de Samaná en una embarcación más pequeña que había capturado anteriormente. Finalmente los británicos apresaron a Bannister a principios de 1687, pero el legendario pirata dejó su preciado Golden Fleece justo en nuestro jardín trasero.


Chatterton documenta una pila de lastre con una cámara de video.

Para Bowden y el resto de nosotros, encontrar un barco pirata sería un verdadero descubrimiento histórico. Sólo se había identificado con seguridad un barco pirata de la edad de oro, el Whydah, encontrado por Barry Clifford en 1984; entre los restos se encontró una campana grabada con el nombre del barco. (Las identidades del Queen Anne's Revenge de Barba Negra y el Quedagh Merchant del Capitán Kidd no habían sido autenticadas en ese entonces.) Si bien en los naufragios modernos puede encontrarse la campana de un barco u otro marcador de identificación, ese tipo de prueba de la identidad es poco probable en los barcos piratas, ya que son buques que no pertenecían a ninguna nación y valoraban el sigilo y la invisibilidad. Cuando comenzamos nuestra investigación, ni siquiera estábamos seguros de si el barco de Bannister había sido bautizado con el nombre Golden Fleece o de si sólo se trataba de su apodo.

Bowden es famoso por rescatar los galeones que transportaban mercurio Nuestra Señora de Guadalupe y El Conde de Tolosa, que se hundieron en un huracán en 1724. Los galeones habían partido de España con dirección a México con un cargamento de mercurio y, para muchos de los pasajeros, todos sus bienes materiales. Ambos barcos se hundieron frente a la costa de la República Dominicana cerca de la desembocadura de la bahía de Samaná.

Bowden nos hizo centrar nuestra búsqueda en lo que actualmente se conoce como Cayo Levantado. Levantado, que hoy es el lugar de un lujoso centro turístico, en una época recibía el nombre de Cayo Banistre (por el pirata Bannister). Por este motivo, muchos historiadores modernos pensaban que el Golden Fleece estaba cerca de Levantado.

Para ayudarnos en nuestra búsqueda, consultamos a algunos expertos, o al menos sus cuadernos de bitácora. En 1687, William Phips y su tripulación encontraron el naufragio del galeón español Nuestra Señora de la Concepción frente a La Española. Bowden explicó que Phips había pasado tiempo en Samaná en 1686, donde también había visto el naufragio del Golden Fleece sobre el lecho marino, de acuerdo con el cuaderno de bitácora de uno de los buques de Phips, el Henry of London:

A las tres de la tarde, el Capitán Phips envió su chalupa y su pinaza bien tripuladas y armadas para patrullar la costa y ver si podían encontrar alguna oportunidad de escorado. A unos 3 km (2 millas) del barco encontraron un naufragio en cuatro brazas de agua y quemado hasta la cubierta (y calcularon que se trataba de una embarcación de alrededor de 400 toneladas) y también encontraron dos o tres balas de hierro que tenían la marca de punta de flecha en ellas, y varias "firelocks" (armas de fuego obsoletas)... Según las circunstancias se cree que el naufragio pertenecía al pirata Bannister que la estaba escorando y fue sorprendido por algunas de nuestras fragatas inglesas.
Una cosa que teníamos a nuestro favor era que esta batalla es la única que se ha registrado en la bahía de Samaná. Si podíamos encontrar balas de cañón, tendríamos la posibilidad de encontrar el lugar de batalla y, finalmente, el naufragio.

Con nuestra evidencia histórica, comenzamos a inspeccionar los alrededores de Levantado cerca de los 7 metros (24 pies), cuatro brazas, de profundidad. Lamentablemente, las cartas náuticas del área no eran muy precisas, por lo que terminamos examinando mucho más de la bahía de lo que era necesario. Después de meses de inspeccionar habíamos encontrado varias anclas de trabajo entre basura sin valor y los restos de la vida moderna en la República Dominicana, pero no vimos ningún signo del Golden Fleece.


El casco colapsado del Golden Fleece después de la excavación.
Habíamos estado buscando, buceando e investigando la batalla entre Bannister y los británicos durante meses, pero aún no teníamos respuestas; pero Chatterton y Mattera estaban impávidos por la falta de resultados. Ellos sabían que Bannister era inteligente; después de todo, había escapado de Port Royal y evadido la captura británica, lo que no resultaba una tarea fácil. Mattera, un ex oficial de policía, contratista de seguridad y profesional de protección personal, no podía imaginar a Bannister usando Levantado como su escondite. "En Levantado no hay ningún lugar donde ocultarse", aseguró. "Allí no tendría ningún tipo de ventaja estratégica. ¿Dónde hubiera puesto los cañones y dónde hubiera escorado su barco?".

Nuestra búsqueda del elusivo Golden Fleece era como resolver un misterio mientras aprendíamos a pensar y actuar como piratas para poder comprender mejor los movimientos y acciones probables de Bannister.

Al igual que con cualquier misterio, no arruinaremos el final revelándolo aquí. Para descubrir qué encontramos y cómo lo hicimos, lea Pirate Hunters de Robert Kurson (autor del best seller del New York Times, Shadow Divers), cuya publicación está programada para el 16 de junio.

© Alert Diver — 2do Trimestre 2015