Breve visita a Tonga




Durante un viaje de buceo al Pacífico Sur, Douglas Hoffman tuvo que ser evacuado para someterse a una cirugía que le salvaría la vida.


Comencé a bucear en 1985 y desde entonces he realizado viajes de buceo por todo el mundo. Siempre he tenido un seguro contra accidentes de buceo de DAN® por si alguna vez experimento una emergencia de buceo, pero afortunadamente nunca lo he necesitado. Otro motivo por el que sido miembro de DAN es el beneficio de evacuación. Tuve la oportunidad de usar ese servicio hace algunos meses y me salvó la vida.

Durante los últimos 11 años he guiado expediciones dedicadas a observar y fotografiar ballenas jorobadas del hemisferio sur en Tonga, donde está permitido nadar con las ballenas. La nación del Pacífico Sur, conocida como las "islas amigables", está a unos 90 minutos en avión desde Fiyi o a un vuelo de tres horas desde Nueva Zelanda. Su ubicación es remota, su infraestructura es insuficiente y de muchas maneras ir allí es como regresar en el tiempo.

Dada su lejanía, requiero que cada persona que participe en alguna de mis excursiones sea miembro de DAN y que tenga un seguro contra accidentes de buceo de DAN, que es el mejor complemento para un buen plan de acción de emergencias. Desde luego, es mejor tenerlo y no necesitarlo que necesitarlo y no tenerlo. Por suerte, yo practico lo que predico, porque el 29 de agosto de 2015 lo necesité.

Esa tarde observábamos a una relajada madre y a su cría en la superficie. Después de mirarlas un rato, decidimos que el momento era el indicado y nos deslizamos al agua. Nadamos unos 30 metros (100 pies) y vimos a las ballenas, por lo que nos detuvimos y nos dedicamos a observarlas. No intentamos acercarnos y dejamos que fueran ellas las que decidieran si querían interactuar con nosotros. Resultó que sí querían y flotamos juntos por más de una hora.




Al inicio del encuentro, la madre ubicó a la cría en el lado opuesto a nosotros. A medida que se fue sintiendo más cómoda con nuestra presencia, hizo algunos cambios sutiles en su posición y la cría modificó su ubicación. La cría nadó sobre el lomo de la madre y junto a ella, cerca de nosotros. En un momento la madre y yo estábamos flotando a unos pocos metros de distancia y nos miramos a los ojos; fue algo mágico.

Durante ese buceo tuve un poco de malestar estomacal, pero hice caso omiso por considerarlo una indigestión. Sin embargo, persistió durante la tarde y empeoró por la noche. Al día siguiente era domingo y en Tonga los domingos no sucede nada. Me acosté en mi habitación y no podía encontrar una posición que me resultara cómoda; el dolor era intenso. Al día siguiente en lugar de ir al barco fui a ver al médico. Después de un ultrasonido y un breve examen el médico dijo que tenía un caso clásico de apendicitis con ruptura del apéndice y que necesitaba una cirugía o moriría.



Esas son palabras que nadie quiere escuchar. Me dirigí al hospital, donde me colocaron un suero endovenoso y comenzaron a hablar acerca de qué hacer conmigo. No había ningún cirujano en el área, por lo que debía ser evacuado a otro centro de salud. Por lo tanto, le informé a mi hermana y ella se comunicó con DAN.

Eso fue todo. Yo simplemente me quedé allí y en DAN, junto con mis amigas locales Lisa y Amecia y mi hermana en California, se encargaron de los detalles. Justo antes de la puesta del sol una ambulancia aérea aterrizó en Vava'u para llevarme a Nueva Zelanda.

Recuerdo que estaba acostado en la camilla con un suero endovenoso en el brazo, invadido por el dolor mientras observaba un atardecer irreal por la ventana. Pensé para mí mismo lo afortunado que era de tener un avión privado que me buscara. Los funcionarios de aduanas se acercaron al avión en Nueva Zelanda y para el momento en que la tripulación me había llevado a la ambulancia toda mi documentación estaba en orden y yo estaba camino a la cirugía que me salvaría la vida. Sin duda alguna no pude prever una crisis sanitaria tan importante, pero al ser miembro de DAN estaba preparado para ello.

Estoy a una semana de emprender mi próxima aventura con ballenas, esta vez en Dominica, y le garantizo que mi condición de miembro de DAN, mi seguro contra accidentes de buceo y mis planes de seguros de viaje están todos actualizados. No tengo pensado tener otra emergencia que ponga en peligro mi vida, pero siento una gran tranquilidad al saber que si surge algún problema estaré cubierto. Tener un seguro no sólo lo protege sino que también ayuda a sus seres queridos a estar tranquilos, y eso es algo que no tiene precio. Sugiero firmemente que todos los buzos, especialmente aquellos que viajan a lugares remotos, adquieran una cobertura. Muchas gracias, DAN, y les deseo a todos que disfruten de un buceo seguro.

© Alert Diver — 1er Trimestre 2016