Bocas llenas de huevos




Un cardenal (Foa fo) incuba en su boca una nueva nidada de huevos de color naranja.


Nuestro guía de buceo indonesio, Man, estaba arrodillado sobre el fondo cubierto de maleza del estrecho de Lembeh y me hacía señas para que me acercara con la ternura de una persona que señala a un niño dormido. Con un palo levantó con cuidado un manto de algas para exponer un cardenal de color marrón óxido del tamaño de una cáscara de maní. "Indudablemente este no es un pez que pueda entusiasmar a alguien", pensé mientras miraba a Man y me encogía de hombros. El hombre señaló su mandíbula. Yo volví a mirar. En efecto, las mandíbulas de este pez pequeño y poco popular estaban repletas de huevos de color naranja recientemente depositados.

Nada es más codiciado en un arrecife que una cena con huevos regordetes y nutritivos, por lo que proteger los nidos es un trabajo duro. Para evitar este problema, la mayoría de los peces de arrecife pone miles de huevos milimétricos y boyantes por encima del arrecife. Esta protección contra depredadores hambrientos es la única ayuda de los padres que las crías reciben antes de ser arrastradas con las corrientes en una de las odiseas más peligrosas del reino animal. Dentro de las 24 horas los embriones se convierten en indefensas larvas con saco vitelino que apenas pueden nadar en un mundo oceánico que parece tan peligroso como el arrecife.

Por otra parte, muchos peces de arrecife pequeños, tales como los gobios, blénidos y peces Damisela, cuidan y protegen nidos. Sus esfuerzos ayudan a las crías a atravesar de manera segura la peligrosa etapa de saco vitelino dentro de la seguridad de los huevos antes de unirse a la gran travesía pelágica. Los cardenales machos toman sus obligaciones aún más en serio al incubar sus huevos dentro de la boca. Ambas estrategias producen recién nacidos mejor preparados para defenderse durante su metamorfosis de varias semanas en el mar abierto. Pero incluso con una crianza extendida, sólo unas pocas crías lograrán regresar a sus aguas de origen o, como sucede a menudo, se desplazarán por las corrientes hasta los arrecifes a kilómetros de distancia donde se asentarán e iniciarán su vida adulta.


La boca repleta del mismo cardenal cinco días más tarde.
Al ver una oportunidad, Anna, Man y yo ideamos un plan para volver a visitar al cardenal, Foa fo, en los siguientes días y así documentar la transformación de los huevos que estaba incubando. A la mañana siguiente, la visibilidad en el punto de buceo había empeorado considerablemente, pero a Man no le importó. Como si siguiera señales viales, nos guió por el agua turbia durante un largo rato sobre un terreno de restos de rocas sin ninguna característica especial y lleno de áreas de algas y esponjas y otra vez hasta fo. Man hizo a un lado la vegetación y, en efecto, fo estaba donde lo habíamos dejado, pero en esta ocasión se alejó y enterró su cabeza en su hogar de algas.

Los machos que incuban se inquietan fácilmente y si se angustian pueden huir o, lo que es peor, escupir sus huevos, lo que sería espantoso. Por lo tanto, esperamos a cierta distancia. Diez minutos después el futuro padre nos ofreció una clara imagen de sus mandíbulas desbordadas de un color naranja intenso. No detectamos ningún cambio en

Un cardenal de dientes grandes (Cheilodipterus macrodon) protege a una
nueva nidada de huevos.
la nidada con respecto al día anterior, pero para la mañana siguiente la transformación había comenzado. El color naranja había desaparecido y había dado lugar a un tono gris amarillento. En el cuarto día aparecieron los ojos, que primero se ven como puntos dentro de cápsulas translúcidas. En nuestra quinta visita, miles de grandes ojos gris acero nos miraban fijamente y una curvatura de vértebras podía verse dentro de cada orbe turgente. A la mañana siguiente, en el sexto día, la nidada había desaparecido, ya que había sido liberada durante la noche. Muy probablemente las larvas se habían embarcado en alguna corriente saliente que las había llevado a través de la boca del estrecho y hacía el mar.

Al igual que una persona que ha perdido a una querida mascota, extrañábamos a fo y su prole e inmediatamente emprendimos la búsqueda de un reemplazo. Durante el buceo de la tarde Man encontró un cardenal de dientes grandes que estaba al acecho dentro de una grieta en una pendiente de coral. A diferencia de nuestro pequeño y angelical fo, esta era una enorme bestia de 10 cm (4 pulgadas) con una nueva nidada de huevos blancos acorralados de forma segura detrás de un conjunto de dientes.

En una buena racha, Man llamó a guías de todo el estrecho para saber si alguno conocía el paradero de un cardenal de Banggai cargado de huevos, una superestrella entre los peces que incuban huevos en su boca. Los machos de esta encantadora especie con

Jóvenes cardenales de Banggai (Pterapogon kauderni) miran desde la boca
de su padre.
forma de disco no sólo incuban aproximadamente 40 huevos de gran tamaño dentro de sus bocas sino que también contienen a los recién nacidos dentro de sus mandíbulas durante 10 días más. Como es de esperar, la adaptación, que surgió para eliminar por completo la peligrosa fase larval pelágica, limita enormemente la distribución de la especie. Hasta hace poco, la especie había estado restringida a su hogar histórico, el pequeño conjunto de islas de Banggai unos 322 km (200 millas) al sur de Lembeh. No obstante, diecisiete años atrás un coleccionista de peces introdujo inescrupulosamente la exótica especie de acuario de elevado valor en el estrecho.

Un indicio que Man recibió en su teléfono nos llevó hasta un Banggai macho de 5 cm (2 pulgadas) con mandíbulas desbordadas que merodeaba entre un grupo de compañeros junto al naufragio de una vieja lancha a motor. Tras observar con cuidado, ocasionalmente pudimos ver diminutas caras blanco y negro (versiones en miniatura de sus padres) que se asomaban desde la seguridad de la boca de su padre.

© Alert Diver — 2do Trimestre 2017