Ballenas francas australes




La ballena franca austral, Eubalaena australis, es considerada un Monumento Nacional Natural en Argentina. Con una longitud de hasta 15 metros (50 pies) y un peso de 60 toneladas, su presencia es impresionante.


Las ballenas francas son las que están en mayor peligro de extinción entre las grandes ballenas. Al concluir el siglo XX, las estimaciones indicaban que quedaban menos de 2.000 individuos en todo el mundo. Estas ballenas, que son consideradas ideales para matar en una cacería, eran un blanco fácil porque eran nadadoras lentas y su espesa capa de grasa las hacía flotar cuando morían. Su aceite y sus barbas alcanzaron precios descomunales para diversos usos humanos y por ese motivo casi se extinguieron.

Las poblaciones del norte se vieron mucho más afectadas que aquellas de las regiones más remotas en los océanos del sur. La ballena franca austral, Eubalaena australis, no cruza el ecuador y es una especie diferente de sus primas del norte. Mientras que tanto la ballena franca glacial como la ballena franca del Pacífico aún son consideradas especies en peligro de extinción, con poblaciones con sólo unos cientos de individuos, la ballena franca austral ha estado resurgiendo.

Gracias en gran medida a los esfuerzos de conservación que se iniciaron en 1935, las ballenas francas australes han estado registrando un crecimiento demográfico de aproximadamente un 7 por ciento cada año. En 1984, Argentina declaró a la ballena franca un Monumento Nacional Natural, lo que la convirtió en el primer cetáceo en recibir dicha condición.

Al dar un vistazo bajo el agua, las ballenas francas australes parecen algo desaliñadas. Estos mamíferos gigantes, que carecen del majestuoso aspecto de la ballena jorobada o la forma aerodinámica uniforme de la ballena azul, tienen su propia apariencia inimitable. Su cabeza plana de gran tamaño con una abundancia de barbas con forma de peine constituye casi un tercio de su robusta estatura de 15 metros (50 pies). Las ballenas francas pueden pesar hasta 60 toneladas y tienen uno de los períodos de vida más largos entre los cetáceos, ya que pueden vivir hasta los 100 años. No tienen aleta dorsal y avanzan con pesadez, lentamente y sin esfuerzo por el agua turbia. También tienen dos narinas que forman un espiráculo característico en forma de V. Algunas áreas de su cabeza están cubiertas por parches de piel engrosada denominados callosidades, cuyo patrón es único de cada individuo y, por lo tanto, ayuda a identificarlos. Poco después del nacimiento de las ballenas, estas áreas quedan cubiertas de piojos de ballenas que se alimentan de su piel.

Las ballenas francas australes migran dos veces al año: una vez a sus zonas de alimentación cerca de la convergencia antártica, donde se alimentan de zooplancton, y luego se trasladan a las bahías resguardadas más cálidas de Nueva Zelanda, Brasil, Chile, Perú, Uruguay, Argentina, Australia y Sudáfrica para dar a luz, criar a sus ballenatos, socializar y finalmente aparearse. Las madres y las crías a menudo buscan la protección de aguas superficiales, a veces cerca de la costa, posiblemente para evitar el acoso de los machos que intentan aparearse.

En lo que respecta al apareamiento, las ballenas francas son polígamas. Las hembras alcanzan la madurez sexual entre las edades de 8 y 10 años y pueden tener hasta ocho parejas diferentes. Por su parte, los machos tienen los testículos más grandes entre los animales, con un peso de más de una tonelada. Los machos tienen una gran cavidad que contiene sus genitales mientras nadan o descansan. El tamaño en este caso sí importa y la ballena con los testículos más grandes, que producen la mayor cantidad de esperma, es la que más probablemente embarazará a la hembra.

Se sabe que los machos son relativamente dóciles y no compiten agresivamente entre ellos durante el cortejo. Desde junio hasta octubre, los machos cautivan a las hembras: les dan empujoncitos y se frotan contra ellas insistentemente en un intento por aparearse. Cuando la hembra no está interesada se coloca sobre su lomo, pero los machos insistentes generalmente intentarán que vuelvan a girar.

Las ballenas francas dan a luz cada tres o cuatro años. Después de un período de gestación de 11 ó 12 meses, se produce el nacimiento de una sola cría con un peso de dos o tres toneladas. Las crías crecen rápidamente porque la leche de sus madres es sumamente rica en grasas.


Las ballenas francas blancas normalmente no son albinas sino que son ballenas jóvenes que se oscurecen con la edad.


Menos del 5 por ciento de las crías de ballena franca nacen con un color blanco. Estas no son ballenas albinas; la condición es sólo temporal y su piel se oscurece a medida que crecen. La emoción que produce fotografiar a una cría de ballena blanca bajo el agua es una experiencia inolvidable. Las ballenas blancas tienen poco camuflaje y una apariencia dramática, lo que las convierte en posibles blancos para los depredadores.

Las madres atinadamente alejan a sus crías de cualquier situación de peligro y es por ello que las imágenes submarinas de ellas son excepcionalmente raras. Con la debida ayuda de un guardaparque (que siempre está presente al bucear con estas ballenas en Argentina), una vez que la madre se relaja y se da cuenta de que unos pocos buzos en el agua no suponen un riesgo inherente para su preciada cría, pueden producirse encuentros extraordinarios. No obstante, acercarse mucho a cualquier animal salvaje siempre presenta un cierto grado de riesgo. Incluso al seguir todas las reglas la situación puede cambiar en un instante. No sólo la madre protege a su recién nacido, sino que una cría de tres toneladas también puede proteger a su madre. Un cabezazo puede ser suficiente para hacer saber a todos que la sesión ha terminado y que es hora de continuar.

Las ballenas francas son curiosas y de buen carácter y a menudo se acercan a un barco de manera casual lo suficientemente cerca como para tocarlas. Se desplazan con su cabeza por encima de la superficie como si investigaran al nuevo intruso. Las madres, cansadas de viajar miles de kilómetros hacia aguas calmas y cálidas, pasan gran parte del tiempo relajadas en la superficie y permiten que sus crías recién nacidas se alimenten tranquilamente y exploren su nuevo entorno.


Las ballenas francas a menudo se desplazan con la cabeza apenas fuera del agua y se sabe suelen acercase a las embarcaciones de manera amigable.


No obstante, en muchos lugares las gaviotas son una amenaza para estas jóvenes crías, así como también para las ballenas más viejas, ya que las molestan al posarse en los lomos de las ballenas para picotear y alimentarse de la piel muerta, pero con frecuencia arrancan trozos de carne en el proceso. La ballenas adultas usan la práctica de "brinco de espionaje" para evitar el ataque constante, para lo que sólo levantan su cabeza dura y protuberante fuera del agua, apenas lo suficiente como para poder respirar. Algunas madres lactantes han adoptado una posición de "galeón", donde arquean su lomo bajo el agua para exponer solamente la cabeza y la aleta caudal en la superficie. Las crías recién nacidas, que no tienen la capacidad de protegerse a sí mismas ni arquear sus pequeños lomos, son vulnerables al incesante hostigamiento de las gaviotas. Las heridas de las crías pueden ser tan grandes e infectarse gravemente como para poner en peligro su vida.

Si bien algunas madres y sus crías han aprendido a salir a la superficie en un ángulo oblicuo para respirar, lo que les permite mantener su lomo bajo el agua, llevar a cabo estas maniobras evasivas les quita energía que debería dedicarse a amamantar y descansar en un momento en que el alimento es escaso. El estrés y la falta de energía pueden afectar su crecimiento y desarrollo así como también sus posibilidades de supervivencia. El índice de mortalidad de las crías de ballena franca austral ha aumentado considerablemente desde 2003 y algunos investigadores especulan con que el acoso de las gaviotas podría ser un factor importante en estas muertes.


Estas ballenas son planctívoras, ya que se alimentan mayormente de
plancton y kril.
Las ballenas francas son consumidores de plancton y su dieta consta principalmente de kril. La acidificación del océano amenaza a este importantísimo eslabón de la cadena alimenticia y el destino de las ballenas están inherentemente vinculado a ello. El calentamiento de los océanos ha dado lugar a inmensas concentraciones del alga Pseudo-nitzschia, que produce la neurotoxina ácido domoico. Algunos científicos consideran que esta neurotoxina contribuye a una mortalidad considerable de ballenas francas australes de menos de tres meses de edad, lo que afecta el crecimiento de la población. Al igual que todos los cetáceos, las ballenas francas australes también se enfrentan a un grave peligro de colisión con buques y enredo con equipo de pesca.

La ballena franca austral es la ballena ideal para acoger: con la vista, los binoculares y la lente. Los arpones de una época pasada ahora se encuentran en museos tales como el New Bedford Whaling Museum en Massachusetts y las leyendas se han introducido en las páginas de la historia marítima. La ballena franca, que fue cazada hasta el borde de la extinción, ha recibido una renovada ciudadanía mundial y una circulación segura. Quizás algún día todas las ballenas puedan gozar de la misma condición.
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Obtenga más información en este video: Southern Right Whales of Argentina (Ballenas francas australes de Argentina).



© Alert Diver — 2do Trimestre 2017