Bajo la saliente




Un Trimma de cuevas de 2,5 cm (una pulgada), un miembro de la familia de los gobios, en su orientación invertida característica.


No parece apropiado abandonar un clásico mundo de corales y peces para meter la cabeza en un agujero, pero eso es exactamente lo que hice por una semana durante una primavera austral en Fiyi. El viaje de buceo con un grupo de amigos era mi última oportunidad de fotografiar especies para una nueva edición de Reef Fish Identification: Tropical Pacific (Identificación de peces de arrecife: el Pacífico tropical), y estaba decidido a sacarle el mayor provecho.

Pasamos gran parte de nuestra semana nadando alrededor de torres submarinas, conocidas a nivel local como rompientes, que se elevaban por encima del lecho marino fiyiano como rascacielos. Sus intrincadas cimas de coral, que están bañadas por la luz del sol y las corrientes cálidas durante todo el año, son un refugio para un océano lleno de peces de arrecife que buscan un santuario para protegerse de los depredadores de largas mandíbulas que rodean el lugar como aviones de caza en el mar azul. Explorar la floreciente parte superior de una rompiente en un día despejado y soleado es la mejor experiencia de buceo que una persona puede tener. Pero muchas de las especies que busco tienen vidas misteriosas dentro de las grietas y cuevas que cubren las escarpadas pendientes de los picos. Las cuevas tienden a esconder cosas especiales, y en este caso se trata de una colección de peces rara vez vistos que simplemente esperan ser apreciados.


Perca Liopropoma multilineatum, un habitante de cuevas de aguas profundas
que se encontró a 27 metros (90 pies) de profundidad.
Durante la primera mañana, nuestra lancha dejó a seis de nosotros en la parte de sotavento de una cresta bañada por el sol que rebosaba de vida. Sin dar una segunda mirada mi compañero y yo nos desplazamos por el acantilado, mientras la luz se hacía más tenue con cada patada. Nos deslizamos debajo de una saliente a 27 metros (90 pies) y con mucha cautela nos introdujimos en la oscuridad. Como un ladrón en la noche dirigí mi estrecho haz de luz hacia un cautivador mundo mágico de esponjas incrustantes, gorgonias en espiral y delicados "dedos" de coral que caían desde la parte superior como candelabros de color rosado. Los peces que viven allí son muy escasos y no les interesa ser observados. Después de unos 10 minutos mi luz encontró una cabrilla de cueva de aguas profundas rara vez vista. Me paralicé, y por un instante memorable el pez quedó congelado en mi luz antes de volver a desaparecer en las sombras.

A medida que nos desplazábamos hacia la superficie la presencia de peces se hizo cada vez más frecuente. A unos 15 metros (50 pies) la luz ambiental que provenía de la superficie se reflejaba en el fondo arenoso, lo que hacía más fácil ver algún tipo de movimiento en la penumbra, y yo necesitaba toda la ayuda que podía obtener. Estaba en busca de Trimmas, gobios de 1 cm (media pulgada) que son casi invisibles hasta que se lanzan a toda velocidad desde sus posaderos para atrapar el zooplancton que pasa por allí. Otros miembros del género merodean cerca de las paredes como escuadrones de drones miniatura. Al igual que gran parte de la vida marina que vive en cuevas, los pequeños Trimmas no se han estudiado a fondo. Muchos aún no han sido descritos, mientras esperan pacientemente recibir una clasificación científica y nombres formales en latín.


Una pareja de gobios de Randall y su camarón compañero que está constantemente excavando.


Al día siguiente una pareja de gobios de Randall hicieron que me detuviera a una profundidad de 15 metros (50 pies). Estas bellas criaturas de grandes aletas que viven en cuevas no son desconocidas para mí ya que he encontrado docenas a lo largo de los años, pero aún puedo dedicarle todo un buceo a otro avistamiento, especialmente si se trata de una pareja. Los gobios de Randall son sumamente asustadizos. Me llevó casi todo mi tiempo de fondo examinar a la pareja detalladamente sin que salieran huyendo de regreso a su madriguera de arena, que es mantenida por un camarón compañero que está constantemente excavando.


Antias reina tigre, una escurridiza especie de aguas profundas.
La búsqueda cobró un mayor impulso cuando uní fuerzas con Cat Holloway, una vieja amiga y una antigua directora de crucero de nuestra embarcación de vida a bordo. Durante el desayuno desplazó su dedo por mi lista de nombres de peces hasta que se detuvo y dio un golpecito sobre el antias reina tigre a modo de reconocimiento. "Recuerdo cuando solíamos encontrar a estos muchachos", susurró. "Están a grandes profundidades, y no hay muchos; mañana descenderé y echaré una mirada".

Impulsada por un par de aletas con correa, Cat vino nadando desde el fondo, mientras me hacía señas para que la siguiera hasta una cresta de coral blando que estaba medio oculta detrás de una nube arremolinada de antias. Cat me indicó que esperara y dirigió su luz a una abertura y luego a otra hasta que volvió a localizar el grupo de media docena de antias reina tigre de color rosado y amarillo completamente hacinados en el agujero.


El pez aguja Naia fue descubierto por Cat Holloway en 2004.


Nuestra siguiente búsqueda fue la de un escurridizo pez vagabundo sumamente delgado que fue descubierto por Cat y luego descrito científicamente por mi coautor, Gerry Allen, Ph.D. En la actualidad el pez aguja lleva el nombre de nuestra embarcación de vida a bordo: es conocido como el pez aguja Naia (Dunckerocampus naia). El honor es conmemorado con un trozo de vidrio de color con el nombre que está colgado en el salón de la embarcación. "No permitiré que dejes Fiyi sin una foto de nuestro pez", proclamó Cat. Su misión era que no me marchara sin esa foto.

Estábamos fondeados cerca del lugar donde la especie fue descubierta en 2014, y Cat pasó su primer buceo yendo de una cueva a otra sin tener suerte. En los dos buceos siguientes recluto a voluntarios de la otra lancha para que se unieran a la búsqueda, pero al final fue Cat la que encontró a una pareja de peces aguja que se deslizaba por las sombras donde la saliente se estrechaba para formar un rompecabezas de agujeros oscuros, un escondite casi perfecto para un pez que no desea que lo vean.

© Alert Diver — 3er Trimestre 2015