Las grandes y pequeñas criaturas de Baja




Un Chaenopsis alepidota macho se muestra para atraer a una pareja.

Hacía rato que habíamos terminado de almorzar tamales y frijoles refritos con cerveza cuando nuestra embarcación de vida a bordo finalmente dejó su atracadero en La Paz y se dirigió hacia el norte en un tranquilo viaje de una hora y media hacia el que sería nuestro fondeadero durante la noche. Después de desempacar regresamos a cubierta, y en ese momento ya podíamos ver los picos de Isla Espíritu Santo que invadían el cielo. La salvaje roca desnuda de color rojo que puede verse en el resplandor de las últimas horas de la tarde representa a Baja: un primitivo lugar en el mundo que es conocido desde hace mucho tiempo por sus aventuras. Nos encontrábamos en ese lugar por los animales marinos, y estábamos ansiosos por ver todo lo que el Golfo de California tenía para ofrecer. Teníamos pensado iniciar nuestro viaje de una forma típica de Baja: con un poco de acción junto a grandes animales.

Nuestro plan de buceo matutino funcionó a la perfección. Para las 7 de la mañana ya estábamos en el agua, lo que nos permitió disfrutar de las mantas durante una hora antes de que la flota de barcos de operaciones diurnas llegara desde La Paz. Nuestro guía nos ubicó a sotavento de un pináculo submarino a lo largo de una rampa de arena que se extiende desde las rocas derrumbadas de La Reina: un camino de procesión tradicional para las mantas. La corriente era manejable, la visibilidad superaba los 60 metros (200 pies) y los grandes peces alados aparecieron como estaba previsto. Las mantas, que son animales grandes, elegantes y amigables, pasaban lentamente y de vez en cuando merodeaban sobre nuestras cabezas para disfrutar de nuestro flujo de burbujas, lo que era una novedad para ellas.


Una hembra de tubícola lucio sale de la guarida de un
macho después de depositar huevos.
El resto del día buscamos criaturas oscuras y menos famosas, pero, como pudimos comprobar hace tiempo, todas las especies, sin importar su tamaño, tienen una historia que contar. A lo largo de dos buceos encontramos 87 especies de peces, incluso diminutos peces ventosa con forma aplanada que estaban sujetos a las rocas y un pez mandíbula del tamaño de mi antebrazo. Tras desplazarse en una leve corriente sobre un área de escombros, una pequeña cabeza desapareció dentro del tubo fosilizado de un gusano marino. Parecía un tubícola lucio, pero no había tiempo para asegurarse de ello; mis amigos estaban desapareciendo rápidamente a lo lejos. Una vez a bordo de nuestra lancha me jactaba de mi avistamiento, pero como de costumbre Anna siempre lleva la delantera ya que había divisado varios tubícolas lucios durante el buceo. Los identificó como "Chaenopsis alepidota", una especie endémica del este del Pacífico.


Una escena del ballet de leones marinos cerca de la isla de roca de
Los Islotes en el sudeste del Golfo de California.
Al día siguiente regresamos con los animales grandes; esta vez nos dedicamos a los leones marinos. No podríamos haber llegado a Los Islotes en un mejor momento: las crías de este año ya habían sido destetadas, eran curiosas y se mostraban muy traviesas. Los machos grandes y autoritarios estaban muy atentos a sus modales y las hembras eran gordas y se veían satisfechas y aburridas. Una colonia de quizás cien leones marinos muy ruidosos, torpes y apestosos ocupaba una plataforma de mar a 15 metros (50 pies) de donde nos lanzamos de la lancha. Una vez bajo el agua todo cambió. Era como caminar alejándonos de una calle muy transitada hacia una silenciosa presentación del Lago de los Cisnes. Pero la tranquilidad no duró demasiado. Después de algunos segundos fuimos descubiertos; las hembras nos rodearon y hacían piruetas, daban volteretas y estaban muy contentas de poder alardear frente a los turistas. Las crías, que no estaban lejos de sus madres, se acercaban a nosotros y miraban fijamente nuestras máscaras, tiraban de nuestras aletas y se divertían como nunca. Para el final del día todos estábamos agotados por tanta diversión.

Debido a que somos cazadores de criaturas, disfrutamos enormemente de la exploración de hábitats alternativos. Anna convenció al capitán de llevarnos a una laguna que John Steinbeck mencionó como una estación de recolección de especímenes particularmente productiva en su clásico The Log from the Sea of Cortez (Por el mar de Cortés) de 1951. A la mañana siguiente echamos el ancla a unos 400 metros (un cuarto de milla) de la entrada de lo que parecía un manglar. Las aguas poco profundas, si bien estaban un poco turbias con la marea baja, estaban repletas de animales, especialmente a lo largo del cardumen en dirección al mar. Se podían ver anguilas, rayas, peces escorpión y tubícolas flamantes por todas partes, y había tubícolas lucios a montones. Por casualidad, habíamos llegado en el punto máximo de un ciclo de la población, cuando el mundo de los blénidos se centra en atraer y elegir pareja. Era grandioso poder ver a los machos desconcertados por la testosterona que bailaban como demonios en las entradas de los tubos donde se refugiaban. A menudo los pretendientes se ponen tan competitivos que desafían a sus rivales a comparaciones de tamaño ceremoniales boca a boca. Si esta maniobra benigna no funciona, se lanzan contra la garganta, y levantan y lanzan a los oponentes como un fideo blando. Pero lamentablemente, después de ser testigos de un melodrama constante durante dos días aún no habíamos visto ni un desove.


Dos tubícolas lucios machos se baten en duelo por el territorio.

El último buceo del viaje lo realizamos a la mañana temprano en Suwanee Reef justo dentro de la bahía La Paz. Un poco más atrás de los demás mientras se alejaban rápidamente hacia un banco de seriolas del tamaño de una nube, fui abordado por un tubícola lucio que se mostraba con un vigor inusual. Al acercarme un poco más pude ver a una hembra cargada de huevos que se encontraba a pocos centímetros de distancia. Parecía que finalmente iba a ver un desove, hasta que el macho le dio a la hembra un desagradable mordisco y así detuvo sus avances. Estaba pasmado y decepcionado a la vez, pero mi desilusión no duró demasiado. Instantes después, una segunda hembra salió del hoyo, hizo una pausa durante unos segundos junto al macho y se alejó apresuradamente. El macho se movió gentilmente a un lado y así permitió que la hembra que esperaba pudiera tomar su lugar.
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© Alert Diver — 3er Trimestre 2014